Rowan y Michael son para mí un símbolo de la resistencia y el amor. Son un ejemplo de fuerza.
Lestat de Lioncourt
“Debería aceptar que el mundo se ha
convertido en un lugar terrible para vivir, pues he visto grandes
tragedias y he sentido la frustración más pura circulando por cada
una de mis arterias. He aprendido que nada es lo que parece y que el
reflejo que ofrecemos puede estar empañado. Comprendo el dolor que
algunos han llegado a sentir, pero sobre todo el rencor y el
desprecio que todavía corrompe a muchos de los que todavía amo. En
ti, querida mía, he visto crecer el miedo y el horror que estuvieron
a punto de sepultar tus fuerzas y cordura.
Si escribo estas líneas, en un papel
cualquiera, es porque soy capaz de narrar todo lo que siento por ti.
Soy incapaz de conversar con tus silencios, aunque cuando duermes es
habitual que susurre miles de palabras románticas, cientos de versos
llenos del más puro deseo y pensamientos cargados de rabia, dolor y
fuerza. Creo que aprendí a descargar mis frustraciones y sueños en
ti mientras duermes, acurrucada en un rincón de nuestra cama, y
cuando abres los ojos, contemplándome como el guardián de tus
pesadillas, me siento desarmado.
Tú me robas las palabras, el aliento y
la calma. He aprendido a ser paciente y a esperar que vengas a mí.
Decides cada paso y yo sigo tus huellas, pues es así como hemos
aprendido a soportar el paso del tiempo, las heridas y nuestra
historia. Sin embargo, todavía soy capaz de narrar lo que siento por
ti en un papel arrugado, con un bolígrafo sin apenas tinta y ayudado
por mis gafas para leer.
Aquí sentado, en mi despacho, me
siento abrigado por todas las emociones. Tú estás allí fuera,
quizás de camino a casa, con miles de pensamientos en tu cabeza y
cientos de emociones a flor de piel. Por el momento la noche es
larga, pero jamás amarga. Sé que vendrás, podré escuchar como la
cerradura cede, el sonido de tus tacones bajos y tu voz pronunciando
mi nombre. Harás lo que cada noche y yo terminaré corriendo a tu
lado, escucharé tus preocupaciones y tus deseos, mientras intentas
hacer descansar a tu alma.”
Sostenía la carta con cuidado. Estaba
allí, sobre los informes de su nuevo proyecto de restauración, como
si no importase demasiado. Michael se había quedado dormido en aquel
cómodo sillón ejecutivo. Sus rizos negros, cortos y espesos, caían
sobre su frente y sus escasas canas resaltaban su dura fisionomía.
Dormido de ese modo, con la calma de un alma llena de amor, parecía
inocente y sosegado. Sin embargo, ella sabía que podía llegar a ser
una bestia y convertirse en un guerrero armado con sus propias manos.
Una bestia que surgía de entre las sombras para cuidar su futuro y
su verdad. La misma bestia que era incapaz de lastimarla.
—Michael... —dijo con una tímida
sonrisa, para inclinarse sobre su rostro dejando un tibio beso en sus
labios.
Seguía amándolo. Sabía que su sitio
era a su lado. Comprendía su cansancio y también sus miedos, pues
los compartía. A veces las palabras no salen, pero los gestos
merecen la pena. Eran sus gestos los que gritaban que la amaba como
el primer día.
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