Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 15 de diciembre de 2007

Dulce Falsedad /Capítulo Cuarto: Mi amor y el Tuyo\



Imagen de Ayano Yamane (una de las mejores mangakas que conozco)


Antes de quedarme en total sopor abrí la ventana de la habitación y arrojé la llave. Tenía otro juego bien guardado por los cajones de mi ropa interior, pero él no lo sabía.Al despertar él estaba en un rincón de la habitación con el rostro bañado en lágrimas. Le miré con despotismo mientras me levantaba y caminaba hacia él. Cuando estuve ante su cuerpo endeble tiritó con un escalofrío que pude sentir, lo agarré de la muñeca y lo alcé del suelo, para luego tirarlo a la cama y caer sobre él como un animal en celo. Era la mañana de navidad, lo recuerdo bien, y podía escucharse los villancicos por las calles mientras los comerciantes vendían ilusiones, o más bien trastos inútiles. Le miraba con deseo, furia y sin un atisbo de compasión. Mi mente volaba, parecía otro cuando la necesidad alcanzaba el máximo haciéndome retroceder a mis instintos salvajes. Su rostro mostraba matices de terror e incomprensión. Mi boca devoró la suya mientras le rodeaba. Sentía que mi entrepierna aumentaba en tamaño, se endurecía, y eso me provocaba la necesidad de destrozarle. Mi lengua estaba insatisfecha y mi mente se desconectó de mi conciencia por completo. Mis manos bajaron de sus hombros, rodando por su espalda hasta sus nalgas. Le quité la ropa interior y comprobé que no se excitaba, más bien me repudiaba.

-No puedes negar a tu amante el placer de tu miembro.-Susurré inundado por la lascivia mientras le lamía el cuello hasta morder el lóbulo de su oreja derecha.

-Déjame.-Balbuceó.

-¿Dejarte? No puedo dejarte escapar.-Mascullé levantándome de la cama. Me agarré mi virilidad y comencé a masturbarme, mientras él se hundía en el colchón.-Míralo bien.-Dije dejando de tocarme para agarrarlo de sus cabellos y dejarlo a escasos centímetros de mi miembro.-Ponte de rodillas.-Indiqué pero no se movió.-¿Quieres que te golpee?-Pregunté tirando de sus cabellos.

-No.-Dijo entre lágrimas.

-¡Pues ponte de rodillas!-Grité dando una orden más directa y brutal. Sin decir nada más lo hizo y yo posé la punta de mi sexo en sus labios.-Lámelo por completo, lame la punta de mi daga.-Susurré clavando mi mirada en sus facciones de horror.-Vas a aprender a obedecer bien a tu amo.-Comenté sintiendo su lengua recorriendo el inicio de mi masculinidad.-Prepárate.-Dije clavando hasta el final mi miembro mientras agarraba con brutalidad su cabeza. Él instintivamente se aferró a mis piernas y cerró sus ojos con fuerza.-Voy a hacer que te ahogues de placer.-Comencé a moverlo con fuerza, tiraba de su cabeza hacia mí y movía mi cadera con rapidez. Sus párpados se levantaron y mostró sus pupilas idas. Podía sentir lo que llamamos vulgarmente campanilla chocar con mi hombría. También notaba como intentaba alejarse de mí clavando sus uñas en mí. Sus labios podían rozar mi escroto y yo sonreía henchido de placer. En minutos sentí tanto placer con su dolor y sus labios que me vine atragantándolo con mi esencia. Lo dejé entonces libre tirándolo sobre las sábanas. Su pecho respiraba incontrolado mientras tosía.-Dejaras de ser rebelde y te convertirás en quien yo desee, te amoldaré a mí.-Susurré arropándolo con el nórdico.-Voy a salir fuera, más te vale que no hagas nada extraño pues puedo ir a buscarte y degollarte.-Dije acariciando sus labios para luego lamer mi propia esencia.

Me bajé de la cama y cogí la copia de la llave, tomé algo de ropa y me fui a la ducha. Cerré bien el cuarto, preparé todo para afeitarme y recordé que su palabra a veces no valía nada. Regresé a la habitación con mordazas y cuerdas. Lo até a la cama y tapé su boca para marcharme, esta vez sí, a la ducha. El agua limpiaba el sudor del sexo y mi mente comenzó a recapacitar, pero ya no había vuelta atrás. No cabía duda que si le dejaba marchar iría a la policía y contaría todo provocando que me alejara de él para siempre. Mientras me duchaba meditaba qué le regalaría. Pensé primero en dulces, golosinas y al finar caí que sería más productivo algún juguete. No es que pensara que era un niño pequeño, sino hablo de juguetes sexuales. Me sequé clavando mi mirada en el espejo, estaba pletórico y jamás me había sentido tan satisfecho. Cuando me marché comprobé que dormía y sonreí al ver su rostro en paz.

Deambulé por la ciudad durante dos horas. Compré dulces, un consolador y esposas; también acabé por adquirir una botella de vino algo cara. Al abrir la puerta observé que seguía igual de maniatado pero despierto. Dejé la bolsa de cartón a un lado junto a sus pies.

-Mi amor, te he traído un regalo por ser navidad.-Susurré besándolo dulcemente en la mejilla. Hubiera dado todo lo que tenía, incluso la vida, porque él me hubiera venido a buscar y besar sin necesidad de todo aquello. Le adoraba y a la vez detestaba por su rechazo. Al quitarle la mordaza esperé que dijera algo sin embargo tan sólo le tembló el labio.-Traigo dulces y vino.-Susurré besándole dulcemente.-Si te portaras bien sería así siempre.-Dije con cinismo. Él no se había comportado mal conmigo, tan sólo hizo una estúpida pregunta y negó mi cariño.-Voy a cerrar bien la puerta y te voy a desatar para que puedas tomar un poco de tarta.-Comenté levantándome para hacer lo dicho y regresar hasta él. Le desaté las manos y lo incorporé con los almohadones.-No sabes cuanto te amo, cuanto te necesito, podría ser todo más fácil si me amaras.-Susurré aproximando la bolsa.-Sé que es tu preferida.-Dije sacando un papel de pastelería donde se encontraba una tarta de chocolate y crema, junto a una pequeña cucharilla de plástico obsequio de la tienda.-Te quiero.-Murmuré mientras le acercaba un trozo.-Cómetelo mientras voy por un sacacorchos para el vino.-Indiqué abriendo la puerta y cerrándola con llave.

Cuando entré en la cocina me derrumbé porque él tenía la mirada cargada de odio y pavor hacia mí. Al regresar con dos copas y el sacacorchos observé que había devorado el pastel. Tenía los labios llenos de chocolate, también sus manos porque no usó la cuchara sino sus dedos.

-El sexo abre el apetito.-Sonreí cerrando tras mis pasos y sentándome a su lado. Tomé la botella y la abrí.-No sé si te gusta el vino, pero esta marca siempre me hizo delirar. No es barata, lo sé, sin embargo hay que celebrar que eres mío.-El sonido del corcho resonó levemente y vertí un poco de vino en las copas.-Brindemos por no separarnos jamás.-Dije besando su cuello y sus hombros. Él bebió y bebió, yo mismo le hice que se tomara toda la botella. Su rostro era hermoso tan embriagado y torpe. Estaba débil por mis caricias, el vino y por el temor que le paralizaba. Le volví a atar y saqué el juguete de la bolsa.-¿Ves esto?-Susurré.-Te va a dar placer, tanto que te va a desquiciar.-Mascullé sacándolo del envoltorio para bañarlo en vaselina. Después lo incrusté entre sus nalgas y tomé el mando a distancia para darle la velocidad que yo deseara. Me senté en la silla del escritorio y lo miré seducido por su rostro. Su mirada estaba perdida, sus labios dejaban escaparse leves y profundos gemidos, sus piernas temblaban y el vibrador llegó al máximo de su potencia haciendo que eyaculara. Sin embargo no paré, dejé aquel trasto conectado mientras buscaba más pilas por la habitación. Encontré un paquete nuevo que compré para la radio y sonreí maliciosamente. Lo tuve en aquel estado más de tres horas. Me masturbé y vertí en su rostro más de una vez. Yo tenía vacaciones de navidad, quince días para torturarlo con placer y ese fue sólo el inicio.

Durante días aquel salvajismo me hizo destrozarlo con mis impulsos sexuales hasta que él comenzó a buscarme. Recuerdo la noche del día treinta y uno lo dejé liberado de las cuerdas, él entonces se abrazó a mí. Sus labios surcaron los míos y su mirada parecía confusa. Se entregó a mí, se subió sobre mi pecho y buscó mi miembro para apoderarse de él con las paredes de sus nalgas. Empezó a moverse con ritmo sensual, demasiado erótico, mientras rozaba su entrada con mi sexo hasta endurecerlo. Cuando se lo introdujo gimió dulcemente dejando que su aliento bañara mi rostro.

-Me he dado cuenta que te quiero.-Susurró para luego morder mis labios.-Pero no quiero que seas tan duro en el sexo, me da más placer de esta forma.-Masculló apoyando sus manos en mi pecho para comenzar a cabalgar. El trote era rítmico, frenético más tarde e imposible por último. Su rostro era la muestra del fervor pasional de un creyente ante la aparición de la virgen. Mi esencia cubrió las paredes de su interior y él dejó la suya liberada surcando el aire para salpicarnos a ambos.-Ambrosía, esto es la ambrosía.-Masculló quedándose sobre mi pecho.-Si dejas que esté más libre seré más feliz, te amaré más y jamás me iré.-No sé porqué extraña razón le creí y asentí.

-Te voy a hacer el hombre más feliz, te lo juro.-Murmuré acariciando su rostro.

Estaba tan satisfecho que comencé a llorar. Por primera vez él notaba amor y no sodomía, veía que le quería o eso aparentaba. Le di la llave de las esposas, las de la puerta y le permití irse a bañar. Yo me quedé dormido con una sonrisa en los labios y jamás desperté. Lo único que sé es que me apuñaló catorce veces mientras dormía soñando con un futuro juntos. El juez no lo inculpó lo vio como defensa propia y yo cuando le veo caminar de la mano de su actual pareja deseo aniquilar todo a mi paso. Él es mío y aún sigo sin entender bien porqué no comprendió mi desesperación.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt