Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 19 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 17 - Ironías del destino - CMII


¿Qué pensar? ¿Qué decir? Me lo temía. Ya había huído una vez hacia esta cuidad, se había refugiado pensando que el pasado no la aterrorizaría y terminó siendo un fruto de una casualidad el encontrarnos. Fue un maravilloso regalo del destino, pero tenía que ser sincero conmigo mismo y sabía bien que su casa estaba en Gran Bretaña, que ese país la absorbía y se sentía más inglesa que japonesa. Ni siquiera pensaba en las raíces que había echado aquí, mucho más profundas que cualquier otras que hubiera tenido allí. Su alma, su pasión, parte de ella misma o más bien por completo, estaba allí.

-¿Cómo está Josep?-pregunté incorporándome de la cama, puesto que aún estaba metido en ella.

-Preocupado, hundido, molesto, frustrado y creo que no se podrá recuperar de esto si no vuelve. Ella ha dicho que lo hará, pero lo mismo dijo su ex y mira lo que sucedió. Atsushi creo que deberías hablar con él, aunque ella lo niegue tenéis un carácter parecido y tal vez la comprendes mejor de lo que crees. ¿Por qué no vas a verlo? Verás así a tus nietos, es lo que tanto querías.-dijo con tono de preocupación, realmente estaba lamentando todo aquello. No podía dejar de pensar que Josep también era amigo suyo, así que tendría que aceptar que él se viera doblemente afectado por la situación, aunque no fuera directamente.

-Iré a verlo hoy.-dije como respuesta.

-No creo que sea conveniente, pero si piensas que será bueno para él hazlo. Yo esperaría unos días.-comentó antes de suspirar.-Atsushi ya debo colgar.

-Cuídate.-contesté colgando.

Debía ir inmediatamente y rogarle que no dijera nada a Megumi, mucho menos a Yutaka. No quería que ambos sufrieran por la inconsciencia de mi hija, yo seguía sintiéndola así a pesar que ya no llevara mi apellido y su odio hacia mí creciera cada día.

Fui a la ducha para despejarme y a mi salida Phoenix estaba allí de pie mirándome. Lo tomé del rostro y besé sus labios de forma dulce, aunque intenté que no notara que había algún rasgo de preocupación en mí.

-¿Qué pasa?-preguntó tomándome de mis manos.

-Debo hablar con Josep, es urgente.-dije antes de salir del aseo para vestirme.

No tardé ni diez minutos cuando cruzaba la verja del jardín. No estaba lejos la casa que había conseguido para ambos, aún así no la pisaba desde el día que dejamos todo listo para que pudieran vivir en ella. Al llegar un sinfín de sentimientos me envolvieron aferrándose a mi corazón, o más bien a mi dolor.

Pude observar desde la reja que el hijo de Josep estaba allí, Eduart, columpiándose a solas en aquel columpio que pedí expresamente para mis nietos. Quería que tuvieran un pequeño jardín de juegos como Jun. Su aspecto delicado me recordó a varias personas cercanas a mí y una de ellas era Hero. Supuse entonces que por ello él vestía de esa forma, que pasaban mucho tiempo juntos y terminaron adoptando una pose similar.

Finalmente alzó la vista y nuestras miradas se cruzaron inevitablemente. Él se apartó del columpio para venir hacia mí. Tenía el rostro lleno de lágrimas, pero se las secó para abrir la cancela. No dijo nada, el silencio parecía taponar sus labios o todos los reproches que podían salir hacia mí.

-Eduart.-dije colocando una de mis manos sobre su cabeza.-¿Y tu padre?

-En su habitación.-masculló con la voz tomada y no sé porqué lo hice, pero le abracé.-No hace falta.-dijo apartándome.

Permití que se marchara de nuevo al columpio y yo entré en la casa. Fui directo a la habitación de matrimonio, me conocía la distribución de la casa. Lo encontré allí con los dos niños en cunas para viaje, cada uno en un lado de la cama, y él estaba tumbado descansando.

Lo primero que noté fue que se había afeitado, durante el embarazo y varios meses más lució barba porque a mi hija parecía gustarle, pero tenía un afeitado reciente. Sus cabellos seguían largos y revueltos ocultando sus ojos. Se había tumbado con la camisa y pantalones de un juego de traje que parecía caro, no era para estar revolcándose en la cama sin más.

Me giré hacia una de las cunas y observé que era la de Momo. Ella se movía sonriente observando un pequeño y colorido móvil musical. La tomé entre mis brazos, habría deseado que su madre me la ofreciera pero fue de forma muy distinta. Se quedó quieta mientras yo acariciaba sus redondas mejillas.

Josep no dijo ni hizo nada, simplemente estaba conteniéndose. Sabía que había estado llorando, pero no quería hacerlo frente a mí porque sería síntoma de debilidad. Me senté en la cama, más bien a los pies de esta, con la pequeña en mis brazos. Ella parecía cómoda y tranquila.

-¿Cuándo se fue?-pregunté sin apartar la mirada de Momo.

-Hace unas horas, Kamijo no pudo guardar el secreto.-masculló molesto.-No pensaba decirte nada, tampoco a Megumi o Yutaka.

-No se lo digas, será así lo mejor.-dije antes de notar como lloraba el pequeño, así que la dejé en la cuna.-Voy Uta.-susurré antes de tomarlo entre mis brazos y observar al fin aquellos enormes ojos.

-No para de llorar, ella llora a veces pero él no deja de hacerlo. No sé si llevarlo al pediatra, pero sé que es lo que sucede. Jamás pude calmarlo yo, sólo Miho. Come bien, eso sí pero no consigue descansar si no es en brazos de su madre. Se hará horrible hasta que se acostumbre.-se incorporó al fin observándome fijamente.

El niño paró. Había dejado de llorar tan sólo al sonreír. Alzó sus pequeños brazos y luego los bajó llevándose una mano a su diminuta boca. Noté que estaba demasiado abrigado para las temperaturas que había, así que le quité todo dejándolo en camiseta y pañal.

-Mejor así ¿verdad? Sin chaleco, el chaleco es demasiado.-murmuré alzándolo y él rió.

-¿Cómo lo haces? Es imposible conmigo.-dijo revolviéndose los cabellos.

-Dicen que Miho y yo tenemos el mismo espíritu, la misma pasión y el mismo orgullo. Que va más allá del tiempo compartido y se acerca más a los genes. Tal vez él nota algo así, nota que no estoy aterrado por saber cómo cuidarlo y sobretodo no soy tan feo como tú.-eso le hizo esbozar una sonrisa, Josep sabía que le tenía aprecio a pesar que para mí jamás sería lo mejor para Miho. Nada ni nadie sería lo mejor para Miho.-¿Han comido?

-Sí, su toma es dentro de dos horas.-respondió.

-Échate a un lado, quiero probar la cama.-dije acomodándome mientras me sacaba los zapatos.-Es extraño verte de traje después de meses vistiendo como un zarrapastroso.

-Yo aún no me acostumbro a ver a Atsushi Sakurai con camiseta y jeans como un adolescente.-murmuró sentándose bien en la cama.

-¿Y qué fue? ¿Cuál ha sido la discusión? Y sobretodo ¿por qué no me dijiste que todo estaba desmoronándose?-le miré clavando mis ojos en él y él tan sólo suspiró.-Lo sé todo, todo es poco para lo que sé.

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Lestat de Lioncourt