Ven a mí
Ven y sedúceme
Haré que los manjares del infierno
Corrompan tus sentidos
Mientras tus latidos
Estallan en una armoniosa sinfonía
De placer, inquietud y sangre bombeada
Hasta tus venas, donde las endorfinas
Te juegan malas pasadas
Ven y secuéstrame
Ven a mí
Soy el hijo de los infiernos, el enemigo de la luz y el amante del fuego. Mi piel sabe a cenizas y a lágrimas amargas por incontables batallas contra un dios ciego de egocentrismo. Puedo ver aún los ríos de sangre escapando de mi cuerpo, al igual que de mis enemigos. Tú has curado esas heridas con tus caricias de pintor. Marcas en mí un antes y un después haciéndome delirar por completo.
La ruina del odio marcó mi vida y me dejó sin aliento muriendo lentamente. Mi rebeldía era un lastre dulce que me gustaba portar a expensas de lo que pudiera sucederme. La monotonía me agobiaba y los poemas eran quienes me daban un poco de libertad. Sin embargo siempre fui inseguro y delirantemente romántico, pero había perdido la esperanzas en encontrar a alguien que me diera lo que me regalas.
La vida se ha hecho más amena
La luz ha entrado en mi habitación devorando las sombras
Mis labios ya no tienen el sabor de la amargura
Las noches son pasionales
Los días son eternas mañanas de primavera
Y la belleza deslumbra y crece en mi interior
Dejándome absolutamente colapsado
Por la felicidad que me has otorgado
Yo era un desdichado hasta que viniste a mi vida plasmando una paleta de colores en mi alma que moría lentamente en un dolor profundo…
La belleza que me regalas no tiene precio
Tu sonrisa es imposible de describir con certeza, pues hace que yo estalle de placer
Una sola mirada tuya desata en mí a la bestia lujuriosa que porto
Y tus labios, qué decir de tus labios, tan sabios y honestos que jamás probé otros como ellos.

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