Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 17 de abril de 2010

Dark City - capitulo 16 - Aroma de oscuridad XV


Yume y yo xD... padre e hija



-¿Es Jasmine?-preguntó confuso.-¿Qué pasó? ¿Ocurrió algo malo?

-No, sólo que Jasmine se cansó de los continuos mensajes de Emma y todo lo que está haciendo esa mujer.-dije con el teléfono alejado y tapado.-Yo en su lugar intentaría calmarme, porque parece desear alejarlos.

-Déjame que hable con él.-dijo tomando el teléfono entre sus manos.

Puso el manos libres y empezaron a conversar. Yo lo escuchaba todo y Jasmine sólo sollozaba agitado. Phoenix le comentó mi presentimiento. Él sabía que mis sentidos no me fallaban. Lo que yo pensaba se cumplía. Kamijo se escuchó leve cerca del aparato hablándole en francés.

Admito que aún se hacía raro pensar que Kamijo era mestizo. Parecía europeo, cuando se intranquilizaba usaba el francés y no el japonés. Pocas veces le veía hablar en nuestro idioma. Sus ojos era lo único que le delataba, eran demasiado rasgados para ser simplemente un capricho del destino.

Continuaron esos leves susurros y las palabras de aliento de Phoenix. Yo me sentía impotente. Algo en mí me pedía ir donde ambos y abrazarlos. Para mí seguían siendo simples mocosos perdidos a su suerte, mocosos que encontraron la felicidad uno en el otro y que no eran lo suficientemente maduros para afrontar cosas como aquella. Aunque nadie es lo suficientemente maduro para nada, ni está preparado. La vida es así de extraña y emocionante.

Al colgar me abracé a Phoenix y besé su cuello. Por unos instantes recordé como solía llorar cuando le decía que debía irme con mi mujer, porque ella era más importante para mí, y que no deseaba nada más que sexo. Jamás le calmé. Creo que hasta hacía unos meses no empecé a hacerlo. Si bien, Kamijo se desvivía por Jasmine y este tenía dudas. Las dudas siempre son usuales cuando se cree no tener seguro algo, cuando se nos va de las manos. Él pensaba que todo aquello se le iba de las manos, que Kamijo le dejaría por una familia feliz.

-Yo jamás he sido tan cariñoso contigo.-comenté pegándolo a mí.

-No es tu forma de ser.-murmuró dejándose abrazar.

-Creo que no te cuido bien.-aquello le sorprendió, incluso me miró incrédulo.

-¿Por qué dices eso?-interrogó girándose para quedar frente a mí. Me tomó del rostro y sonrió.-Me cuidas bien, ahora sí me cuidas.

No dije nada más, tan sólo me quedé en silencio abrazándolo. Aquella noche no dormí bien. Fueron sueños extraños los que me obligaban a despertar agitado. Sin embargo, cuando lo veía abrazado a mí todo cambiaba y la paz volvía a mí.

Entre aquellos desvelos me percaté que debía hablar con Kamijo de forma urgente. Tenía que contarme más sobre Emma y conocerla. Necesitaba saber quién era realmente esa mujer. Me preocupaba Jasmine. No podía evitarlo. A pesar de ser bastante salvaje cuando se enfurecía seguía siendo a mis ojos delicado, débil emocionalmente, para que alguien como una mujer de cuarta le molestara con un embarazo por inseminación artificial.

Sabía bien que me metía donde no me llamaban. Tal vez ambos se molestarían conmigo, pero no podía estar tranquilo. Además Kamijo siempre me llamaba para pedirme consejos. Estaba seguro que llamaba para pedirme un consejo de como hacer que parara Jasmine de lanzar todo por los aires. Así que me veía invitado a lo que iba a hacer.

Si no conseguía su dirección por métodos convencionales recurriría a mis viejas artes, pero deseaba hablar con ella. Quería encararla. Nadie podía mentirme. Yo tenía un don prácticamente y era que las sensaciones que las personas me transmitían eran su reflejo, su verdadero yo. Esa mujer no me esquivaría tan fácilmente, no como a Kamijo.

Al amanecer me levanté para darme una buena ducha. Después me fui al estudio y estuve grabando toda la mañana. No podía dejar de pensar en lo que había ocurrido. Tenía la cabeza llena de ideas, y una era más retorcida que la otra. Esa mujer podía tener varios porqué a quedarse embarazada y todos terminaban apuntando a Kamijo.

Él parecía un príncipe de cuento. Un hombre elegante y discreto. Podía conversar sobre cualquier tema y siempre estaba dispuesto a escucharte. Era el mejor hombro donde llorar y también la persona indicada para confesarse. Sin duda era el partido perfecto si añadíamos su pequeña fortuna y su talento. Cualquier mujer u hombre desearía alguien dulce, atento, dispuesto a darlo todo y sobretodo atractivo.

También podía haber otros porqué. Tal vez ella quería desenmascarar a Kamijo. Él tenía una apariencia pero si lo conocías bien sentías un aura extraña, un aura que atrapaba y enganchaba. Tal vez era parte de su encanto, tal vez no. Eso pudo enamorarla y no lo anterior. Un amor ciego e incondicional, el otro era más bien demasiado racional.

No obstante estaba la opción de querer desplumarlo. Aunque ella no parecía faltarle el dinero, si bien tampoco sobrarle. Así que podía pensar perfectamente que deseaba robarle de alguna forma, sacarle el dinero o algún bien preciado.

Incluso llegué a pensar que podía ser por simple venganza. Que ella realmente estuviera enamorada de la mujer que tuvo Kamijo y le culpara por ello. De ahí que tuviera el bebé sólo para tenerlo bien atado y martirizarlo. Pero podría ser lo contrario, que odiara a ella y el bebé sería una estúpida venganza de orgullo.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt