Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 9 de abril de 2010

Dark City - capitulo 16 - Aroma de oscuridad VII


-Él y todos. Pero yo creo que comprendo bien tus sentimientos. Quieres estar con él y no puedes. Ya le dijiste adiós a tus sentimientos por salvarlo de los golpes de tu padre, jamás le dijiste quién era el chico que amabas por miedo, y nunca pudiste hacerlo público. Todo eso es una espina que se clava en el corazón y termina supurando pus, una pus que envenena los sentidos y te hace cometer tonterías.-recogió la colilla del suelo y fue hacia el cenicero del otro lado de la habitación.-Atsushi.-dijo girándose hacia mí.-Hasta que no digas toda la verdad sentirás que te pertenece porque nunca podrás decir adiós a todo. Él ya te dijo adiós, o eso creo, y ahora es absolutamente feliz con Max.

-¿Y yo no lo soy?-pregunté confuso.

-No lo eres porque sabes que él es feliz lejos de ti. No puedes asumir la verdad.-murmuró.-Porque no le dijiste todo lo que tenías que decirle, no has saldado tu deuda, y claro que tampoco te has despedido frente a frente. Por eso sigues así.

-Debiste estudiar psicología.-susurré.

-Con vosotros cuatro tengo hecho un master.-rió a carcajadas y yo relajé mi rostro.

-¿Recuerdas cuando me sobornabas con Megumi?-pregunté.-Mi hija soborna de la misma forma a un amigo suyo.

-¿Con chocolatinas?-interrogó.

-¡Sí!-dije carcajeándome aún más.

Comenzamos a reírnos recordando esos momentos. Siempre me veían aferrado a él y prácticamente ronroneando porque él sabía mi secreto, sabía mi afición por unas chocolatinas crujientes que vendían cerca de la escuela. Él solía comprar cajas enteras y siempre en los momentos adecuados la sacaba para mostrármelas, en ese momento quedaba domado a su lado engullendo las chocolatinas. Ese mismo comportamiento tenía Amaury según todos los que lo conocían.

-Siempre he pensado que tenías ese comportamiento porque en casa no eras feliz, el chocolate te hacía sentir lo que en casa no.-dijo con seriedad sentándose en el sofá.-A pesar de tener una vida más cómoda económicamente, no eras feliz.

-No podía ser feliz con un padre como aquel.-respondí sentándome a su lado.-El padre de ese chico me recuerda al mío, claro que ese bastardo murió cuando él tenía aún diecisiete años.

-Se libró de una buena.-comentó.-Ese chico es muy bueno.-dijo cruzándose de brazos para girar su rostro hacia mí.-Tu hijo se adelanto a mis planes, quería que grabara en mi pequeño estudio y lanzarlo yo de nuevo al estrellato. Pero sin embargo él tuvo más ojo, o tal vez porque es el hermano de tu hija, el porque terminó con él.

-Yo creo que Hizaki en parte es su Hidehiko.-comenté sin recapacitar mucho en ello, realmente lo veía así.-Sé que ellos dos se han llevado mal, pero desde hace un tiempo Amaury vuela a contarle todo. Miho no está para él, está muy ocupada con sus dos hijos, y bueno mi hijo trabaja con él en el mismo estudio.

-¿Cómo sabes tanto de eso?-preguntó confuso.

-Espío.-al decir aquello él rió aún más fuerte.-¿Qué?

-Siempre espiando al resto del mundo en vez de preguntar. No quieres preocuparte por lo que sucede, haces como si no pasara nada, pero en realidad te comes la cabeza y haces un mundo de todo.-se encogió de hombros y sonrió.-¿Mandas a espías para que te digan cómo están tus hijos y si lo que cuentan es cierto?

-Fue idea de Kamijo.-dije intentando quitarme parte de la culpa.

-No conozco a Kamijo, nada más de oídas, pero juraría que ese hombre no tiene la culpa de tus delirios.-dijo señalándome con el dedo.-Se maduro y confiesa.

-Está bien.-no podía negarlo, él me conocía bien.-Como ya no tienen edad para contarme todo temo que estén mal, por ello siempre me envían informes al ordenador de como están y qué han hecho.-suspiré.-El único que sigue enviándome mensajes, email y llamadas a cada rato es Hero.-susurré cruzándome de brazos como él.

-Tu mayor miedo ya no debería existir.-susurró mirándome a los ojos.-Ese de ser igual que tu padre.

-Soy demasiado sobreprotector.-murmuré.

-Sí, puede que eso sí seas. Si bien se entiende perfectamente.-puso una de sus manos sobre mi hombro y cerró leve sus dedos.-Recuerdo cómo llorabas en los baños después de los golpes, parecías un tipo duro y no te importaba pegarte con el resto. Sin embargo morías de dolor cuando eran suyos.

-Me sentía impotente.-respondí a sus palabras.-Me sentía tan impotente que sólo podía llorar.

-Esos días han pasado.-dijo con una leve sonrisa.-Ya todo es distinto.

-Pero esas cosas se mantienen.-susurré.

-A mí me imprimías miedo, aún me imprimes miedo.-confesó apartando su mano de mi hombro.-Aquel demonio melenudo que hacía lo que quería, que incluso gruñía a la autoridad y se pasaba el día gritando insulto tras insulto. Me sorprendió tu cambio, sobretodo que te dejaras tocar el pelo.-rió bajo.-Fue como ver una película de ficción.

-Sigo diciendo las mismas maldiciones.-murmuré.

-Pero menos.-se encendió otro cigarro y me miró.-Aunque creo que tú no vas a dejar de pensar como cuando eras un niñato. Sabía bien que volverías a tus andadas, que sólo era una fachada.

-A veces me creí que esa etapa en Japón fue sólo un sueño, o una pesadilla.-murmuré.-Pesadilla por mi padre, aunque las carreras con las motos eran geniales.

Seguimos conversando durante algún tiempo, hasta que los niños comenzaron a llorar. Me ayudó a tranquilizarlos con la seriedad y calma que siempre tenía. Parecía que nada le intranquilizaba. Después se marchó. Yo me quedé en el salón meditando en todo lo que habíamos hablado, sobretodo en la frase de hablar con Yutaka. No sabía si era buena idea, pero sí que era necesaria.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt