Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 12 de julio de 2010

Dark City - Capitulo 7 - Ironías del destino LVII


No quiso seguir discutiendo aquello, sabía que estaba agotado. Me quedé dormido después que conectara un poco más alto el aire acondicionado. Él se fue junto al pequeño al jardín, pasaron toda la tarde allí jugando con los aspersores. Seth se fue a pasear al centro comercial junto a varios chicos de la academia. Yo desperté a la mañana siguiente prácticamente. Dormí todo un día, era algo que necesitaba para olvidar los malos tragos.

Decidí que debía otorgarme el placer de darme baño largo, para relajarme y aceptar la tensión que podía vivir en las puertas del hospital. Estuve más de una hora encerrado en el baño observando los azulejos y mi reflejo. Cuando salí Phoenix aún dormía. Así que me vestí en el propio vestidor y bajé a desayunar solo. Eran prácticamente las siete de la mañana. Demasiado temprano para ir a importunar al hospital, así que decidí que primero caminaría por los alrededores para tomar la valentía de entrar en aquel lugar.

Conduje hacia el centro en mi mercedes, uno de los más discretos, con los espejos tintados y blindado. Era de aquellos días duros de político, jamás lo había conducido yo tanto rato sino Lexter. Aún para mí era un misterio que acabara de esa forma, pero se aceptaba a pesar de la curiosidad.

Aparqué cerca de una floristería y compré un enorme ramo de flores variadas, tenía desde margaritas a tulipanes y rosas. Todo estaba bien decorado para ser colorido, espectacular y sobretodo único. Además de las rosas compré en una tienda cercana algo para Paulo. Era una pequeña almohada para proteger las cervicales cuando se descansa en hospitales, aviones o simplemente en un incómodo sofá. Supuse que sería bueno llevarle algo como aquello y que lo agradecería más que cualquier otro regalo más sotisficado.

Después de las compras di una vuelta por la ciudad observándola, estaba aún en silencio como si fuera a explotar una tormenta en segundos. Pasé frente al que fue mi refugio, mi hogar, y también junto al Ayuntamiento. Al llegar al hospital eran casi las nueve, hacía media hora que dejaban entrar visitas.

-Perdone.-dije a la recepcionista que alzó la vista de la pantalla del ordenador.-Verónica.-comenté al leer su identificación.-¿Sería tan amable de comunicarme donde se encuentra Claudia? No sé su apellido, pero puedo decirle que Paulo Wilde es su acompañante.-ella suspiró asintiendo.

-No paran de preguntar por ellos ¿es amigo suyo?-entonces me miró fijamente.-Ah, ya sé quien es.-dijo tomando un pequeño posit para apuntar la habitación y nombre de la chica.-Tenga cuidado, aún hay fotógrafos por la zona y periodistas molestos. Nuestro director los echó fuera de la zona próxima al hospital en la noche, para que no incordiaran a los pacientes y molestara el entrar y salir de las ambulancias, pero volverán.-sonrió mirando las flores.

-Ha sido muy amable al confiarme esa información.-dije tomando uno de los tulipanes para ofrecérselo.-Gracias.

-Cuídese.-comentó y yo me sorprendí.-Cuide su corazón.

-¡Ah! Sí, gracias.-entonces la recordé, era una de las chicas que siempre estaba en recepción aquellos días, una mujer que soportó el aluvión de preguntas de la prensa en busca del director o algún chisme, pero siempre fue correcta. Jamás me había detenido demasiado en ella, puesto que odiaba todo ese horrible lugar inclusive a las enfermeras y demás empleados.-Usted cuide su sonrisa.-al añadir aquel comentario, cuando iba hacia los ascensores, ella esbozó otra aún más deslumbrante.

Empecé a pensar que a veces los hospitales tenían algo bueno y eran sus profesionales, las personas que le daban vida y cuidaban las vidas de otras tras salvarlas. Pero seguía con ganas de salir corriendo al ver el pasillo lleno de enfermos. Sobretodo cuando veía niños o jóvenes.

Al fondo del pasillo encontré a Paulo. Jamás me había fijado que era tan delgado como Kamijo. Tenía sus manos sobre el cristal del gran ventanal, al igual que su frente apoyada contra la ventana. Vestía con una camisa mal colocada y unos jeans que le daban un aspecto distinto al que solía conocerle, un aspecto sobrio y lejos de la edad que realmente tenía. Cuando me aproximé escuché sus sollozos y noté como golpeaba leve el cristal, parecía maldecirse una y otra vez.

Puse mi mano sobre uno de sus hombros y se giró para verme. Tenía los ojos rojos, completamente enrojecidos. Se abrazó a mí y tuve la misma sensación que cuando lo hizo Kamijo por primera vez. Lo rodeé con el brazo que no llevaba su regalo ni las flores, intentaba consolarlo de alguna forma aunque sólo fuera con mi presencia.

-Quiere irse a Francia.-dijo en un balbuceo.-Volver a su país porque pronostican que no volverá a caminar, no quiere ser un estorbo para mí, y yo sólo quiero estar con ella. No puedo dejar la alcaldía, no puedo dejar el deber que acepté, y todo esto me supera.-masculló.-Fue... fue mi culpa.

-¿Tu culpa? No fue tu culpa Paulo, los accidentes ocurren.-dije intentando calmarlo.

-Se cayó porque huía de mí, pensó que era infiel por no saber explicar ni expresar mis sentimientos. Esta no es la primera vez que sucede algo así, no es la primera vez.-definitivamente ahí se derrumbó aferrándose a mi traje oscuro.

No hay comentarios:

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt