Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 1 de junio de 2010

Dark City - Capítulo 17 - Ironías del destino XXII


Las mañanas, tardes, noches y madrugadas como aquellas continuaron demasiado. Me sentía frustrado de estar en cama y casi inmovilizado. Cuando retiraron prácticamente todos los aparatos y me dejaron en una planta normal, tan sólo para hacer las últimas pruebas antes de marcharme, me sentí liberado. Casi un mes había pasado entre las pulcras paredes del hospital y creía que me volvería loco.

Una noche tuve que quedarme solo, estaba acostumbrado pues Phoenix tenía que cuidar de Jun más que de mí. Además yo le rogaba que se marchara, no lo quería metido en un lugar como aquel. Odiaba ver a los enfermos, odiaba los hospitales, y no iba a permitir que alguien que amaba pasara parte de sus horas a mi lado cuidándome en un hospital.

Me levanté de la cama y cerré la puerta de la habitación. Era una de esas individuales, había varias plantas del hospital habilitadas para un enfermo. Eran más estrechas que las normales, pero se poseía intimidad. Aquello me recordó a un zulo. Un zulo moderno donde pasar mis horas como en el purgatorio.

Al quedarme solo, siempre que podía, caminaba descalzo sobre aquel suelo de mármol barato. Sentir el frío, al igual que el vértigo que a veces se apoderaba de mí, me hacía sentir vivo de algún modo. En ocasiones tan sólo me quedaba caminando de un lado a otro de la habitación hasta que escuchaba pasos, camillas cercanas o veía el pomo girarse. Pocas veces ponía a mirar por la ventana. Veía el jardín, era hermoso, pero estaba lleno de enfermos y eso me traía malos recuerdos.

Y allí de pie, dando vueltas como un loco, me encontró la doctora que me atendía. Ya no tenía gotero, ni parches, ni inyecciones y tampoco otro tratamiento más allá que la total calma. Me fui hacia la cama sentándome en ella mientras la observaba atentamente, ella también me inspeccionaba con cierta rudeza.

-Le voy a dar el alta.-dijo anotando algo en los documentos que llevaba en su carpeta de chapa metálica.-Pero quiero que sepa que si le vuelve a dar otro tal vez no tenga tanta suerte, más bien creo que realmente sí es como ese maldito gato.

-¿Cómo?-interrogué.

-Sí, tiene siete vidas. Usted está jugando demasiado a la suerte, no debería tentarla tanto y tan a menudo.

-Esta vez no fue mi culpa.-respondí como única forma de intentar solventar que me machacara con mi nula capacidad para cuidarme.

-Ya, por supuesto. Como le he dicho tan sólo le voy a dar este consejo y la carta de alta médica.-comentó estirando su mano con un sobre color miel.-Los nuevos medicamentos y sus dosis están también anotados en una hoja del informe, además expedí varias recetas a su nombre que por supuesto se adjuntan.

-¿Algo más?-interrogué tomando el sobre para abrirlo y mirar su interior.

-Sí, algo más. No le recomiendo que lleve una vida de superestrella del rock.-dijo con uno tono más afable, no tan frío y dictatorial.-Aunque sé que eso le mataría en parte. Así que no se exceda.-que no debía excederme lo sabía, que no pudiera era otro cantar.-Espero no volverlo a ver por aquí.-comentó antes de marcharse hacia la puerta.-Cuídese.

-Igualmente.-respondí antes de ir directo al baño.

Quería sacarme esa peste a hospital. Notaba que rezumaba el aroma a desinfectante por todos los poros de mi piel. Tenía gel de baño que me había traído Phoenix días atrás, me afeité con mi espuma de afeitar favorita y salí prácticamente desnudo hacia la taquilla donde guardaba un traje negro para cuando saliera. Traje negro y camisa blanca, era de una tela fina para poder soportar las altas temperaturas que ya empezaba a vivir la ciudad.

Cuando me encontraba colocándome el sombrero apareció Phoenix. Él se aferró a mí y sonrió quedándose de puntillas esperando a que lo besara, como así hice. Le tomé del rostro y lo besé como hacía semanas. Él no se sorprendió, sabía bien que estar en un lugar así me deprimía.

-Me encontré en el pasillo a la doctora, no sé cuándo esperabas a llamarme para decirme que venías hacia casa.-comentó frunciendo leve el ceño.

-Antes quería prepararme, sabía que vendrías y te esperaría para darte la buena noticia.-él relajó el rostro como todo su cuerpo, permitió que lo abrazara pegándolo bien a mí para notar su calidez y finalmente su aroma. Quería atrapar el dulce aroma de su cuerpo olvidándome por completo de todo lo que habíamos pasado.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt