Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 4 de julio de 2008

Shinigami


He intentado hacer un pequeño guiño a Death Note, Bleach, Constantine...Espero que les guste.

Es un escrito abierto, no sé si lo seguiré algún día. Pero por ahora me gusta como ha quedado. La imagen es de Saito Takumi en una de sus películas.

Shinigami kai - Yoshihisa Hirano and Hideki Ta



Yo soy lo que se denomina Dios de la muerte. Muy contraria a la creencia que tenían los griegos sobre el Hades y el Olimpo, o la de los propios cristianos, yo soy algo más, algo distinto. No soy soberano de una tierra, ya sea arriba o debajo de nuestras cabezas, sino que convivo entre tres mundos bien distintos. Uno es el mundo humano, en el cual mi nombre es Ángel, los otros dos pertenecen a los espíritus. El mal y el bien como lucha espiritual, eso es. En un lado está el lugar donde se purifican las almas, en otro tan sólo donde descansan. Sin embargo, cuando alguien muere vaga por el mundo de los vivos y a veces quedan anclados a la tierra. Las cadenas, o más bien los eslabones de sus familiares son una gran carga y ellos se quedan caminando como si aún estuvieran vivos. Muchos no saben qué sucede, piensan que están vivos y que todo es un sueño maldito que algún día terminará. Sobretodo, los niños, sí las criaturas más débiles y fantasiosas creen fielmente que sus padres volverán a por ellos. Pero ahí están, buenos o malos, depende de cómo los mires. Algunos terminan odiando a los humanos e intentan dañarlos, llevarlos a la locura o al suicidio. Provocan en ocasiones, tan sólo en ocasiones, accidentes y situaciones que pueden llevarte a la locura.

A veces, nosotros los humanos no creemos lo que no podemos ver. Sin embargo, si observamos a los animales tienen un sentido de la percepción increíble. ¿Cuántas veces hemos visto la huida de cientos de animales horas antes de un temblor de tierra? ¿Cuántas veces un gato sin motivo aparente ha huido del lugar donde descansaba? Cientos de veces, porque ellos ven y perciben cosas que nosotros no. Cuando nos sentimos seguros, cuando creemos que todo está perenne perdemos esa percepción. Los niños aún no, ellos pueden sentir y a veces esos poderes se desarrollan de forma asombrosa. Seguro que en películas, libros, leyendas o inclusive en vuestra sociedad hay historias que cuentan o narran la heroicidad de dioses como yo. Quizás no se llaman dioses, sino personas sensibles o brujos. La verdad, es que yo simplemente lucho como buenamente puedo.

Yo soy alguien común, tengo la edad que aparento y moriré algún día. Mi cuerpo es de carne, mi alma es incorpórea y según mis creencias jamás pensé que podría llegar a tener fe en Dios. En realidad no es un Dios, es un ente superior y este me asecha para que haga las cosas como deben ser. No se inmiscuye en la vida de los terrestres, pero sí en los de los otros mundos y créanme no me gustaría tenerlo de enemigo.

No sé porqué estoy contando esto, quizás porque quiero comunicarme con el mundo exterior y experimentar qué se siente realmente al ser uno mismo. Llevo años aquí sentado, en mi habitación estudiando y en mi pequeño lugar de entrenamiento. Tan sólo salgo a la ciudad cuando se precisa de mi, nada más. Pero eso no fue siempre así, una vez fui algo parecido a un humano corriente y es cuando comienza mi historia. Acomódense, enciendan la mesilla de noche o la lámpara de su escritorio, dejen que su espalda se acomode a la cama o a la silla, quizás a la hierba fresca de un día de verano. No importa donde estén, mi historia está llegando y es lo que realmente es necesario. Imaginen mi voz, suave pero varonil y con un toque de añoranza…la voz de un guerrero melancólico. Ahora, es el momento.

Vine al mundo con un alto poder, mi alma era fuerte y se desarrolló en mí ciertos dones. Podía ver las almas, su fuerza y sus pecados, a la vez que la de las personas muertas. Sin duda alguna, yo nací para el desempeño de mi trabajo y no lo decidí, como pueden hacer ustedes estudiando lo que les plazca. En este lugar llamado tierra nacen cientos de miles de niños, por cada millón nace uno como yo. Es una lotería, como se suele decir, pero el premio es el peor castigo.

Desde niño no diferenciaba bien lo que era real para unos y lo que era real para mí. Veía los tres mundos y las pesadillas eran constantes. Estaba completamente traumado y pensaron que era debido a un suceso que me ocurrió y no deseaba contar, ingenuos. No vi ningún ángel, no creo que existan, tampoco demonios. Simplemente almas y sus verdugos, o salvadores. Yo sería verdugo y salvador, como los que hacen este trabajo.

A mis tiernos seis años murió mi padre. Su alma vagó por la casa durante dos semanas, en ese tiempo yo le temía. Siempre había sido brusco conmigo, me tachaba de mentiroso y de ocasionales problemas a él y a mi madre. Era increíble, problemas. Cuando se ama a un hijo no hay problema que no sea culpa de uno mismo, de la educación y de la atención que se les preste. Yo no causaba conflictos, tan sólo conversaba con las ánimas que rondaban el lugar donde estaba y eso era un síntoma de locura. Claro, él lo comprendió al morir y con ello quiso arreglar los años de insultos, golpes y silencios.

El peor suceso de todos fue cuando tenía tan sólo diez años. Me había quedado dormido tras horas de insomnio. Estaba frente al televisor, un programa de teletienda insufrible, y la noche en pleno apogeo. La luz estaba encendida sin embargo, cuando pensé que el sueño llegaba, la luz estalló. Todo quedó a oscuras, el televisor estaba apagado y juro que no me moví hasta el mando. Un terrible frío comenzó a llenar la habitación, cuando era verano y hacía más de treinta grados. Este no vino solo, también un hedor a cuerpo en descomposición llenó la habitación. De repente comencé a sentir que por mi cuerpo corría algo, algo pegajoso y de aroma familiar. Era sangre, yo no tenía ninguna herida y sin embargo estaba lleno de esta. Un leve escalofrío recorrió mi columna vertebral, como un latigazo. Al fondo, donde debería estar la pantalla de la televisión se prendieron dos ojos rojos. Eran muy fijos y yo no podía gritar, ni moverme. Supe lo que era. Se denomina demonio del miedo en algunas culturas, alma tenebrosa en otras y espíritu maligno en el resto. Tenía tanto miedo que me oriné en los pantalones. De repente algo o alguien comenzó a tirar de mi escasa ropa hacia el sofá, parecía quererme engullir en el respaldo. Yo intentaba gritar, cada vez más, decir algo…pero era inútil. Los pasos de aquel ser resonaron por toda la habitación, cada vez más pesados y cercanos. Una risa malévola pareció arrojarse en mis oídos y mi mente daba vueltas desorientada. Entonces, lo vi. Era un brazo humano colocando un papel, uno escrito con símbolos japoneses llamados Kanjis, sobre la frente de la bestia. Una voz lejana recitó algo, algo que no podía entender y la luz se hizo, la televisión se prendió y todo volvió a la normalidad. Hasta hace un par de años no supe lo que fue, pero ahora sí. Fue un Dios de la Muerte, un enterrador de almas.

No sé si decir que mi vida comenzó hace dos años, o hablar de lo que sucedió ayer. No lo sé. Actualmente estoy en un shock, intento recordar todo lo más nítidamente posible y seguir luchando. El primer Dios que conocí fue Hizaki. Este hombre procedía de Japón. Yo soy europeo, no desvelaré el lugar de mi procedencia por seguridad. Sin embargo, entendía perfectamente mi idioma y fue él quien me libró aquella noche. La coincidencia de volverlo a ver era una entre millones, pero ahí estaba él vestido de negro riguroso y con la mirada al frente. Se encontraba subido en una gárgola de una de las iglesias próximas a mi casa. Su ropa ondeaba al viento. Era un traje ceremonial, lo más parecido a un sudario, y atado a su cintura una bolsa donde guardó siempre sus mejores conjuros. Estos se hallaban en un libro, sus pastas eran doradas y la letra que se hallaba impresa también. Si bien íbamos por el momento en que mis ojos se clavaron en los suyos. Eran ovalados, parecidos a los de un gato y completamente oscuros. Su piel era clara y parecía frágil. Los rasgos de su rostro eran puramente orientales y jamás pensé en ver uno tan de cerca. A decir verdad en mi barrio había orientales, pero no como él. Tenía el aspecto de un samurai, aunque sin el atuendo. Otra vez sentí aquel temor, aquella sombra, y se aferró a los muros del templo. Él se deslizó y recitó unas líneas de lo que parecía un conjuro, colocó un papel en la pared frontal de la iglesia y una ventisca se desató. Después, nada. No había resto ni de la presencia, ni de él y tampoco de aquel aire intenso. Llegué a pensar que mis fantasías me habían gastado una broma pesada, solía soñar despierto e imaginarme otros mundos según mi madre.

Pero pronto descubriría que era todo real. En días mi vida cambió. Desde que conocí a mi maestro he conseguido aprender a dominar los poderes que yacían ocultos. Conocimientos que jamás revelaré, únicamente puedo decir que temo por mi propia vida. Desde hace un tiempo el equilibrio entre mundos ha cambiado. Los malos espíritus rondan el mundo de los vivos y atraen a los recién fallecidos. Hacen que la balanza caiga y yo soy de los últimos que existen con el potencial adecuado para afrontar la situación. Sin embargo, estoy herido. Mi brazo casi fue arrancado de cuajo. Mis armas mágicas apenas están desarrolladas y asesinaron a la única persona en la que confiaba. Estoy solo y el mundo depende de mí.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt