Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 30 de julio de 2014

El demonio del violín

Este texto de Nicolas dice que se lo dedica a su musa, esa que viene y le susurra todo lo que debe sentir. Aunque yo digo que es un golpe magistral al demonio y un regalo a la vez. No sé, no sé. ¿Por qué a mí nunca me escribió algo así?

Lestat de Lioncourt 


La chispa de la vida surgió, la magia nació y la vida floreció a mis pies. El mundo se iluminó como si fuera un fósforo encendido en medio de la oscuridad. Las formas tomaron color, el alma vibró y se convirtió en violín, mi corazón se convirtió en válvula de pasión y mis dedos recorrían cada cuerda como si le hiciera el amor. ¿Y no es hacer el amor tocar un instrumento? ¿No es crear nuevos mundos con cada nota? Toca la melodía adecuada y abrirás mentes, las cuales pueden haber sido encerradas en gloriosas prisiones de piel y hueso.

Mírame soy un poderoso demonio encerrado en una caja musical, la cual ya has abierto como si fuera la caja de Pandora. Admira mi poderosa magia que despierta lo dormido, agita lo despierto y ofrece la sensación de lluvia en pleno desierto. Siente los infiernos encendiendo tu vibrante deseo. Has conjurado a las brujas en el círculo, ¿no lo ves? Ellas están aquí abriendo amorosamente tus brazos, alzando sus faldas y mostrando sus largas piernas lechosas para iniciar la danza. ¡Qué hermosos cabellos rojos y dorados! Ellas son la ilusión más hermosa que el mundo ha creado, hadas humanas con sonrisa de sirena. Danza en el círculo y alegra tu alma sin pensar en el mañana. ¡Hoy es hoy!

¿Has sentido la pasión arder en ti? Es la locura más deliciosa y placentera, te hace mover las caderas y buscas entre las partituras, convertidas en húmedas sábanas, el orgasmo final. Ven conmigo, me verás hacer el amor a tu alma. ¿No me crees? Ven conmigo, serás mi bruja en el círculo y te convertirás en doncella cuando acabe la noche. Quizás no exista zapatos de cristal, ni reloj que marque la media noche, manzana en tus labios o canciones en tu nombre... pero siempre estará el demonio observándote con una sonrisa de placer, los ojos en llamas y las manos sobre el violín esperando tocar una melodía con tu nombre.


¡Alza el telón! Agita las cuerdas y poleas, por favor. ¡Alza el telón! Quiero que vean el escenario de éste mundo tal cual es, con su polvo y su atrezo, sus piratas y fantasmas... Permite que las emociones te bañen y secuestren tu aliento. Pero por favor, llora y ríe a la vez. Quiero verte en el círculo de las brujas, olvida el hollín y ensalza la belleza de las encinas. ¡No derrames lágrimas! Hazlo en honor a ellas, al fuego y a la libertad. Si no bailas la muerte llegará antes, sin emoción ni alegría. Demuestra que has vivido y no eres marioneta... demuestra que amas y que puedes elegir ser poeta, genio o mendigo con buenas ropas.  

La puerta vuelve a tener cerradura

En estas memorias, narradas por Michael, queda claro que las cosas están cambiando y saliéndose de todo pronóstico. Todos tenemos miedo, estamos aterrados por lo que pueda ocurrir, pues con Lasher todo es posible. 

Lestat de Lioncourt

El día se había convertido en una tortura. Rowan había regresado a su estado primigenio. Los pactos con el diablo cada vez eran más extraños. Ella había rejuvenecido. Parecía la joven firme y de ojos tristes que tanto conocía. Sus mejillas estaban llenas, sus labios se veían tan carnosos que parecían haber aumentado de tamaño y sus manos tenían la textura cálida que una vez poseyeron. Quería gritar. Sabía que quería gritar. Sin embargo, se incorporó en la cama y empezó a llorar en silencio. Varias lágrimas caían por sus mejillas, deslizándose hasta su cuello y perdiéndose cerca de sus clavículas. Su pequeño camisón rosa pastel parecía más pálido, pues su piel había tomado un color natural que parecía rebosar vida.

—Lo hizo, lo hizo... —murmuró aterrada.

No podía hacer nada. No tenía poder para invertir aquel proceso. Sólo había sido un espectador más ante lo que estaba sucediendo. Lestat había provocado que ella fuese inmortal, pues había pedido a David que la creara como su compañera, sin embargo, los poderes oscuros de Julien, y su nuevo aliado, habían barajado de nuevo y sacado la carta más alta. Él había ganado.

—Rowan, tal vez Mona también...—dije intentando calmarla.

—No, ella no. Ella no es necesaria, pero yo sí—tembló de pies a cabeza y se aferró a las sábanas como si fueran un escudo—. No es su hijo, el asesino y violador, que camina suelto por el mundo. ¡Julien se ha vuelto loco!

El hombre que yo había conocido, o al menos el fantasma que bien conocíamos, no era más que una elegante leyenda que habíamos tenido la dicha de tener de nuestro lado. Él había ayudado a terminar con Lasher y su reino de terror, pero al parecer el poder lo estaba nublando y consumiendo. Había vuelto a la vida y quizás pensaba que tenía poder sobre ella.

Los cimientos de First Sreet estaban temblando, pero no era precisamente los de nuestro hogar. La paz que se respiraba en el jardín no era más que un paisaje bucólico, demasiado romántico y típico de una postal. Debajo del árbol ya sólo quedaban recuerdos, tierra removida y raíces. El dondiego exhalaba su aroma junto a los jazmines y las rosas, las cuales no lucían tan magníficas desde hacía algunas semanas. El tórrido verano había llegado con las típicas lloviznas, las mañanas de sol y las noches agobiantes. Ella había regresado a esa prisión perfecta de cuadros siniestros, encantadora escalera y numerosas habitaciones llenas secretos. El jardín, la entrada y cualquier lugar que ella pudiese ver, palpar o pisar era sin duda las puertas del infierno.

—Volverás a ser la heredera, eso me dijo—murmuró echándose a llorar—. Y tu hija será la sucesora, no hay más que hablar...—su labio inferior temblaba y su cabello caía sobre sus hombros. Había dejado su melena crecer, la hacía parecer una musa de Botticelli o Caravagio. Era sin duda hermosa, pero también era siniestro lo que nos estaba pasando.

—Puedo ver—expresé provocando que su rostro se sumiera en pánico, un pánico aún más terrible que el anterior—, pues las visiones han regresado.

—¿Qué?—dijo llevándose la mano derecha a la boca—. No... —con la otra se aferraba a las sábanas y su camisón—. Michael...

Sus ojos parecían desorbitados, como si alguien hubiese desencajado su rostro y formado una pieza de rompecabezas atroz. Casi se dispuso a chillar. Sabía que estaba pasando por su mente con tan sólo verla. Temía a Lasher. Si Lasher la encontraba, cosa que haría, la destrozaría. Tenía pánico y era normal que estuviese en ese estado.

Me senté en la cama, sintiendo como el colchón se hundía bajo mi peso y la sábana quedaba arrugada. Mis manos, algo ásperas, rozaron sus húmedas mejillas mientras pensaba en como hacer que todo pasase. Empecé a ver visiones, pues había olvidado por unos breves segundos mi tragedia. Pude verla a ella y a Lasher, su sufrimiento, las ataduras, los gritos, el peso de la pala en sus manos, el precio que tuvo que pagar por un poco de paz, los ojos desencajados de Mona, los besos de Lestat y las promesas que todos le habíamos hecho. Al apartar mi mano, como si su sólo contacto me hubiese quemado, la miré a los ojos deseando no llorar. Contemplarla con aquella expresión tan terrible me alteraba.

—Desean que abra de nuevo las piernas para que los monstruos pueblen la tierra, esa tierra fértil que es el paraíso que germinó para nosotros. Necesitan que muerda la manzana y beba la leche del cuerno de la amargura. Quieren que plante en mí la semilla, la alimente y la ofrezca como si fuera un ritual de sacrificio. He visto lo que ocurrirá sin necesidad de tu don, sólo sé que pasará—murmuró recostándose en la cama nuevamente—. Yo moriré pronto—dijo con la voz ronca y algo alterada, pero su aspecto era el de una estatua. Se había tumbado de lado, con el rostro hacia la ventana, y permitía que la luz le diera en las mejillas dándole algo más de color—. Estás casado con una difunta.

—Juro por mi amor que no pasará—dije apartándome de ella, pues temía tocarla de nuevo y desencadenar todos esos recuerdos. Sentía que me electrocutaban y prácticamente paralizaban.

Durante todo el día se mantuvo en silencio, esquivando mis miradas y obviando mis detalles. No quiso tomar alimento alguno. Sólo bebió agua para calmar la sed que sentía debido a la pegajosa humedad, un calor insufrible, típico de New Orleans. Su frente sudorosa quedó colmada de mechones pegados, igual que su cuello y parte de su escote. Sudaba como si tuviese fiebre, pero no era así. Sólo era el calor insoportable que la agobiaba aún más, como si Lasher no fuese suficiente.

La noche cayó. Pensé en llamar a Lestat para que acudiese, pero no fue necesario. Él apareció vestido de manera informal, con unos jeans desgastados y unos zapatos cómodos. Llevaba una camisa fresca, de lino, de color turquesa que pronto se vio empapada con las lágrimas y el sudor de Rowan. Nada más hacia el interior de la habitación, donde ella descansaba en silencio, rompió a llorar y ella lo observó completamente desquiciada. Corrió a sus brazos y él la rodeó. No hicieron falta palabras. Él comprendía todo. Había comprendido los planes de Julien desde el principio, mucho mejor que nosotros dos.

—La quiere a ella—dijo tomándola del rostro—. Amor mío, ¿por qué? Te di la vida eterna, ¿quién te arrebató ese poder?—preguntó con el ceño fruncido, provocando que sus delgadas cejas doradas se juntaran, mientras sus ojos escarbaban en el alma de mi mujer. Podía ver como él no tenía reparos ni tapujos en bucear en aquel mar infestado de tiburones con el aspecto de demonios, o mejor dicho Lasher—. Tan hermosa y fresca... —susurró tomándola entre sus brazos como si no pesara nada. Los pies de Rowan quedaron en el aire al igual que su cabeza, pero rápidamente la apoyó en su hombro y éste decidió besar su frente como respuesta a ese gesto tan íntimo—. Nunca la he visto tan...

—Joven—terminé su frase y suspiré.

—¿Así era?—dijo conmovido—. Parece casi una niña—susurró con la voz rota—, una niña que pide que su padre la tome entre sus brazos y la consuele.

Ella rompió a llorar en silencio, dejando su cuerpo a merced de las caricias de aquel vampiro que tanto adoraba. Se sentó en la cama y yo hice lo mismo. Los dos estábamos sentados, en los pies de la cama, con ella en sus brazos y toda la noche para pensar una solución. Sin embargo, él pensó rápido y disparó sus palabras como si fueran balas de cañón.


—Durante la noche yo la vigilaré, pero durante el día lo harás tú y varios escoltas—comentó mirando al frente, luego a ella y después a mí—. Eso haremos.

—¿Y podrá evitarse?—pregunté—. Dime.

—Julien es caprichoso, pero quizás puedo hablar con el demonio...

Sabía que en parte era su culpa. No atendió al demonio en su momento, lo persiguió como si fuera un ratón asustado y finalmente cuando pudo huir todo quedó destrozado. Memnoch estaba resucitando muertos, provocando que viejas leyendas se convirtieran en realidad y se sintieran seducidas por el poder hasta límites insospechados, llevando a mujeres a la locura y vidas al desastre. Lestat sólo había querido huir, pero quizás era tiempo que dejase de hacerlo y él me lo hizo saber con una sola mirada.

Aquella noche nos recostamos los tres en la cama. Mis manos terminaron cubiertas con guantes de cuero, como al principio de nuestra relación, y las de Lestat comenzaron a dejar caricias sobre su cuerpo, pero también sobre el mío. Quería calmarnos, como si fuese un hechicero o nosotros simples niños, pero era imposible. El peligro era inminente. Rowan se aferró a él, pero tiró de uno de mis brazos para que la rodeara por la espalda. Deseaba, quizás, sentirse protegida más que nunca.


—Nacerá un noveno demonio, con los cabellos dorados quizás, y la mirada turbia llena de dolor. Nacerá—murmuró completamente ronca antes de cerrar los ojos para intentar dormir. Lestat y yo nos miramos y luego la miramos a ella. Si aquello era una premonición la evitaríamos.  

martes, 29 de julio de 2014

El huésped

El huésped es una historia por entregas que nos dejará David Talbot en las próximas noches. ¿Quieren saber la verdad que hay en los sueños?

Lestat de Lioncourt


Aquella caja contenía varias libretas, algunas con la encuadernación completamente destrozada y varias hojas sueltas. En el interior de cada una existía una correlación de historias, hechos ocurridos a lo largo del tiempo durante siglos, que implicaban a la humanidad en un vínculo poco usual. Conocía bien el origen de cada historia, la fecha en la cual fueron escritas y por supuesto los garabatos de los diversos bocetos llenos de detalles inusuales. Era una locura tras otra, pero una locura real. La persona que lo escribió la tacharon de loco, sobre todo porque muchos de los hechos que describían sucederían décadas después y algunos aún no habían ocurrido. Se suponía que los fantasmas no pueden saber hechos futuros, sólo el pasado y el presente que han estado viviendo. Sin embargo, él conversaba con espectros que acudían en él en busca de auxilio. Sí, él conocía al pobre infeliz que tenía la desgracia de tener tan maravilloso, y peligroso, don.

El nombre del joven era Jerónimo Snow. Snow era un chico delgado, de ojos hundidos debido a las ojeras que siempre tenía, de piel alarmantemente pálida, labios carnosos y rosados, manos delicadas y que veía habitualmente ropa oscura. Siempre parecía estar de luto. Sus cabellos negros, largos y sedosos caían en cascadas onduladas contra sus pómulos marcados, su largo cuello y sus hombros hasta prácticamente su cintura. Solían burlarse de él continuamente, pero hacía oídos sordos a cada crítica y juicio precipitado. Habitualmente se sentaba frente a su escritorio, tomaba una de sus libretas y narraba sus sueños. No podía dormir tranquilo. Cuando cerraba los ojos vivía otras vidas, veía otros mundos y saboreaba cada instante como si fuese el último. Se podía decir que su mirada era sabia y vieja debido a todo lo que había sucedido en su día a día. Y a pesar de amar soñar, como era de esperarse para cualquiera que tuviese sueños tan extraordinarios, no descansaba. Al despertar se sentía agotado y parecía desganado. Sin embargo, también tenía un apetito voraz y una sed imperiosa.

Talbot había investigado durante décadas su caso. Cuando se conocieron en persona el muchacho tenía casi treinta años y en veinte años no había dado con la solución. Ya no era un joven, sino un hombre adulto. No le asustaban los monstruos de los cuales podía hablar, ni del desarrollo de los hechos en su vida en cada sueño, pero sí le inquietaban los fantasmas que se aparecían frente a frente.

»—Todo ocurrió cuando contaba con nueve años. Una noche me desperté y observé por la ventana. El cielo parecía más oscuro y perverso que en otras ocasiones, las ramas de los árboles se agitaban y la tormenta estaba a punto de descargar toda su furia. Había relámpagos y truenos, los cuales me hacían temblar, y un silbido debido a la ventisca. Hacía frío y tenía las manos heladas. Casi no sentía los dedos o la punta de la nariz, pues la temperatura había descendido de forma drástica—dijo todo aquello sin pestañear. Su voz era dulce, casi aterciopelada, y tenía un punto femenino que le hacía parecer un ángel. Sí, sin duda parecía un ángel atormentado con las imágenes que Dios le lanzaba. Sin embargo, él se veía a sí mismo como un demonio castigado por Dios. Era un hecho que creía que aquello ocurría porque era malo, pero aún así los sueños eran perfectos.«

David escuchaba siempre sus historias mediante el teléfono, cartas y documentación que enviaba a la Casa Matriz de Londres. El joven era escocés, casi no había salido del pequeño pueblo donde había crecido y no tenía demasiada relación con el mundo. Vivía por y para los sueños.

»—A veces, deseo ser normal, pero luego pienso que entonces sería como todos y eso me asusta—confesó una vez.«

La última vez que se vieron frente a frente David ya era un anciano. No tenía soluciones para él, ni siquiera sabía si las hallaría. Después de todo lo ocurrido con Lestat abandonó todo, pero siguió investigando otros hechos. Snow quedó olvidado. Sin embargo, esa noche tenía frente a él las libretas que le enviaba y algunas más, las que consiguió hacía unas semanas. Era increíble, pero aquel hombre había seguido soñando.


Talbot jamás se lo dijo a la Orden, pues sabía como actuarían. Tenía miedo lo que podía ocurrir con él. Era como un fenómeno de feria. Sobre todo, porque cuando lo veías dormir podías comprobar como sus ojos se movían bajo sus párpados y como te miraba aunque no lo hiciese exactamente. Había algo dentro de él, usándolo. Deseaba llegar hasta el fondo del asunto. Era necesario saber qué era, qué quería y a quién asaltaría. Él había muerto, pero había millones de personas que podían ser el nuevo huésped.  

Observó la letra del muchacho, notó como con el paso de los años se veía más degradada y contenía símbolos que sólo había visto en algunos libros en la biblioteca de la orden. Libros prohibidos para novicios, en los cuales se narraban distintas formas de vida que ya no existían y que se habían refugiado en la oscuridad. Eran espectros que buscaban manipular a las personas y absorber su energía, dejarlos débiles, pero aún ni siquiera sabía a ciencia cierta que clase de ser se apoderaba de personas con cierto potencial. Todo era tan confuso como aterrador. 

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt