Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 5 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 1 - Primer encuentro, primeras impresiones (Parte II)

Cuando hablo de Paulo Wilde me imagino a este modelo, Mathias Lauridsen, con su aspecto pulcro y de caballero. Un hombre de negocios con cierto toque de muñeco de porcelana, aunque con ojos de demonio y sonrisa demasiado encantadora. Alguien que tiene una doble moral, a pesar de sus apariencias de noble y leal servidor.






Me abrigué de nuevo con aquel gabán rojo que siempre me resguardaba de la oscuridad de aquel mundo, como si fuera confeccionado con la sangre de mis víctimas. No importaba que estuviera empapado, la lluvia fuera del local seguía cayendo como las lágrimas de aquel individuo. Ignoraba porqué hacía todo aquello, tal vez para resarcir mi alma destrozada. Si bien, lo haría más por mí que por él. Nunca había narrado mi historia hasta ese preciso momento.

La vida que el destino me había regalado había sido dura, siniestra y contraria a eso que llaman la “La vie en rose”. Yo de las rosas lo único que había conocido eran las espinas acariciando mi piel, enterrándose y tirando de esta. Estaba destrozado, confundido y amargado. Pocas, muy pocas, veces veía la luz. Porque ver la luz en plena oscuridad es prácticamente imposible.

Llevé mis manos a mi vientre sintiendo que el aire no llegaba a mis pulmones, boqueando entonces como un pez fuera del agua. Mis pasos se volvieron temblorosos y mis piernas parecían fallar. Las imágenes del horror volvieron a poblar mi mente y mi mente intoxicó a mi alma. Comencé a llorar, pero mis lágrimas se borraban y camuflaban con las gotas de lluvia.

Sentí entonces unos pasos apurados sobre la acera encharcada. No le di importancia, sin embargo cuando dejé de sentir la lluvia alcé mi rostro. La tela negra de un paraguas enorme cubría mi cuerpo. Giré mi rostro hacia la mano que sostenía la empuñadura y lo alcé. Allí estaba él de nuevo acomodándose las gafas que antes en nuestra íntima reunión no había usado.

-¿Puedo acompañarte a tu casa?-su tono de voz se escuchaba aún más vencido, como si la derrota en esta vida nos hubiera llegado a la vez y nos encontráramos de regreso, como auténticos cobardes.

-¿Puedes dejarme a solas?-pregunté con tono cansado y deje desagradable.

-¿He removido tu pasado? Lo lamento, no quería hacerte daño.-su mano derecha se colocó en mi hombro derecho, pasándome así su brazo por detrás de mi espalda.

-No me toques.-murmuré apartándole.-No me toques.-mis ojos eran los de una fiera, completamente a la defensiva.

-Sólo quería ser amable con...-no dejé que terminará la frase.

-Con el mejor amigo de tu mejor amigo. Eres patético.-siseé.-Me llamas, intentas ponerte en contacto conmigo y únicamente logras destrozarme la vida.

-Iba a decir que era amable con alguien que también lo había pasado mal.-murmuró plegando su paraguas, permitiendo que la lluvia lo alcanzara y todo su aspecto pulcro se fuera a la vil mierda.

Un silencio incómodo nos rodeó, aunque la ciudad seguía igual de transitada y la lluvia tintineaba golpeando todo. De igual modo que sentía rabia podía dejarme arrastrar por la compasión. Ignoro qué ocurrió para terminar abrazándolo y él rodeándome con una fuerza extraña. Su abrazo me reconfortó y creo que mis brazos hicieron lo mismo con él. Ambos estábamos heridos y buscábamos culpables más allá de nuestra propia estupidez.

-Soy un estúpido.-susurré temblando.

-Todos lo somos, en mayor o menor medida.-respondió con cierto aire irónico.-Pero todos creemos que jamás caeremos en esos momentos, por eso cuando nos damos cuenta la estupidez ya es asfixiante.

-Mi casa está lejos.-mis manos no se apartaban de la solapa de su americana.

Mis dedos dibujaban letras y formas que mi mente quizás comprendía, pero yo en ese momento sólo quería evadirme con esos juegos. Me sentía un niño pequeño, tal vez lo era aún. No sabía controlar mi rabia y terminaba golpeando el muro de la casa ajena. Él estaba ahí parado, con sus manos sobre mi.

-Lamento el hacerte venir hasta aquí.-dijo jugueteando con mis cabellos, ya que una de sus manos recorría mi espalda de forma calmada.

-¿Vives cerca?-me aparté al sentir que nos miraban, él era una importante figura pública y yo podía tener problemas con Kurou.

-Sí, puedes venir a mi casa. No somos tan distintos en estatura y peso, podría dejarte algunas prendas y permitirte que llamaras a un taxi.

Era una oferta tentadora, pero regresar a casa con ropa que no era mía sería darle motivos a mi esposo para desconfiar. Siempre pensaba que levantaba pasiones allá donde iba, que era demasiado atractivo para hombres como para mujeres. Se moría por dentro, se volvía frío y terminaba siendo tan ausente por su nula capacidad para comprender que yo le amaba a él. Tenía miedo que un día al regresar a casa él se fuera y me susurrara al oído que había matado a todos mis amantes.

Yo no tenía amantes, así que no era miedo real hacia un amor fuera del matrimonio descubierto por él. Mi temor era provocado porque todos aquellos que se acercaban a mí, todos sin excepción, podían ser mi amante. Por ello me evitaba el entablar amistades muy profundas. Amaba a Kurou, no quería que se fuera de mi vida o que sus pensamientos volaran hacia rincones tan perversos.

-No, gracias.-respondí acomodándome la ropa.-El señor alcalde no debe permitirse el lujo de verse implicado con gente de mi calaña.-sonreí de forma divertida, como si fuera un juego.-Mi esposo me espera.

-Así, que Kurou es el nombre en clave de tu esposo.-murmuró.

-Kurou es mi esposo, nacido en Gran Bretaña con orígenes asiáticos. Se llevarían bien, por supuesto, si él no odiara a otros británicos.-comenté recogiéndome mis cabellos hacia atrás, para despejar mi frente.-Nos vemos.

-Nos vemos.-dijo colocando mejor sus gafas, como si fuera un tic ya que no estaban bajadas.

-Le quedan mejor las gafas que las lentillas.

Giré mi cuerpo por completo ante él, como si fueran pasos de ballet bajo la incesante lluvia. Di por finalizado nuestro primer encuentro, el cual era sólo una toma de contacto. Creo que jamás me había sentido tan cómodo con alguien tan desconocido, me sentía como si ya conociera cada movimiento de su cuerpo. El dolor nos unía, eso era un vínculo que nos hacía próximos y no planetas lejanos.

2 comentarios:

Kiseki dijo...

Yo también quiero abrazarle! >////< Es normal que Kurou se ponga celoso, es que es demasiado sexy, aunque no quiera provoca, si lo sabré yo ¬///¬ XD Aunque parece que llega a ser celoso en exceso, sí u.u
Me está gustando la novela un montón, me dejas con ganas de leer más~! Sigue así! :3
Besos! ^^

Athenea dijo...

Bueno, aunque voy bastante retrasada con la historia, me pondré al día poco a poco. Esta parte ha sido especialmente emotiva, sobre todo cuando se abrazan y comparten su mutuo dolor. En cuanto a Kurou, me parece demasiado posesivo. Debería confiar más en su pareja. Los celos están bien de vez en cuando, porque demuestran que tu pareja te quiere, pero no en exceso. Seguiré pronto con la historia. ¡Un saludo!

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt