“Una ducha, eso es lo que necesito.” Murmuré al levantarme y ver que ese mocoso no desaparecía de mi mente. Jamás me había sentido así ante una mujer, por muy bella que fuera y por muy placentera que llegara a ser. Abrí el grifo del lavabo y me mojé el rostro intentando despejarme antes de comenzar el rito del aseo. La ducha se abrió como una cascada, magia para algunos pueblos del mundo y un recurso escaso. Bajé mi ropa interior y mi miembro estaba ahí, endurecido y deseoso de ese cuerpo juvenil. Mis cabellos revueltos, mi mirada de loco y el vapor del agua me daban la imagen del mismísimo Lucifer. No pude evitarlo, deseé que la excitación se fuera lentamente como el agua por el sumidero, pero no pude. Bajé mis manos hasta mi miembro y lo palpé, cerré los ojos y comencé a acariciarlo. Mi cabeza se ladeaba, mi lengua lamía mis labios para después sentir mis propios dientes mordiéndolos. Mis dedos se aferraban a mi sexo esclavos de la lujuria. El agua caía sobre mis cabellos empapándolos y mi mano izquierda tuvo que apoyarse a los azulejos. Un chorro de agua caliente cayó sobre la fuente de mi placer e hizo que eyaculara mi esencia manchando la bañera y mi vientre, para que luego aquella lluvia limpiara todo sin dejar huella. Entonces una idea me paralizó, lo hizo porque jamás caí en la cuenta. Me había masturbado pensando en un hombre, por mucho que deseara obviarlo. Su cuerpo me desquiciaba y quería más. Intentaba conquistar a un hombre y sin darme cuenta lo perseguía por media ciudad.
Mientras me secaba los cabellos, desnudo frente al espejo, medité bien que lo que sucedía. No llegué a nada, tan sólo a una espiral de incomprensión. Así que decidí vestirme, ya llegaba tarde. Cogí un bollo de crema, no había tiempo, tenía que verlo aunque fueran segundos. Cuando llegué a la parada él no estaba, por lo tanto decidí tomar un taxi para llegar temprano. Al ver el edificio de oficinas, tras pagar al chofer, me pregunté que estaría haciendo él. Esa simple pregunta estuvo en mi mente todo el día, más que la referente a mi sexualidad. Siempre pensé que todos podemos estar con cualquiera, sea del sexo que sea y de las apariencias que tenga, mientras nos completen. Lo extraño es que yo jamás me había sentido complementado, unido a algo o deseado con tanta necesidad. Sonreía rellenando informes cuando recordaba su expresión de furia, una furia nula para mí. A decir verdad se hizo más grata la jornada y mi amiga me veía demasiado deslumbrante. Se cruzó por mi mente el cómo sería robarle un beso, tomarlo por la cintura y pegarlo a mi cuerpo. Paré de pensar en ello cuando noté que mi miembro se endurecía bajo mis pantalones.
-Edward quiero estos documentos.-Dijo mi jefe interrumpiéndome de mi leve letargo.-Y cuando digo que los quiero, los quiero antes de que sea la hora de que te largues.-Indicó marchándose con el aroma a puro habano. ¿Cómo alguien tan seboso podría creerse tan importante? No tenía ideas, no tenía nada. ese bastardo me chupaba la sangre y las ganas de continuar en aquel trabajo. Como pude conseguí sus malditos informes y me marché asqueado a casa. Decidí dar un paseo, recorrer las aceras para alejar mis instintos asesinos. Entonces lo vi.
Caminaba bajo un cielo encapotado y con un gorro de lana que casi le tapaba los ojos. Corrí hacia él, me di prisa, y cuando logré posicionarme junto a él me miró con furia.
-Mira que eres pesado.-Dijo sin apenas mirarme.
-Sí, lo soy.-Sonreí encantado al verle.
-¿Qué quieres?-Preguntó parándose en seco.
-Pedirte disculpas por hacerte irritar.-Murmuré con una sonrisa sátira.
-Eres un tipo muy raro.-Dijo volviendo a hablar.
-Lo sé.-Respondí. Entonces observé que no llevaba la maleta sino bártulos de un trotamundos junto a una guitarra.
-Ya te puedes largar ¿no?-Comentó girándose para clavar sus ojos en mí. Un escalofrío recorrió mi espalda y deseaba abrazarle.
-Te quiero invitar comer.-Argumenté. Estaba nervioso y busqué un pitillo que ni prendí.
-Bueno me he escapado del centro de acogida y no pienso volver a ese instituto, tengo hambre.-Dijo llevándose las manos a los bolsillos.
-¿Eso es un sí?-Dije intentando no alarmarlo.
-Es un vale.-Me miró de reojo y luego tomó aire.-No soy gay.-Masculló con tono sereno y seco. No supe que decir así que sólo hice un gesto para que me siguiera.
Al llegar a casa le dije que se podía dar un baño caliente, ponerse algo de ropa vieja que tenía en los cajones de mi armario y yo mientras telefoneaba a un restaurante. Pedí algo de verdura, también patatas fritas y un pollo asado. Cuando salió de asearse sentí que mi cuerpo reaccionaba por si sólo, me salvó el timbre de la puerta con la comida recién hecha.
-Gracias por darme algo de comer, pensaba en ponerme a pedir.-Dijo agarrando uno de los muslos del pollo con sus dedos.-Si no uso los cubiertos es porque me muero de hambre y paso de cursilerías.-Comentó con la boca llena mientras engullía.
-No pasa nada, lo entiendo.-Respondí limpiándome con la servilleta para tomar un trago de cerveza.
-Es que estaba harto de tanta regla, de tanto estudio y de tanto imbécil. Ya no me quedaba nadie a quien cruzarle la cara.-Parecía que contaba una hazaña y a mí me llenaba de temores, además de una tristeza terrible por ver como desperdiciaba su vida como yo.
-¿Por qué eres tan violento?-Pregunté.
-Porque lo llevo en la sangre.-Dijo tragando como un animal salvaje. No usaba los cubiertos y parecía que no había comido en días.
-¿Ahora eres de raza?-Comenté catalogándolo como se le hace a un perro o a un gato.
-Es la única herencia que me dejó mi padre.-Respondió seriamente para tomar un poco de agua.
-Yo no tuve padres que me cuidaran, jamás existieron para mí. En realidad mi familia me detesta y prefiero obviar al resto del mundo, tan sólo me dejo aproximar a pocas personas, por no decir casi ninguna.-Dije cortando la carne con energía. Odiaba hablar de mi pasado y creo que él lo percibió.
-De todas formas no tienes que dejarte amedrentar por los demás, ser homosexual no es delito.-¿Desde cuando yo era homosexual? Jamás percibí que lo fuera, estuve con mujeres y nunca me fijé en los hombres. Era amable con él porque me atraía como a una piedra sin pulir, pero una piedra hermosa aún así.
-No soy homosexual.-Respondí arqueando una ceja.-Te invito porque me atrae tu comportamiento, eres un animal salvaje y puede que seamos parecidos en varias cuestiones.-Susurré tomando una rebanada de pan.
-Los tios esos del centro siempre me tenían por maricón, pero no lo soy. Lo dirán por envidia o porque tengo el rostro fino.-Comentó.-Me jodía cuando me lo decían, era algo que me repugnaba porque no me conocían, no por serlo o no.-Dijo secándose las manos en la servilleta.-Lo siento por mis modales.-Masculló al ver como le miraba.-Es que no he comido mucho estos días, no tenía apetito y la comida de ese sitio sabe a rayos.-Era muy expresivo con la mirada y sin duda tenía un toque de locura impregnado que me maravillaban.
-No pasa nada, lo entiendo.-Dije dejando mi plato a un lado, al contrario que a él mi apetito disminuyó ese mismo día. Verlo como lo veía, escuchar lo que decía y contemplar en él el odio que yo desprendía me abrumaba.
-Ahora cuando coma me marcho, no seré mucha molestia.-Murmuró tomando de un único trago un vaso con refresco que tenía en un lado.
-Puedes quedarte, no tienes donde ir y si te ven por la calle te devolverán al centro.-Me levanté para ir al balcón y allí encendí un cigarrillo. Me apoyé en el quicio de la hoja de la ventana mientras el humo se diluía en el ambiente. El sabor a nicotina me solía calmar, o al menos menguaba el malestar.
No hablamos mucho más. Se dedicó a rasgar su guitarra y yo a escribir como un poseso. Primero realicé unos informes y luego un relato. Era la primera vez que me gustaba lo que hacía, hablaba de él de una forma distinta y bastante pasional. Lo vestí de guerrero, le llevé a las guerras de samuráis y allí lo destrocé en medio de una guerra que no entendía. Cuando llegó la hora del café le hice uno dejándoselo en el suelo, se llevó todo el día en una esquina como un mendigo. Ni me miró, tan sólo existía la guitarra y se aferraba a ella como si fuera lo único que tenía y tendría en la vida. En realidad así era, pero también me enamoraba esa forma de ser que yo también tenía.
En la noche le hice algo ligero y le dejé la habitación de invitados. Sí, mi cuartucho tenía una pequeña cama en un cuarto mugroso de sobra. El colchón no estaba mal y las sábanas de algodón le daban un aspecto delicioso. Deseé besarlo cuando fui a observarlo en medio de la madrugada, sin embargo me contuve y decidí regresar a mi alcoba.

2 comentarios:
ano...XD no lo he ledio aún, pero lo leeré!!*w* solo pasaba a saludarte!!! encontré tu blog en liebe..ahi soy aori XD bueno te cuidas!!
Me encanta esa mini novelita que llevas entre manos. He de reconocer que me enganchado a ella.
Suerte y espero nuevas entregas :)
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