Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 22 de junio de 2008

Vida sin rumbo


Koori no Mamono no Monogatari es la autora de varios mangas...
que hasta ahora no sabía que era la autora de muchos que amo...sí, porque de donde los bajaba no salía su autoría. Pero nada más ver los trazos la relacioné. Ahora puedo venerarla, y babearla...

VIDA SIN RUMBO

Ever Dream - Nightwish

Acababa de discutir con mi mujer, otra vez, siempre por la misma historia. Ella parecía inmersa en su mundo, y yo en el mío. El trabajo, las relaciones sociales y la bruja de su madre acaparaban toda su atención. Mientras yo tenía suficiente con un jefe que pagaba conmigo sus riñas familiares y que su hijo no valiera para directivo en la empresa. Desde pequeño siempre quise ser actor, novelista o simplemente un bohemio. Pero ahora me encontraba en un trabajo como publicista, encajonado ahí de por vida, y con una mujer, que aunque perfecta para mí llegaba a no entenderme. Todo era demasiado estresante, demasiado, y yo quería huir.

Cuando éramos novios todo parecía más fácil, pero vinieron los lastres de la hipoteca y el empeño por casarnos. Las responsabilidades hacen mella en cada uno, y en ella la estaban desgastando tanto como a mí. Pero yo me mantenía sereno frente a ella, aunque en silencio deseaba romper a llorar. No teníamos tiempo el uno para el otro y cuando llegaba el fin de semana cada uno quería hacer algo distinto. No había acuerdo, aunque en sus pupilas aún podía leer te amo, al igual que ella en las mías. Sin embargo, en las vacaciones, al contrario que al resto, disfrutábamos de una paz interior y de un sentimiento mutuo. Adoraba recostarme a su lado en la sala y ver una película, abrazados y en silencio. Si bien, para eso quedaba demasiado tiempo y el machacón día a día me estaba enterrando. Las discusiones eran eternas y a veces por cosas estúpidas, pero siempre eran la excusa ideal para acabar en la cama. Verla desnuda atendiendo a mis caricias me desarmaba. No importaba quien tenía razón, simplemente nadie la tenía y eran fábulas para poder desnudarnos y gozar de la carne.

Aquella noche ella se había ido tras una acalorada discusión. Se maquilló y se vistió con ropas atrevidas, revolvió su cabello y le dio un aspecto de felino. Quise disculparme, por enésima vez, pero no me escuchó y me dio un portazo. Saldría con sus amigas, a cual me caía peor y eso a ella la descolocaba. Siempre reclamaba que ella soportaba a los idiotas de mis amigos, sus alaridos frente a la caja tonta cuando había televisión y que yo no podía pasar ni diez minutos escuchándolas, a sus amigas claro.

Me desaté la corbata y me senté en el sofá, saqué una cerveza de la nevera y me quité los zapatos. En la televisión no emitían nada interesante. Sin embargo, un joven me llamó la atención. Era una película sobre vidas decadentes, él era un cantante adicto a las drogas y al final terminaba cometiendo error tras error. Todo porque el amor de su vida, otro hombre, se dedicaba a ir de cama en cama y jamás a la suya. Me eché a reír, no sé porqué, pero me sentía como él, perdido, hasta que ella se fijó en mí. Sin embargo, ahora estaba de nuevo perdido y ciegamente enamorado. No teníamos tiempo para dedicarnos palabras de amor, tampoco gestos y el estrés estaba ahí, como en un trío de amantes lujuriosos. Es imposible decir que no la amaba y en determinado momento me eché a llorar junto con aquel joven.

Tenía veinticinco años y una vida vacía, salvo por ella, y ella hoy no estaba. Terminé por ir a la cama y me acosté intentando conciliar el sueño. Únicamente me dejé puesto el calzoncillo y tirité de frío un segundo, a pesar que era verano y hacían más de treinta grados. Mi cuerpo se pegaba a las sábanas y comencé a pensar en cada año de mi vida. Una infancia dura, llena de enfermedades y mi madre jamás me atendió como debía. Una adolescencia complicada, rebelde y exasperante. Sonreí al recordar cuando me declaré bisexual. Salí con varios chicos hasta que la conocí a ella y entonces todo quedó plano. No había sobresaltos, hasta ahora, que parecía haber recobrado vida el cardiograma. La única palabra que tenía en mente era paz, quería paz ya en nuestro mundo y acabar con un disparo en la sien con los problemas.

Entonces, como por arte de magia, me quedé dormido y comencé a soñar. Claro que yo eso no lo viví como un sueño. Volví a mi adolescencia, me encontré con un viejo amante y ambos estábamos igual de jóvenes. Nos besábamos y él me susurraba al oído que no le dejara. Supe que día fue ese, el último polvo de mi última relación con un hombre. Mi mano bajó hasta su entrepierna y la acaricié sobre el pantalón. Él me mordía los labios y posaba sus manos en mis caderas, para después hacer lo mismo que yo. Sus ojos y los míos se cruzaban miradas llenas de lívido y hormonas revolucionadas. Me quitó la chupa de cuero, yo hice lo mismo con la suya y después le quité los pantalones. Estábamos en su cuarto, lo recuerdo, aún podía sentir la brisa que entraba por la ventana. Nos acariciábamos y desnudábamos, hasta quedar como nuestras madres nos trajeron al mundo. Era todo tan vivo que su piel erizaba la mía, sus labios humedecían los míos y cuando entré en él pude sentir el calor de sus entrañas.

Desperté sofocado, con una erección tremenda y agitado. Hacía años que no me despertaba con un sueño parecido. Me levanté y fui al baño, me empapé el rostro y me miré al espejo. Comencé a preguntarme qué habría sido de él, con quién estaría ahora y si ya me habría perdonado. Me juró que jamás me olvidaría, ni dejaría de amar. También qué sería de mí si hubiéramos seguido juntos. Hacía siete años que no sabía nada de él, durante un año estuvo mandándome mensajes al móvil y aunque cambiaba de número lo conseguía. Después parece que se calmó, aunque a decir verdad siempre deseé indagar cómo le fue todo. Parte de mí le seguía extrañando, pues fue mi primer amigo y jamás nos separamos. Nuestro primer beso fue especial, pero ella ya comenzaba a estar en mi corazón. Le usé como repuesto y cuando la tuve a ella lo abandoné.

Regresé a la cama e intenté dormir, pero no lo hice hasta que llegó ella. Pensaba que estaba dormido y comenzó a hablar a solas. No había ido bien la noche, no se había divertido y pensaba que se excedió con su bronca estúpida sobre su “no me escuchas”, cuando en realidad si ella no me escuchaba a mí no tenía derecho a pedirme nada. Sin embargo, sabía que por pura tozudez no iba a dar su brazo a torcer. Pero eso era lo que me gustaba de ella. Después de desnudarse y desmaquillarse a oscuras, se acostó junto a mí y acarició mi pecho, para quedarse dormida tras besar mis labios. El sueño volvió a mí, al despertar lo hice con las ideas revueltas.

Era sábado y me dediqué a buscar su nombre en un listín telefónico a nivel nacional. Encontré doce, doce hombres con el mismo apellido, y en el penúltimo intento logré dar con él. Ahora vivía en la ciudad colindante, no parecía resentido pero sí extrañado por escucharme al otro lado del teléfono. Al final después de muchos ruegos por mi parte quedamos. Ese mismo día, por la tarde, en una cafetería mientras mi mujer iba a merendar con las cotorras, o mejor dicho víboras, de sus amigas.

Me arreglé un poco, aunque fui de forma desenfadada. Hacía años que no me sentía libre de hacer algo. Una camiseta blanca, unos vaqueros gastados y unas deportivas. El lugar donde habíamos decidido vernos era un café-bar al cual solíamos ir. Había un pequeño billar y máquinas recreativas. Cuando lo vi enganchado a un cigarrillo algo en mí se revolvió.

-Germán.-

Dije algo nervioso, estaba sofocado y mis manos comenzaron a sudar.

-Héctor.-

Respondió como si nada, apagando el pitillo en un cenicero.

-¿Qué tal estas?-

Pregunté con una sonrisa.

-¿Qué quieres?-

Fue directo al grano y noté que seguía teniendo esos labios que me enloquecía. No podía creerlo pero me atraía, o quizás era que no iba bien mi matrimonio y deseaba evadirme.

-Ayer soñé contigo, le di vueltas a todo y me di cuenta que fui un idiota. Te traté mal, no debí apartarte de mi vida y aunque ya no hay marcha atrás, quería saber de ti.-

Se echó a reír dando un trago a su coca cola y después me miró serio.

-Esa zorra te está agobiando, y ahora recurres a la libreta de antiguos amantes a que te compadezcan. Te dije que te estaba echando la soga, que no era como creías…-

No le pude escuchar más y le detuve.

-Y tú que sabes.-

Él se echó a reír con mayor intensidad y me dieron ganas de golpearlo.

-Se te ve. Estas cansado de ser el heterosexual, el hombre trabajador con su mujer ideal y sus problemas de cada día.-

Aquel hombre me conocía mejor que a mi mismo. No podía replicar a nada de lo que decía, aunque no estaba cansado, sino agobiado.

-No estoy cansado, la amo y no la voy a dejar. Pero, me estresa esta vida.-

Respondí intentando ser sincero.

-Te está jodiendo. Di la verdad. La quieres pero las responsabilidades te hacen discutir, por cosas que jamás te hubieras preocupado. ¿Qué queda del bohemio? Querías viajar por varios países, mostrar tus pinturas y tu escritura. Quizás componer para algún grupo de música rock y ser libre, tener alas. Y ahora, con sólo veinticinco te ves las canas y quieres volver atrás. Por eso te citas con un viejo amigo y un viejo amante. ¿Cómo te sentó el último polvo que echamos? Dime, ¿cómo? Yo pensé que todo se había arreglado, que necesitabas un tiempo porque estabas confuso y por eso te dejé hacerlo sin preservativo por esa vez. Todo sería único, como en las películas. Creí que te tendría para mis locuras, ahora soy novelista y bastante conocido. Claro que como no tienes tiempo ni para leer el periódico, pues ni lo sabrás. Ahí está, yo estoy viviendo mis sueños y los tuyos, compitiendo por ser alguien al que recuerden todos y a ti no te recuerda ni el tío que hace el café en la cocina.-

Esas palabras me hirieron, me causaron un gran daño y una conmoción en mi frágil cerebro. Miré a mí alrededor, buscando quizás una salida.

-Al menos tengo a alguien a quién abrazar cuando duermo, no tendré logros que tú has conseguido, tendré peleas con ella, pero un único segundo de su sonrisa me hace sentir bien. Es contrario a lo que piensas, sin embargo algo de razón tienes. Estoy amargado con tanta carga, pero es el peso que he de cargar para tenerla cada día a mi lado.-

Las mías causaron el efecto esperado, se quedó callado y dubitativo.

-¿Y para qué me buscas?-

Preguntó confuso, para luego aproximarse a mí y comenzar a besarme.

-Yo aún te amo, no he vuelto a tener pareja, aunque sí polvos de una noche.-

Admitió su crimen, su mayor delito, seguir enamorado del fantasma que fui.

-No, tú amas a ese que has descrito. Yo ahora soy un chupatintas en una empresa común y corriente, con problemas de fin de mes y un coche que terminarán de pagar mis hijos.-

Aquello le arrancó una sonrisa, pero también una lágrima. El sabor de la nicotina estaba impreso en mis labios. Pero yo no admití su beso, más bien me quedé quieto. Ahora estaba sentado en la otra esquina de la mesa, cohibido.

-Quizás tienes razón, amo a un fantasma.-

Se levantó e hizo el amago de quedarse, pero acabó por largarse tras dejar cinco euros por aquel refresco. Yo me quedé allí sentado como un pasmadote, siendo el centro de atención de varios contertulios y después de tomarme un manchado volví a casa.

Allí estaba ella sentada viendo una película, me quedé a su lado en silencio y tras varios minutos se dignó a decir algo.

-Me voy, no aguanto más.-

Se alzó del sofá y yo la miré extrañado.

-A mi me parece una buena película.-

Me encogí de hombros y apagué el televisión.

-No es eso, me voy de esta casa, de tu vida, voy a buscar otro camino. Me agobias. Eres demasiado, no sé. Estoy harta de todo. Harta de tus estupideces, harta incluso de tu colonia.-

Aquello me pilló de sorpresa, no supe que decir, otra vez me quedé en blanco y cuando me di cuenta se escuchó la puerta. Se había ido a pasar la noche fuera.

Ella había escrito el punto y final a todo, más bien lo había dicho. Me eché a llorar y mi mundo se vino a bajo. Miré mi alianza y deseé impulsarme por el balcón. Pero tan sólo me puse ebrio como cualquier cobarde. Llamé a Germán y admití que todo era un desastre, que todo había acabado. Él se echó a reír y luego colgó.

Hoy hace un año de todo esto. Aún tengo la marca del anillo de casados, porque tardé meses en quitármelo. Ahora entiendo a mi antiguo amante, siempre la seguiré amando, velaré su nombre y las pocas cosas que compartimos. Siempre, siempre…siempre velaré por un quizás, una nueva oportunidad, una nueva noche aferrado a ella y poder besar su piel.


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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt