Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 6 de diciembre de 2007

Dulce Falsedad / capítulo tercero \


___yaoi____by_minami_kun




Durante una semana convivimos con total normalidad, con la normalidad de dos desconocidos que viven juntos por casualidades del destino. Él no salía demasiado del apartamento, tan sólo de noche y no decía donde iba. No podía preguntar, tampoco debía, porque no era nada mío y sabía que tendría una mala contestación. Me preocupé por que él tuviera su espacio vital y yo el mío, ambos conversábamos animadamente durante las comidas e intentábamos conocernos. Le rogué que no robara, si necesitaba dinero se lo prestaría y que siempre encontraría aquí comida. Era un favor a alguien que me recordaba a mí, también por una persona que hacía que me sintiera débil ante mis impulsos más bajos. Sin embargo una noche comenzamos a intimar más que de costumbre.

-Dices que me tienes apalancado en tu mansión porque te recuerdo a ti.-Comentó sentándose a mi lado en el sofá. Yo estaba viendo una película algo antigua y aparté la mirada de la pantalla para dirigirla hacia su rostro.

-Sí, así es.-Respondí volcando toda mi atención nuevamente al hilo argumental de aquella historia de dragones, mitos y hechizos.

-¿En qué?-Preguntó.

-¿En qué? En tu actitud, en tu forma de ver todo y en parte de tu pasado.-Comenté parando el reproductor y apagado la pantalla. Me senté de lado para estar frente a frente a él. Sonreí levemente.-Sobretodo creo que en que bajo esa capa de grosería, inmadurez y decadencia se encuentra un ser humano que tiembla al tomar decisiones drásticas. No eres tan diferente a mí o a cualquier otro. Además, no podía dejarte en la calle. Soy mala persona, pero no llego a límites tan desbordantes de crueldad.-Dije cogiendo una cerveza fría que tenía sobre la mesa. Sin duda era mi noche libre, una de viernes, y disfrutaba de una de mis pasiones, el cine, si bien comenzó una interesante conversación con aquel muchacho.

-Eres gay, lo sé.-Me asombró su rotundidad, es más ya me lo había dicho pero jamás de esa forma.

-No.-Respondí.

-Lo eres.-Insistió.

-Y si lo fuera ¿qué?-Dije confuso sin saber que pretendía.

-Que me tendrías aquí esperando a que cayera en tus brazos, me hiciera tu esclavo sexual y te quitara la soledad.-Masculló.-Cosa que haces, con lo patético que eres no sé como no te pegas un tiro.-Aquello me descolocó y destrozó.

-Soy homosexual pero jamás estaría con un mocoso como tú.-Dije.-Tan desagradecido y victimista que no tiene otra cosa que hacer que odiar la vida. No sabes lo afortunado que eres, aunque hayas sufrido continuas con pulso.-Comenté deseando abofetearle.

-Métete tu opinión donde te quepa.-Masculló con lágrimas en sus ojos. Parecía que había tocado su punto débil y cuando fue a levantarse tiré de él cayendo sobre mí.

-Vas a ver donde voy a meter mi opinión.-Murmuré agarrándolo con fuerza. Me convertí en una prisión sin salida. Comencé a besarlo en el cuello y a morder el lóbulo derecho. Él se resistía hasta que me levanté y lo arrojé al suelo para luego caer sobre él. le até de las muñecas y mi boca tocó la suya. Aprisioné con mis labios su aliento y mi lengua llegué casi a su garganta. Le asfixiaba con el beso desatado, con la lujuria que ya no podía soportar mi cuerpo. Él intentaba morderme, desatarse e intentaba vanamente pedir ayuda.

-Jimmy vas a ver lo que hace este fracasado contigo.-Dije en sus oídos en un tono suave.

-Edward- Logró decir atemorizado mientras sonreía al ver su expresión.

Le quité la camiseta y desabroché la cremallera de sus vaqueros caídos. Yo me abrí la camisa y dejé al descubierto mis pectorales. Mi lengua recorría su piel, cada rincón de su cuerpo, y mis manos se fundían en el calor de sus calzoncillos. Mis dedos acariciaban su miembro, mi mano derecha se había convertido en una garra que le masajeaba en toda su extensión. Mordí su cuello y dejé que mi aliento lo rozara.

-Dime te parezco tan patético.-Murmuré soltando la única mano que aún sujetaba sus muñecas para tirarle de los cabellos.-Dime.-Pregunté apretando sus testículos.

-Hazme lo que quieras, pero hazlo pronto para olvidarlo.-Comentó como si le torturara cuando su erección no dejaba dudas.

-Me deseas y te reprimes, maldito idiota.-Susurré.-Así será más divertido.-Mascullé.

Me levanté y lo miré mientras me quitaba la camisa. Él de inmediato reaccionó para escabullirse por la puerta, sin embargo yo fui más rápido o más listo y lo atrapé. Como pude lo guié hasta mi habitación, gritaba y pataleaba lo que me hizo encender la música a un volumen casi estridente. Cuando lo arrojé en la cama le quité la poca ropa que le quedaba, sus zapatillas de deporte y los calcetines. Yo simplemente saqué de mi entrepierna su premio. Estaba excitado y sobretodo gracias a que se resistía, como un animal herido a morir.

-¡Maldito hijo de puta!-Dijo escupiéndome con rebeldía.

-Mira, no soy un niño enclenque al que robar el dinero para su merienda, soy alguien con más fuerza y bastante más experimentado. Olvídate de zafarte de mí.-Comenté sacando de mi cuello una llave. Solía llevar la llave de mi habitación en mi cuello desde que él había decidido quedarse a vivir conmigo. Lo hacía para protegerle de mí, en ese instante era para que no se marchara. Cerré la puerta y volví a colgarme aquel improvisado collar. Con el cinturón de mi bata le até las muñecas para tenerlo hecho un pelele en mis garras. Busqué algo para crear una mordaza y tomé sus propios calzoncillos.-Vas a saber que es un hombre.-dije dándole la vuelta para rozarme sobre su trasero.-Olvídate de todo, ahora me perteneces.-Murmuré en sus oídos levantándolo unos palmos del colchón para dejarlo caer bruscamente sobre la cama. Cogí un frasco de aceite que tenía en la mesilla de noche y empapé mi sexo además de introducir dos de mis dedos entre las paredes de su entrada. Tras prepararme entré en él. mis movimientos fueron bruscos, sin ritmo fijo y con profundidad. Sus piernas temblaban en cada embestida y cuando me cansé de aquella posición lo dejé a un lado. Quité su mordaza para besarle con deseo, más bien con necesidad, y luego introduje mi miembro entre sus labios.-Vas a ser mi puta quieras o no.-Dije casi asfixiándolo mientras dejaba que mi esencia llenara su boca y manchara parte de su rostro.

-¿Por qué me haces esto?-Preguntó entre lágrimas.

-Porque te deseo y sólo sabes rechazarme.-Comenté desatando sus muñecas y entonces observé que caía agotado sobre las sábanas alborotadas.

Me quedé pensativo ante lo que había hecho, era una violación en toda regla y sin embargo me había complacido. Me abracé a él y besé sus mejillas además de su frente. Comencé a respirar más profundamente y dejé que el sueño viniera lentamente para llevarme a recorrer mis peores pesadillas.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt