Demandaré a todo aquel que me plagie o acose en mi blog. La homosexualidad no es delito, tampoco es expresar este sentimiento y me parece deprorable que alguien lo use para insultar. También lo haré a todo aquel que tome mis textos o novelas sin permiso para uso publico o para sacar dinero con mi esfuerzo.

Un saludo, Lestat de Lioncourt
Photobucket

Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves 12 de noviembre de 2009

Dark City - capitulo 11 - Nuevos Aires (XXXVI)


En el video se veía a nuestro hijo gateando tras un niño, para luego golpearlo con un pequeño bate de béisbol que había cerca. Era una escena pequeña, no más de unos treinta segundos y que grabé por casualidad.

-Por eso te dije que tenemos que llevarlo con el pediatra, no es normal.-comenté mientras él no salía del asombro.

-Sí, tienes razón.

No dijo nada más, aunque yo tampoco añadí nada. Me sentía un mal padre, pero parecía estar en los genes. Hizaki era igual, o peor, en sus primeros años. Quería a Clarissa para él, sólo para él. En las noches a penas podíamos tener relaciones porque él deseaba dormir con nosotros. Lejos de la Clarissa que he descrito, la Clarissa actual, hay una madre que cuando fue primeriza intentaba dar todos los caprichos a nuestro pequeño. No había momento en el que la mano de Hizaki se desprendiera de la tela de la falda de la que era mi mujer, también se aferraba a su cuello cuando lo tomaba entre sus regazos y cuando me acercaba a ella gruñía como un animalito. La lactancia fue la peor época de todas, porque la acaparaba.

En un principio las madres piensan que somos los padres quienes sentimos celos, agrandamos pequeños detalles hasta hacerlos terriblemente grandes. Pero no, así no era. Hizaki se había convertido en un pequeño monstruito que tan sólo pensaba en su madre. Tenía a mi mujer idealizada. Así que cuando ella vio lo que sucedía intentó remediarlo dejándolo junto a otros niños, pensaba que conociendo a otros pequeños de su edad se calmaría y aprendería a relacionarse. Recibimos quejas de cada guardería en la que estuvo, ya que se dedicaba a golpear y morder a sus compañeros.

Después de conocer lo terrible que podía ser malcriar a un hijo empezó a ser más fría con él. Ella intentaba que el carácter de Hizaki se aplacara aunque fuera con su lejanía. Clara opinaba que era un error, que repercutiría en el amor de mi hijo por su madre y así fue. Se alejó de ella aferrándose a mí y poco a poco la dejó de lado en su vida, en su día a día. Todo se acentuó cuando Hero nació. Hizaki se sintió relegado por completo, el hueco que había tenido lo poseía su hermano y él se dedicó a ganar confianza mediante actividades deportivas y grandes calificaciones.

Jun era muy parecido a Hizaki. Su comportamiento era exacto y no sólo el de Jun, también el de Phoenix. Sin embargo, esta vez lo trataríamos con un pediatra y un psicólogo infantil. Esa forma posesiva y ese despliegue de agresividad deberían ser enfocadas y erradicadas. Seguramente costaría, pero valdría la pena el tiempo invertido y nuestras energías puestas en ello.

Clarissa aún hoy en día sé que echa de menos ese afecto de nuestro hijo, él poco a poco está volviendo a su lado pero le cuesta. Noto aún cierta tirantez y miedo por su parte, aunque la quiere. Por ello en esos instantes me imaginé a Jun de mayor evitando a Phoenix. Si algo diferente había en la situación es que Clarissa era fuerte, aunque en ocasiones se debilitaba, pero Phoenix jamás podría tener su fortaleza y sabía que se derrumbaría al ver la frialdad por parte del pequeño bebé, que en esos instantes tanto lo necesitaba.

La noche fue eterna, no pude dormir. Daba vueltas y vueltas a esos comportamientos que tenía Jun. Clara alguna vez me comentó que yo tuve ciertos comportamientos agresivos, pero al nacer mi hermano. Sentía que me quitaban la protección de mi madre que tanto necesitaba y amaba. Así que las frases de mi vieja nana, la nana de mis hijos también, resonaba en mi cabeza una y otra vez. Tantas vueltas di en la cama, y tan nervioso estaba, que Phoenix terminó despertándose.

-¿Qué sucede?-preguntó en un susurro.

-En el Ayuntamiento ocurrirá algo gordo, no puedo decirte más, algún que otro proyecto de mis empresas me hace sentirme inseguro. Sin embargo, tengo que confesarte que lo único que me quita el sueño es el futuro de Jun.-mascullé.-No quiero repetir la historia de Hizaki en él.

-Nuestro hijo no es Hizaki, tampoco estamos en la misma época, ahora los especialistas pueden corregir bien estos comportamientos sin miedos.-se incorporó sentándose sobre mí.-¿Qué ocurrió con Hizaki?

-Tenía el mismo comportamiento con Clarissa, ella se alejó de él para corregir su forma de ser tan posesiva y el niño terminó sintiéndose abandonado por ella.-aquello pareció sorprenderle.

-Pensé que Clarissa siempre fue así con sus hijos.-murmuró.

-No, ella es algo distante con Hero para que no le duela el día que termine por completo apartada de su vida. Hizaki la expulsó de su adolescencia y fue un golpe duro para ella. Creo que sabía cosas de él porque yo se lo contaba. Sé que se arrepiente terriblemente de haberlo corregido de esa forma, ahora Hizaki es un joven que parece seguro pero es sólo una fachada.-él se recostó mientras contaba todo eso, me acariciaba el rostro y yo a él su cabello.

-Hay que llevarlo al pediatra.-esa fue su única respuesta.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Dark City - capitulo 11 - Nuevos Aires (XXXV)

Esta imagen la encontré en un Facebook (aunque no uso esas cosas, me parece que tienes que dar demasiados datos de ti... para un servicio que no me agrada) cuando buscaba información sobre los proyectos de Buck Tick. El Facebook lo lleva una fan, de eso seguro porque Atsushi no tiene ni idea de inglés o español, así que por eso he puesto Fuente Facebook Atsushi Sakurai fan's



Me levanté de mi asiento dejando el móvil sobre la mesa del escritorio, cerca de la montaña de papeles que tenía que revisar sobre algunos informes importantes. Nunca daba el visto bueno a un proyecto que no había leído y pensado al menos dos veces, en eso no era un hombre de impulsos. En lo que sí me aventuraba al desastre era en mi vida personal, pero como había dicho él mismo no se iría de mi lado.

-El niño duerme.-comentó mirándome fijamente.

-Perfecto.-susurré tomándolo de su mano para tirar de él hacia detrás de mi escritorio.

-Espera.-masculló algo sonrojado.

-¿A qué?-interrogué sentándome en mi silla para colocarlo sobre mis piernas.

-Atsushi.-murmuró.-El bebé aún puede despertarse.

-Si se despierta se le atiende.-respondí con rapidez.

-Sí.-dijo algo agitado mientras bajaba su cremallera.

-¿A caso no quieres?-pregunté y él se sonrojó por completo.

-No es eso, simplemente es que hacía tiempo que no lo hacíamos de este modo. Tan sólo recuerdo una vez así, fue en tu despacho del ayuntamiento.-murmuró.-Bueno, tu antiguo despacho.

Eso me hizo recordar aquella mañana lluviosa, había pedido una cita conmigo para una pequeña entrevista. Nada más verlo entrar hice que cerrara la puerta y se sentara sobre mis piernas, no hacía ni dos meses en que nos veíamos. Yo tenía las cortinas echadas, la luz baja y su cuerpo bien pegado al mío. Para evitar el sonido de sus leves gemidos que iban subiendo lentamente, temiendo ser escuchados, lo amordacé con mi corbata. Pero esta ocasión era distinta, muy distinta, aunque con matices parecidos.

-Sí, lo recuerdo.-dije acariciándolo lentamente y él jadeaba bajo como única respuesta.-¿Y no es bonito recordar viejos momentos?-susurré mordisqueando su cuello.-Recuérdame que es lo que más me atrajo de ti.-murmuré bajándolo y dejándolo frente a mí. Sus labios estaban algo rojos y al palparlos noté su humedad, además de su calidez. Introduje uno de mis dedos en su boca acariciando su lengua y él comenzó a lamerlo, también a succionarlo de forma leve. Yo mientras me bajaba la cremallera y dejaba al descubierto mi virilidad.-Gánatelo.-murmuré al ver que intentaba aliviarse, pero lo evité apartando sus manos.

Cuando estábamos a punto de empezar todo, y descontrolarnos, los gritos de Jun hicieron que se apartara de mí y se subiera a prisa el pantalón. Se fue con él dejándome con las ganas de sexo. Me subí también mi cremallera para marcharme a la cocina y preparar unos bocadillos. Ya toda mi excitación se había ido al demonio y mientras colocaba las capas de ingredientes gruñía. No era la primera vez que sucedía algo así, era lo malo de que los niños fueran pequeños.

-¿Estás bien?-interrogó entrando en la cocina con el pequeño en brazos.

-No me sienta bien quedarme sin sexo.-aquello le hizo reír bajo.

-No todo es sexo, además el pobrecito aún le salen algunos dientes y está adolorido.-dijo besando la frente del bebé que balbuceaba jugueteando con su colgante, como siempre.

-Mami.-dijo tomándole del rostro para que lo mirara sólo a él.

-Sí, claro.-murmuré colocando la capa final de pan de nuestros bocadillos para luego meterlos al horno.

-Papá esta celoso.-susurró pensando que no lo iba a escuchar yo, sólo el niño.

-Y el niño no lo es ¿verdad?-interrogué cruzándome de brazos apoyado en la encimera.

-No es cierto, no tiene esa fea costumbre como tú.-me recriminó y yo me acerqué a él para acariciarlo, sin embargo el niño frunció su ceño mirándome como si quisiera golpearme.-Nene no hagas esas muecas.-dijo acariciando su rostro.-Al final si vas a tener razón.

-Es peor que Hizaki, recuerdo cuando se aferraba a Clarissa y no había forma de acercarse a ella. Lo curioso es que luego dejó de ser tan dependiente de su madre y empezó a ser dependiente de mis aprobaciones.-comenté alejándome para sacar los bocadillos del horno, tan sólo quería calentarlos un poco.

-Entonces.-murmuró alzándolo para que lo mirara.-Es mejor que te celes ahora de papi y luego me quieras a mí, así podré darte todos los caprichos cuando tengas novio.

-¿Novio?-interrogué alzando una ceja.- ¿Quién te ha dicho que va a ser homosexual?-muchos tenían aprensión a la adopción por parte de parejas homosexuales, ya fuera formada por dos hombres o por dos mujeres, porque decían tener pruebas de que el bebé tendría en su crecimiento conductas sexuales erradas hacia la homosexualidad, bisexualidad e incluso transexualidad. Estos datos siempre han sido falsos, una auténtica patraña. Porque yo he tenido un padre y una madre, al igual que Phoenix, y ambos tenemos una sexualidad distinta a nuestros padres.

-No lo sé, pero siempre está detrás de los nenes de la guardería.-murmuró con cierto orgullo paternal.

-Sí, te olvidas de un detalle pequeño y que puede pasar desapercibido.-comenté colocando los bocadillos en una bandeja, para irme hacia el frigorífico y colocar dos refrescos en la bandeja.

-¿Cuál?-preguntó con cierta curiosidad.

-Que corre detrás de ellos con un pequeño bate de béisbol de plástico.-mascullé.

-¡Mentira!-gritó molesto, ya que había acusado al pequeño de una conducta violenta.

Yo simplemente me salí de la cocina. Tenía pruebas de ello, así que corrí hacia mi despacho y tomé el móvil para sacar el pequeño video que hice cuando vi su comportamiento. Quería hablar de ello con su pediatra, me parecía excesivo.

-¿A dónde has ido?-interrogó antes de que pusiera frente a sus narices lo que hacía aquel pequeño monstruito.

En el video se veía a nuestro hijo gateando tras un niño, para luego golpearlo con un pequeño bate de béisbol que había cerca. Era una escena pequeña, no más de unos treinta segundos y que grabé por casualidad.

-Por eso te dije que tenemos que llevarlo con el pediatra, no es normal.-comenté mientras él no salía del asombro.

-Sí, tienes razón.

martes 10 de noviembre de 2009

Dark City - capitulo 11 - Nuevos Aires (XXXIV)


-¿Qué miras?-preguntó.

-Tú, Jasmine y Olivier tenéis más instinto maternal que muchas mujeres.-frunció el ceño cuando escuchó eso.

-¿Me ves mujer tú también? Un día Atsushi me pondré dos grandes implantes, así cumplo tu fantasías.-reprochó.

-Ya las cumples cuando te pones de colegial.-murmuré con media sonrisa en mis labios y él simplemente se sonrojó.

-¡Atsushi!-gritó en un agudo muy típico de él.

-¡Phoenix!-respondí con una leve carcajada.

-¡No te burles!-masculló girándose para seguir dándole la leche al pequeño.

-No me burlo.-dije tomándolo por la cintura.-Jamás me podría burlar de ti, tan sólo digo una hermosa y erótica verdad.

-Atsushi.-susurró con las mejillas adornadas por un leve rubor.

Nuestro hijo nos observaba fijamente aferrado a él. Yo simplemente sonreía acariciando sus cabellos con una de mis manos, la otra seguía en la cadera de Phoenix. Cada vez crecía más, como también el amor que yo sentía por él y por mi pareja.

-Termina de alimentarlo.-murmuré.-Voy a llamar a Hero y después podemos tener una noche para los dos.-mascullé en su oído y él se ruborizó aún más.

Me aparté de ambos y salí de la cocina agarrando una de las manzanas del frutero, no era mi fruta favorita pero sí de las que allí se encontraban. La fui mordisqueando escaleras arribas hasta llegar a mi móvil y marcar el teléfono de mi antigua residencia. Me senté en el sillón giratorio dándole una mordida más a la manzana.

-¿Aló? Casa de la familia De la Rosa.-era la voz de Clara, de ello no había duda.- ¿Atsushi? ¿Eres tú? Hijo, es tu número habla.-yo intentaba pasar la manzana mientras sonreía.

-Sí, soy yo.-respondí.-Perdona, intentaba pasar el trozo de manzana de mi boca.

-Cuando se llama por teléfono no se come.-me riñó como si fuera un niño, aunque para ella yo seguía siendo su niño.

-Ya no soy un crío.-dije algo molesto.

-Te comportas como tal aunque ya seas abuelo.-comentó.- ¿Cómo está Miho?-susurró quizás para que Clarissa no la escuchara preguntar por mi hija.

-Molesta con el embarazo, recuerda que vienen dos, algo testaruda y fastidiosa con el padre pero es normal. Las embarazadas se comportan de forma extraña en los últimos meses, después del parto se vuelven como pequeños gatos zalameros.-dije mirando la manzana.

-Es normal que esté así, además no se lo esperaba y es joven. La entiendo demasiado bien, tal vez vaya a verla porque Hizaki me dio su dirección.-ya comenté con él que se la diera, que le haría ilusión y por su tono de voz parecía que realmente le hacía sentirse feliz por ello.

-Sí, yo mismo le dije a Hizaki que te la pasara pues él la ve más y te ve más. Desafortunadamente para mí no puedo verte, o tal vez afortunadamente porque aún recuerdo tus golpes en la nuca.-me sobé levemente el cuello y reí bajo.

-Te tengo algunas reservadas, créeme.-comentó como si nada, imaginándomela mirándose las uñas de esas manos tan curtidas por el trabajo y por la edad.

-Sé que siempre me tienes unas guardadas para momentos importantes.-comenté riendo bajo.

-Espero esta vez poder ir a tu boda.-murmuró.

-Ya, pero sé que te duele venir invitada ya que tú también aprecias a Clarissa.-comenté.

-Sabes que siempre he pensado que ella era la mujer de tu vida, que hacían buena pareja, y sí aprecio a Clarissa a pesar de que en ocasiones choquemos.-su voz parecía cargada de dolor, tal vez lástima porque acabáramos mal.

-¿Cómo estás?-pregunté intentando evitar terminar en el tema de siempre.

-Con achaques, ya estoy en edad de jubilarme pero antes quiero ver crecido del todo a mi pequeño Hero.-rió bajo.-Pero en parte no estoy bien, el hijo de una amiga mía está mal. Atsushi es un niño problemático y ha perdido totalmente el raciocinio.

-¿Qué ha sucedido?-quería saber qué pasaba, tal vez podía ayudarla.

-Tiene a penas quince años, los cumplió a finales de Agosto, y ya trafica con droga a pequeña escala.-parecía costarle hablar, incluso creo que comenzó a sollozar.-Se droga, amanece alcoholizado y golpea a todo lo que se pasea frente a sus ojos. Mi amiga ya no puede más, ya no puede más.-susurró.-Intentan todo con él, pero nadie puede hacer nada. Es menor de edad, las leyes no están bien a nivel nacional y sabe que hasta los dieciocho puede hacer cualquier cosa con casi total impunidad.-mascullo con la voz tomada por completo, los sentimientos se apoderaron de ella.

-Tranquila.-comenté.-Intentaré hacer lo posible con mis contactos. Mañana me pasaré por casa, hablaremos de todo esto. En sí quería hablar con Hero por si tiene la tarde libre o si puede hacerle hueco a un padre arrepentido de no poder asistir a su cumpleaños.-dije en un susurro lo último, me avergonzaba perderme el cumpleaños de mi hijo.

-Claro, ahora mismo le aviso ya que está dibujando algo.-dejó el auricular en la mesita, pude escuchar ese leve golpe contra la madera y sus pasos dirigirse hacia la escalera. “¡Hero! ¡Papá al aparato!” me pareció escuchar mientras sus pasos se alejaban.

Esperé tan sólo un minuto, no más. Mordisqueaba la manzana terminándola y arrojándola a la papelera.

-¡Papá!-era inconfundible su vitalidad, también porque era el único de mis hijos que así me llamaba si no contaba con Jun.-¡Ottosan!

-Hola Hero.-dije con una sonrisa en mis labios.

-¿Vas a venir al fin?-interrogó nervioso.

-No, pero pienso ir a verte mañana.-respondí rápidamente.

-¡Bien!-gritó.-Salgo de clases de pintura a las seis.

-No, tendrás que perderte la clase de pintura. Pienso ir cuando salgas de clases y pasar todo el día juntos.-deseaba presentarle a Phoenix y ver como se lo tomaba, también quería que conociera Jun como se debía.

-¡Vale! ¡Sólo si comemos en el Mc Donald!-aquel maldito restaurante le atrapaba como un imán.

-Vale, pero los regalos los haré llegar el día del cumpleaños con Hizaki. Es más, he mandado enviar todo a su apartamento. Así que no me pidas regalo mañana, los regalos en su día.-quería mentirle, tenía una cosa pensada para regalársela antes de tiempo.

-Eres cruel.-masculló.-Pero puedo ir al apartamento de Hiza y hurgar, también al de Miho por si el muy tonto lo deja donde ella.-reí al escuchar aquello.-¿Qué?

-Nada, tan sólo me alegra verte así.-comenté bastante distendido.

-¿Atsushi?-era la voz de Clarissa.

-Buenas tardes Clarissa.-susurré quedándome serio.

-Deberías venir a la fiesta, no hay nada que te lo impida.-murmuró.

-Ya lo sé, lo sé. Pero creo que este año prefiero algo tranquilo con él. Así tendré tiempo de retenerlo unas horas, conversar de cosas de chicos y poder disfrutarlo sin verlo agitado por los dulces y por los amigos.-era un motivo, el otro claramente era ella. Supongo que no era estúpida y se había percatado de todo.

-De acuerdo, cuídate.-susurró.-Te paso con Hero.

-¡Papá!-gritó de nuevo eufórico.-Mañana te mostraré las cosas que he pintado y el regalo que le he hecho a Oly, pero a Hiza no se lo mostré y no se lo puedes decir.

-De acuerdo, te tengo que dejar ya.-dije mirando a Phoenix en la puerta del despacho con una sonrisa leve en sus labios.

-Sí, te quiero papá.-murmuró.

-Y yo a ti.-colgué y miré fijamente a mi pareja allí detenido como si nada.

lunes 9 de noviembre de 2009

Dark City - capitulo 11 - Nuevos Aires (XXXIII)

Este scan de una revista japonesa lo he conseguido gracias a mi Princesa Miho. He intentado editarlo como mejor he sabido, incluyendo un párrafo de uno de mis poemas. Está editado con los colores verde, rojo, blanco y naranja claro.


Carraspeé quedándome tras ellos y coloqué una cinta de música clásica, deseaba que el ambiente fuera agradable y sirviera para la pronunciación de cada palabra. Era una historia que había escrito sin más, creo que tal vez por eso todo el mundo decía que tenía un cierto aire de oscuridad.

Entre las brumas de una noche gélida
Mecido en los brazos desnudos viejos árboles
Los gemidos del viento eran fuertes
Ya había esparcido las últimas hojas ocres

Entre la vida, la tierra y la muerte
Los árboles del cementerio acompañan
En un silencio siempre perenne
De los cuerpos que allí eternamente descansan

La vida acaba dejando su última huella
El caparazón que acompañó hasta quedar sepultados en tierra.
Polvo somos y en polvo nos convertimos
Olvidando por momentos disfrutar lo que vivimos

Goza, vive, el sexo y no pongas vendas
Abre la puerta al placer de la carne
Olvida cualquier mandamientos y enmiendas
Da igual gime bien alto, si tu alma arde

Disfruta de la vida, de lo que tienes
Deja de llorar por lo que tuviste
Enfréntate por completo al destino
La muerte es un trance, no algo triste

Tal vez no sea viaje dulce, sino amargo
Pero también común y necesario
Por ello grita bien alto
En este mundo, nuestro pequeño escenario

Hoy he vivido cada minuto
Hoy no he escuchado rumores
Me he confundido en el tumulto
He disfrutado de cada pecado

No reces cuando muera, es ley de vida
La disfruté hasta la noche fría
En que mi pulso se apagó
Junto a tus labios cargados de dulce sabor

Recité aquel poema tan cercano a mi sueño, aunque escrito meses atrás, y él simplemente se quedó en silencio. El niño jugueteaba con su colgante y sus cabellos, era la estampa de la vida y la tranquilidad. Mi último hijo era la última semilla que yo dejaría en el mundo y que prometí que germinaría más fuerte y más libre.

-Atsushi.-logró decir tras un par de minutos en silencio.- ¿Cuándo lo escribiste?-interrogó.

-Poco después del infarto.-respondí con simpleza.

-Ven, siéntate conmigo.-dijo acariciando la cabeza del bebé mientras él nos miraba con aquellos ojos despiertos.

-Deseaba ser tu héroe y terminé siendo un cretino, pero aún así el día que muera lo haré feliz por haber poseído tu amor, tu atención y tus caricias.-susurré tras sentarme a su lado y él apoyó su cabeza sobre mi pecho, quedándose así algo inclinado.

-Papi.-balbuceó Jun y lo tomé entre mis brazos sacándolos del confortable cuerpo de Phoenix.

-Eres mi héroe.-dijo Phoenix tras unos minutos.-A veces un héroe se comporta como un villano, pero se arrepiente y ese arrepentimiento le da más valía.-besó con dulzura mi mejilla y se quedó recostado sobre mi hombro.

-Supongo.-es lo único que dije al respecto.

En la tarde, de ese mismo día, me llamaron para informarme que algunos de los hombres que habían sido acusados por corrupción pasarían la noche detenidos. Lo primero que pensé fue en sus hijos, después en sus mujeres y por último en la sociedad. Pero supongo que no me dieron lástima alguna. En la cárcel hay mucho desgraciado que por robar para comer lo han perdido todo, incluso el apoyo de sus familias, y ellos robaban para tener un Ferrari en vez de un Mercedes. Simplemente esperaba que fueran condenados como se merecían, a pesar del daño que podría ocasionar en sus familias. Todos debemos pagar las consecuencias de nuestros actos.

Tras la llamada únicamente me dediqué a comprar los regalos de Hero, regalos por su cumpleaños aunque no asistiría a la celebración. Yo quería tenerlo un día cualquiera en mi hogar y entregarle todos y cada uno de aquellos regalos. Deseaba ver su rostro iluminado por cada compra. Primero compré ropa algo grande, quería que le estuviera buena aunque creciera unos centímetros más durante el invierno, luego algunos libros sobre arte y alguna que otra figurilla de acción de sus personajes favoritos de anime. Cuando lo tuve todo comprado bajé por una taza de café, Phoenix daba el biberón de la noche al pequeño y yo simplemente me quedé mirándolo.

-¿Qué miras?-preguntó.

-Tú, Jasmine y Olivier tenéis más instinto maternal que muchas mujeres.-frunció el ceño cuando escuchó eso.

-¿Me ves mujer tú también? Un día Atsushi me pondré dos grandes implantes, así cumplo tu fantasías.-reprochó.

-Ya las cumples cuando te pones de colegial.-murmuré con media sonrisa en mis labios y él simplemente se sonrojó.

-¡Atsushi!-gritó en un agudo muy típico de él.

-¡Phoenix!-respondí con una leve carcajada.

-¡No te burles!-masculló girándose para seguir dándole la leche al pequeño.

-No me burlo.-dije tomándolo por la cintura.-Jamás me podría burlar de ti, tan sólo digo una hermosa y erótica verdad.

domingo 8 de noviembre de 2009

Dark City - capitulo 11 - Nuevos Aires (XXXII)


-Arigato.-murmuré mirándole fijamente.-El sueño era mi propio entierro, donde todos me despreciabais ante mi tumba e incluso os compinchabais para ser lo más hirientes posible. Pero todo lo que decíais era cierto, os he hecho daño todos estos años y me merezco cada una de las palabras que dijisteis.

-No Atsushi.-respondió con rapidez tras engullir el trozo como pudo.-Verás, todos cometemos errores y no es justo juzgar a una persona eternamente por el pasado.-me tomó una de mas manos y sonrió.-Yo te amo, no importa nada de lo que pasó ya.

-A mí si me importa.-respondí con rapidez.-Creo que si volviera a nacer cometería los mismos errores, todos y cada uno.-agaché la cabeza.-Ellos me han hecho reflexionar y terminar siendo yo.-acaricié el rostro de Phoenix y besé sus labios con cierta dulzura.

-Atsushi en eso tienes razón, por ello los acepto y sigo amándote.-me levanté de la cama y él se quedó algo desconcertado.

-¿Cómo puedes decir eso? Me molesto por cosas estúpidas, no soporto que se acerquen a personas que amo o he amado. Mírame, sigo celando a viejos amantes. Incluso celo a Clarissa. Quiero poseer a todas las personas que forman parte de mi vida, aunque sea de mi vida pasada.-cerré los ojos y suspiré cerrando los puños con fuerza.

-Debes aprender que las personas no somos objetos.-respondió.-Y a olvidar, también debes aprender eso.

-Perdóname.-susurré.

-¿Perdonar qué? Yo siempre perdono todo lo que haces, dices o piensas.-estiró su mano con una sonrisa, para acariciar uno de mis puños.-Amar es perdonar los fallos.

-No, no es así.-dije mirándole a los ojos.-Mi madre perdonaba los golpes y gritos de mi padre, no por ello estaba bien.

-Atsushi no eres tu padre.-lo dijo con total convencimiento que no supe responder.-Atsushi tratas con amor a tus hijos, te preocupas por ellos y te sientes orgulloso. A pesar de tus desaires ocasionales, tus molestias por cosas que digo y te callas aunque se nota en la mirada o tus deslices…-se quedó en silencio contemplando mis ojos, teníamos un diálogo silencioso que terminó rompiendo.-A pesar de todo ello yo te amo, te amo tanto que no sé que sería si tú me dejaras.-me arrodillé en el suelo tomándolo del rostro.-Realmente te amo.-empezó a sollozar y yo con él.

-Por favor no llores.-susurré acariciando sus mejillas.

-Dejaré de llorar cuando tú lo hagas.-aquello hizo que lo abrazara y lo bajara de la cama, lo puse junto a mí rodeándolo y acariciándolo. Era demasiado hermoso, incluso con el rostro bañado en amargura.

-No puedo decir que intentaré ser mejor, porque con intentarlo no basta. Tampoco puedo hablar de cambios, de que lo conseguiré, pues no soy hombre de promesas que luego no se sabe si se cumplirán.-besé su frente y lo arropé con la manta.-Pero sí te digo que quiero cuidarte, quiero pasar el resto de mis días junto a ti.

-Eso lo sé, es algo que sé sin que tengas que decirlo.-era bueno que me creyera, aunque a veces temía no poder seguir con esa promesa. Terminaba dañándolo siempre, eso era inevitable.

-Comamos.-dije sentándome a su lado con él sobre mis piernas. Aquel colchón típicamente japonés había visto tanto, escuchado tantos sollozos y sobretodo dejado caer incontables sueños rotos.

-Sí, te quedó muy bien.-respondió de forma automática.

El desayuno fue en silencio, aunque algunas risas se escapaban por las muecas que hacía. Él siempre intentaba hacerme olvidar cualquier trago amargo, incluso los que yo mismo provocaba. Después dimos un paseo por el jardín, un tiempo para los dos con el pequeño, para luego dedicarnos a nuestros asuntos pendientes.

Yo escribía folios sin más, nunca supe la finalidad hasta hace unos meses. Eran escritos sobre mi infancia, mis vivencias de juventud y poco a poco se convirtió en mi vida. cada episodio tenía una fecha aproximada y una fotografía escaneada. Algunas eran tan viejas que se veían borrosas. Era tal vez mi forma de decirme en esos momentos que estaba compuesto de miles de momentos, de errores y aciertos, pero se transformó en biografía. Phoenix se dedicaba a escribir en su blog, en mantenerse informado y hacer críticas sobre la sociedad, el deporte, la sanidad o cualquier cosa que llegara a inquietarle. Tras escribir me dediqué a contemplarlo y a leer la prensa, como cualquier día desde hacía meses.

-Atsu.-murmuró cerrando el portátil.- ¿Por qué no me cantas algo?-preguntó mirándome fijamente.-Por favor, sé que amas cantar y hace meses que no te escucho.

-¿Qué canción quieres que cante?-interrogué abrazándolo por detrás del sofá.

-No sé, ¿qué tal una tuya?-dijo con una sonrisa.-Cántame lo que sientes ahora, cualquier cosa.

-Te grabaré alguna canción, alguna de las que he hecho últimamente, pero ahora deseo recitar un pequeño poema.-dije dirigiéndome hacia el mueble, tomando mi agenda y abrí una de las hojas dobladas.-La hice hace meses, pero no te la mostré.

-¡Lee!-el niño nos miró fijamente al escucharlo gritar de forma tan animada.

-¿Mami?-interrogó con aquel dado de peluche mientras se mantenía aferrado al conejo de Yutaka.

-¿Quieres que recite para papi?-pregunté a Jun y este caminó tambaleándose hacia nosotros.

-Sí, para papi.-intentaba meterle en la cabeza que era papi, no mami, pero el niño se empecinaba en hacerlo como a él le daba la real gana.

-Mami.-extendió sus pequeños y rechonchos brazos soltando el conejo para que lo abrazara.

-Vale, soy mami.-dijo resignado tomándolo entre sus brazos para dejarlo recostado sobre su pecho.

Carraspeé quedándome tras ellos y coloqué una cinta de música clásica, deseaba que el ambiente fuera agradable y sirviera para la pronunciación de cada palabra. Era una historia que había escrito sin más, creo que tal vez por eso todo el mundo decía que tenía un cierto aire de oscuridad.

Entre las brumas de una noche gélida
Mecido en los brazos desnudos viejos árboles
Los gemidos del viento eran fuertes
Ya había esparcido las últimas hojas ocres

Entre la vida, la tierra y la muerte
Los árboles del cementerio acompañan
En un silencio siempre perenne
De los cuerpos que allí eternamente descansan

La vida acaba dejando su última huella
El caparazón que acompañó hasta quedar sepultados en tierra.
Polvo somos y en polvo nos convertimos
Olvidando por momentos disfrutar lo que vivimos

Goza, vive, el sexo y no pongas vendas
Abre la puerta al placer de la carne
Olvida cualquier mandamientos y enmiendas
Da igual gime bien alto, si tu alma arde

Disfruta de la vida, de lo que tienes
Deja de llorar por lo que tuviste
Enfréntate por completo al destino
La muerte es un trance, no algo triste

Tal vez no sea viaje dulce, sino amargo
Pero también común y necesario
Por ello grita bien alto
En este mundo, nuestro pequeño escenario

Hoy he vivido cada minuto
Hoy no he escuchado rumores
Me he confundido en el tumulto
He disfrutado de cada pecado

No reces cuando muera, es ley de vida
La disfruté hasta la noche fría
En que mi pulso se apagó
Junto a tus labios cargados de dulce sabor

sábado 7 de noviembre de 2009

Dark City - capitulo 11 - Nuevos Aires (XXXI)


El sueño constaba de mi propio entierro. Empezó todo en un hermoso paraje olvidado de la mano de dios, prácticamente, y en plena naturaleza. Un viejo sacerdote cristiano emitía plegarias por mi alma pecadora. Yo ya no era católico, había pedido que me excomulgaran, sin embargo ese hombre estaba ahí. A mí alrededor no faltaba nadie, estaban todos, e incluso vi a pequeños niños representados como mis nietos. Fueron todos, pero no vestían de negro sino de forma colorida y sus rostros no mostraban aflicción alguna. Cada frase que decían era más hiriente que la anterior; eran como puñaladas directas a mi achacoso corazón, sobretodo las que me dedicaron Yutaka y Phoenix. Ambos parecían comprenderse, incluso aliarse para soltar toda la ácida bilis que estaban regurgitando. Después me abandonaban en una tumba sin nombre, a penas un montículo de piedras, para así no encontrarme o tal vez para que nadie diera conmigo. Tampoco tuve ataúd, ni flores, ni si quiera un enterrador digno. Quien echó toda la tierra sobre mí era aquel sanguinario mafioso junto a Taylor. Me olvidaban, me daban la espalda y yo me sentía miserable. No podía hacer nada, ni mover un solo músculo. Fue aterrador y lo peor de todo es que tenían razón. Todos tenían sus motivos para odiarme, olvidarme y abandonarme.

Como he dicho me desperté perlado de sudor y con Phoenix a mi lado, él sonreía aferrado a mí y yo simplemente besé su frente. Me quedé contemplándolo un par de horas, hasta que Jun comenzó a llorar. Me levanté de la cama sin perder ojo a mi pareja, para luego marcharme hacia la habitación del bebé.

-¡Papi!-decía inquieto.- ¡Papi!

-¿Papilla?-interrogué tomándolo de la cuna.- ¿Tienes hambre?-él se calmó cuando lo tomé entre mis brazos, sus ojos estaban llorosos pero al menos parecía tranquilo.-Papá te dará de comer ahora, tranquilo pequeño.-susurré besando su sien.

-Papila.-balbuceó mirándome con aquellos enormes ojos.

-Papilla.-repetí con una sonrisa alzándolo para observarlo.-Pero antes vamos a darte un buen baño.-dije tomándolo bien entre mis brazos para llevarlo al cambiador.

-Ato.-dijo estirando su brazo y señalando el patito de goma.

-¡Claro el señor Pato!-respondí acercándoselo.

Me metí en el baño para asearlo y asearme yo, después le hice una papilla de frutas y le di un biberón. Phoenix no se levantaba así que aproveché que el pequeño quedó dormido, en mis brazos, para dejarlo en la cuna y prepararle un buen desayuno. Hice tortitas, también zumo natural y café.

-Phoenix, despierta.-dije entrando en la habitación para dejar la bandeja a un lado del cuarto. Abrí las cortinas y dejé que pasara la luz.-Vamos Phoenix, hemos dormido demasiado y Jun no ha ido hoy a la guardería.-comenté y él gimió revolviéndose en la cama.

-Cinco minutos más.-masculló encogiéndose.

-A veces me pregunto si tengo un esposo o un segundo hijo.-farfullé.

-Pero bien que te gusto.-respondió con pose erótica en la cama mientras pestañeaba.

-Phoenix por favor, come.-dije sentándome a su lado.-Hoy amanecí molesto, por cosas que he soñado.

-Tengo un libro de interpretación de sueños, me lo regaló Jasmine hace años, si quieres te miro el significado.-comentó quedándose bien sentado en la cama para tomar uno de los platos de tortitas.

-No, déjalo.-respondí.-Sé que significa mi sueño.-comenté acariciando su rostro mientras él cortaba las tortitas y las mezclaba con el poco de sirope.

-¿Sí? ¿Qué era?-interrogó llevándose un trozo a la boca.-¡Que buenas!-gritó mirándome con los ojos brillosos.-Deberías hacer más seguido estas tortitas, te quedan muy buenas Atsushi.

-Arigato.-murmuré mirándole fijamente.-El sueño era mi propio entierro, donde todos me despreciabais ante mi tumba e incluso os compinchabais para ser lo más hirientes posible. Pero todo lo que decíais era cierto, os he hecho daño todos estos años y me merezco cada una de las palabras que dijisteis.

-No Atsushi.-respondió con rapidez tras engullir el trozo como pudo.-Verás, todos cometemos errores y no es justo juzgar a una persona eternamente por el pasado.-me tomó una de mas manos y sonrió.-Yo te amo, no importa nada de lo que pasó ya.

viernes 6 de noviembre de 2009

Dark City - capitulo 11 - Nuevos Aires (XXX)


“Y entonces decidí protegerlo. No importaba nada, ni siquiera si estaba bien o mal, lo único que me importaba era sostenerlo entre mis brazos y ver una sonrisa dibujada en su rostro. Esas facciones dulces me embaucaban demasiado, nadie lo había hecho hasta el momento y una sensación extraña recorría mi cuerpo por completo. La sensación era parecida a la paz que deja en un recién nacido una nana, una dulce nana. Si bien, se mezcla con la impaciencia, el deseo, la lujuria y el sabor de sus labios.

Me di cuenta de muchas cosas, demasiadas para enumerarlas, pero los años siguientes a esa noche los dediqué a escribirlas por orden. Hice un pequeño libro, tan sólo unas hojas embarradas en faltas ortográficas y lagunas sin importancia.

Ahora, cada noche, revivo cada encuentro a pesar de mis arrugas. Vivo la eternidad de cada palabra pronunciada; porque nuestra historia merece ser narrada hasta que nuestros huesos no soporten los años en el devenir del tiempo.”

Phoenix dormía a mi lado, estaba aferrado a mí como si fuera nuestra última noche juntos. Parecía intranquilo en sueños, tal vez rememorando días no tan lejanos. Siempre me comentaba que temía despertar y no verme, que todo hubiera sido meras ilusiones o un tonto sueño. Sabía que cuando era un adolescente yo le atraía, pero le repugnaba mi forma de pensar. Más bien, le repugnaba mi supuesta forma de ver el mundo. Nunca le conté el sueño, o pesadilla, que tuve en el hospital. Recordé el sueño, aquellos alter egos gritándome a la cara como había perdido el tiempo y como lo seguía haciendo.

Después de varios minutos reí bajo. Me sentía afortunado porque mis hijos fueran coherentes y no estúpidos muchachitos que escriben y leen basura. Sí, esos que se creen vampiros y dicen serlo bebiendo sangre de otros, pero que a la hora de la verdad al ver sangre se desploman en el suelo. Tampoco se metían en peleas, ya Hizaki lo había dejado atrás. Eran chicos con su vida centrada en los estudios o trabajos, también en hacerme sentir orgulloso cada día por cada uno de ellos.

Creo que fue una de las mejores noches de mi vida. Dormí tranquilo, orgulloso y tranquilo. Sin embargo tuve pesadillas horribles, aunque también podría calificarlas de terroríficas y asfixiantes. Al despertar lo hice agitado y empapado en sudor, como si me hubieran arrojado un cubo de agua. El mayor de todos mis miedos, creo que el único, es la soledad y el rechazo. Sentirme abandonado por los que amo es mi peor pesadilla.

El sueño constaba de mi propio entierro. Empezó todo en un hermoso paraje olvidado de la mano de dios, prácticamente, y en plena naturaleza. Un viejo sacerdote cristiano emitía plegarias por mi alma pecadora. Yo ya no era católico, había pedido que me excomulgaran, sin embargo ese hombre estaba ahí. A mí alrededor no faltaba nadie, estaban todos, e incluso vi a pequeños niños representados como mis nietos. Fueron todos, pero no vestían de negro sino de forma colorida y sus rostros no mostraban aflicción alguna. Cada frase que decían era más hiriente que la anterior; eran como puñaladas directas a mi achacoso corazón, sobretodo las que me dedicaron Yutaka y Phoenix. Ambos parecían comprenderse, incluso aliarse para soltar toda la ácida bilis que estaban regurgitando. Después me abandonaban en una tumba sin nombre, a penas un montículo de piedras, para así no encontrarme o tal vez para que nadie diera conmigo. Tampoco tuve ataúd, ni flores, ni si quiera un enterrador digno. Quien echó toda la tierra sobre mí era aquel sanguinario mafioso junto a Taylor. Me olvidaban, me daban la espalda y yo me sentía miserable. No podía hacer nada, ni mover un solo músculo. Fue aterrador y lo peor de todo es que tenían razón. Todos tenían sus motivos para odiarme, olvidarme y abandonarme.

Como he dicho me desperté perlado de sudor y con Phoenix a mi lado, él sonreía aferrado a mí y yo simplemente besé su frente. Me quedé contemplándolo un par de horas, hasta que Jun comenzó a llorar. Me levanté de la cama sin perder ojo a mi pareja, para luego marcharme hacia la habitación del bebé.

-¡Papi!-decía inquieto.- ¡Papi!

-¿Papilla?-interrogué tomándolo de la cuna.- ¿Tienes hambre?-él se calmó cuando lo tomé entre mis brazos, sus ojos estaban llorosos pero al menos parecía tranquilo.-Papá te dará de comer ahora, tranquilo pequeño.-susurré besando su sien.

jueves 5 de noviembre de 2009

Dark City - capitulo 11 - Nuevos Aires (XXIX)



-Aquí tiene su té.-comentó la chica dejándolo frente a mí.- ¿Dese algo más?

-No, gracias.-respondí sin siquiera mirarla.

Las noticias eran las habituales, parecía que el ser humano no aprendía jamás de sus errores. Tal vez por ello no me sentía tan estúpido, porque el mundo en sí volvía a tropezar en viejas grietas y a dejarse embaucar por banales pretensiones. El país, el continente entero, estaba sufriendo recesión. Me alegré de que nuestra ciudad tuviera una economía que no se sustentaba solamente en el ladrillo, corrupción, turismo y política de costas nefasta. Teníamos empresas sólidas del sector textil y alimenticio, eso frenaba un tanto la caída del empleo. Además, las energías renovables estaban dando buenos frutos.

Casi me carcajeo al ver a tanto inepto aturdido, sin nada en sus bolsillos y viviendo en palacios de cartón. Quien no sabe administrarse, ni ejecutar obras con cabeza, termina mal, muy mal. Sin embargo, me di cuenta que ellos tal vez se hundían pero alguien les echaría una mano. Yo me sentía solo, la soledad se pegaba a mí más que nunca en un día tan plomizo como aquel. Las nubes iban apareciendo de la nada y pronto las primeras gotas golpearon con virulencia los cristales de la cafetería.

Empecé a beber con pequeños, y silenciosos, sorbos observando las prisas de los que por allí transitaban. A lo lejos retumbaba el primer atasco, cláxones y gritos en el aire daban el aviso. Los primeros paraguas aparecían coloreando las grises aceras, otros eran simples carpetas o chaquetas que impedían empaparse demasiado las ideas. Las mujeres y sus delgados tacones peligraban, los jóvenes que habían hecho novillos reían a carcajadas mientras correteaban hasta los locales contiguos. Sí, un mundo en movimiento y yo me dejaba llevar por la magia de la quietud.

La taza calentaba mis manos de uñas largas y negras, creo que era el único cambio en mi aspecto. Antes solía visitar los lugares cercanos al Ayuntamiento, era mi hogar y era donde mejor se podía poner en contacto conmigo. Aún recordaba los últimos cafés, los cigarrillos invadiendo el ambiente frío y cargado. Pero ahora a pesar de tener un marco parecido había cambiado demasiado. Seguía observando con una media sonrisa la vida que afloraba de cada esquina. Era increíble que las personas odiaran la lluvia, en mayoría, cuando cada gota es imprescindible. La lluvia daba vida y magnetismo a la ciudad, la despertaba y despejaba.

Después de un buen rato volví al periódico y pedí un café, esta vez deseaba saborear un cappuccino expreso con un toque de chocolate. Era donde mejor los hacía, aunque la pastelería y bollería que tenían era algo deficiente. Pero el local siempre estaba vivo por culpa de sus cafés con sus aromas italianos o colombianos. La misma camarera dejó aquella humeante taza frente a mí, la lluvia apretaba aún más fuerte y los primeros truenos comenzaron a hacer temblar la luz. Tras el último sorbo de mi café me levanté y pagué en la barra lo que había tomado, lo hice en efectivo y dejé buena propina.

A pesar de que llovía dejé que el agua me empapara unos segundos, corrí hacia donde dejé mi coche y me subí. Allí noté mis cabellos mojados cayendo sobre mi frente, sonreí colocando bien el retrovisor y comprobando los demás espejos. Sin duda sería un buen término de la mañana. Tuve que soportar un tremendo tráfico, pero no importó. Llamé por el manos libres a Phoenix, no más de un minuto para evitar distracciones, y le rogué que tuviera preparado una bañera para ambos. Deseaba disfrutar con él de un día completo, él debía ser mi apoyo en los días venideros.

Conecté la radio en medio del tráfico, hablaban de lo típico en cada emisora. Varias de deportes, muchas de música y al final di con una que se trataba de libros. La emisora leía libros, poemas con una intensidad brutal y comentaba las novedades en las librerías. Hablaron de la cercana publicación de un proyecto de mi hijo, sonreí de lado orgulloso, para después escuchar una de las frases que este poseía “Vivo la eternidad de cada palabra pronunciada”. Mi mente se quedó en blanco al percatarme que había madurado demasiado, un cambio hacia la madurez que poco a poco me estaba perdiendo.

-Has aprendido.-murmuré.-Un hombre se mide por sus actos, por las palabras que le impulsaron a realizarlos y así forja su destino.

Fue lo único que logré decir en un murmullo, hasta que llegué a casa y pude disfrutar de lo que restaba del día con Phoenix. Conversé con él horas sobre las alabanzas que repetían una y otra vez en aquella emisora. Él si había tenido tiempo de leer el libro, a penas un borrador, yo no llegué ni a la mitad por enfocarme en otros campos. Esa misma noche me quedé desvelado leyéndolo, realmente era bueno y me quedé impactado de que mi hijo pudiera hacer algo como aquello.

El final lo habré leído mil veces desde aquella madrugada. Era como un testamento vital de que el amor podía ser único y eterno. Muchos cuando somos adolescentes pensamos que el amor es eterno, que siempre amaremos a la misma persona, pero sus palabras eran mucho más intensas y parecía proclamar que realmente sólo pensaba pasar sus últimos días con Olivier. Debía ser estúpido aquel que leyera aquellas líneas y no se diera cuenta de qué trataba, por mucho que fuera un mundo de fantasías con dragones inmensos y temibles.

“Y entonces decidí protegerlo. No importaba nada, ni siquiera si estaba bien o mal, lo único que me importaba era sostenerlo entre mis brazos y ver una sonrisa dibujada en su rostro. Esas facciones dulces me embaucaban demasiado, nadie lo había hecho hasta el momento y una sensación extraña recorría mi cuerpo por completo. La sensación era parecida a la paz que deja en un recién nacido una nana, una dulce nana. Si bien, se mezcla con la impaciencia, el deseo, la lujuria y el sabor de sus labios.

Me di cuenta de muchas cosas, demasiadas para enumerarlas, pero los años siguientes a esa noche los dediqué a escribirlas por orden. Hice un pequeño libro, tan sólo unas hojas embarradas en faltas ortográficas y lagunas sin importancia.

Ahora, cada noche, revivo cada encuentro a pesar de mis arrugas. Vivo la eternidad de cada palabra pronunciada; porque nuestra historia merece ser narrada hasta que nuestros huesos no soporten los años en el devenir del tiempo.”

miércoles 4 de noviembre de 2009

Dark City - capitulo 11 - Nuevos Aires (XXVIII)


-Deseamos su colaboración.-rogó la voz del muchacho que le acompañaba. Era un hombre seco de carnes y con unos ojos enormes, ojos que te taladraban.-Disculpe a Emilio lo conoce, a mi no.-estiró su mano hacia mí y sonrió de forma franca, mientras yo estrechaba su mano con firmeza.-Hernández, Giovanni Hernández.

-No sé en qué puedo ayudarles.-comenté mucho más relajado interiormente.

-Pues uno de los que buscamos está en paradero desconocido, se llama Stephen Slater.-reconocí el nombre y apellido, era un joven muy prometedor y el verle involucrado de esa forma me entristeció.

-Lo conozco, jugábamos al golf antes y también solíamos conversar en reuniones del partido. ¿Está muy implicado en la trama?-interrogué preocupado, ya que como he dicho cuando somos jóvenes somos muy estúpidos.

-Esa información es confidencial.-respondió Gómez mirándome fijamente a los ojos.-Deseo que de acceso a todos los datos del partido, de las personas implicadas en la lista, y que lo que se ha dicho aquí no salga a la luz.

-Tranquilo, sé como va todo.-comenté con una leve sonrisa.-Los archivos informatizados del partido están codificados, le daré el código correspondiente en un papel, y Paulo tiene una copia de la llave del local de reuniones del partido. Allí se encuentran los ficheros en papel, aunque no están tan actualizados como los informáticos pero tienen mayor dato personal.-estaba serio, mi voz era como de ultratumba y mis ojos mostraban serenidad.

-Los demás partidos también están siendo investigados, la trama tiene raíces profundas.-comentó Hernández.

-Pronto tendrá mayor conocimiento por la prensa y quizás le llamen a comisaría, porque pondrán coartadas y le impliquen a usted. Ya sabe como va esto, la otra vez también tuvo que sanear sus filas cuando se descubrió la anterior trama.-aquello que contaba Gómez me dio un leve escalofrío. Recordé como se llevaban en furgones a más de una veintena de detenidos, salían todos de sus despachos en una mañana aparentemente normal. Fue un sobresalto para mí y para todos, una lástima para la democracia.

-¿Hay algo más en que deseen que ayude?-interrogué.

-No, por el momento no.-respondió el más joven.-Tan sólo esperamos que esté disponible con facilidad, como hoy.

-Por supuesto.-respondí y miré a Paulo.-¿No tienes nada que decir?

-¿Qué quieres que diga? No los conozco, si son manzanas podridas que han caerán del árbol. No pienso prestarles ayuda, más bien una mano al cuello.

-Estoy totalmente de acuerdo.-dije con una leve sonrisa.

-Te mantendré informado, sigues siendo el presidente de honor del partido y tu dinero es lo que nos hace mantenernos donde estamos.-comentó y yo me aproximé a los policías.

-Me gustaría decir que fue un placer conversar con ustedes, pero el asunto a tratar no ha sido agradable.-comenté con un tono agrio mientras estrechaba sus manos.-Nos vemos Paulo.-añadí con un leve gesto de cabeza.

-Nos vemos.-murmuró.

Me giré dándoles la espalda y salí del Ayuntamiento sin decir demasiado. Necesitaba un buen cigarro, mucha nicotina para calmar la tensión que sentía. Sin embargo, terminé caminando hacia una cafetería cercana para pedir un té de menta con leche. Necesitaba relajarme y también tomar algo, mi estómago me pedía paliar mi apetito aunque fuera engañándolo.

Mi cuerpo aún no se acostumbraba a no tener un cigarrillo en los dedos; los chicles y parches paliaban en parte las ansias, pero no era un remedio eficiente. Estuve por levantarme y cruzar la calle hacia un estanco cercano, no me importaba que no tuvieran Kool. Mis ojos se quedaron clavados en el cartel y mis labios se apretaban, mientras mi mente tan sólo pedía un poco de fortaleza.

Un cigarro me estaba venciendo y todo por culpa de la presión que había sentido en aquel despacho. Conocía ese lugar de memoria, cerraba los ojos y podía describirlo milímetro a milímetro, si bien ver a Paulo en mi lugar me removió internamente. No sólo era eso, sino la noticia. Odiaba que alguien se dejara arrastrar por unos cuantos puñados de dólares o euros.

-¿Señor?-interrogó la camarera, una chica esbelta de ojos felinos y cabellos ensortijados desparramados por ambos lados de su cara.- ¿Señor?-preguntó de nuevo.

-Sí, ¿podría traerme un té de menta con leche y dos bolsas de azucarillo?-ella asintió a mi petición y se marchó para dar orden a mi pedido.

Realmente necesitaba nicotina, no un té. Para distraerme y no pensar tomé un periódico abandonado en la mesa contigua. Era del mismo día y tenía uno de esos alargados cepos de madera, era del local y lo tenían para la clientela. No era mi favorito, pero simplemente lo leía. Los titulares eran demasiado escandalosos y controvertidos, parecía más prensa rosa que prensa seria. Los periódicos sensacionalistas no me atraían. Lo peor de todo es que se jactaban de ser periodistas, cuando muchos de ellos no habían terminado la carrera y eran tan sólo intrusos bocazas con el ego de gigantes.

-Aquí tiene su té.-comentó la chica dejándolo frente a mí.- ¿Dese algo más?

-No, gracias.-respondí sin siquiera mirarla.

martes 3 de noviembre de 2009

Dark City - capitulo 11 - Nuevos Aires (XXVII)


Mientras conducía iba más pendiente en mis historias, en todo lo que fuera a ocurrir y en mis reacciones. Si bien, tuve que volver a la realidad tras un volantazo brusco que casi me hace tragarme a un trailer. Mi corazón se aceleró, pero intenté relajarme y dejar de meditar. Lo que fuera a ocurrir sucedería, no había vuelta atrás. Uno no podía huir de sus problemas, ni de lo que estaba ya en nuestras vidas.

Entré a las calles del casco antiguo, pasé por el edificio de la Bolsa nacional y llegué al monumento a la naturaleza. Aquél árbol siempre presidía la plaza municipal y se podía encontrar con facilidad aparcamiento subterráneo, era un lugar poco transitado si no era fin de año para las campanadas o por alguna manifestación. El sonido de mi puerta cerrándose hizo un leve eco, mis pies sobre las baldosas de la plaza también resonaron y sentí una impaciencia inapropiada en alguien con mi experiencia. Debía de tener autocontrol, pero las piernas me flaqueaban.

Recordé tiempos mejores, cuando llegué a la ciudad y pisé aquella plaza donde no se encontraba aún el árbol de bronce. Fue el inicio de mi vida política. Un joven formal, al menos de apariencia, y extranjero que deseaba escalar lentamente en la alcaldía. Aquel día no tuve miedo; creo que cuando uno es joven no se teme a nada, porque se piensa que todo tiene solución o que al ser de épocas distintas a nuestros padres ya venimos con la fórmula apropiada para cualquier problema.

Al cruzar la puerta robusta y de madera de roble autóctono la vista de varios funcionarios quedó petrificada. Mi aspecto aún imponía, también mi pasado y mi presente pasmaba. No tenían que darme indicaciones donde estaba la sala del presidente de mi partido, bien había recorrido yo aquellas salas y entrado en cada una de las dependencias. Había un pequeño recuerdo en cada puerta, baldosa o pincelada de los cuadros colgados por mera decoración.

Entré en la antesala del despacho y su secretaria se levantó a trompicones. Me miró fijamente y caminó hacia la puerta que daba acceso al lugar donde me esperaban. Abrió con timidez la puerta y después me dejó paso. Nada más cerrarse la puerta tras mi espalda mis ojos se quedaron fijos en el marco que me daban.

-Señor Sakurai le hemos hecho venir porque tenemos pruebas de que varios militantes de su partido, y de los otros dos de la oposición, hacían negocios sucios con algunos agentes y narcotraficantes del país. Es una trama nacional, no sólo de esta jodida ciudad.-murmuró el comisario, lo conocía bien. Emilio Gómez era un hombre de aspecto bonachón con aquel bigote canoso, pero era un hueso duro y los criminales temblaban nada más al oír su nombre.

Yo no temblé, me mantuve frío como si nada de lo que dijera lo supiera de antemano. Si bien, tuve miedo de que uno de esos hombres fuera yo. Kamijo me había dado su palabra de que jamás me relacionarían, que podía estar tranquilo. Pero no podía estarlo, había ajusticiado a una persona como si nada.

-Deseamos su colaboración.-rogó la voz del muchacho que le acompañaba. Era un hombre seco de carnes y con unos ojos enormes, ojos que te taladraban.-Disculpe a Emilio lo conoce, a mi no.-estiró su mano hacia mí y sonrió de forma franca, mientras yo estrechaba su mano con firmeza.-Hernández, Giovanni Hernández.

-No sé en qué puedo ayudarles.-comenté mucho más relajado interiormente.

-Pues uno de los que buscamos está en paradero desconocido, se llama Stephen Slater.-reconocí el nombre y apellido, era un joven muy prometedor y el verle involucrado de esa forma me entristeció.

-Lo conozco, jugábamos al golf antes y también solíamos conversar en reuniones del partido. ¿Está muy implicado en la trama?-interrogué preocupado, ya que como he dicho cuando somos jóvenes somos muy estúpidos.

lunes 2 de noviembre de 2009

Dark City - capitulo 11 - Nuevos Aires (XXVI)

El scan lo encontré en un Facebook de Atsushi. Dudo que sea de Atsushi, sino que es creado por un fan o una fan. ¿Por qué? porque por mucho que ame a Atsushi he de reconocer que es patético para el inglés, si escribe algo en inglés es ayudado por Imai.


Me fui tranquilo a la cama. Aunque los sueños fueron extraños. Mi hijo tenía sueños premonitorios, pero yo no poseía de esa capacidad. Mi madre poseía también de esa cualidad. Si bien, quizás debía tener en cuenta ese sueño como un aviso. Phoenix me abandonaba tras un fugaz encuentro con Yutaka, mis esfuerzos en conquistarlo para llamar su atención me hacía perderlo todo. No sólo me daba la espalda mi pareja, también mis hijos, Clarissa por supuesto y todo el mundo. Quedaba solo, moría solo.

El día siguiente fue duro. Decir que fue duro es más un eufemismo para lo que aconteció. Fue de esos días que uno desea quedarse en casa tapado hasta las orejas, a pesar que no hacía frío para ello, y no despertar en todo un año. Uno de los secretarios de Paulo contactó conmigo al filo de las nueve de la mañana. Yo estaba prácticamente en un sueño profundo, casi no escuché el teléfono y acepté la llamada de puro milagro. Deslicé la tapa del móvil mientras me estiraba en la cama. No sabía bien quién era, incluso llegué a pensar que se habían confundido de número de celular.

-¿Sí?-balbuceé incorporándome en la cama, Phoenix estaba sobre mi pecho aferrado a mí.

-Señor Sakurai llamo de parte del señor Wilde, ya que necesita que usted se ponga en contacto de forma inmediata con él y con unos agentes de policía que aquí se encuentran.-aquello me despertó por completo, fue como un balde de agua gélida en mi cara. Quedé espantado, no entendía que hacía la policía en el ayuntamiento.

-¿Qué hacen ahí los policías?-pregunté apartándome de Phoenix para salir de la cama.

-Sólo puede comentárselo Paulo, le espera en su despacho.-comentó.

-Bien, dígale que en una hora como mucho estoy allí. Estaba durmiendo, no me esperaba salir hoy.-respondí dirigiéndome hacia el armario.

-De acuerdo, le esperaremos.-dicho esto colgó.

Empecé a buscar un traje sobrio, cualquiera de los míos oscuros y una camisa oscura también. Evitaría ponerme corbata, no tenía ánimos para arreglarme demasiado. Quería dormir todo el día, estar con Phoenix sin hacer nada y tal vez vigilar un poco mis acciones en la bolsa. Fui a la ducha, me afeité de forma rápida y tuve suerte de no cortarme con la maquinilla.

No desayuné, ni tomé café. Mi estómago estaba revuelto. No sabía porqué me quería ver con la policía. No me agradaban las personas de la ley, por mucho que los admirara y les reconociera su valía. Eran como antónimos a mí. Yo sería honrado en la actualidad, pero tenía contactos turbios y siempre se germinaría en mí la semilla del chico Yankee.

La figura del chico Yankee es muy típica de las escuelas japonesas. Son chicos con aspecto rudo, de asesino en serie, pero en realidad con buen corazón y que no terminan dañando demasiado al resto. Mocosos que no tienen ganas de estudiar, vagos chupópteros que contaminan las clases y que se dejan llevar por el revoloteo de una mosca. Pero tan sólo es aspecto, como una máscara para ocultar lo que realmente somos. La mayoría de chicos así eran algo violentos, pero tenían buena masa. Así nos definieron y así quedaron pasados los años como el típico niño rebelde sin causa, o el bueno para nada. Sin embargo, tras mi pose existía un verdadero criminal. Si bien yo estudiaba, sacaba buenas notas y me esforzaba. Quería un futuro lejos de la prisión de golpes, gritos y silencios en la que vivía. Todo lo hacía para alejarme de mi padre y alargada sombra. Uno de los peores días de mi juventud creo que fue cuando me atraparon, por ser el hijo de quien era no me amonestaron pero me apalearon a petición de mi padre.

Aún recuerdo mis huesos romperse bajo sus porras, los aullidos de dolor y mi respiración entrecortada. Me rompieron dos costillas, un brazo y el labio. Uno de mis ojos quedó amoratado, pero por fortuna no tuve problemas de visión. Estuve días sin poder moverme, ni siquiera respirar con facilidad. Casi me perforan un pulmón.

Esos policías si no están jubilados estarán muertos. Ellos me causaron una fobia terrible, si bien otros me demostraron que podía ser más que agentes obesos por la corrupción y ser buenos hombres en busca de un ideal muy noble. Fueron algunos agentes de la ciudad, personas que no se achantaban y que acusaron a sus antiguos compañeros de deshonrarlos. Muy leales a la verdad y para nada codiciosos. Algunos de ellos tuvieron su recompensa siendo ascendidos, intentaban limpiar los años de corrupción que seguía corrompiendo al cuerpo.

El caso de Kamijo fue casi por imposición y liberación de su lado oculto, algo para poder seguir respirando y estar centrado. Él no hacía actos demasiado grotescos, su parte era más bien de coordinar las misiones y poco más. Quién era realmente un asesino se llamaba Yoshiki, amigo íntimo de él y que en parte todo lo hacía para seguir vivo. Cuando uno termina en el lado oscuro no lo hace a propósito, sino porque la marea lo escupe a la isla de la locura y la desesperación. Yo estaba relacionado con ellos, pero no pensaba que fuera por ello la petición de Paulo.

Mientras conducía iba más pendiente en mis historias, en todo lo que fuera a ocurrir y en mis reacciones. Si bien, tuve que volver a la realidad tras un volantazo brusco que casi me hace tragarme a un trailer. Mi corazón se aceleró, pero intenté relajarme y dejar de meditar. Lo que fuera a ocurrir sucedería, no había vuelta atrás. Uno no podía huir de sus problemas, ni de lo que estaba ya en nuestras vidas.

domingo 1 de noviembre de 2009

Dark City - capitulo 11 - Nuevos Aires (XXV)

Esta edición me gusta por el simbolismo.


Debía cuidarlo más que nunca, estar a su lado y hacer que se recuperara lo antes posible. Quería casarme de nuevo con él, hacer pequeños viajes con nuestro hijo y terminar mis días a su lado. Eso es lo que debía hacer, pero bien sabía yo que siempre terminaba destrozándolo todo.

No tardó demasiado en quedar dormido, así que yo me dediqué a cuidar al pequeño. Tomé a Jun en brazos, ya que estaba despierto, y me di un baño con él. Él jugaba tranquilo con aquel pato de goma, parecía enloquecerle cualquier cosa con colores chillones y ruido. Días atrás tuve que comprarle una guitarra de juguete, intentaba imitar los movimientos de un cantante de rock en la televisión. Vivir su infancia como la de Hizaki era un deleite. Descubría gestos de él que días atrás no hacía, cosas que captaba de los dibujos o cuentos de trapo que tenía. Era un niño feliz, eso decía el pediatra. Un niño que no quería que creciera, deseaba verlo como un bebé eterno y que dependiera de mí viéndome como un héroe.

Tras el baño fuimos a su dormitorio. Dejaba que él escogiera su ropa, sus complementos y cualquier cosa que quisiera ponerse. Le mostraba la ropa y se la ponía ante él en su pequeño espejo. Era coqueto, eso lo había tomado de mi pareja y de Jasmine. Claro, que pensándolo bien todos lo consentían y aplaudían su carácter. Lo abrigué un poco cuando terminó de elegir. El gato apareció en la habitación maullando, observándonos fijamente. Siempre le huía, temía sus jalones y abrazos excesivamente efusivos.

-¡Ato!-gritó tambaleándose e intentando correr tras él, pero terminó gateando y yo tomándolo en brazos.

Salimos al jardín, decidí que debía de darle un poco el sol. Era media tarde, no hacía frío, y caminé con él adentrándome por la gran extensión de terreno que poseíamos. Preguntaba por todo, señalaba cualquier brillo que veía en la lejanía. Me sentía muy orgulloso de él, y sé que Hero también lo estaría.

-Atsushi.-escuché la voz de mi pareja mientras caminaba hacia nosotros. Estaba en bata, con el cabello revuelto y una leve sonrisa dibujada en sus labios.

-¡Mami!-gritó estirando sus brazos. A pesar de esa forma de llamarle Phoenix no podía evitar abrazarlo y besarlo. Cuando creciera se daría cuenta que era algo distinto a los demás, que tenía dos padres y no había más.

-A ver cuando le enseñas a decirme papi, me chirrían los oídos cuando escucho su mami.-dijo antes de besar sus manos y sonreír al ver como jugueteaba con el colgante que le había regalado hacía tiempo.

-Cuando crezca un poco más se dará cuenta que ni tienes pechos ni eres una mujer, simplemente son cosas que él ve y que piensa que es así. No puedo ponerme a debatir con él científicamente porqué no eres mami, sino papi. Es un niño Phoenix, no intentes encontrar en él que razone.-caminé junto a ellos entrando en la casa.

Hubiera pagado todo lo que poseía en ese instante por congelar el tiempo. Quería mantener esa paz, deseaba poder deleitarme con todo lo que tenía. La charla con Kamijo y el descubrimiento de que sanaba era demasiado importante, tanto como para seguir pensando que la vida es maravillosa como hacen los niños.

En la comida empezamos a discutir sobre quién invitar a la boda, sobre las invitaciones. Había aceptado la presencia de Taylor, también él aceptó mi petición de no ser más de veinte personas en el evento. Así que mientras Jun jugaba con guitarra a ser un gran rock star, nosotros nos dedicábamos a escribir las invitaciones. No gastaríamos dinero en trajes, iríamos formalmente vestidos como cualquier día de salida normal, y tampoco en postres o cenas. Tan sólo sería una reunión de amigos, aunque amigo no era ni por asomo ese maldito mafioso, y nada más.

Cuando cayó la noche llamé a Hizaki, quería saber como estaba él y como estaba el pequeño. Yue me preocupaba, temía que apareciera de la nada y les dañara. También, por supuesto, me preocupaba por Olivier. Era un jovencito agradable, frágil y sin duda con mucho talento. Meses atrás nos invitó a un evento, su colección inspirada en mi hijo, y me demostró porqué su nombre resonaba con fuerza en las pasarelas. Mi hijo me tranquilizó cuando dijo que tenían sistema de alarma, también que Kamijo se había encargado de lo demás. Lo demás eran matones de los suyos apostados en toda la calle, tan sólo un par más de lo que usualmente tenía mi hijo. Ya habían difundido su fotografía, no era sólo del amiguito de Megumi de quien tenían que encargarse.

Me fui tranquilo a la cama. Aunque los sueños fueron extraños. Mi hijo tenía sueños premonitorios, pero yo no poseía de esa capacidad. Mi madre poseía también de esa cualidad. Si bien, quizás debía tener en cuenta ese sueño como un aviso. Phoenix me abandonaba tras un fugaz encuentro con Yutaka, mis esfuerzos en conquistarlo para llamar su atención me hacía perderlo todo. No sólo me daba la espalda mi pareja, también mis hijos, Clarissa por supuesto y todo el mundo. Quedaba solo, moría solo.

Venidos los Arcángeles

Venidos de la nada

arcángeles del Apocalipsis

sin caballos, sólo con espadas

que cortan el aire en forma de elipsis

vuelve el miedo

el pánico a tus piernas

el clamoroso ruego

la luz de una simple linterna

la ciudad a oscuras

el corazón palpitando en las sienes

te duele la cabeza y notas las ataduras

te han encadenado y no puedes moverte

una y otra vez lo intentas sin suerte

mueres como una puta

desnudo ante todos

clavado en una estaca de cualquier modo

los arcángeles del fuego han llegado

han venido y no son de tu agrado

al ser humano han aniquilado

no es falso, es una profecía

vendrán y no importa si es noche o día

ellos todo lo que tocan lo vuelven tinieblas

envejecen a la primavera

enclaustran al invierno

y socorren a tu aterrado fuero interno

incrementándolos hasta llegar al infierno


AWR

Silencio

silencio... ha muerto el día y la noche toma el poder. Aniquila cada luz, aterra a los niños confusos y alienta a los amantes. Palpa en las calles la huella que deja el sereno, el vacío de su eco y el deseo de las farolas en apropiarse de su terreno. Meros destellos lunares, reflejo quizás de un sol que aún no está yerto... o que Apolo no escondió bien en los confines donde aún late, palpita, su núcleo. Fnatasía sinsentido que da razón quizás a las horas vacías de un triste final.