Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 15 de marzo de 2010

Dark City - capitulo 14 - La vida ya no es igual XXVII


Jasmine nos sonrió y Kamijo simplemente no apartaba sus ojos de él. Noté como Kamijo tomaba una de las manos de Jasmine para besarla y acariciarla. Deseaba que le prestara atención y dejara de estar con esa cara.

-Lo siento Seth no quiero dormir en el sofá.-respondí abrazando a Phoenix.-Sus pasteles son deliciosos... eso sí, luego toma bicarbonato.-murmuré antes de besar su cuello.-Aun así mejora cada día en la cocina.-él rió por ese beso en el cuello, pero su hermano puso los ojos en blanco.

-Voy a vomitar de la felicidad.-escuché a mi cuñado decir, pero al final le dio un buen golpe Phoenix sin dejar de abrazarme.

Jasmine al final concedió una mirada amarga a Kamijo. Este tan sólo lo abrazó acariciando su cuerpo. Ambos estaban desilusionados uno con el otro.

-Creo que deberíamos ir a casa y descansar.-dijo Kamijo.-Hoy hemos molestado bastante a ambos, lo sé.-murmuró mirándome a los ojos.-Seth la próxima vez que venga te traeré unas entradas para una ópera rock... creo que será de tu agrado, tal vez puedas ir con Hero si Atsushi lo permite.-se levantó y caminó hacia él estirando su mano.-Un placer conocerte.

-Kamijo no molestáis.-comenté.-Molestas más cuando me llamas en la madrugada para preguntar dudas sobre las cuentas.-dije levantándome.-Deberías contratar a un contable de una vez.

-Oh, ya te dije que conseguiré uno en unos días.-comentó con una sonrisa afable, aunque notaba que deseaba huir de todo... no pensar.

Jasmine mientras se iba despidiendo de Phoenix y su hermano. Después se enganchó del brazo de Kamijo con cierta melancolía en la mirada. No sé como calificar esos ojos algo enrojecidos y esa desesperación. Jasmine parecía realmente preocupado.

-Dile a Hero adiós de mi parte, Atsu.-susurró.

-Tranquilo, lo haré.-dije antes de estrechar la mano de Kamijo y notar como respiraba con cierta tranquilidad al ver que él seguía a su lado.

Se marcharon tras la despedida y noté como Kamijo iba con la mente en otro lugar, aunque cambió radicalmente cuando dos de sus hombres se aproximaron a él en la salida. Parecía molesto por no haber cuidado de mi hijo y mi cuñado. Yo cerré la puerta y me giré hacia la sala para quedar junto a Phoenix.

-He comprado algo para ti...-dije a Seth que aún terminaba de tomar su trozo de pastel.-¿Te gusta el guitar hero? lo tienes en tu cuarto, pero ahora está mi hijo descansando. Luego si quieres te explico como se juega y monta.-comenté tomando a Phoenix de la cintura y con disimulo le agarré el trasero.

-Nunca he jugado.-dijo con sinceridad mirando mi brazo y percatándose que había agarrado a su hermano de una nalga.-Luego lo veré.

Phoenix tiró de mí para marcharnos nuevamente al jardín, hacía algo de frío pero no demasiado como para no disfrutar del día.

-¿Cómo está Hero?-fue lo primero que dijo nada más sentarnos en los columpios que había instalado.

-Descansando.-suspiré pesado.-Phoenix... mi hijo se está acostumbrando a que le golpeen; pero eso no será siempre así, terminará devolviéndolas y siendo violento. Por ahora intenta arreglarlo mediante la palabra, pero ha visto que no vale para nada.-le miré a los ojos con rostro de preocupación.

-Él los debe parar.-dijo tomándome del rostro.-No creo que la defensa haya servido para algo, más bien creo que todo empeorará en cuanto lo vean solo.-me dio un beso dulce en los labios y se subió a mis piernas.-Debéis hablar con los profesores, tú y Clarissa.

-Fuimos.-respondí echando hacia atrás mis cabellos.-Fuimos para nada... porque son hijos de personas influyentes y callan lo que hacen sus hijos, al igual que en la policía.-suspiré y le miré a los ojos.-¿Qué está sucediendo con los niños? cada vez son peores y a edades más tempranas.

-Tú no puedes decir nada al respecto, porque fuiste un chico problema de joven.-rió bajo acomodando su cabeza en mi pecho.-Bueno aún lo eres, sólo que ahora utilizas palabras sutiles y un buen grupo de abogados. En eso eres igual a Taylor que le gusta tener esa corte de tiburones dispuestos a demandar y contrademandar.-entonces su rostro se ensombreció.-Creo que siempre supe que Taylor estaba metido hasta el cuello, pero no quería creerlo.

-Te lo dije.-dije abrazándolo.-Kamijo no es un mafioso como los comunes... por eso lo acepto a mi lado.-susurré acariciando su rostro para alzarlo y contemplarlo.-Te amo.

Seguimos hablando de Taylor, de sus mañas desconocidas para el común de los mortales y de todo lo que había sucedido. Estuvimos conversando una media hora, hasta que decidimos entrar dentro. Comimos los bocadillos que quedaron, Hero despertó con los llantos de Jun y estuvimos jugando con Seth a los nuevos videojuegos que había comprado.

Jamás pensé que la tranquilidad se rompería tan rápido. Creo que aquella noche al acostarme noté que estaba yendo todo demasiado rápido, demasiado fácil, a pesar de las demandas judiciales. Cerré los ojos aquella noche tras conversar una hora por teléfono con Hizaki. Él me comentó que Takumi estaba bien, que Olivier parecía más calmado y que sus proyectos profesionales iban encaminados. Si bien, esa maldita vocecilla de mi conciencia gritaba que me mantuviera alerta.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt