Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 24 de mayo de 2017

Poema III

Lasher nos dejó este poema.

Lestat de Lioncourt


Abre, soy el demonio.
Deja que meza tu alma.
Susurraré en tu cuello,
lameré tus heridas
y consolaré tus recuerdos.

Los remordimientos dormirán,
el dolor no te dominará
y volverás a ser inocente.
De nuevo te amarán.
Yo lo haré, yo lo haré.

Alza tus manos hacia mí
y sonríe indolente.
Estoy aquí para servirte
y para hacerte fuerte.
Serás mi rosa de abril.

Amor mío, bruja mía.
Retuerce tu cuerpo
y abre el nido de tus piernas.
Seré oportuna golondrina llamando
a tus empañados vidrios rotos.

Abre, soy el Impulsor.
El hombre de tu cama
y el galán de tu jardín.
Besaré tus viejas cicatrices

y consolaré a tu cordura.

martes, 23 de mayo de 2017

Discusiones

Louis y Gabrielle discutiendo... Esto no es bueno... 

Lestat de Lioncourt

—¿Alguna vez ha pensado que Lestat sólo intenta llamar poderosamente su atención?

Su voz me hizo dar un pequeño respingo. Estaba demasiado ensimismado en mi lectura. Había encontrado algunos libros interesantes en la biblioteca de la fortaleza. Lestat había reconstruido el viejo castillo que había pertenecido a su familia. Creía estar solo aguardando su regreso, pero Gabrielle me sorprendió. Ella no solía visitarnos debido al emplazamiento del nuevo hogar que ambos poseíamos. Él quería estar en sus raíces y yo me hallaba muy cerca de las mías, pues nací en París y en París tenía un coqueto apartamento obsequiado por Armand.

—¿La mía?—pregunté bajando el libro y cerrándolo para dejarlo a un lado sobre la mesa.

—Es obvio—replicó.

—¿Por qué?—dije tras un largo suspiro.

No solíamos hablar. Era algo extraño que hubiese un diálogo de más de unos minutos entre ambos. Éramos las criaturas más importantes en su vida, aunque no las únicas. Rose, Viktor o David Talbot eran sin duda alguna grandes vínculos tan destacados como ella y yo.

Llevaba el cabello suelto, revuelto, algo encrespado y sucio. La camisa que llevaba estaba mal abrochada y sus pantalones tenían musco en el dobladillo. Las botas eran las típicas que llevaban los amantes del senderismo y la montaña. Sus ojos brillaban como dos esferas de poder y tenían un aspecto mágico. Ante mí tenía una criatura sin género que sonreía de forma burlona al ver que me cuestionaba en ese momento todo. ¿Y lo hacía? Era obvio.

—Admito que tiene un temperamento fuerte y decidido—dijo caminando por la habitación con una elegancia propia de una mujer de otra época, pero pisando tan fuerte como los hombres más rudos y toscos de las viejas tabernas—. Jamás se ha dejado hundir—añadió con confianza en su voz—. Es un hombre que detesta bajar los brazos y creo que eso lo aprendió de mí. Sin embargo, le puedo asegurar que es usted su faro de Alejandría.

—Lestat es un imprudente que busca su propio beneficio, aunque a veces lo hace de forma inconsciente.

—Y el beneficio de los que ama—me dijo tras una risotada. Era cierto. Él buscaba en beneficio de todos y no sólo suyo, pero a veces lo ocultaba intentando que todos pensaran que era un egocéntrico sin remedio.

—Sí, lo sé. Sé que también ha hecho grandes proezas durante estos años para mantenernos unidos. Sin embargo, desapareció...

Había desaparecido durante años; sin embargo, en ciertas ocasiones solía sentirlo cerca del edificio donde residía con Armand. No era siempre, pero tenía la impresión de ser observado en mis salidas al teatro.

—Se sintió culpable, Louis—confesó—. Sintió que no había estado ahí para proteger lo que tanto ama. Es usted su corazón.

Esa palabra. Esa maldita palabra. Ese lugar donde anidaban según los egipcios el verdadero órgano de los pensamientos, el ánfora del alma, y la valentía. El símbolo del amor, de la angustia, de la bravura, del romanticismo y también de la vida misma. El corazón era un músculo cuyo aspecto difería muchísimo del símbolo que muchos ofrecían en San Valentín o cualquier otra fecha. Si bien, era sin duda alguna algo que jamás dejaría de tener presente en mi léxico. Él me dijo que era su corazón y él era el mío. Obvio que éramos el uno para el otro pese a todo.

—Su corazón...

—El día que usted lo comprenda dejará de juzgarlo—murmuró antes de salir de la biblioteca—. Con permiso, tengo cosas importantes que hacer.


Quise decir que lo comprendía, pero que me era difícil aceptarlo. Asumir ese tipo de cosas me traían de cabeza.  

No somos códigos de barras.

No somos códigos de barras



Hace años que no me veía involucrado tanto en redes sociales. Huí como huyen muchos después de darme de bruces con la ceguera de aquellos que se dicen libres, pero tienen demasiados muros llenos de estereotipos basados en una cultura patriarcal, cisgénero y básicamente heterosexual. El machismo es una plaga que a veces parece incubarse en nuestro sistema y luego se expande cual virus hasta deteriorarnos, frustrarnos, violentarnos y humillarnos sin siquiera saberlo. Igual que los cánones de belleza, pues en parte están basados en lo anterior.

No obstante, regresé. El asesino siempre regresa al lugar del crimen, ¿cierto? Me he visto de frente con aquellos que no progresan, que no se culturizan, que no avanzan y que se centran en los mensajes que la sociedad les ofrece constantemente. Mensajes que los fragmentan y convierten en prototipos perfectos de una película de Almodovar. Incluso diría que se transforman en los distintos personajes de “La casa de Bernalda Alba” donde las mujeres están distorsionadas y muestran de forma burlesca los cánones sociales de la época.

Estamos en un mundo demasiado diverso como para catalogar con las premisas de antaño, pero también es estúpido catalogar a otros y etiquetarlos con ciertos “códigos de barras”. Ante todo somos personas, seres vivientes y dolientes, que se impulsan a través de este mundo intentando hallar su “lugar”, su “camino” o simplemente “hogar”. Llamamos hogar a casa cuando nos hallamos en ella con pantuflas, pijama y una taza de café o té. Si bien, hogar también es nuestro cuerpo y nuestras almas son las residentes en este. Nuestro cuerpo es nuestro hogar, templo o simplemente el lugar donde expresarnos con voz, gestos y necesidades.

Muchas veces me han preguntado en qué lugar de “mi transición” estoy o “el cambio” que he hecho. No he cambiado nada, no he transitado. Yo nací siendo hombre aunque mis genitales difieran de los cánones culturales y sociales. La biología no es una ciencia exacta y por ende no puede determinar algo a simple vista. Soy un hombre transexual.

Aquí viene el error que muchos cometemos. Unos transexuales lo hacen al principio de su aceptación, otros continúan así por falta de información y por supuesto están los cisgéneros. El error de creer que la imposición de género socialmente aceptable debe ser usada para enarbolar la bandera y decir lo que somos.

Muchas mujeres transexuales se sienten menos mujeres porque no menstrúan, no tienen pecho desarrollado, no tienen caderas o el cabello se les cae. Comprendo lo importante que es para una mujer, así como para un hombre, su aspecto físico porque nos gusta tener un pelo saludable o un aspecto sano. Muchos nos obsesionamos con tener una alimentación sana, o todo lo sana que podemos por nuestros bolsillos, y un estilo de vida deportista para no caer en el sendentarismo o ataques de estrés. Si bien, ¿es saludable para una mujer transexual obsesionarse con su físico? Es cierto que muchas desean eliminar el vello, pero porque tengan algo de sombra de barba no significa que sean menos mujeres. Hay mujeres cisgéneros que tienen problemas hormonales y poseen vello facial. Del mismo modo que es ilógico que muchas mujeres transexuales se sientan menos porque no tienen una talla de sujetador apropiada, pues hay muchísimas mujeres cis que carecen de pechos o han tenido que ser intervenidas por cáncer de mama. Una mujer es más que lo físico, más que sus genitales, más que un sentimiento de pertenencia a un género gracias a los estereotipos... Una mujer es auténticamente mujer porque así lo sabe pese a lo que diga el espejo.  Si bien, no juzgo a quienes se vean deseosas de tener ese físico porque realmente ellas lo deseen por sí mismas y no porque la sociedad lo dictamine, lo desee su pareja o crean que así serán más aceptadas.

Del mismo modo que muchos hombres transexuales cometen el error de querer una musculatura amplia, una barba frondosa o unos rasgos mucho más masculinos. Incluso hay quienes se frustran por tener mucha cadera o glúteos muy grandes. ¿Acaso no existen hombres cisgéneros con cintura y caderas anchas? Los hay. Del mismo modo que cisgéneros más bajitos o altos, con más o menos vello, con una voz más gruesa o más dulce. Es igual que las chicas. Vamos de la misma mano.

Actualmente llevo vello facial pero es porque los granos son insoportables; pero de vez en cuando me rasuro y me siento tan hombre en esos momentos que cuando luzco vello facial. Llevo colores que se supone que son femeninos como el violeta, el rosa o tonalidades más “dulces” o “pastel”. Creo que el maquillaje, aunque yo no le doy uso, no tiene porqué ser únicamente femenino. Al igual que las faldas, los tacones o cualquier prenda, accesorio o complemento para el cabello. También debo decir que me encantaría volver a tener el pelo largo, pero el calor es insoportable y el cuidado es demasiado. Así que hay que desprenderse de esos miedos y deseos de "macho". Pero al igual que he dicho con las mujeres, ¿qué hay de malo tener barba o vestir de una forma más binaria? Nada. Siempre y cuando lo hagas porque así lo desees tú y no un tercero.

Estoy muy cansado de ver como muchos usan sus genitales como odio hacia su propia persona, los repudian hasta la saciedad y promulgan que eso es “lo normal”. Cada transexual tiene una forma de adaptarse a sus genitales. Muchos que odian estos se basan en una idea que les han inculcado de “si eres transexual debes odiarlos, rechazarlos de inmediato e incluso castrarte.”

La vida no todo es blanco o negro. Somos muy diversos. Deberíamos apoyar la diversidad y dejar de ponerles etiquetas. Simplemente deberíamos sentir la felicidad porque seamos libres de todos los prejuicios. Es difícil, pero tenemos que instruirnos. No obstante, sé que es difícil. Hoy mismo he tenido un par de agresiones verbales porque “no estoy de acuerdo contigo” y entonces venía el sarcasmo, la sorna fácil y los insultos pueriles para denigrar a otros. Personas que detestan su genitalidad pero juzgan a otras por hacer lo mismo. Gente que no para de decir que las características físicas nos hacen ser hombres o mujeres. Burlas hacia los que piensan distinto o se ven afectados más por la problemática de verse en el espejo y amarse.

Sé que no tengo la verdad universal, que puedo estar equivocado, y estoy abierto al diálogo. No obstante, no voy a aceptar imposiciones culturales de género o de estructuras que se dan por genética familiar. Mi padre tenía cadera y no por ello nadie le dijo que no era un hombre. Mi madre, debido a un proceso médico, empezó a tener algo de vello facial que elimina como puede y no por ello dicen que es menos mujer. Tengo amigos con rostros andróginos completamente cisgéneros y heterosexuales y no por ello dicen que son mujeres siendo hombres o hombres siendo mujeres. Dejen los estereotipos, dejen los odios, dejen las burlas y sobre todo aléjense de etiquetas impuestas por otros.

Nosotros nacemos así, no nos creamos o convertimos. Nosotros somos además personas que sienten y pueden vivir su sexualidad dependiendo de sus sentimientos, deseos o necesidades. Nosotros somos personas. Individuos que viven en un mundo muy diverso y no por ello hay que especificar cada partícula de nuestro cuerpo.

No podemos vivir con miedo. No podemos vivir avergonzados. No podemos vivir llenos de prejuicios. No podemos juzgar a otros. No podemos y no debemos.

No somos quienes. No tenemos derecho a juzgar y señalar. Cada uno hace con su cuerpo lo que quiere y cree conveniente. Cada quien hace su vida dependiendo de lo feliz que desee ser. Hay que luchar en conjunto y no disgregarnos.


Si esto no se entiende no me voy a ofender, pero no ofendan a otros porque los primeros ofendidos son ustedes mismos.  No desean que se les juzgue, amenace, burle o denigre y por ende cuando lo hacen con los demás se cargan de hipocresía. Intentan colocar muros demasiado altos. 

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt