Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 4 de octubre de 2011

Tears for you - Capítulo 7 - Un viernes más. (Parte VI)


Señores, disfruten de la música como si el mundo se fuera a desintegrar. Sean felices, disfruten del mundo y del momento... olviden un segundo esas malditas penas... ¡LA MÚSICA LLEGÓ! Un poco de música y todo se desintegra... ¡VIVE LA MÚSICA!



Desgraciadamente para una vez que me lo rogaba de esa forma no podía atenderle, no era el momento para bromas. Quería atrapar a esa estúpida hiena. Estaba seguro que estaría regodeándose de lo listo que era, aunque el rastro fue fácil de seguir. Juka era más escurridizo, sería más difícil. Dorian lo daba por imposible desde el principio, era una rata que sabía disfrazarse incluso de adorable anciana.

Me di aquella ducha como si dependiera mi alma de aquellos minutos. En realidad, dependía mi buen nombre y el regalo que había hecho Kamijo a mi pareja. Conocía bien sus métodos para hacer que Kurou fuera limando asperezas con él, ese era uno, y además de paso conseguía que los Sakurai's no terminaran manchando demasiado sus manos.

Cuando entré en la habitación me encontré a mi esposo terminando de arreglar su maleta, cerca de la puerta estaba la mía. Pasé por su lado, para ir hacia el vestidor, lo hice con cierta sensualidad sólo para sonrojarle. Arrojé la toalla a medio camino y dejé que me viera desnudo una vez más.

-¡Kurou date prisa!-grité antes de cerrar la puerta del vestidor.

Reía por mi travesura, era divertido excitarlo y ponerlo nervioso a la vez. Me gustaba ser sutil y descarado, todas mis facetas para conquistarlo eran perfectas porque encajaban con sus fantasías. Él no lo decía, no hacía falta, podía leer en sus ojos que yo le cumplía cualquier locura y mito erótico. Su timidez impedía que rogara sexo y juegos para realizar caprichos.

Decidí que las bromas debía dejarlas cuando estuviéramos en el avión, que debía ser serio y rápido. Tomé uno de los impolutos trajes de chaqueta, me puse una camisa blanca y un traje negro junto a una corbata del mismo color. Até mis cabellos y dejé mi rostro sin una gota de maquillaje. No me pondría con mis cremas y mis gustos de amante de los cosméticos, debía ser lo más discreto posible.

-Ya estoy.-dije atando mis gemelos cuando salí quedando frente a él, me estaba esperando en la puerta.-¿Qué?

Me atrapó por la cintura pegándome a él mirándome con cierta sorpresa. No solía estar así junto a él, pocas veces me lucía de esa forma. Yo en realidad era alguien serio en mi trabajo, sobretodo en los que eran de gran importancia y peso en la organización. En mi vida privada era algo excéntrico, podía parecer escandaloso y algo estúpido. Todo era una fachada perfecta para mi verdadera forma de ser, aunque fuera frágil era bastante masculino y ni siquiera podía disimular eso cuando caminaba.

-Kurou.-él seguía estrechándome bien mientras yo sólo me quedaba quieto.-¿Qué?

-Me gustas más con el pelo suelto.-murmuró bastante sonrojado.

-Por tu sonrojo diría que con el pelo suelto y desnudo, pero te he dicho que aunque hoy estés revolucionado no vamos a poder hacer nada.-me aparté de él para echar a caminar hacia la maleta, pero me giré y le miré con picardía.-A no ser... que quieras que repitamos lo de aquella vez. Ya sabes, sexo en el baño del avión. Yo por mí encantado, sólo que esta vez espero que grites un poco más y así me motives a poder hacerte más guarradas.-le guiñé nada más soltarle aquellas burradas.-Vamos, tenemos prisa.

Se convirtió en estatua de sal y yo comencé a reír a carcajadas. Sabía que pasarían un par de minutos en reaccionar. Siempre igual y yo provocando esas encantadoras reacciones. Caminaba pesadamente, sin ese contoneo de caderas que solía provocar a la fuerza para seducir o molestar a mi esposo. Era completamente el hombre de negocios que se esperaba que fuera.

Llegué sólo al garaje y me quedé mirando los coches de alta gama que teníamos, estaba enamorado de aquellas bellezas. No comprendía como Kurou veía los coches como un transporte útil y nada más. Para mí un coche debía ser elegido por su motor y su belleza, de nada me servía una cosa sin la otra. Además, mis pequeños eran a prueba de balas porque así los modificábamos para la ocasión.

-Mis bebés.-dije en un murmullo.-Me oyen mis gatos y soy hombre muerto.

-Te escucha tu esposo.-comentó haciéndome brincar, no esperaba que hubiera dejado de ser estatua tan rápidamente.

Estaba allí con su maleta, su sombrero de ala ancha y el mío en sus manos. Me había olvidado de aquel complemento, me gustaba llevarlo cuando iba de traje. En eso él era muy parecido a mí, en los complementos.

-Gracias amor.-respondí tomando el sombrero para colocármelo.-¿Qué?

-Quieres más a esas chatarras con ruedas que a mí.

Comencé a reír a carcajadas mientras me iba hacia un modelo clásico de Mercedes, el del año 1980. Tenía un hermoso tono azul oscuro y unas llantas que me habían costado una fortuna conseguirlas originales. Yo tan ensimismado con mis vehículos y él quejándose de mi amor platónico. Tomé la llave de aquel coche, estaban colgadas en una pared cercana. El llavero de cabeza de conejo me lo había tallado Mario hacía años. Antes se dedicaba a regalar ese tipo de objetos, era como un símbolo de amistad. Decía que yo a veces parecía la liebre loca que iba con el sombrerero, así que decidió que sería mi regalo. Aunque yo siempre diré que es un conejo, pues los conejos me parecen más pequeños y adorables.

-Cariño, sólo te voy a decir esto una vez.-me miró serio y fuera del vehículo, mientras yo sonreía colocándome el cinturón.-Da gracias que los coches no pueden transformarse en robot y moverse bien en la cama.

-Yoshiki.-gruñó.

-Anda sube y arranca de una vez.-dije sacando el brazo por la ventana para mover las llaves.

Había decidido que sería ese, ese coche y no otro. Él se subió a regañadientes, juraba que estaba más molesto de lo habitual. Realmente no había sido su semana, mejor dicho casi ni siquiera había disfrutado este mes. Empecé a trastear por la radio para buscar algo que a él le gustara, cuando di con un poco de blues no dudé en sonreír estirando mi mano para acariciar sus mejillas.

-Un poco de blues para mi gato gigante enfurruñado.-susurré antes de abandonar un beso en su mejilla.-Idiota.

-Déjalo ahí, me gusta esa emisora.

Sabía que podía escuchar mi rock y mi metal, así como mis baladas a piano y mis insufribles óperas. Él era de blues y rock clásico, un hombre sacado de los años treinta o cuarenta, de esos que ya no quedaban. Mi hermoso gigante era un apasionado de la música con alma, con más alma que música. Adoraba su media sonrisa al escuchar sus canciones favoritas por esas emisoras de jazz, blues y rock no muy alejado de su esencia, de su padre.

“Y el blues llegó a mi vida,
como tu amor y la nicotina.
Me hiciste caer, caer muy al fondo.
El abismo no estaba preparado,
yo sobreviví a la caída y al no tenerte.
Ahora sólo tengo esa melodía,
dramática y viva.
Oh, blues dame la salida a la locura...
o mejor dame ticket para una temporada,
allá abajo en el infierno...
He oído que tocan jazz y blues a la desesperada.”

El camino al aeropuerto fue en silencio, yo miraba el paisaje, extraño y desafiante, que poesía aquella maraña de vida, mientras él disfrutaba moviendo los labios y los dedos mientras manejaba. Habíamos hecho ese recorrido al menos cincuenta veces en lo que iba de año. Los viajes de negocios se estaban convirtiendo en habituales, aunque los últimos vuelos fueron para enterrar a personas allegadas al clan.

-Cuando lleguemos al aeropuerto quiero comprar algo antes de embarcar.-comenté notando que entrábamos en el último desvío.

-¿Revistas?-interrogó y yo sólo asentí.-Seguro que alguna de coches y música.

-Cariño, me conoces demasiado bien.

En realidad, no iba a comprar sólo revistas. Quería sorprenderle y regalarle un libro. Hacía como un mes me habló de una película que le había gustado enormemente, y por supuesto ya quería leer el libro. Pero era tan despistado que siempre olvidaba comprar la novela que precedía ese mundo fantástico que era el cine. La película en cuestión se llamaba “cadena de favores” y yo estaba dispuesto a comprar el libro de Catherine Ryan Hyde.

Kurou siempre me dejaba a mi aire en el aeropuerto, mientras él se dedicaba a sobornar a los de seguridad, junto a otros tratos y favores, yo compraba. Podía hacer lo que quisiera, siempre que no retrasara los planes. Creo que comprar se convirtió en mi forma de entretenimiento favorito aquellos años, todo por culpa de Kamijo y su insaciable apetito por el lujo. Había pasado tanto tiempo junto a mi hermano que sus malas costumbres me habían hecho caer en una espiral de consumismo, aunque yo era absurdo al comprar y él era un marchante arte de prestigio internacional.

4 comentarios:

†MuTяĆ dijo...

Me gusta mucho el personaje de Kurou. Probablemente será por el misterio que lo envuelve y por no conocer casi nada de él. También me gusta mucho el personaje de Yosh y cómo vas haciendo que lo conozcamos poco a poco. Siento también bastante curiosidad por el Sr. Wilde (gran elección del apellido;) ) y por su desafortunada esposa.

Y en general, debo decirte que me está gustando bastante esta nueva novela.

Besotes y ya espero la siguiente parte o bien el próximo capítulo. ;) ;******

Kiseki dijo...

Ha dejado a Kurou con las ganas~ así que supongo que más adelante habrá sexo salvaje y esas cositas, nee? XDDD
Y con ganas de más me dejas a mí, esperaré más dosis! :3
Besos! <3

Chrome Dokuro dijo...

Me ha encantado, como ya he dicho, QUIERO UN KUROU, y además necesito que me digas qué pasó en el baño del avión ê.ê
un beso y un abrazo,no,muchos,que si no kiseki te acapara xD

Athenea dijo...

¿Habrá sexo en el baño del avión? Kurou estaba muy ansioso, pero al mismo tiempo es muy tímido... ¿Acabará cayendo en la tentación? ¡Espero pronto la continuación para saber que pasa con estos dos! ¡Un beso!

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt