Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 3 de julio de 2015

No sólo te quiero

Ir a tu despacho y encontrarte a Louis llorando no tiene precio, sobre todo si llora por una carta que está terminando de escribir. Ah... maldito imbécil... 

Lestat de Lioncourt


Aún me pregunto como te puedo querer, pero lo sé cuando las noches se convierten en lágrimas que no se acaban porque tú no estás. Admito que no sé imaginar mi vida sin ti, aunque estemos separados por ofensas y malos entendidos. Sólo puedo decirte que mi vida es tuya y que me he convertido en un mendigo de tus caricias. Quiero estar contigo y al lado de todas tus locuras, pues dais sentido a mi existencia.

Sé que me gusta quejarme por todo y que siempre busco reproches para discutir. Sin embargo, es porque a veces noto que mi existencia se ha convertido en respirar tu fragancia. Odio cuando me marcho porque mi orgullo y mis ofensas son demasiado terribles para mí, aunque cuando doy el portazo deseo que me detengas y me digas que me amo. Aún se me escapa la razón de tantos finales pese a los numerosos inicios llenos de esperanza. Quiero cambiar, pero tú también deberías hacerlo. Deberíamos ser más sinceros y dejarnos de reproches, falsas promesas y estúpidos comportamientos de jóvenes inexpertos en el amor.

Mi corazón es tuyo, al igual que el tuyo es mío. Ésta noche sólo quiero escuchar tus latidos acompañándome. Deseo tus manos acariciando mi cintura y desabrochando los botones de mi camisa. Quiero que me beses como únicamente tú sabes hacerlo. Necesito tu olor pegado a mi ropa y tu piel rozándose con la mía. Necesito que tus ojos me enseñen el castigo de tu pasión. Hoy voy a buscarte de nuevo allá donde estés. No importa que estemos disgustados, divididos y encarcelados en nuestras miserables excusas. Nos gusta maltratarnos imaginando un fin para los dos, pero yo sólo sé imaginarte a mi lado ofreciéndome tu chaqueta, besando mi sien y susurrándome en francés versos sueltos de canciones que tú y yo bien conocemos.

Por favor, príncipe, deseo que te conviertas en mi salvador. Que me salves de nuevo de nuestra discusión. No sé vivir sin ti y tú no sabes vivir sin mí. ¿Tú puedes concebir tu historia sin mí? Yo ni siquiera sé dar un paso sin preguntarme por ti. Detén tus pasos y vuelve a mí. Por favor, te lo ruego. Hazlo por tus sentimientos y por los míos, pues no deben ir a un nuevo funeral con todos los sueños que hemos depositado.


Lestat, yo te amo.   

Se libre

He buscado la única carta que tengo de Nicolas, no de Eleni. Es una carta suya, de su puño y letra, y reza en ella su odio y también su amor. Sólo le decepcioné y eso causó que su corazón se quebrara.

Lestat de Lioncourt


No he olvidado sonreír, sólo he olvidado los motivos por los cuales lo hacía. Soy un demonio que camina entre el bien y el mal, empujando a muchos a decidir por lo más tentador y apetecible. He condenado a muchas almas, he disfrutado de la sangre y todos los secretos crueles que contienen las venas frágiles de mis víctimas. Yo también soy una víctima. Me he convertido en un despreciable ser que trepa por los confines de ésta ciudad, la ciudad donde la revolución truena y el mundo parece crujir a golpe de pólvora, mientras las cabezas ruedan por las plazas. La sangre de los nobles manchan los delicados zapatos de los burgueses. Te recuerdo a ti y deseo que tú ruedes como ellos. No por tu nobleza, sino por lo hipócrita que fuiste durante tantas noches.

Me dijiste que me amabas a mí del mismo modo que amabas las luces diáfanas de las velas, al igual que amabas mi música y te apasionaba la idea del arte y la sátira. Tenías vocación de santo y demonio, comulgabas entre el bien y el mal desde que te conocí, poseías encanto y convicción, además de una luz que aún me ciega y que ya no me ofreces. No sé como debo tratarte. Es más, no sé si deba tratarte. Te has convertido en mi verdugo y aún así sostengo las estúpidas cartas que envías.

Eleni se hace cargo de hacerme llegar cada una de tus líneas. Ella las lee en voz alta con cierta ilusión, pero yo la observo como si no me importaran. Pero me importa. Estás viendo mundo, estás conquistando sueños, sabiduría y una vida que ya no nos pertenece. Somos retorcidos monstruos que reptan por la oscuridad secuestrando sueños, pero tú los haces realidad. Te has convertido en un aventurero, porque ya eras cazador. Ese instinto de sostener la presa, de retorcerle el cuello y dejarla muerta lo conocías bien. Siempre lo has conocido bien. Matabas para sobrevivir y éste no es muy distinto a cazar pobres conejos indefensos. No. Pues incluso los lobos parecían más fieros, terribles y cruentos que tú.

Te odio. Te detesto. Siento asco de haber gemido tu nombre mientras mordía la almohada de aquel tugurio, el mismo nombre que suspiraba acariciando tu torso y que tú repetías como si fuera una burla. Porque te burlabas de mí. Te burlas aún de mí. Yo no te importo lo más mínimo. De haberte importado, maldito malnacido, me habías hecho lo que soy hacía mucho y no me habrías condenado a observar ese espectáculo de huesos, demonios consumidos por las llamas y juicios de palabras profanas. Sabías que yo creía en Dios, pero tú te convertiste en mi ángel. Ahora no eres más que un demonio. Desprecio tu dinero, tus propiedades y todo lo que me ofreces. Pero me quedo con éste lugar porque es el escenario de nuestra derrota, una derrota peor que la que tuvimos frente a la vida. Es la derrota del amor, la amistad y la complicidad. Aquí yacen todos mis sueños, mientras parece que los tuyos volaron contigo.


Si te escribo ésta carta es para despedirme de ti. No envíes más cartas. No quiero saber de ti. No quiero escuchar tus miserables palabras de amor y preocupación. Tú a mí no me quieres. Sólo soy una espina clavada en tu corazón que pronto dejará de hacerte daño. Muérete o deja que yo muera, pero no me condenes a saber que ambos estamos bailando con la doncella sobre la faz de ésta pútrida tierra.  

jueves, 2 de julio de 2015

Llámalo amor

Muchas veces has cuestionado mis sentimientos como si no me importaras. Me has mirado con una rabia ciega digna del peor enemigo. Has escupido veneno por tus carnosos y encantadores labios. Sentí el dolor y la malicia en cada una de tus palabras, igual que una daga atravesando mi corazón y decapitando cada sentimiento bondadoso que he tenido hacia ti. Debería odiarte, despreciarte, y enterrarte finalmente, con todos los honores y horrores, en el olvido. Sin embargo, me sigues esperando y deseando que me arrodille frente a ti, admita mis pecados y acepte la condena de tus ojos tristes.

Sé que no he sido el mejor de los amantes. Juro por éste prometedor futuro, ese que aún es desconocido, excitante y aterrador, que estoy arrepentido de haber dado la callada por respuesta. Mis silencios se convirtieron en el eco de tus lamentables pasos, en fallos condenables y en pecado abrasador que envenenaba cada partícula de tu alma. Te convertiste en rabia y fuego, en lágrimas y condena, mientras creías que no hallarías jamás la paz. Y, sin embargo, yo hallaba la paz en el hogar de tu cuerpo, en esos brazos mucho más delgados que los míos y en ese rostro, que a veces parece de porcelana fina, empapado en lágrimas.

Me preguntas por el amor y si siento algo similar por ti. Algo que sea puro y condenable en el infierno, que pueda alzarse en los cielos y brillar con cada incontable estrella. Para ser sinceros te amo demasiado. Eres la prueba irrefutable que hay amores incomprensibles, incontenibles, inconcebibles y defectuosos. Sí, estamos defectuosos porque no sabemos mantenernos el uno con el otro, no nos saciamos y nos condenamos a despreciarnos durante algunas noches. ¡Pero, ah! Luego viene el arrepentimiento amargo y terrible, ese que te deja sin descansar durante las mañanas y te hace caminar despacio, arrastrando las suelas de las botas, nada más caer el sol.

No sé imaginar un mundo sin ti. Te has convertido en el bombeo continuo de mi corazón. Jamás sabría expresar con exactitud aquello que alimenta mi vida, pues soy incapaz de olvidarme de ti ni un solo segundo. Ambiciono cada minuto, codicio cada segundo y añoro los momentos que no pasamos juntos. He imaginado miles de sonrisas diáfanas, caricias intensas, besos inquietos y el cortejo de un digno caballero al hombre que ama. Pero soy incapaz de confesarme abiertamente usando todas estas palabras, pues pueden sonar a simple estratagema. Soy un cobarde quizás, pero frente a tus ojos no sé decir más que te amo. Un simple te amo. Un te amo que usan demasiado los poetas y escritores más variopintos, también los jóvenes que sin saber su valor o significado real lo ofrecen como quien regala unos céntimos de limosna a un pobre.

El amor, Louis, no se puede explicar. El amor se debe sentir. Y yo lo siento con todo mi ser. Tú y yo lo sentimos cada noche, aunque estemos separados. Cuando estamos juntos noto que el mundo deja de tener el mismo sentido, comienza a ser una paradoja y los fuegos artificiales estallan en mi cabeza. Hay algo que me impulsa a besarte, tocar tus mejillas como si fueras una obra de arte y destrozar tu camisa para deslizar mi húmeda lengua por tus rosados pezones. Muchas veces te he dejado desnudo, como la Venus salida de las aguas, permitiendo que me excitara como ahora mismo lo estoy haciendo de tan sólo recordarlo. Si quieres saber que es el amor y la pasión sólo tienes que mirarme a los ojos, buscar mi boca y dejar que te pegue a la pared, desnude tu cuerpo y te haga mío una vez más. Mi sangre será tu sangre, tu sangre será mi sangre, y nos convertiremos en una amalgama de caricias tórridas, palabras impronunciables y exceso. Deseas saber si me comprometo a permanecer a tu lado, siendo algo más que el príncipe que todos contemplan y señalan como si fuese un Dios griego, cuando sólo tienes que desnudarte recostándote en la blanca espuma de mis sábanas de seda.


Quiero ser tu demonio y que tú te conviertas en mi ángel. Deseo que seas la sangre que haga bombear mi corazón. Necesito el veneno de tus ojos verdes cargados desesperanza, necedad y locura. Tus manos me quemarán como nunca lo han hecho y yo te marcaré como jamás lo he intentado. Por favor, ven a mí.

Lestat de Lioncourt   

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt