lunes, 20 de mayo de 2013
Discusiones de hermanos
-Mi Jardín Salvaje, mi vida y obra-
dijo con una leve sonrisa sentado en el diván de una de las
numerosas salas. Estaba a solas contemplando las molduras y las
numerosas estanterías llenas de recuerdos.
El olor infantil viajaba por las
estancias cercanas, pues la habitación de sus hijos no estaba lejos,
y Louis tarareaba una canción que él desconocía pero que tenía
una melodía encantadora. Las cunas se mecían suavemente y creaban
un sonido único en la mansión, el cual escuchaba con detenimiento.
Abajo, en el gran salón, estaban la
mayoría de los que apreciaba y muchos de ellos observaban como
Armand estaba inmerso en silencio observando como se entretenían e
intentando hallar como conseguir que su experimento saliese adelante.
Marius discutía, sin duda, con Mael, como no, mientras Avicus y
Pandora habían decidido bailar mientras Gabrielle observaba un nuevo
mapa ¿dónde iría? Todos tenían sus preocupaciones creando un
microclima agradable. Las voces de los humanos, tan chillonas en
ocasiones, esa noche eran muy lineales y sus risas refrescantes, sin
duda.
-¿Crees que podríamos viajar en éstos
días?-preguntó Quinn con gesto dolido-. No soporto mucho estar por
aquí.
-No, aún no- respondió con simpleza-.
¿Ya te quieres ir? Sólo hace unos días que fuimos unas horas a New
York para que cumplieses el capricho de caminar por sus calles.
-No sé- dijo encogiéndose de hombros-
Me gustaría ir a Las Vegas. Una vez fuiste, recuerdo como me
contaste las semanas eternas de juerga donde dejaste de ser tú para
ser alguien diferente. Una noche continua llena de licor, sangre,
chicas atractivas y campanillas.
-No, no- negó entre carcajadas- Ahora
no puedo hacer eso, Louis me aniquilaría y se marcharía con los
niños- comentó- Además, Rowan me necesita más que nunca.
-¿Y si salimos?-preguntó ansioso.
-Saldremos entonces, quizás en el
Santuario esté Petronia y pueda hablar con ella- un gesto molesto
cruzó el rostro de Quinn.
-Oh, vamos hermanito- dijo con soltura
echándose a reír- Es divertido como os peláis igual que niños
pequeños.
-Se nota que es a ti a quien no golpea.
Las carcajadas de Lestat eran terribles
y se alzaban por toda la sala prendiendo la tranquilidad aparente.
Tarquin estaba sentado en un sofá de piel con un libro sobre sus
muslos y una expresión apática. Realmente no comprendía como podía
saborear su frustración, realmente no lo comprendía.
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domingo, 19 de mayo de 2013
Sucesos en el metro
Hay noches en las cuales no puedo
dormir y suelo ir a Londres. El metro cerrado, a altas horas de la
madrugada, sin nadie en los andenes salvo los guardias de seguridad y
las cámaras que vigilan incesantemente las fantasmagóricas bancas
de hierro que esperan imperturbables el incesante ir y venir de los
pasajeros. Como dije una vez, no hace mucho, en el metro se hallan
las historias de terror que provocan escalofríos en los habitantes
de las grandes ciudades.
Hace unos años, después de ser
convertido en vampiro, pensé que no podría sentir nuevamente la
presencia de un ser de otro plano. Los fantasmas están en otro
plano, en ocasiones sólo son ecos y en la mayoría de las veces
poseen aún memoria. Las almas encadenadas a éste mundo siempre
aparecen a los que tenemos un don especial desde nuestro nacimiento.
Éstas historias suelen llamarse
“Misterios de Subsuelo” o “Puerta del Subsuelo”. El terror en
las vías siempre han existido, desde su nacimiento. Se han
encontrado en estaciones abandonadas ciertas leyendas, también
esqueletos en su restauración o movimientos extraños de sombras que
nunca se alcanzan a ver en su totalidad.
Tengo en mi poder un expediente sobre
un asesinato en el metro. Un joven subió en unas de las numerosas
estaciones de Londres. Iba de camino a casa tras estudiar arduamente
en la biblioteca de la universidad. La música le impidió escuchar
como se montaban nuevos ocupantes en el vagón. Allí sólo estaba él
y tres individuos. Uno de ellos, el más pálido, parecía observarle
minuciosamente sin apartar sus enormes ojos oscuros de él. El chico
se sintió incómodo y decidió mirar hacia otro lado. Minutos más
tarde otro hombre subió y le pidió que le acompañara fuera, en la
próxima parada. Allí mismo, de forma fría y concisa, le explicó
que había un muerto en el vagón. Ésta historia urbana no es una
leyenda, sino completamente real. Sin embargo, lo han situado en
numerosos países y sus distintas grandes ciudades.
El metro, ese lugar de pasadizos y
raíles que conducen hacia otra realidad. La ficción siempre se ve
superada ¿no creen?
Soporte a D. Talbot del Jardín Salvaje
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Una disculpa
No te olvido ni quiero hacerlo. Jamás
intenté abandonarte, no fue ese mi deseo. Si embargo, después de
tantos siglos juntos pensé que necesitabas tu tiempo y yo el mío.
Unos días que se convirtieron en semanas y éstas en meses. Pero al
fin regresé con deseos renovados de mantenerte entre mis brazos
firmemente. Quiero pasar noches junto a ti, observando tu alargada
sombra en el taller mientras elaboras un nuevo y mágico camafeo. ¿Te
has preguntado porque te quiero a mi lado?
Te quiero porque tus dedos en
movimiento parecen plumas de un ave multicolor. Te amo porque tus
ojos son salvajes, tan fieros como los animales que una vez
combatiste en la arena, y tus labios son crueles pero tienen un toque
dulce que ocultas para que nadie te dañe. Tus lágrimas son el rocío
de rubí que mancha nuestra cama. Te he visto llorar desde que te
encontré aquel día. Te veías indefensa con aquel traje escueto y
tus tobillos estaban heridos por las cadenas.
Quise tocarte como lo hacían otros
hombres, no lo niego, pero preferí acurrucarte contra mi pecho
dejando que lloraras. Aquellas lágrimas eran un rocío salado que
empapaba mi túnica. Tan pequeña, débil y torturada. No querías
llorar, pero te derrumbaste al comprobar que no te haría daño. Creo
que fue la única vez que te mostraste al natural, después pusiste
tu muro y lo hiciste crecer para mí y para todos. A pesar de eso
querías ayudar, pero nadie te escuchaba.
Siempre fuiste una mujer a mis ojos,
jamás un hombre aunque estuvieses dotada con ambos sexos. Nunca te
he menospreciado como varón, pero para mí eras tan hermosa como
Afrodita y podía caer rendido a tus pies con sólo una de sus
carcajadas. Sin embargo, jamás lo has visto. Lo único que ves es a
tu maestro, el hombre que te salvó al cual estás agradecida, y
últimamente al mismo que te abandonó para poner en claro su mente y
no su corazón. Pensé que así serías más libre, dejarías de
reprocharme que soy tu esclava porque te compré y te hice para mí.
Petronia lo siento, lo siento mucho.
Personaje Arion
Perteneciente al usuario de Arion en el Jardín Salvaje
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