Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 5 de febrero de 2009

Dark City - Revoluciones Internas (Capítulo 4 parte II)


Imai y Atsushi dedicada a mi amiga Mrs Sakurai... la conocí porque traduce las letras de BUCK TICK. Ahora nos tratamos de padre e hija... ya sabrán el porqué.

-------

No era sano para ninguno de los dos una relación basada en mentiras, secretos, gritos y dolor. Di media vuelta y me fui a terminar de mandar unos mails, mirar unas noticias y guardarlo todo en archivos de Word. Pero al sentarme me quedé mirando fijamente el anillo y el collar, lo compré cuando me empecé a dar cuenta de lo importante que era para mí tenerlo a mi lado. En ese momento me juré no volver a caer en el engaño de una pareja más joven y hombre, debía volver con mi mujer y dejarme de sueños de bragueta calenturienta.

Comenzó a tronar fuerte y las luces de los tubos de los fluorescentes parpadearon, la lluvia se veía intensa allá fuera y decidí quedarme aún más en esas instalaciones. Sonreí un instante, amaba la lluvia y cuando joven solía correr bajo ella con el walkman a todo volumen. Entonces sentí como la puerta de la sala se abría de un portazo y otro le siguió, miré y lo vi empapado llorando pegado a la puerta.

-¿Qué quieres?-pregunté siendo indiferente, más bien rogando por aparentar serlo.

-¡No me puedes dejar!-gritó y me alarmé corriendo para taparle la boca.

-¿Estás loco?-pregunté hablando en su oído.-Cerca están aún los de mi partido, mis guardaespaldas y amigos de mi mujer. Definitivamente estás loco. No vuelvas a gritar y no voy a volver contigo.-sus lágrimas no cesaban cuando me aparté y le miré fríamente, para luego sentarme en la silla como si nada.

-Pero.-susurró corriendo hacia donde estaba cayendo sobre mis piernas, sus brazos se cruzaron sobre mis muslos y su cabeza se apoyó en estos. Lloraba como un desgraciado.

-Pero nada, estoy cansado. Cansado de que veas lo poco que hago por ti como una amenaza, no quieres curarte y por lo tanto no voy a estar contigo viendo como te mueres. Si deseo un amante lo deseo para que siga a mi lado, no para que me abandone o se marchite.-estaba rechazándolo por su enfermedad, pero en realidad lo hacía por mi cobardía.

-Atsu, por favor haré lo que quieras.-a penas podía hablar, su voz se entrecortaba y se empezó a aferrarse con fuerza a mi chaqueta.

-No vas a hacerlo, además amo a Clarissa.-mentí causando quizás en él un daño peor que una puñalada.

-¡Mentira!-gritó y le abofeteé callando luego sus labios con un beso desesperado.

-Cállate.-respondí mirándole a los ojos para subirlo a mis rodillas y abrazarlo como si fuera un niño pequeño.-¿Harás lo que yo diga si volvemos?-pregunté acariciando sus cabellos, jugando con ellos y enredándolos entre mis dedos.

-Sí.-susurró compungido pero había dejado de llorar, su rostro se amorataba y se empezaba a notar el golpe.

-Entonces irás a tratamiento.-besé su frente y lo bajé de mis piernas para quedar de pie cerrando el portátil.

-Atsu.-susurró abrazándome por la espalda, arruinando más el traje.

-Al hotel no podemos ir.-quería tenerlo de nuevo conmigo y él también, su mano se coló rápida en mi entrepierna bajando la cremallera con habilidad.

-A mi casa, déjate de hoteles.-susurró aún con la voz tomada.

-Nunca fui.-dije acordándome de que no sabía su dirección, mi automóvil no podíamos tomar y tendría que decirle a mi seguridad que por motivos “x” me iría en un taxi, y que ellos salieran como si yo estuviera dentro.-La prensa está ahí fuera aún.-añadí alejándome de él para quedar apoyado en el marco de la ventana observándoles con indiferencia.

-Vayamos en mi coche, lo tengo aparcado en la puerta trasera, la que está cerrada a los medios. Así que, bueno, podemos hacerlo si te ocultas bien en los asientos de detrás con una manta de las que uso cuando espero en el coche.

-Está bien.-respondí buscando un cigarrillo y mi encendedor, prendí uno de mis cigarros y comencé a fumar con pequeñas caladas pensando en la estratagema que se me ocurriría para todos. Saqué el teléfono móvil de mi chaqueta y llamé al jefe de mi seguridad, uno de mis guardaespaldas para eventos tan comprometidos como este.-Eduard.-al otro lado se escuchó su voz tras un tono, siempre tan diligente en mis peticiones y llamadas.-Me iré solo, haz pensar que me he ido con ustedes en mi vehículo. Necesito trabajar y no voy a poder llegar a casa a tiempo en la noche. Dígale a mi mujer que necesito terminar un discurso, que necesito paz.-él simplemente asintió a mi orden y colgué.-¿Y bien?-dije girándome hacia Phoenix que seguía calado hasta los huesos.

-Voy a por mi vehículo, en cinco minutos te espero.-besó mis labios suavemente y salió corriendo hacia la puerta, estaba enérgico y parecía que volvía a ser el de siempre.

En cinco minutos bajé hacia la puerta por los pasillos poco iluminados, era un polideportivo bastante nuevo, pero aún así se escuchaba como goteaban varios grifos y la lluvia de allí fuera tintineando, haciendo que el terreno no asfaltado de la zona fuera una piscina de fango. A la salida el aroma a tierra mojada llenó mis pulmones y sonreí al verlo corretear hasta mí con un paraguas, no sé porqué lo hizo ya que estaba empapado por su culpa. Corrimos hasta el coche y me metí detrás arropándome con la manta y riendo internamente, todo aquello me parecía emocionante y divertido.

Pasé treinta minutos en una postura fetal mientras reía a carcajadas, él hacía lo mismo, parecía contagioso. Fuera diluviaba y el coche iba lento por las calles notando como los cristales se empapaban por el calor que desprendíamos. Deseaba poder sentarme a su lado y ver su rostro marcado por esas líneas de expresión tan festivas, pero me conformaba con recordar como eran mientras lo escuchaba. Decirle que amaba a mi esposa fue una completa estupidez pues se notaba demasiado bien lo que sentía, lo que deseaba y a quien pertenecía mi corazón, que no mi alma. Esta vez mi alma, mi forma de ser y de sentir, lo iba a dejar al aire libre para quitarle las polillas de veinte años encerrada en las manos de mi dulce esposa.

Era una gran ciudad y él vivía en las afueras, en un barrio residencial muy popular porque había viarios famosos viviendo en la zona. Famosos escritores que se dirigían allí por el silencio, la paz, y que muchos de los demás vecinos trabajaban casi las veinticuatro horas del día. Lo de trabajar tanto era porque las oficinas quedaban lejos y debían levantarse temprano, dejar la casa pronto y llegaban tras horas de angustiosos informes quedando dormidos al instante, al despertar arreglaban un poco la casa y seguían con el trabajo en el portátil hasta altas horas de la madrugada. Era un círculo vicioso, vivir en una zona de este tipo era silencio asegurado ya que los jóvenes estudiantes vivían en el campus universitario, o en el obrero, aunque también había pequeños pisos estudiantiles en el centro.

-Llegamos.-dijo nervioso bajando y empapándose de nuevo, salí bajo la lluvia sin importarme y lo abracé besándole.

No había nadie en la calle, las casas de la zona tan sólo tenía el resplandor de algún televisor y las farolas iluminaban tenuemente las calles. Sin duda no nos verían, no me importaba cómo llovía y mancharme el traje. Se arruinaría, lo sabía, pero tenía dinero de sobra para comprar mil más como aquel. Le agarré de las caderas y él me rodeó por encima de los hombros, la lluvia seguía cayendo con mayor intensidad y terminamos empapados en aquel fogoso despertar. Mis dedos viajaban ya bajo su sudadera, su camisa ajustada y cualquier impedimento textil. Terminó tirando de mi corbata usándola como si fuera una correa y yo su dóberman. Sonreímos al dejar de besarnos y entonces sus nervios afloraron.

-Pasemos dentro, nos van a ver.-tiró de las solapas de mi traje y luego me tomó de una de mis manos para meterme a prisa como si fuéramos dos fugitivos.

-Tranquilízate.-susurré acariciando su rostro con las yemas de mis dedos, un rostro que había echado en falta cada día.

-No me puedo tranquilizar, llevo mal días al no saber de ti.-se abrazó a mí llorando de nuevo.

Su casa era acogedora, tenía un salón y una barra americana que daba a la cocina, junto a esta una escalera que seguramente daría al dormitorio y baño. No estaba mal. Era de madera revestida, el parquet se veía impecable y tenía parte cubierto por alfombras de colores similares a los sofás y telas de las cortinas. Había una chimenea en un lado de la habitación próxima a la ventana que daba a la acera. Sin duda tan acogedora como sus brazos cuando se anclaba a mí, aunque con un espíritu colorista y vanguardista muy propio de Phoenix.

-Pues deja de llorar, de estar nervioso, no deberías estarlo cuando ya estoy a tu lado.-besé su frente y aparté algunos de sus cabellos, para luego secar sus lágrimas con mis dedos observándole.

-¿Cuánto tiempo?-preguntó algo resentido.-Te irás con ella, volverás a su lado y otra vez estaré esperándote.-lo abracé con rabia, porque lo que decía era cierto. Tenía rabia porque sabía que no podía darle lo que quería y quizás un día se marcharía.


-Aunque me vaya con ella ¿qué importa mi cuerpo? Mi alma es tuya.-susurré besando su cuello, deslizando mis manos por su rostro, para luego ir hacia su cuello y hombros. Volví a pegarlo a mí con una necesidad brutal, esa maldita necesidad parecida a cuando me llevaba un par de días sin mis cigarrillos.

-Si me vieras con un hombre lo golpearías hasta quedarte satisfecho y luego yo caería en tus manos, sé que me torturarías durante semanas o quizás meses. Atsushi me pides más de lo que das, eres un egoísta, y aún así te amo. No puedo negar que deseo estar contigo, pero me mata la forma de ser que tienes hacia mí.-lo que decía era bien cierto, aunque no iba a dar mi brazo a torcer.

-Es distinto, Clarissa es una obligación.-respondí.

-Déjala.-dijo firme apartándose de mí para quitarse la ropa de forma sensual, tirándomela a veces con energía y en otras ocasiones con cierto encanto. Su cuerpo desnudo frente a mí me desquiciaba.

-No puedo.-dije tras el improvisado streaptease.

-Sí puedes, pero no quieres.-susurró aproximándose a mí lamiendo mis labios.-Pero yo haré que quieras.-me incliné y él se quedó de puntillas mordisqueando mi oreja. Eso me hizo perder la cabeza.

-Sexual love.-murmuré tomándolo de sus nalgas masajeándolas.

1 comentario:

Lady Ana dijo...

Hola,
Hace algo de tiempo que no dejo un comentario por aquí...
Dejando de lado lo del sexo, pienso que debe ser horrible que, estando casado, ames a otra persona. Si bien es cierto que eso del matrimonio "hasta que la muerte los separe" ha perdido su vigencia pues los divocios estan a la orden del día; tambien es cierto que si te casas con una persona es porque la amas (hay excepciones, obviamente, como en todo) pero que luego se despierten sentimientos por otra persona debe ser algo...confuso, o más bien frustrante.
No obstante, pienso que lo mejor es ser sincero con ambas personas y cortar por lo sano la relación que no apreciamos de la misma manera que antes... Lo malo sería que luego te dieras cuenta de cuanto necesitas a esa persona... Bueno, hablo yo sin ningún tipo de experiencia en lo que amor se refiere...creo que solo divago...
...
...
...
Dejando todo eso de lado, ¡¡¡siempre he querido estar caminando bajo la lluvia durante horas!!! De hecho, cada vez que comienza a lloviznar salgo a mojarme, pero si me quedara demasiado mi mamá me mataría...

Bueno, hasta la próxima.

Atentamente,
Lady Ana

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt