Demandaré a todo aquel que me plagie o acose en mi blog. La homosexualidad no es delito, tampoco es expresar este sentimiento y me parece deprorable que alguien lo use para insultar. También lo haré a todo aquel que tome mis textos o novelas sin permiso para uso publico o para sacar dinero con mi esfuerzo.

Un saludo, Lestat de Lioncourt

Advertencia

Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes 3 de julio de 2009

Crepúsculo

Muchos me han insultado por palabras como estas:



Por videos como este ---> link

Por desmontar su plagio (incluso en la manzana a lo Death Note)



Pero... hoy lo tuvo que hacer Ángel y desde aquí le digo... GRACIAS

Por apelar al sentido común.

Aunque yo no lo llamé directamente mierda, pero sí plagio. Dicen que odiar a Crepúsculo está de moda, que es algo que se hace por envidia o cualquier chorradas. No, no es por eso.

Si quieren un hombre perfecto os diré que no es Edward porque es copia de otro vampiro, que en realidad hay chicos así y más guapos que ese actor pero... que jamás se tiene en cuenta porque en realidad os gusta el machote del grupo.

Lestat de Lioncourt

martes 30 de junio de 2009

Comentario de Lestat de Lioncourt

Comentario del Autor...



Normalmente se aproxima el verano, siempre hacía novela de verano y primavera. Pero como ven llevo centrado en este proyecto desde antes de Diciembre, publicándolo claro. Por ello quiero aclarar, a los que seguís el blog desde sus inicios, que no habrá este año novela de verano. No, por algo simple: Sigo con Dark City.

Desde aquí les deseo un feliz y magnífico verano. Aunque para mí no es feliz del todo, murió un icono al que seguía y por lo tanto algo en mí está como apagado. Sin embargo, sigo aquí como todos ustedes y debo de disfrutar de los años de vida que me quedan. Cuando murió mi abuelo me di cuenta de lo frágil que es la vida y cada año me asquea más las personas que, en ocasiones, me rodea. No me gusta mucho la televisión, tampoco los medios como la radio porque ya carecen de valor. No tienen valor porque son como la prensa amarillista y solo pinchan música pagada, no porque sea realmente buena. Así que me centro en la prensa y aún así he descubierto en estos días que ya se nota el toque rosado de los periódicos más importantes.

Bueno, en definitiva: Espero que pasen un buen verano, que se divertan y que salgan. No como yo, que no puedo hacerlo de día por mi piel y que conozcan un amor de verano...

Yo estoy viviendo un amor ahora, uno nuevo y excitante a la par de exótico. Espero que me dure el verano, el otoño, el invierno... y al menos gran parte de mi vida.

También informo que tras el capítulo siete haré un pequeño resumen, para aquellos que se sienten algo perdidos en la novela. Gracias por leer, aunque a veces no comentáis.


Lestat de Lioncourt

Dark City - Fuera de control - Capítulo 7 (parte VIII)


-Vienen en diez minutos, salieron a desayunar y a buscar el coche de uno de ellos que se quedó tirado en la autopista.-respondió Imai.

-Y claro vosotros sacáis partido.-reprochó Hidehiko aún molesto.

Pasamos varios minutos riñendo hasta terminar conversando animadamente, gracias al vino barolo que había traído Toll para su inesperado amante. Increíble pero cierto, Toll era pasivo y eso me hacía sentir más tranquilo. No era tan peligroso, o quizás sí. Era un matón, todos lo fuimos. Así que entre anécdotas esperamos a los técnicos y tras ello un ensayo prácticamente general, para luego grabar la nueva canción. Sería dedicada a nuestra juventud, a los minutos que habíamos vivido juntos.

Cada palabra impuesta por unanimidad correspondía un apartado de nuestra vida. una vida que dejamos atrás, como el mundo dejó las horribles hombreras y los pantalones de campana. Sobrevivimos a nosotros mismos, nuestras deudas personales. Ellos vendieron todo en Japón, dejaron sus negocios y se instalaron en la ciudad. Les parecía emocionante volver, ser nosotros de nuevo. Invirtieron en empresas, se hicieron socios conmigo, e iniciamos el proyecto. Al tener éxito tan sólo pensábamos en más y esa canción era necesaria.

Al montarnos en el coche para la vuelta él tenía ese brillo especial en los ojos. Habíamos salido antes de tiempo para poder pasar tiempo juntos en la intimidad, debía de entregarle un regalo. Estaba algo nervioso, podía notarlo, porque jugaba con sus cabellos y con los botones de su camisa. Era adorable, mucho más que Phoenix. Al llegar al apartamento subimos y comenzamos a besarnos. Tenerlo en los brazos me hacía sentir que volvía a esos años. Podía escuchar la música de los ochenta en mis oídos, verlo rejuvenecer por momentos, y en la radio ya no gritaba música prefabricaba sino Michael Jackson con Billie Jean, Depeche Mode o X-Japan con sus primeros éxitos. Sus labios parecían no desgastarse, no tener fin.

-Mi A-cchan.-susurró acariciando mi rostro cuando me aparté de él.

-Tengo un regalo para ti, quiero que luzca de tu cuello y jamás te lo quites.-cuando dije eso, nada más decir eso, él tembló como un flan.-Gírate.-susurré aquella orden y él obedeció. Yo simplemente saqué de la bolsa el colgante colocándoselo.-Te amo.-murmuré colocándoselo y él se echó a llorar cuando vio el kanji.

-Atsushi.-dijo con la voz tomada, para girarse y abrazarme.-Mi amor, yo nunca olvidaré la promesa.-tomé la mano del anillo y la besé.-Nos casaremos, sé que lo haremos.-parecía decirlo en voz alta para recordármelo a mí, refrescarme la memoria.-No te cases con él, hazlo conmigo. Ya tenemos todo preparado y podríamos ser nosotros.-comenzó a llorar mientras yo intentaba secar sus lágrimas.-Por favor, no te cases.-se aferró a mí con fuerza.-Yo te amo más que él, soy sólo para ti.

-Se lo prometí, está enfermo y no puedo hacerle daño.-rompió a llorar con fuerza y a mi me rompía el corazón.-Gatito.-dije y él alzó el rostro.

-Hacía años que no me llamabas así, muchos años.-sonrió con dulzura aunque sus ojos no querían parar.

Ese nombre no fue hecho para Phoenix, sino para él. Aún recuerdo como me arañaba cuando sentía el orgasmo, también como amaba acurrucarse sobre mí como si fuera un gato y pedir su recompensa. Era él mi gato, no Phoenix. Se lo di a mi nueva pareja porque me recordaba a él, quizás busqué un sustituto rápido a Uta y no me había dado cuenta hasta ese momento.

-Lo sé, lo sé.-dije buscando sus labios para atraparlos entre los míos.

-No te cases.-repitió nada más separarme de él.

-Me tengo que casar, pero te prometo que lo dejaré y nos casaremos los dos. Nos iremos a Japón o donde quieras.-cuando dije eso noté como sus piernas temblaban.

-Tendremos a Jun, nuestro Jun.-yo asentí con una sonrisa y él me abrazó. -Yo quiero hacerte feliz, feliz a ti y al niño.-acaricié sus cabellos mientras me hablaba, me hacía sentir como si fuera capaz de cualquier cosa y estar sobre el resto.-Ese bebé me necesita, Phoenix no sabe cuidarlo y verlo un par de horas a la semana no es lo que quiero. Quiero tenerlo para mí, darle caprichos como a Miho y arrullarlo cuando llora.-ya sabía yo que quería al niño, pero no hasta ese punto.

-Sí, será para los dos.-susurré llevándolo hasta el sofá para poder acomodarnos mejor.

Estuvimos abrazados y hablando de nuestras cosas durante una hora. Hice promesa tras promesa, cosas que no sabía si cumpliría, pero me agradaba verlo feliz. Me era indiferente el mundo real, en ese momento me veía libre de Phoenix y tan cerca de él como en nuestra juventud. Sin embargo, el movil sonó y me despertó de mi fantasía.

-¿Sí?-dije con él colocado sobre mi pecho, jugando con el cuello de mi camisa.

-Atsu ¿cuándo vienes?-era él, mi pareja real.

-No sé, quizás en media hora o así.-Uta mordisqueaba mi cuello quizás rogando a su forma de que no me fuera. Su mano se colocó en mi entrepierna y la apretó levemente.

-Es que te hice helado casero, está rico.-escuché de fondo a Jun balbucear y llamarme.

-No me apetece demasiado, pero te prometo que iré pronto.-

Se despidió de forma dulce, aunque yo solo pensaba en la mano que tenía en mi entrepierna. Uta jugaba duro, muy duro, y no había quien le dijera que no.

-Quédate, al menos esta noche. Podríamos ir a pasear, ir a la playa de noche y bañarnos como cuando éramos críos.-de nuevo ese brillo, ese deseo y el pasado regresando a mi mente.

-No, no puedo.-dije tras besarle con desesperación.-Tengo que volver con Jun, me necesita.-me levanté y no lo miré, porque si lo miraba me perdía de nuevo.

-Espera.-dijo correteando hasta su dormitorio y apareció con un nuevo regalo para el bebé.-Para nuestro niño.-era una camiseta blanca con un conejo dibujado. Sabía que lo había hecho él, tenía su trazo.-Sácale foto cuando la tenga puesta, quiero verle con esa camiseta.-besó mis labios y sonrió.-Por favor, me la envías a la noche.-acarició mi rostro y yo asentí.-Te amo.

-Yo también te amo.-dije pellizcando su trasero para marcharme.

Me monté en el ascensor y miré la camiseta, eché a reír al ver lo bien que le había quedado el dichoso conejo. No reía de esa forma desde hacía meses, fue algo que necesitaba.

-Uta, estás bien loco.-susurré antes de doblarla y salir del ascensor.

Al regresar a casa tuve una discusión, se volvía habitual. Me molestaba que él no confiara en mí. Aunque era infiel, jamás lo hizo. Me molestaba que no entendiera nunca. Yo quería estar con Uta porque era una vida relajada, lo daba todo por mí y se conformaba con una sonrisa de gratitud. Él siempre se sentía escaso, ostentaba mis regalos aunque le pedía que no lo hiciera y había hecho de nuestra boda un circo mediático. Odiaba que se comportara como Clarissa, no se daba cuenta pero era prácticamente idéntico. Sólo se miraba el ombligo y nunca miraba por mis sueños. Yo lo había dado todo por estar con él, había hecho una gran inversión económica en nuestro hogar y además me arriesgué a ser insultado continuamente. Deseaba protegerle, tenerlo en mis brazos y que dejara atrás el mundo. Pero él solo se quejaba, mientras yo me aburría por sus gritos cotidianos.

La llegada inesperada de Uta fue como un aire fresco. Mi antiguo amor de juventud se entregaba a mí, dejaba atrás todo y jamás tuvo el descaro de restregarme sus amantes. Phoenix incluso lo tenía de grandes amigos y no entendía que me molestara sus comparaciones. Uta tan sólo había paseado con ellos, como mucho besado y llegado a caricias. Él me pertenecía, me hacía el regalo más maravilloso, una entrega total.

Phoenix intentaba cambiar, lo veía, pero se equivocaba en sus defectos. No quería a Uta porque cocinara como todo un profesional, porque fuera mucho más delgado o no estuviera enfermo. Mucho menos deseaba a Uta por ser moreno y no teñido. Quería estar con mi anterior amante porque me daba paz. No tenía chillidos, sino silencio mientras acariciaba mis cabellos escuchándome. Yo era el eje de la vida de Uta y yo estaba siendo el suyo.

Mi pareja primero se miraba el ombligo y luego me miraba a mí. Hacía cosas sin permiso, no me escuchaba, siempre era “Yo” jamás me preguntaba que me parecía hasta que no lo había hecho. Olvidaba que una pareja es de dos y no de uno solo. Quien estaba matando lo que sentía no era yo, sino él. Quería tranquilidad, la necesitaba, y él, a pesar de saber que estaba enfermo, peleaba conmigo hasta hacerme jadear por el dolor del pecho.

La discusión fue porque él quería hacer cambios en la casa y yo me negué. No quería que cambiara ni un ápice la decoración, era como mi casa de Japón y en ella me acordaba de mi madre. Sentía como si ella estuviera rondando cada rincón.

Para no escucharlo me metí en mi despacho y llamé a uno de mis secretarios. Me dio una pequeña alegría, tendría la reunión con mi sucesor en una cafetería. Hablaríamos para mantener un primer contacto y sería a la mañana siguiente. Acordé todos los detalles, anoté en mi agenda y me di un buen baño con sales relajantes. Después de tumbarme en la cama vino él molesto por haberme marchado cuando me gritaba. No era un no, sobretodo en algo que había construido yo con mis recuerdos.

Seguí en silencio, estaba molesto y quería descansar. Los sueños fueron agradables, demasiado agradables. En ellos estaba mi renovado amante, me acariciaba con dulzura y conversábamos sobre momentos del pasado. Tenerlo de esa forma tan pegado a mí, con esas colonias de aroma suave y ese tacto de su piel. Al despertar lo hice con una leve sonrisa y me dirigí a la ducha. Me desperté antes que la alarma del reloj, me afeité y cuando tomaba el café la apagué.

Él seguía durmiendo, no me importaba lo más mínimo si lo hacía durante el resto del día. Cuando me arreglé lo hice como para una cita importante, porque lo era. Un traje de tela veraniega en negro, una camisa blanca sin corbata y el sombrero. Tomé el bastón que pocas veces usaba, sentía un leve dolor en el pie por culpa de un esguince estúpido en uno de los ensayos.

Al llegar a la cafetería únicamente había una persona en el local, miraba el periódico y ocultaba de esa forma su rostro. Ante él había un café, podía apreciar su aroma desde la puerta. Tan sólo plegó el periódico al escuchar la voz de la camarera preguntando qué deseaba. Lo reconocí por las fotografías que había de él en Internet y que me pasaron en su dossier. Portaba aquellas gafas de intelectual de cristal fino, sus cabellos rubios estaban algo revueltos y la boina francesa que en ocasiones llevaba estaba a un lado. Sus labios arquearon una sutil sonrisa. Me encontré prácticamente ante un niño, a pesar de sus treinta y dos años. Su aspecto era mucho más juvenil de lo esperado.

-¿Atsushi Sakurai?-preguntó levantándose con aires de caballero inglés, lo que era. Camino unos pasos y yo fui hasta él. Nuestras manos se estrecharon por primera vez, una sonrisa se formó en el rostro de ambos y presentí que era el indicado.-Tome asiento y confiese su propuesta.-ambos tomamos asiento y la camarera vino con un café, prácticamente negro, para mí.

-No, no puedo por mi salud.-dije con un gesto amable.

-¿Un zumo mejor?-preguntó ella y yo asentí.

-Gracias Elitza.-susurró Paulo que parecía conocerla.-Siempre vengo a esta cafetería, ella es servicial y este lugar posee ese encanto hogareño a la par que revolucionario.-dijo nada más marcharse ella en busca de mi zumo.

-Supongo que ya sabes a qué he venido.-comenté jugando con mi bastón entre mis manos.

-La verdad, no.-tras esa frase en un tono serio rió bajo.-Algo sé, pero no todo.

-Antes mi partido era conservador, pero hice ligeros y revolucionarios cambios. Digamos que soy menos restrictivo en la economía que un partido de izquierdas, pero tengo su ideología. He aprobado leyes para la igualdad de la mujer en cualquier ámbito, aunque eso se iba haciendo poco a poco, y también igualdad entre homosexuales, transexuales y heterosexuales. Leyes que van desde ayudas a transexuales en su cambio de sexo, como adopción y nueva legislación del matrimonio civil.-el asintió a cada palabra.

-Sí, eso tengo entendido. Pero lo que no sé es porqué se retira.-comentó.

-Me voy a dedicar a lo que realmente me apasiona, la música, sin dejar de lado mis negocios y el manejo de estos.-comenté tomando el zumo que la muchacha me dejaba a un lado de la mesa.-Arigato.-susurré antes de dejar el vaso frente a mí.

-Desea que yo tome las riendas, alguien que prácticamente desconoce y únicamente tendrá conocimientos por una profunda investigación. Pero, personalmente, no sabe nada de mí.-puso los codos sobre la mesa y cruzó las manos frente a su rostro, apoyó su mentón en ellas.-Interesante.-susurró.-Es joven, pero lleva bastón, tiene aires europeos, sin embargo se aferra a sus raíces, y por lo que he oído de usted ha provocado el escándalo, ya no del año, sino de la década o quizás de los mayores desde la fundación de la ciudad.-alzó una ceja y sonrió.

-Sí, estás bien informado.-dije tras dar un trago al zumo, era de piña aunque yo prefería el de naranja.

-Acepto, pero con la condición de que deberé de conocer la situación política de su mano. Quiero aprender, no es fácil venir a una ciudad y pretender gobernarla. Aún me pierdo por sus calles, quizás una cena o un almuerzo en algún momento y fiestas. Lo importante es conocerle, saber quién será mi perro lazarillo y que puedo contar con usted.-tomó la taza entre sus manos y dio un sorbo dejándola de nuevo sobre su platillo.

-Yo estaré a la sombra, dirigiré el partido, pero usted.-no terminé cuando él intervino.

-Seré la cara, quien firme, quien se lleve los golpes.-comentó.-No me importa ser el hombre de paja, aunque supongo que querrá saber mis opiniones.

-Por supuesto, seré de ayuda tan sólo y guiaré sus pasos.-terminé mi consumición y le observé.

-Entonces, como he dicho, trato hecho.-dijo terminándose él también su, todavía, humeante café.

-Pronto lo diremos oficialmente, pero por ahora.-puse mi maletín sobre la mesa, pues era todo lo que necesitaba.-En este maletín tiene toda la información sobre la situación política de la ciudad, las inversiones que se han realizado y las que están por realizarse. Ya se afilió a nosotros, prácticamente en su llegada, y eso nos halagó.-dije levantándome.-Debo de marcharme.-comenté.-Pero me agrada conocer a un joven con semejante apellido y tales valores.

-Lo dice por Wilde, comparto antepasado con él.-dijo con orgullo.-Aunque desgraciadamente no demasiado directo.

-Aún así, me sorprende gratamente.-respondí extendiendo mi mano mientras me apoyaba en el bastón.

-Espero que se cuide el tobillo, he notado su ligera molestia, y que nos veamos pronto.-apretó mi mano.-Además, sé lo de sus problemas cardiacos y es por ello que acepto el trabajo. Digamos, que necesitaba algo de peso para tomarlo en serio.-sus ojos se entrecerraron a la par que los míos se abrían.-Por favor, no riña a su secretario. Simplemente se preocupa por usted, yo le subiría el sueldo.-comentó tomando mi mano, apretándola con cierta fuerza aunque no demasiada.

-Nos vemos.-dije en un murmullo.

-Bye, Mr Sakurai.-me marché sin pagar, estaba tan confuso porque un desconocido pudiera radiografiar mi alma con tan sólo una mirada. Además, parecía de un muchacho su aspecto pero sus modales y su forma de tratarme era la de un anciano. Me dio un leve escalofrío al salir de la cafetería, sentía como si hubiera hecho un pacto con el mismísimo diablo.

sábado 27 de junio de 2009

Dark City - Fuera de control - Capítulo 7 (parte VII)


-Atsushi ¿te das cuenta que después de que Jun crezca no vamos a tener más bebés aquí?-dijo colocándose frente a mí con el pequeño en sus brazos.

-Sí, me doy cuenta.-comenté tomando a nuestro hijo.

-Bueno, siempre te quedaran los nietos cuando los tengas.-sonrió acariciando al bebé, pero yo puedo jurar que palidecí.

-No bromees con esos temas, por favor.-dije meciendo a Jun.

-Apa.-balbuceó tirando de mi colgante, del que me regaló Uta.

-No bromeo, es la verdad. Miho ya tiene una edad, pronto tendrá hijos e Hizaki en unos años te cargará de nietos. Además, de Hero cuando sea adulto o Jun. Sólo soy realista.-dijo recostándose en la sábana que había puesto sobre el césped.

-Aún es pronto para que me hagan abuelo, soy demasiado joven.-estaba nervioso con lo que me había dicho. Miho había ido al hospital para la pastilla del día después, por culpa de su pareja, y temblaba con sólo pensar que al final aceptaran tener hijos. Era mi pequeña, no quería verla aún con hijos e Hizaki era demasiado infantil en ocasiones. Me tumbé junto a él con el niño sobre mi pecho.

-Oposa.-dijo señalando las mariposas que revoloteaban próximas al rosal.-Oposa.-repitió sentándose sobre mi vientre.

-No es pronto.-Phoenix parecía empeñado a recordarme la edad que tenía.-Ya tienes cuarenta y tres años, Miho tiene casi veinticuatro e Hizaki diecinueve prácticamente.-sus argumentos no me convencían para nada.

-¿Y?-pregunté mirándole fijamente.-¿Qué tiene que ver? No tienen aún la edad apropiada para hacerse cargo de un niño y no tienen un futuro planteado.-quería que tuvieran una vida hecha antes de que empezaran una locura como esa, al menos un trabajo y cierto grado de responsabilidad.

-Megumi tuvo a Miho y no le fue demasiado mal, la chica es inteligente.-hablaba con los ojos cerrados y sonrió.-Hizaki es el que tiene que crecer un poco más, quizás ser más independiente de vosotros yo. Sin embargo, veo que están capacitados para cuidar de Jun.

-No tienes idea de cómo es Hizaki.-respondí bastante molesto.

-Sí tengo, viene seguido a casa y me ayuda con el bebé.-eso me hizo girar el rostro hacia él. Me sentí celoso, de nuevo activé esa parte que creía dormida. Esa parte de mí que olvidé y que renacía con pavor. Mi hijo era un depredador nato, no le importaba si tenía pareja o no esa persona.

-¿Cuánto de seguido?-pregunté sin hacer demasiado hincapié en mi tono de voz.

-Casi todos los días, adora a Jun.-esa respuesta no me gustó, me intranquilizó.

-Vaya.-dije dejando al bebé entre nosotros para girarme.

-¿Estás celoso?-no, no eran celos, era más que eso.

-No estoy celoso, simplemente no me fio de mi hijo. Es alguien que no tiene escrúpulos a la hora de empezar a rondar a alguien.

Recordé en ese momento cuando lo encontré en la cama con una de las amigas de Clarissa. La mujer tendría unos cuarenta años y él estaba encima haciéndola gemir como una loca. Sin olvidar que también estuvo con su hija, con la mejor amiga de esa chica y también con el ama de llaves. Mi hijo no se estaba quieto, seguramente las hormonas le impedían pensar con cierta normalidad. Desde los quince, cuando conoció el sexo, hasta ese mismo momento era un chico que iba de cama en cama buscando el cariño en cualquier brazo. Temblaba al pensar que alguna de las mujeres quedara en estado, que vinieran y gritaran a los cuatro vientos que estuvo con mi hijo. Sería mi peor trago, el peor de todos. Por ello, cuando decía Phoenix de estar tan próximo a él no me agradaba y tampoco la idea de ser abuelo.

-Sí lo estás.-me giró y comenzó a besarme mientras nuestro hijo aplaudía.

-No lo estoy.-dije cortando el beso para mirarlo fijamente.-No son celos. Simplemente me preocupa que quiera algo contigo, no sabes lo insistente que puede llegar a ser y terminar intentando algo que me haría desheredarle.-

En realidad no me entendía ni yo mismo. Yo le había sido infiel, era un desgraciado que no cumplía su promesa y a la vez no podía pensar por un momento que otro le abrazara. Era como el perro del hortelano que ni come ni deja comer, así era. No quería perderlo, me negaba a ello, y sin embargo con mi actitud era lo que me merecía. Últimamente ni lo miraba, sólo pensaba en Uta y deseaba volver a tenerlo entre mis brazos.

-¿Sabes? Me hace feliz que lo estés, aunque sea absurdo.-murmuró haciéndome girar hacia él.-Es la primera vez que te veo comportarte así en semanas.-besó mis labios lentamente y se recostó en mi pecho, encajándose entre mis brazos.-Echaba de menos estos arrebatos.

-No te merezco.-murmuré acariciando sus cabellos.-Y sin embargo estás aquí.-besé su frente y noté que el niño no estaba. Se había marchado hacia el otro lado de la sábana, jugando con un sonajero de trapo que Jasmine le había regalado.-Ven aquí Jun.-dije llamándolo y él nos miró con aquellos enormes ojos.-Ven pequeño.-susurré tomándolo entre mis brazos, besando su frente y Phoenix hizo lo mismo.

-No digas que no me mereces, quien no te merece soy yo.-me lamenté de nuevo el haberlo engañado, pero no podía dar marcha atrás y es más quería proseguir con el juego.

Seguimos allí recostados hasta prácticamente entrada la noche. Después tomamos una cena ligera y fuimos a descansar. A la mañana siguiente fui a buscar a mi amante, porque así ya lo comencé a considerar. Sin embargo, antes, me pasé por la joyería y compré un colgante con un Kanji. Era la misma joyería en la que adquirí el obsequio que siempre llevaba Phoenix al cuello, el símbolo de la belleza, y este llevaba el de la promesa. Al llegar a su piso me abrió aún con el pijama puesto y eché a reír al verlo aferrado a un conejo rosa.

-Estoy empezando a pensar si Jun es hijo mío o tuyo.-sonrió cuando dije aquello y me abrazó.

-Buenos días mi A-cchan.-susurró y me hizo pasar hacia dentro.-Miho no está.-en ese momento me quedé frío.

-¿Vive ahora contigo?-pregunté y él se giró asintiendo.-¿Por qué?

-Me lo pidió ayer, yo le dije que podía.-estaba descalzo y recién levantado.-¿Quieres una tostada?-al mirar hacia la mesa del salón me di cuenta de sus típicas tostadas en forma de corazón, rico pan de molde hecho con su masa especial y empapado en mermelada casera de sabor a fresa.

-No, no me apetece.-fui hasta él agarrándolo de la cintura mientras mordisqueaba su cuello.

-Espera que me vista, estoy feo.-desde que entré lo noté distante y entonces supe el porqué, eso me hizo reír a carcajadas prácticamente.

-¿Estás feo? Creo que estás más comestible que esas tostadas.-susurré acariciando sus caderas.

-No, no me toques Atsu. No estoy para que me veas, estoy enfadado contigo por venir de repente y hacer que me veas así.-era demasiado coqueto, más que Phoenix, aunque no solía demostrarlo.

-¿Para qué te vas a poner elegante? Ya sabes donde terminará la ropa.-al decir aquello él sonrió mordisqueando la tostada, mientras inmiscuía su mano en la bragueta de mi pantalón.

-Lo sé.-murmuró comenzando a masturbarme.-Miho no vendrá hasta la noche, está con sus dos trabajos muy ocupada y a parte le gusta caminar un rato por las mañanas como la de hoy.-era un día lluvioso, no demasiado, y hacía un ambiente agradable. Las tormentas de verano estaban acabando con el bochorno que sentíamos esos días.

-Suelta la tostada.-dije quitándosela para agarrarlo de los cabellos.-Tu boca está mejor moviéndose sobre mi bragueta.-él rió bajo ante mi comentario.

-¿Nos damos una ducha?-preguntó apretando levemente mi miembro que comenzaba a endurecerse.

-Me lees el pensamiento.-susurré acariciando su rostro para tomarlo por el mentón, lo agarré con firmeza y lo besé con rotundidad. Quería que le quedara claro que le deseaba, que necesitaba su cuerpo.

-Me vuelves loco.-susurró entre balbuceos.-Loco.-murmuró.

-Lo sé, eso me excita.-lo agarré con ambas manos por el trasero, lo pellizcaba bien masajeándolo.

-Te quiero.-dijo mirándome a los ojos mientras le pegaba bien a mí.

-Y yo.-no sabía si le amaba o no, pero quererle le quería. Quería tenerlo para mí y eso era un te quiero, fuera con sentimiento o sin él.

-Pensé que te arrepentiste.-apoyó su cabeza sobre mi pecho y gimió cuando rocé mi bragueta sobre la suya.

-No y tú tampoco.-me separé de él tomándolo por el rostro, observándolo.-Desnúdate para mí.-susurré antes de mordisquear su cuello.

-Sí.-asintió apartándose un poco para tomar aire y comenzar a desnudarse.

Era sensual verlo de esa forma, tan frágil y nervioso. Era seductor, sí, pero aún así poseía ese pudor que Phoenix no. Cuando lo tuve frente a mí no dudé en sonreír y sacarme la camiseta. Pronto me desnudé y él se arrodilló observándome.

-¿Aquí o en la ducha?-preguntó acariciando mis muslos, esperando la orden.

-En la ducha, bajo el agua sienta mejor.-dije metiendo dos de mis dedos en su boca.-Anda, vamos a la ducha y si te portas bien te doy un regalo.-sus ojos brillaron ante mis palabras y le levantó succionando mis dedos.

El camino hacia la ducha se me hizo eterno y más al ver como se movía su trasero, tan prieto y pequeño. Todo él era pequeño, en pequeña proporción. Las pequeñas proporciones siempre fueron lo mío. Cuando se metió bajo la ducha y abrió el agua me incitó a tirarle del pelo postrándolo frente a mí.

-A-cchan.-musitó observando mi miembro.

-Abre.-esa orden hizo que abriera lentamente su boca dejando que todo su cuerpo se empapara bajo el agua, arrodillado y prácticamente humillado. Siempre nos atrajo ese ritual del amo y el sumiso, en todos los aspectos.

-Vas a tomar tu desayuno.-dije introduciendo mi sexo aún sin erección, tan sólo algo duro y deseoso de estar disponible.

Comenzó a pasar su lengua, apretar con sus labios y a realizar aquel placentero trabajo. Yo sólo tiraba bien de sus cabellos sin miedo a que se cayeran o se molestara. Mis ojos se cerraron sintiendo el agua en mi torso, salpicándolo más bien. Cuando creí oportuno lo levanté, lo coloqué pegado a los azulejos y sin prepararlo entré con fuerza. Me movía rápido desde el principio y eso le hacía gritar.

Una ducha de casi veinte minutos, algo rápido y frívolo. Pudo ser más, pero nos esperaba el resto. El resto eran los demás de la banda y seguramente Imai ya gritaba molesto al no saber dónde estábamos. Nos vestimos con rapidez y fuimos hacia mi coche. Al llegar estaban los tres en silencio, un silencio que me crispó los nervios.

-¡Ya no puedo más!-gritó Hidehiko.-Atsushi.-me miró fijamente.-¡Estoy harto!-alzó de nuevo el tono de voz.

-¡Como lo digas te meto las baquetas por el orto!-le amenazó Toll, nuestro querido Anii, como si nada.

-¡Lo voy a decir! ¡Me da igual que tu hermano esté delante!-bufó e Imai se levantó golpeando bien duro a Hide en el estómago.

-¿Qué sucede?-preguntó Uta agarrándose bien a mi brazo.

-Uta, ¿qué te he dicho? Deja al puto de Atsushi en paz.-ese lenguaje, estaba bien crispado sin duda.

-Que bonito ¡te folla Imai en la mesa de sonido pero Atsushi no puede follarse a tu hermano!-aquello que dijo Hidehiko nos paralizó a los cuatro, el silencio regresó y luego eché a reír a carcajadas.

-Por favor, sed más discretos.-sonreí de lado apoyándome en la puerta del estudio.

-Tú no has visto como estaban esos dos. No me puedo quitar esa imagen de la cabeza.-dijo mi amigo azotándose sus cabellos y Uta rió bajo.

-¿Recuerdas cuando nos descubrió a nosotros en el baño la primera vez? Pobrecito, lo que está es celoso de no tener un sexto miembro para poder desfogarse.-al escuchar aquello de labios de mi amante prácticamente lo fusiló con la mirada.

-¡Iros todos a la mierda! ¡Panda de pervertidos!-estaba algo sonrojado, quizás por al vergüenza que le hacíamos sentir. No era homofóbico ni homosexual, pero a nadie le gusta que le restrieguen conquistas.

-Lo dice el señor me voy de putas.-canturreó Imai cruzándose de brazos.

-Lo que le sucede es que está engatusado con alguno de los dos.-murmuró Uta en tono jovial, prácticamente como si fuera un adolescente.

-No todos somos gays o bisexuales, tampoco estoy tan necesitado para que me guste el pelo cepillo o el ojete.-murmuró tomando posición en el estudio, agarrando su guitarra.

-¿No te ibas?-preguntó Imai.

-Cállate, déjale.-susurré caminando hasta el centro para tomar el micro.-¿y los técnicos?-interrogué.

-Vienen en diez minutos, salieron a desayunar y a buscar el coche de uno de ellos que se quedó tirado en la autopista.-

Bye King!

Hice el video ayer y hasta hoy no lo he subido aquí. He de decir que pertenece ya a una leyenda, como la de muchos otros músicos o contribuyentes del arte. Sin embargo, la cadena antena 3 (España) no tiene ningún respeto a los muertos, por lo que se ve. Están anunciando que en su web de noticia pueden escucharse los últimos agónicos segundos del Rey. Asco, vergüenza... falta de respeto tal era de esperarse en una cadena como esa. Una cadena que creen que somos frikis y raros los que vamos a convenciones de anime, que no tenemos cerebro en definitiva.

Si antes no veía antena 3, ahora menos. Que asco de gente, mejor dicho gentuza.



jueves 25 de junio de 2009

Dark City - Fuera de control - Capítulo 7 (parte VI)


Por supuesto, como prometí, fuimos. Al día siguiente estábamos en la dichosa peluquería. Claro que antes de salir escuché una fuerte discusión entre Jasmine y Phoenix. Todo era por mi culpa, según Jasmine yo sólo era un maldito patán que no tenía en cuenta sus sentimientos. En realidad, no era cierto aunque me escociera escucharlo. Yo tenía en cuenta sus sentimientos, si no los hubiera tenido no estaría con él.

-No deberíais de discutir.-sentencié mirándole fijamente.-Si a él le hacía ilusión ir contigo no hay problema.

-No, Atsu.-se abrazó a mí en plenas escaleras hacia la puerta del hall.-Me hace ilusión ir contigo, que todos nos vean pasear y sobretodo que todas sientan envidia porque estoy colgado de tu brazo.-tiró de mí mientras atrapaba las llaves de uno de mis coches.-Ya verás Lilian hará maravillas con este estropicio de pelo.-llevaba una gorra y todo recogido, ocultando que tinte se había ido.

-Está bien.-suspiré marchando hasta el garaje tras sortear a la perra.

-Me gustas así, tan guapo.-murmuró colgándose de mi cuello.-Últimamente te pones ropa más ceñida, juvenil y sobretodo esa colonia que tanto me gusta.-pegó su nariz a mi cuello y mi corazón se quebraba. Si hacía todo aquello no era para él, era para Uta.-Tú te pones guapo para mí y yo no. No es justo, así que hoy me pondré atractivo para deslumbrarte.-me guiñó un ojo con cierto aire de coquetería, yo únicamente suspiré.

Cuando conducía en el coche él no paraba de mirar revistas de moda, quería peinados algo andróginos y en tendencia en Japón. Deseaba ser el único que llevara ese peinado, el único. Pero estando en el ojo del huracán eso sería imposible.

-Creo que me pondré moreno.-rió bajo y jugueteó con su gorra.-Ya se fue el tinte rubio, así que mejor moreno.-bajó la visera para evitar el sol, lo hizo para mirarse en el pequeño espejo que había en el dorso de esta.-¿Crees que me quedaría bien media melena? Quizás no hasta la cintura, sino hasta un poco más allá de los hombros.

Parloteaba y a mi me estaba empezando a dar dolor de cabeza. Llevaba las gafas de sol, me alegré de ello. Si me hubiera visto los ojos seguramente hubiera dicho que no le escuchaba, que más bien parecía aburrido. Simplemente no lo soportaba. Que me hablara sobre su pelo era algo que no me importaba en lo más mínimo, necesitaba una conversación más nutritiva y lejos de la coquetería habitual en él.

-Da igual como te lo cortes.-respondí.-En serio, da igual.-dije aparcando frente a la peluquería donde me decía que iba siempre.

-No conoces a Lili.-murmuró con una sonrisa bajando del coche.-Tenía ganas de que la conocieras, entenderás el porqué lo dejo todo en sus manos.-salió una mujer de la peluquería y él corrió hacia ella.-¡Lili!

-¡Phoenix! ¡Mi niño! Estaba algo preocupada porque no venías a tu hora.-se abrazaron y después comenzaron a cuchichear.

Yo no sabía si bajar o irme. La realidad es que no me apetecía entrar en aquel lugar lleno de cacatúas insufribles, de mujeres que únicamente creían que la belleza externa era todo y también hombres. Bajé y pasé frente a ellos sonriendo levemente.

-Este es Atsu.-comentó tirando de mí, agarrándome del brazo y haciendo que me quedara parado frente a la tienda.

-Vaya, es más guapo que en las revistas.-respondió ella con una enorme sonrisa, seguramente tendría ante ella el mayor cotilleo de la ciudad. Estaría meses hablando de mí, de cómo tenía Phoenix su cabello, también de mi coche y por supuesto si podía de la talla de calzoncillos que usaba.

-Di gracias, te acaban de hacer un halago.-eso me hizo recordar a mi madre, cuando íbamos caminando por la calle y alguien decía que era un niño bastante bonito. Me sentía un prototipo de vivienda para mostrar, lo cómodo o confortable que podía ser y las hermosas vistas que regalaba al propietario.

-Arigato.-murmuré con la boca pequeña y ella sonrió aún más. Dejé de pensar en mi madre, las viejas brujas de las calles colindantes y empecé a rememorar anuncios de dentrífico.

-Pasad.-indicó ella abriendo la puerta para que Phoenix pasara, yo me abstuve y tan sólo me introduje en ese mundo, de laca y tinte, después de la mujer.

-Ven cariño, ven que te cuide ese cabello.-volteé los ojos al escuchar aquello, él simplemente la siguió como un niño ilusionado.

Hablando de niños… me hubiera entretenido bastante escuchando lo bueno que era el pepino para el cutis, lo ideal que era ir de vacaciones a la costa o lo fantástica que estaba la presentadora del canal seis, si un niño no hubiera empezado a molestarme.

-Mamá ese señor tiene los ojos raros.-comentó señalándome.

-¡Jorge!-dijo su madre algo asustada por la mirada que mostré por encima del periódico.

-¡Qué! ¡Tiene los ojos entrecerrados! ¡Seguro que está estreñido!-al oír aquello casi me enveneno.

-¿Estreñido? Cuando tu cultura de pacotilla se inició la mía tenía los guerreros más sotisficados y perfectos.-sonreí de forma maliciosa apartando mi lectura.-¿Quieres saber como es morir troceado? Puedo explicártelo…-su madre lo agarró con firmeza y el niño estuvo a punto de orinarse en los pantalones. Mi toque de Yakuza no se había diluido, es más parecía aumentar con aquel olor de amoniaco.

-Lo lamento, lamento demasiado la poca educación de mi hijo.-respondió su madre.

-Poca ¿o nula? Debería de aprender bien que hay distintos pueblos, cada uno con sus rasgos, y no criarlo en la intolerancia.-abrí de nuevo el periódico y entonces, ahí estaba.

-¡Yo lo mato!-grité y el niño se escondió tras su madre.

No era hacia él, sino hacia una noticia que se filtró sin poder hacer yo nada. Se había pegado en el circuito, mi hijo mayor no paraba de hacer el inútil y el gallito. Era la pelea que tuvo días atrás de aquella cita conjunta con su hermana. Me molestaba que se golpeara y más frente a las cámaras como si nada. Ese niño no tenía decencia, parecía importarle poco el honor y el orgullo de ser un Sakurai.

Las letras impresas narraban con pelos y señales cada detalle del altercado. Cada letra me alteraba más y más. Mi corazón parecía estallar, bombeaba tan rápido y hacía que mi respiración se volviera extraña. Salí del local encendiendo el móvil, leyendo de nuevo bien el titular mientras esperaba que contestara.

-¡Se puede saber porqué demonios te pegas con otro tipo en medio de las pistas de motos!-grité sin esperar a que respondiera nada.

-Papá, por favor me acabo de recostar.-gruñó con la voz adormilada.

-¡Te juro que te desheredaré! ¡Lo juro! ¡Como vuelvas a dar un disgusto así te mato!-grité aún más alto, no podía más. Me sentía explotar. Mi cabeza comenzó a doler, la presión arterial a crecer y mi pulso se dislocó.

-Papá por favor, tranquilízate. Ya eso pasó, ya sabías que me pegué.-respondió intentando calmarme.-Respira lentamente.-susurró algo preocupado, pero yo únicamente veía la imagen del gancho de izquierda que le había dado a ese crío.

Me veía a mí, veía todos mis errores puestos en una pequeña calcomanía. Era mi hijo, sin duda era idéntico a mí. Rezaba porque Hero jamás fuera como él, que no tuviera esa mala costumbre. Sus ojos llenos de furia en otra imagen tomada más próxima. Era increíble ver su odio, el odio desde los ojos de otro que no era yo. Acomodé mis cabellos mientras él me seguía confesando el suceso.

-El chico vino de parte de Lexter.-murmuró.-No sé como lo supe, pero lo pude percibir, que habían estado juntos. Para colmo me decía que le perdonara, que él me amaba. Yo, estaba furioso y lo golpeé. Papá, eso fue todo.-aquellos susurros no me calmaron. Ese chico tendría su merecido por haber hecho aquello. Trajo malos recuerdos a mi hijo, entendí porqué su furia y su rabia.

-Entiendo.-comenté.-Entiendo bien, pero no quiero que te expongas de esa forma.-recalqué cada palabra para que le quedara bien claro.

-Papá, simplemente me duele que alguien venga a recordarme que estuve con ese idiota.-me alegré de escuchar aquello, ya se pasó el enamoramiento del cretino y ahora tenía otro chico. Un chico que me agradaba, una persona dulce y amable.

-Cuida bien de Yue.-dije con un tono serio.-No lo dejes escapar.

-Papá, lo voy a dejar. Tarde o temprano lo voy a dejar.-respondió en un tono bajo.-Papá es dulce, es adorable, puedo tratarlo mal y él viene con una sonrisa. Pero, no es lo que quiero. Necesito proteger a alguien realmente indefenso, sentir a un hombre en la cama y no a un maniquí de porcelana. Quiero alguien maduro, no un crío.-entendía en parte eso, quería algo que no fuera dulzura y color de rosa.-No quiero un niño rico.

-Quieres un chico cualquiera, con un trabajo normal o unos estudios corrientes.-murmuré cerrando los ojos, descansando al fin de ese nerviosismo pero el pecho me dolía.

-Me gustan los chicos mayores que yo, también que sean delgados, europeos y si puede ser ingleses o franceses. No me agradan los asiáticos, he terminado por no tolerarlos. Quiero alguien que me aporte algo distinto, no lo cotidiano al mirarme al espejo.-casi estallo en carcajadas cuando escuché esas palabras de sus labios. Precisamente eso hizo que cayera en brazos de su madre, pero no lo diría y tan sólo guardaría silencio.-Papá, quiero un chico que sepa lo que quiere.

-Te comprendo, comprendo lo que quieres decir.-miraba por la ventana de la peluquería como terminaban con Phoenix, se podía ver desde la posición en la que estaba.

-Me tengo que ir, quedé con el grupo.-dijo rompiendo la conversación.

-Está bien, hablaremos otro día.-murmuré antes de que colgáramos casi al unísono.

A mi regreso al local él ya estaba listo. Le habían cortado el pelo, bastante diría yo. El corte era algo extraño en él, jamás le había vuelto a ver moreno desde hacía demasiados años. Las puntas estaban rubias, era el resto del tinte que aún quedaba en su cabellera. Sonreía observándome, esperando algún simple halago. Yo únicamente lo inspeccionaba sin saber qué decir.

-Es extraño.-murmuré tomándolo por la cintura.-Pero me gustas más así que antes.-besé su frente con cierto paternalismo y él me miró extrañado. Nunca lo había besado así, ya no había lívido.

-¿De verdad?-preguntó temeroso.

-Sí, te queda muy bien.-entonces tomé sus labios entre los míos y con cierta fogosidad le hice creer que todo era perfecto.

-Nunca me habría imaginado que dejaría mi tono rubio.-rió bajo y acarició mis mejillas.-Pero a ti te gusta más así ¿verdad?-preguntó de nuevo para concienciarse de que lo que había hecho era lo correcto.

-Sí, me gustas más así.-recalqué y él sonrió como hacía meses que no hacía.

-Ya pagué.-odiaba que pagara, no tenía suficiente dinero ya que su herencia aún la disfrutaba su hermana.

-Perfecto, pero sabes que no soporto que pagues tú.-dije tomándole de la cintura para salir de la peluquería. Ese antro del demonio me mareaba con tanto hedor a tinte.

-¿Paseamos?-esos ojos llenos de ilusión me gustaban, no quería decepcionarlo más aunque yo ya estaba decepcionándome a mí mismo.

-Sí, claro.-estaba pensativo y él lo notaba, quizás era una estratagema para que confesara todo lo que tenía en la mente. Sin embargo, si decía todo lo vivido y todo lo que daba vueltas en mi cabeza sería cruel. No quería dañarlo, no me lo permitiría.

No dimos ni cuatro pasos cuando un fotógrafo comenzó a tirar fotografías. El flash me molestaba en los ojos, me puse las gafas de sol y él proseguía tomando instantánea de algo tan común como ir agarrados por la calle. Le miré con cara de pocos amigos, aunque tras las gafas se veía disminuido el poder de mis ojos. Unos ojos que hablaban de tortura y asesinato, de que era capaz de cualquier cosa. Él se abrazó a mí, se colgó de mi cuello y comenzó a besarme. Yo seguí el juego, pensé que no hacerlo acarrearía dudas en él y en cualquiera. Fui fogoso, más que en privado, y al desprenderse de mi boca él gimió pestañeando.

-Vamos a casa, no se puede caminar en libertad.-fuimos hasta el coche, retrocediendo nuestros pasos, para volver a casa en menos de media hora.

Mientras conducía él parloteaba. Decía que había sido increíble mirarse al espejo y ver el nuevo look. También dijo algo interesante, que deseaba tomar un aperitivo en el jardín con el pequeño y conmigo. Comentó que ya que éramos una perfecta familia y teníamos un perfecto jardín… debíamos tener una perfecta cena. Eso me recordó tanto a Clarissa que me dieron leves escalofríos.

Quise cumplir su deseo y acepté tomar algo en el jardín. Él preparó todo y yo simplemente me cambié de ropa. Dejé la que llevaba y me puse unos jeans desgastados con una camisa blanca abierta. Volví donde ellos y el pequeño Jun ya se distraía jugando con las mariposas. Balbuceaba riendo y aplaudiendo el baile de colores que había junto a las luciérnagas. Phoenix parecía más atractivo que antes en el coche, una camiseta suelta y un pantalón bastante corto. Estaba descalzo y colocaba todo sobre un pequeño mantel.

-Ven aquí cariño.-dijo tomando al niño en sus brazos.-¿Te gustan? Cuando seas mayor te compraré gusanos de seda, para que tengas cientos de ellas.-besó su sien y yo por una extraña razón me sentí un idiota.

Deseaba tanto a Uta, quería volver a los años aquellos donde era libre. No tenía responsabilidades, no tenía nada más que ver pasar una larga vida ante mí. Quería ser el líder de una banda gracias a mi talento y al de mi mejor amigo, Imai Yamada. Sacaría a mi madre de aquella situación, viviría sin golpes y sin el aliento del alcohólico déspota de mi padre. Quería volver a esos días y Uta era la puerta al desorden, la locura y sobretodo la pasión. Lo he repetido mil veces, pero creo que eso me confundía. Phoenix era el sosiego de mi madurez, la belleza delicada y el aroma que transportaba a una vida relajada. No quería relax, aunque lo necesitaba. Deseaba agitación, nervios y tanta emoción como pudiera.

domingo 21 de junio de 2009

Dark City - Fuera de control - Capítulo 7 (parte V)


-¿Qué pasa?-preguntó desorientado.

-No vuelvas a hacer eso, sabes que no debes hacerlo.-susurré apartándome de él para volver a tomarle de la mano.

-Ya soy casi un adulto.-refunfuñó.

-No, no lo eres. Puede ocurrir cualquier cosa, que no se te olvide quien eres y quien soy.-repliqué.

-Eres un amargado, debes de vivir la vida sin tantas preocupaciones o te dará un infarto.-esa frase la había escuchado de su hermano, punto por punto la dijo y después sonrió.-Es lo que dice Hizaki.-añadió y yo resoplé.

-No soy un amargado, no me dará un infarto, pero sabes que es peligroso para nosotros comportarnos como las personas normales. Tenemos un prestigio, una clase y dinero. Hacer este tipo de cosas pueden ponernos en peligro.-él se encogió de hombros sin entenderlo, él se veía normal a cualquier chico de su edad. Si bien, era cierto que no tenía algo distinto a cualquiera. Pero ya por apellido era un trofeo para cualquier criminal. Ese Imai podía estar en cualquier lugar y no le daría el gusto de atormentarlo.

-Vamos donde las aves.-dijo esta vez más calmado.

-Sí, vayamos a ver las rapaces.-sonreí de forma leve mientras nos encaminábamos hacia el lugar determinado para estas grandes aves.

Pasamos por un pequeño puente que daba a un lago artificial, dentro de ese lago había un montículo de tierra con arbustos frondosos y entre ellos cisnes convivían con ánsares. No tenía dudas, la remodelación había logrado que todo aquel paraíso de Noé fuera perfecto para los niños y adultos. Al término de ese recorrido estaban las jaulas con los grandes depredadores y también pequeñas jaulas donde se encontraban aves de menor tamaño.

-¡Búhos!-exclamó y miré mi anillo por inercia

Desde joven había llevado un anillo de un búho, era tan antiguo que no recordaba cuando lo adquirí. Lo llevaba conmigo y siempre le dije a mi hijo que era uno de los animales más impresionantes a la hora de la caza, como las águilas y lechuzas. Grandes cazadores y también hermosas representaciones de belleza e intelecto.

-Sí, búhos.-susurré apoyando mis manos sobre sus hombros, mientras él le hacía una fotografía a varios ejemplares.

Ese día cumplí una de mis promesas atrasadas. Todos los políticos somos tachados de cobardes, de prometer y no cumplir. Sin embargo, yo siempre lo he dado todo menos con mi familia. Tras esa mañana en el zoo y la tarde en los recreativos me di cuenta de que estaba dejando a un lado lo que más amaba, y no era siquiera la música. Mi familia era lo que más amaba, lo que tenía por encima de todo y lo que estaba relegando por puro orgullo. El orgullo de cumplir mis sueños como una vez dije, tan sólo eso.

De regreso a casa, ya sólo, miré las llamadas perdidas de mi móvil. Varias eran de mis secretarios, así que me puse en contacto lo más rápido posible. Nada más llegar a casa entré en el ordenador y me puse en contacto con él vía mensajería instantánea. Entonces me dio la buena noticia del año, ya no del día o del mes. Había encontrado al sustituto perfecto, tan sólo tendría que tratar de conocerlo y convencerle en el proyecto. Yo seguiría a la sombras, claro, como apoyo del partido y como líder honorífico. También tomaría decisiones concensuadas con el nuevo líder de lista. Sería un trabajo más sosegado y con mayor tiempo libre.

El hombre en cuestión se llamaba Paulo Wilde. Un joven escritor que rondaba los treinta años, su fecha de nacimiento exacta no era conocida por los medios. Había estado alistado a un partido de izquierdas liberal y algo moderado. Digamos que liberal por ciertas ayudas estatales y leyes contra la discriminación sexual, pero moderado en economía y pactos sociales. Una persona inteligente, con estudios en económicas aunque no finalizados por su incursión a las letras y licenciado en filología inglesa. Su nacionalidad era británica, había vivido prácticamente toda su vida en Londres salvo escapadas a países como Dinamarca o ciudades como Nueva York. Un dios de las letras, eso era. Su don era tan reconocido como su talento de llevar incluso varias novelas a la vez. Publicaba en Internet de forma gratuita ensayos, poesías y cuentos. Además fue el primero en usar el dinámico libro electrónico y aportar sus escritos al novedoso invento.

Sin duda, alguien con visión por sus notas en economía política y marketing empresarial además de sociología enfocada a la empresa. Sabía como tratar al público, a las grandes masas, y comportarse con firmeza ante cualquier momento inoportuno. Era él, nadie más. Quería alguien con cultura, talento, orgullo, mentalidad abierta y centrado. Sí, no podía ser otro. Se ajustaba como guante al perfil que había diseñado.

Por supuesto me envió por fax todo su historial en el partido, el dinamismo que tenía en él y lo concienciado que estaba con ciertas luchas sociales. Un hombre cercano al puerto, pero también a los que realmente gobernaban un país… los empresarios, tiburones financieros y demás alimañas ocultas en la sombra. Yo era uno de ellos, un tiburón, pero tenía mi pequeña conciencia pues jamás me podía separar de ella.

Estuve ojeando todo con minuciosidad, no quería a un déspota en el poder. Al final, decidí que lo mejor para conocerlo era pedir una cita. Poder emprender su afiliación a nuestro partido, explicarle nuestros proyectos y sobretodo hacer que confiara en mí. Sabía que no sería un hueso duro de roer, pero lo intentaría.

-Atsu.-era la voz de Phoenix cargando al pequeño.-Me prometiste hace días ir conmigo a la peluquería.-susurró algo decepcionado.-Pensé que hoy iríamos al fin, pero te has hecho oídos sordos.-Jun balbuceaba señalando algunas carpetas que tenía regadas en la mesa, eran informes de otros candidatos.-Ya iré con Jasmine.-sonrió con amargura y se giró para marcharse.

Juro que no me había acordado de aquello, que no me di cuenta de que llamó a la puerta para entrar. Entonces me acordé que desde aquel día donde nos desfogamos no lo había tocado, no había llevado a Phoenix a pasear como le prometí y mucho menos le hacía caso. Faltaba un mes para la boda, tan sólo un mes, y yo cada vez intentaba postergarla más. Uta estaba metido en mi mente junto a millones de informes.

-Gatito, espera.-dije levantándome de la mesa para ir tras él.

-Atsu, sigue con tus informes. Ahora sé como se sentía ella, todo el día metido en el despacho. Ya no sé ni que piensas, qué cosas te molestan… estoy empezando a olvidar como me besas.-lo tomé por la cintura cuando escuché aquello.

Me molestaba escuchar de sus labios ciertas cosas, los celos salían a la luz y yo me moría por dentro envenenado en ira. Le amaba, le quería hacer feliz y tan sólo lo enclaustraba para ser infiel en cualquier momento. Me pegué bien a él acariciando sus cabellos y besé su frente.

-No, no estoy para mimos ahora mismo.-dijo apartándome.-Voy a llamar a Hizaki y Jasmine, diré que vengan conmigo.-el bebé agarraba sus cabellos y jugueteaba riendo.-No, cariño.-susurró apartándolos de sus peligrosas manos.

-Gatito, te dije que iría yo.-no deseaba que mi hijo se aproximara tanto a Phoenix. Me pateaba el hígado, ya que sabía bien que Hizaki no sabía de propiedades ajenas. Yo podía ser infiel, pero mataría a quien le pusiera un dedo encima.

-¿Cuándo? ¿El año próximo? ¿Tendrás hueco para mí en el dos mil dieciséis? ¿O sigo esperando hasta el dos mil cuarenta?-sabía que era culpa mía, si bien me escocía su forma de tratarme.

-No me hables así.-respondí molesto.

-¿Y como he de tratarte?-intentó caminar hacia el cuarto del bebé, pero lo bloqueé. No quería que la discusión acabara.

-¿Por qué lo haces? ¿Por qué? ¿A caso no sabías que tengo responsabilidades?-inquirí.

-Yo también las tendría si no lo hubiera dado todo por ti, si hubiera sido egoísta y me hubiera permitido el lujo de amar a alguien de mi edad. Alguien libre y no alguien como tú. No nos parecemos en nada, pensaba que teníamos algo en común. Atsushi si todo esto sigue así… se acabó.-le quité entonces el niño de las manos.

-¿Soy viejo? ¿Te quité todo lo que querías? ¿Te pedí que dejaras de ser periodista? ¿Qué dejaras de escribir tu bazofia en las columnas de opinión? ¡Por dios Phoenix!-estaba furioso, se notaba a leguas y no era bueno para mi corazón.

-¡Estoy harto de estar encerrado! ¡Harto de ser un capricho! ¡Me siento un capricho! ¡Mírame! ¡Me cuido! ¡Estoy en tratamiento! ¡Todo por ti! ¡Porque por las noches vengas y me abraces! ¡Todo por no sentirme solo y notar tu amor cada día! ¡Yo te amo! ¡Te amo! ¡Pero me desprecias! ¡Sé que tienes a otro! ¡No estoy loco! ¡No me hagas creer que no!-tras ello cayó de rodillas llorando y yo únicamente llevé al bebé a su cuna.

Jun lloraba gritando su nombre, el balbuceo de su nombre. Yo simplemente deseaba que parara. Lo que decía tenía cierta coherencia y me hacía daño, me molestaba ver cuando sufrimiento le estaba ocasionando. Yo quería creer que era su salvador, no su asesino o carcelero. Él seguía llorando con las manos puestas en el parquet, lloraba desesperado y me miraba con ojos de fiera.

-¡Se acabó! ¡Estoy harto!-dijo golpeando el suelo.

-Yo también, estoy harto de que no quieras ver que todo lo hago por ti. Si trabajo el doble ahora es para poder encontrar sustituto, así tendría más tiempo para nosotros tres. Que hoy haya ido a ver a mi hijo pequeño me debe convertir en un monstruo, sobretodo porque le hice esa promesa hace casi diez meses, tal vez más. Sí, soy un canalla que no sabe amarte. Seguro que un caprichoso, un mal esposo, un cruel amante y todo lo que quieras decir. No puedo hacer nada si piensas así, nada.-mi voz no temblaba, pero mi corazón latía demasiado rápido. Debía tranquilizarme o me daría un infarto.-Me pidieron reposo, que no me exaltara, y tú en cuanto tienes ocasión me echas todo en cara a ver si me muero.-pasé por su lado sin recogerlo del suelo, no lo haría.-Ahora levántate o tírate por las escaleras. Haz más drama, si quieres. Pero, al menos, espero que tengas en cuenta mis palabras.-me encaminé a mi despacho y me recargué en el sillón giratorio.

Como pude busqué las pastillas y me las tomé desesperado. Si empezaba el dolor del pecho debería acudir a un médico, ya que cada vez eran más fuertes. Eché mi cabeza hacia atrás y cerré los ojos. Pronto noté su mano sobre las mías, su cuerpo pegándose a mí mientras me rodeaba con sus débiles brazos.

-Lo siento, no sabía. Yo simplemente me dejé guiar por mis celos.-su voz estaba aún tomada por el llanto, gimoteaba aún.

-No importa.-susurré besando sus mejillas empapadas por las lágrimas.-¿Quieres ir mañana? Podemos ir en uno de mis huecos libres.-susurré jugueteando con sus cabellos, como minutos antes lo había hecho nuestro hijo.

-Sí.-murmuró buscando mis labios y lo besé estrechándolo entre mis brazos con cierta firmeza.

Me fui apaciguando con él sobre mí, acariciaba su espalda y esperaba que dejara de decir absurdeces. Ya me estaba cansado de tantos celos, de tanta ira, de tantos reproches. Quizás por eso quería estar con Uta, él nunca me reprochaba nada.

Dark City - Fuera de control - Capítulo 7 (parte IV)


-Papá ¿vamos a ir al zoo hoy?-preguntó mientras movía sus piernas sentado en el taburete.

-Sí, claro.-no tenía pensado hacerlo, pero quería huir de Uta y de Phoenix.

-Perfecto, podemos comer allí. Han abierto un restaurante de comida mediterránea.-comentó tomando una servilleta para doblarla y extenderla. Era un tic nervioso, Hizaki tenía un tic en su ojo al igual que el mío. Sin embargo, Hero era de juguetear con papel y a veces lo hacía trizas, eso era cuando su estado de nervios era excesivo.

-Sí, claro.-revolví sus cabellos y me acomodé en el taburete.

-Papá ¿ya no fumas?-preguntó observándome fijamente.

-No, fumo. He decidido que ya es hora que deje un mal hábito.-sonreía mientras lo hacía y di un trago al vaso de agua que me ofrecieron.

-Hizaki está fumando, no me gusta a veces entrar en su cuarto porque apesta a tabaco.-se recargó en la barra y resopló.-Los pocos que se fuma en casa lo hace ahí, en el alfeizar de la ventana.-bajó los párpados y se incorporó estirándose de forma leve, sus modales le impedían ser como Hizaki. Su hermano no tenía escrúpulos en ocasiones, me recordaba a mí de joven salvo que solía tener paciencia.

-Lo sé, tengo que hablar seriamente con él.-comenté bastante serio.-No tiene idea de los problemas que puede ocasionar el tabaco.-murmuré y pensé en mi corazón, mis pulmones no estaban tampoco demasiado bien. Sabía que tenía que realizarme un chequeo exhaustivo, hacer de nuevo ejercicio y olvidarme de la nicotina.

-Sí que lo sabe, todos sabemos que el tabaco no es bueno.-se rascó la mejilla y me miró de reojo.-Así que no lo defienda, me molesta que le defiendas y a mí siempre me regañes.

-No es eso, no es defenderlo.-respondí de inmediato, no me agradaba que pensara eso.-Él no sabe las consecuencias en su propia piel.-aclaré.

-Tú tampoco, has tenido suerte.-dijo con una sonrisa mientras daba un sorbo al batido.

-Sí, suerte.-susurré recordando lo que me dijo el médico, que mi corazón podría tener un colapso y que estaba tan enfermo por la nicotina. Desde los quince años he fumado, siempre un par de cigarros pero terminé con varias cajetillas.

-Me gusta esta canción.-dijo señalando la radio que emitía una de tantas canciones pop de los ochenta de este viejo, y a veces enfermo, país.-¿Cómo se llama?

-Soledad.-respondió la camarera.-¿Sabes lo que significa?-interrogó la chica, mientras limpiaba la barra de un poco de batido que se había derramado.

-¿Transexualidad?-yo únicamente los escuchaba.

-Sí, habla de la represión y de la soledad que puede generar no poseer lo que deseas por cuatro idiotas.-cuando dijo aquello me miró directamente.

-Lo sé.-susurré.-Me está echando en cara mi pasado, sin embargo no me conoce.-recalqué frunciendo el ceño.

-Por idiotas como usted hemos vivido una represión extrema en esta ciudad.-cuando dijo hemos entonces me fijé en la leve nuez que se mostraba en su cuello.

-Mi padre me golpeaba desde niño, casi me mata al saber que era bisexual y cambié por miedo a que matara a golpes a mi madre. A parte, mi suegro era idéntico. No me hubieran dejado disfrutar mi amor por Clarissa. Sacrifiqué a muchos por egoísmo, por miedo, por represión. Pero no me arrepiento del todo, en parte porque vendí mi libertad y la de muchos, sin embargo tengo dos hijos gracias a ello. No me juzgue porque no tiene ni puta idea de con quién está hablando y la poca razón la pierde.-lo dije sereno y mi hijo abrió los ojos de forma notoria.

-Papá.-él no sabía ese pasado, siempre se lo oculté aunque Hizaki sabía bastante de ello ya que con quince años le conté todo.

No quería que mis hijos me tuvieran lastima o sintieran que en comparación mía eran demasiado afortunados. Ellos se ganaban las cosas que tenían, estarían algo mimados pero lo hacía sin darme cuenta. Quería que tuvieran todo y lo mejor, si bien les hacía tener retos para conseguir ciertos objetos de ocio como consolas.

-Lo lamento.-murmuró ella aferrada a la barra del mostrador.

-Si me desea retar con canciones de los ochenta… va mal encaminada.-susurré.-¿Recuerda “no dudaría”?-pregunté y ella asintió con una sonrisa leve en sus labios.-Así me siento.

-¿Cuál es esa?-preguntó mi hijo y le acaricié sus cabellos con una sonrisa.

-Me hago viejo, gracias por recordármelo.-dije mientras él volvía a tomar de aquel batido de fresa.

-Todos juzgamos.-cuando dijo aquello hice una señal para que se aproximara a mí.

-Pues lamento contradecirla, ante mí veo una mujer y no lo que fue en el pasado. No juzgo a las personas, tan sólo era una máscara.-susurré de forma baja para que mi hijo no escuchara.-Además, ¿cómo hacerlo? Veo a una hermosa chica y nada más. No podría imaginarla de otra forma.-se sonrojó cuando me aparté y me levanté del taburete.

-No valen secretos.-dijo él mientras terminaba el batido.

-No vale refunfuñar.-respondí dirigiéndome hacia el otro lado de la barra y tomé un par de caramelos.-Cóbrelos con el batido.

-Sí, claro.-salió de aquel hieratismo de maniquí perfecto.

Era una chica delgada, ojos verdes de tigresa, labios jugosos y piel clara. Cualquier comparación con un hombre era un insulto, era idéntica a cualquier chica biológica y apostaría que aparentaba un par de años menos de los que tenía en realidad. Hasta ese instante no había reparado en que era una chica transexual. Sin embargo, me agradó dejarle en claro quién era o más bien quién éramos. Seguramente había pasado tratos parecidos a los míos, supo comprender y quedar en paz. Usualmente ponía esa canción, soledad, y me alegré que mi hijo dijera aquello para comenzar a conversar con ella.

Tras pagar todo lo llevé al zoológico. Hacía bastante sol así que no me despegué de mis gafas de sol, llevaba en la mano mi móvil para sacar fotografías y la que tenía libre apretaba la suya. Temía que se despegara y se perdiera, como pasó con Hizaki cuando era niño. Aún recuerdo ese día, creo que el miedo de perderlo no se marchó jamás y sigue enclaustrado en mi mente. Siempre he sido sobreprotector, pero desconocía mis límites.

-¡Papá quiero ir donde las aves!-gritó separándose de mí mientras corría hacia una cuesta bastante empinada con mil peldaños.

-¡Hero!-dije persiguiéndolo y cuando lo tuve frente a frente estuve a punto de reprenderlo, pero esa ilusión en su mirada me frenó.

Temía por Imai, temía también que se cayera o que se perdiera sin más. Hero era el último vínculo con Clarissa y a penas disfruté de él cuando era un niño. Ambos trabajábamos demasiado, él creció a la sombra de Hizaki y por extraño que parezca veía a mi hijo mayor más padre suyo que yo. Lo estreché con cierta fuerza, temía que se marchara y no volverlo a ver. Había echado en falta sus juegos, su mirada cargada de inocencia y sus conversaciones de adulto. Estaba en una etapa difícil, ni niño ni adulto, y me la estaba perdiendo como la de Miho.

Dark City - Fuera de control - Capítulo 7 (parte III)


-¿No? ¿Por qué no vienes a verme? No vienes, te dedicas a poner excusas y darme regalos. Papá no quiero regalos, quiero hablar contigo todos los días sin teléfono de por medio.-eso que pedía también lo deseaba yo, pero era imposible.

-No puedo, no podemos.-respondí intentando que su mirada se cruzara con la mía.

-Podemos, vuelve a casa y todo arreglado. Seguro que mamá también quiere, yo sé que quiere.-su madre pediría mi cabeza en bandeja de plata, pero él creía que todo era posible. Sin duda aún no le quedaba claro que sus deseos no eran los nuestros. Siempre le concedimos todo, como a Hizaki. Hasta ese momento no me di cuenta cómo lo habíamos malcriado.

-Mamá y yo ya no estaremos juntos bajo una misma casa, acéptalo. Cuanto antes lo aceptes mejor. No son tus deseos, sino los nuestros.-dije acariciando sus cabellos, revolviéndolos para luego colocarlos bien.

-No, eso es mentira.-aquello lo tomé como una pataleta, no como algo real. Si algo éramos los Sakurai era cabezotas, los peores. No dábamos nuestro brazo a torcer, era imposible para nosotros admitir una derrota.

-Es cierto.-me levanté del asiento y regresé al del conductor.-Es algo que ambos decidimos.-dije arrancando al fin.

-No, es algo que tú decidiste.-en eso sí tenía razón, lo decidí yo.-Mamá aún te quiere.-susurró y yo quedé confuso. Ella no podía quererme, ya no. No se pasaba del amor al odio en días, pero sí en meses. Sus sentimientos ya no eran los mismos puesto que estaba con ese pretencioso.

-No, créeme. Ni ella ni yo nos queremos ya, es algo que ya no existe.-no había amor por ninguno de los bandos.

-¿Se lo has preguntado a ella?-dijo mientras paraba en un semáforo.-¿Eh? Quizás tú no la quieres, pero ella sí a ti. ¿Se pondría alguien con los ojos melancólicos cuando piensa en otro? No, eso sólo sucede cuando se quiere.-era el único en ver los estados de Clarissa, en realidad pocos sabían vislumbrar bien qué sentía. Él era mejor que Hizaki, yo antes era un experto pero dejé de hacerlo cuando dejé de amarla. No la comprendía, porque nunca llegué hacerlo de forma completa.

-No, no hace falta.-suspiré tamborileando mis dedos sobre el volante.

-Sabes que es cierto.-dijo incorporándose de su asiento para apoyar sus manos sobre el asiento del copiloto.-No quieres verlo, no quieres ver que hiciste daño a mamá. Eres un egoísta, papá.-aquello lo hizo a regañadientes, algo molesto.

-No es así, las cosas no son o blanco o negro. Si no la quería, si ya era una mentira, no estaba bien estirarlo todo como chicle. Eso si hubiera sido egoísta, tener su cariño a cambio de nada. Yo ya no la amaba, quería ya a Phoenix.-dije lo último casi sin aliento. Me estaba dando cuenta qué había quebrado con Uta, quebrado lo que había comenzado como un sueño y una necesidad.

-Sé que no son blanco o negro, pero debiste de hacerlo de otra forma.-tras escuchar aquello comenzó a darme dolor de cabeza.

-Lo sé, admito que no fueron las mejores formas.-respondí parando el vehículo al fin frente a una de las heladerías más céntricas.-Pero ya no hay vuelta atrás, ya no se cambia el pasado y no se puede hacer nada.-dije saliendo antes de que replicara.

-Pide perdón a mamá.-respondió nada más abrir la puerta.-Seguro que mamá se sentirá bien si lo haces.-le quité el cinturón de seguridad y esperé a que saliera.-¿Lo harás?-me miraba con esos ojos cautivadores, esa mirada que ponía cuando quería enternecerme de alguna forma.

-Eres un maldito gato zalamero, pero intentaré hacer algo.-sonrió cuando escuchó eso de mis labios, era un avance quizás para él y para mí un enorme paso.

Ese paso sería quizás sobre una cuerda fina, tan fina que pudiera hacerme caer. Temía a mi ex, la temía más que a nadie en este mundo. Sabía que un paso en falso podía hacer que esa mujer de hielo, que sólo era apariencias, terminara explotando y convirtiéndose en un volcán. Me sentía extraño frente a ella, diminuto y vapuleado. Ella podía conseguir cualquier cosa con sólo pestañear. Era poderosa, y lo será aunque quede sin un céntimo. Su poder no radica en su dinero, en su nombre, sino en su carácter.

-Papá.-me dijo llamándome la atención con mi móvil en la mano. Me había quedado pensativo. Me debatía interiormente, sabía que mi actitud no fue la mejor de todas y ella tomaría revancha por ello, al menos así lo temía.-Papá.-me puso el móvil frente a mi rostro mientras lo movía.

-Sí, dame.-miré quién era y era Uta. Terminé descolgándolo sin saber bien cómo iniciar conversación.

-Hola amor.-su tono era algo preocupado.-Desde que volvimos no me has llamado, te echo de menos y ya no podía más. Quiero verte, pero no en los ensayos de mañana. Quiero verte hoy, quiero que vuelvas a estar conmigo y me beses. Necesito que me beses.-estaba frío con mi hijo tomándome de la mano.

-Papá, vamos quiero ese batido.-gruñó jalándome.

-¿Atsu?-preguntó Uta desde el otro lado del teléfono.

-Sí, pero no puede ser. Hoy estoy con mi hijo, con el pequeño, deseo pasar el día con él como le prometí hace mucho.-mi hijo sonrió al escuchar lo que decía y me abrazó.

-Entiendo.-susurró algo confuso.-Pero ¿no te arrepientes? Por favor, dime que no te arrepientes.-en realidad no lo hacía, me había sentido libre estando con él pero sí me arrepentía en parte por el daño que había causado.

-No me arrepiento, no del todo. Sin embargo, este no es el momento.-colgué y apagué el móvil.

-¡Eres el mejor!-Hero brincaba a mi alrededor.-¡Anda! ¡Quiero batido de fresa!-gritó tirando de mí con fuerza y a duras penas cerré el coche, además de poner la alarma.

-Espera, Hero.-dije con una sonrisa en mis labios, me sentía bien al lado de aquel pequeño. Era como si volviera a ver a Hizaki, repetir todo de nuevo pero sin tantos errores. No fui el mejor padre con él cuando llego a su edad, pues estaba Hero demasiado pequeño y él no disfrutó de este lapsus de tiempo que es hacia la pubertad.

Cuando uno ni es niño ni es adolescente, cuando cabalga entre dos mundos, puede sentirse solo. Yo lo sentía. Mi padre era un desgraciado, comencé a fumar joven, me metía en peleas, intentaba no pensar demasiado y cuando me di cuenta estaba en otro continente intentando iniciar una vida más asentada. Mi hijo no debía de cometer mis errores, ni de sentirse como yo. Jamás me hubiera perdonado dejar atrás a mis hijos, hacerles sentir mal o dañarlos sin motivo. Era y soy sobreprotector con ellos.

Nada más entrar en la heladería se pidió un enorme batido de fresa, yo tan sólo me pedí un vaso de agua. No me apetecía, además después de la llamada únicamente tenía la boca reseca. Las cosas se estaban complicando cada vez más, demasiado. Ya no podía abarcarlo todo, se iba de mi control y perdía el contacto con la realidad.

sábado 20 de junio de 2009

La ultima cena


La cena


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Años de gloria
de suplicio y condena
años de soledad
de fiestas y disfraces

años, tinieblas tan sólo que vendaron mis ojos y me conmocionaron...


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Frases, únicamente son frases.-dice mientras se acomoda en la mesa.-No las tomes en cuenta, digo tantas tonterías al día.-murmura con un ademán de noble cortesano, para después extrangular al roedor sobre la copa de cristal. Sus manos son de mármol, son frías y blancas, con uñas tan brillantes y transparentes como la escama de un salmón.-¿Una copa?

-Pudreté!-grita dolorido.

-Oh, está bien. Pero no deseo pudrirme ahora, es demasiado temprano y el traje que llevo es caro. ¿Has visto? he contratado a los mejores sastres de la ciudad...Odio esta campiña, deberíamos ir a la cena de gala de la Marquesa de...-y no termina sus frases cuando un golpe sobre la mesa hace que arqueé una ceja.-¿Y ahora qué?

-Sólo piensas en matar! por dios Lestat! sólo matas! engulles a tus presas y las dejas seca! ¿no tienes remordimientos? ¡tu padre se muere en la sala contigua!

-No grites, pueden oírnos Louis.-susurra pausadamente dando un trago a la copa que se acaba de servir, una copa de sangre ya fría... de aquel estúpido animalillo.

-¡Y qué! ¡Deseo que sea conocido nuestro mal! ¡Somos diablos! ¡No oyes sus tambores!?-los tambores de los esclavos a lo lejos, ese tan tan... ese... inconfundible ruído

-Déjalos con su cultura, sus ritos, si se aproximan a mí serán alimento de carroña.-respondió dejando los pies bien puestos sobre la mesa.

-¡Te odio!-grita enfurecido el moreno gallardo, tomando las riendas de su destino al fin.-¡Te odio!

-No Louis, bien sabes que me amas... pero eso hace que te odies a ti.-

Acto seguido el sonido de una puerta cerrándose...

Pronto todo ardería, el padre de Lestat moriría al fin y tendría parte de libertad... y también condena.




Un video del Lestat Japonés, su nuevo PV

por dios... incluso se burla de las fans del crepusculo

ven la chica con la manzana? Kamijo juega con ella y se la carga bebiendo su sangre.

Además los vampiros matan por sangre, no se enamoran

Amor al vampiro clásico... esto es un clamor al vampiro que engendró Rice

Yo he dejado este pequeño tributo con este pv, me apetecía.

martes 16 de junio de 2009

Dark City - Fuera de control - Capítulo 7 (parte II)



-¡Papá!-gritó Hero desde la escalera de caracol que caía hasta el primer piso. Quedaba justo frente de donde nos encontrábamos.

-Estoy aquí.-me levanté caminando hacia él y lo tomé entre mis brazos haciendo que se levantara del suelo.

-¿Dónde vamos?-lo tenía en brazos y sus piernas colgaban a ambos lados de mi costado izquierdo.

-Veamos ¿qué tal un buen desayuno?-pregunté quitándole la gorra para colocármela yo.

-Sí, estoy de acuerdo, pero la gorra es mía.-volvió a colocársela y lo bajé extendiéndole la mano.

-Ya soy mayor para eso.-reí cuando escuché eso de sus labios, sin duda no me pude contener.

No era grande para peluches, ni juegos, tampoco para dibujar, mucho menos para ir al zoo como algo vital y tampoco para saltar sobre mí; pero era demasiado adulto para tomar mi mano.

-Atsushi, espero que pasen un buen día.-dijo Clara dejando su mejilla para que mi hijo la besara.

-Lo pasaremos bien, además tengo que contarle muchas cosas.-me abrazó a ella y besó su rostro como si se tratara de su abuela. Era para él quizás eso, una mujer mayor que le consentía cada capricho que pasaba por su mente.

-¿Qué cosas?-Hizaki me había puesto al día, además nos comunicábamos por teléfono.

-¿Sabías que tengo una novia? Se llama Elizabeth.-abrió la puerta y esperó a que yo le siguiera, pero cuando dijo eso me dejó frío.-Papá, vamos.

-¿Novia? Dirás amiga especial.-quería olvidar ese sentimiento de que crecía.

-Sí, novia. Pero no es mi primera novia. He tenido muchas, algunas desde los seis años, sin embargo esta es la definitiva.-exploté en carcajadas mientras decía todo aquello tan convencido.

-¿Te casarás con ella?-pregunté pasando por la puerta.-Porque dudo que alguien su sano juicio quiera pertenecer a esta familia.-se giró con el ceño fruncido, ese ceño que sin duda era herencia mía.

-Pues que sepas que es bastante guapa.-recalcó como si fuera algo esencial.

-Oh, vaya las chicas ahora simplemente son guapas.-dije cruzándome de brazos mientras caminábamos hacia mi coche.

-Sí, es guapa y rubia.-cuando dijo rubia entonces sí que eché a reír sin parar.

-Bravo hijo, has hecho lo que un ochenta por ciento de los hombres hacen.-comenté abriendo el vehículo para que se subiera.

-¿Qué?-interrogó inquieto abrochándose el cinturón.

-Buscarse una novia similar a su madre.-dije antes de cerrar su puerta para subirme por el lado contrario y comenzar a conducir.

-Eso no es cierto, no tiene nada que ver con mamá.-reprochaba enfuruñado en su asiento, tenía los brazos cruzados y miraba hacia el lado contrario de la acera.

-Seguro que tiene orígenes latinos y europeos.-golpeó el asiento del copiloto y me miró aún más molesto.-Di en el clavo.

-¡Y qué! ¡Tú te has ido con esa mierda y la has dejado!-gritó a pleno pulmón.

Eso no me hizo gracia, es más mi rostro se torció. Me giré en mi asiento dejando aun lado el cinturón de seguridad. Lo miraba fijamente y él a mí.

-Dejé de amar a tu madre hace mucho, ya no era feliz a su lado, aunque la quisiera. ¿No tengo derecho a ser feliz? ¿Querías quizás que fuera infeliz para que ella lo fuera? No, en ese caso fui egoista y acepté las consecuencias de mis actos. Me enamoré de él, lo necesitaba a él y no por ello os dejé de lado. Tu madre ha sido importante para mí, más de lo que tú o tu hermano podéis imaginar. Me ha dado dos perfectos regalos, dos hijos, y también momentos que me hicieron crecer como persona. No voy a soportar ni a tolerar que pienses que desprecio todos los años a su lado. Que ya no la ame es distinto.-él me escuchaba algo incómodo en su asiento, pegándose tanto que sentía que se camuflaba con él para intentar no escuchar.-Amo a Phoenix, para mí ha sido algo especial conocer a mi otra mitad. Dices que tu novia es la definitiva, así creía que era tu madre, pero me equivoqué. No era la definitiva, sino alguien que pasó por mi vida y dejó su huella. Quizás Phoenix tampoco sea el definitivo, pero mientras esté con él vas a tener que aprender a no insultarlo y aceptarlo como mi pareja. Te guste o no las cosas han cambiado y eso puede causarte miedo, pero debes aprender aceptar que nada es eterno.-comenzó a llorar y aferró sus manos a la tapicería del asiento trasero.-Cariño.-dije bajándome del coche para sentarme a su lado.

Creo que estuve más de media hora abrazándolo y besando sus cabellos. Siempre lo tuve como el más frágil de los dos, el más parecido a mi hermano, a quién debía proteger de sobremanera. Si bien, había sido tan estúpido y tan frío con él que me dolía. Me dolía haberle hecho llorar al igual que haberlo abandonado.

-Te quiero papá.-susurró algo más calmado.

-Y yo a ti Hero, eso no lo cambiará nadie.-dije apartándome de él para secar las lágrimas que aún fluían por sus mejillas.

lunes 15 de junio de 2009

Dark City - Fuera de control - Capítulo 7 (parte I)



Capítulo 7: Fuera de Control


Fue duro, muy duro, llamar a mi antigua casa y que Clara aceptara la llamada. Más duro aún escuchar que mi hijo había sufrido un pequeño accidente el día anterior, mi hijo Hero. Era frágil, de constitución delgada, ojos parecidos a los de su madre salvo por el color y sobretodo algo infantil en sus formas. Lo había tenido todo, desde su nacimiento, y llamaba la atención con sus notas y también con sus problemas. Fue jugando, según entendí, pero eso no me dejó tranquilo. Yo no estuve ahí para levantarlo, tampoco para llevarlo al médico y mucho menos para acunarlo en mis brazos. No estaba. Simplemente ya no estaba en su vida diaria y eso me ahogaba.

Decidí ir a visitarlo, Clara me dio las instrucciones para que fuera a la hora pertinente y que mi mujer no estuviera. El niño no iría a clases, ya estaba acabando y sólo iba para repaso del curso. Al llegar a mi antiguo hogar, nada más cruzar la puerta, sentí que mi corazón daba un vuelco. Recordaba el día de mi partida, los gritos de Clarissa, la sonrisa de canalla de Lexter y el silencio que se hizo presente al cerrar la puerta de mi vehículo. Llamé al timbre, puesto que la llave ya no era la misma, y ella me abrió.

-Hola Atsu.-susurró Clara acariciando mi rostro.-Te ves más delgado y más pálido.-era como mi madre, al menos sentía su misma proximidad hacía mí. No era una sirvienta, era parte de mi familia.

-Hola Clara.-dije besando su mejilla.

-Hero está aún dormido.-comentó dejándome pasar hacia el hall.

-Iré a su dormitorio.-respondí y ella asintió caminando hacia otra sala.

Sabía que yo amaba a mis hijos, que eran parte importante para mí. Ellos eran esenciales en mi felicidad y estar tan alejado de él me envenenaba. Le había hecho tantas promesas que aún no cumplía que temía que cuando me viera me rechazara, jamás había mentido a mi hijo y seguramente él así lo sentía.

Entré en su habitación tras largos minutos parado en el marco de la puerta, no me atrevía a despertarlo por miedo. Fui hasta él y me senté en los pies de su cama, acariciando su rostro y observando todo. Tanto orden, tanta perfección y tan distinto a mí. Él se aproximaba más a su madre, era meticuloso en lo que hacía y muy distinto a Hizaki en formas. Realmente temía su reacción. Sin embargo, cuando abrió los ojos sonrió.

-Papá.-susurró restregando su mano derecha sobre sus ojos, estirazándose en la cama.-Papá he tenido un sueño raro.-murmuró algo adormilado aún.-Tú y mamá os separabais, era raro.-se acurrucó hacia mí y abrazó la almohada. Entonces, creo, que se dio cuenta que nada era un sueño por el vendaje de su brazo izquierdo.-No fue un sueño ¿verdad?-preguntó con la voz tomada, comenzó a llorar y se abrazó a mí.

-Hero.-susurré besando su sien, abrazándolo como jamás lo había hecho con él. Temía que viniera Clarissa, que me echara de la casa y que me largara increpándome.

-Hizaki me ha estado dando tus consejos y regalos.-en realidad yo no había hecho nada. Nunca le di a Hizaki ningún regalo para Hero, temía que me los devolviera. Mi hijo mayor había estado cuidando a su hermano y también que no se olvidara de mí. Sonreí acariciando su rostro y acomodando sus cabellos.

-Te eché de menos Hero.-dije apartándome de él para terminar por levantarme, quedando de pie frente a él.

-Yo también.-respondió observándome.

-Vine para llevarte al zoo y tomar un helado.-sonrió cuando escuchó eso.

Se levantó rápido y casi tropieza cayendo de la cama. Lo hizo con torpeza, pero me abrazó. Le hacía ilusión ir a ver las nuevas actividades y animales del zoo. Llevaba desde navidades diciéndole que iríamos, era prácticamente verano y aún no habíamos ido. Era una de mis deudas pendientes.

-Voy a ducharme y a tomar el desayuno.-dijo apartándose de mí tras ese abrazo, un abrazo que echaba en falta.

-Sí, ve.-le observaba como si no fuera real, como si fuera una loca evasión de mi mente o simplemente como si el tiempo hubiera retrocedido. Ver a mi hijo, al pequeño de los dos que tenía con mi exmujer, me hacía sentir de nuevo como si nada se hubiera desquebrajado.-Te estaré esperando hablando con Clara.-dije mientras él amontonaba la ropa que se iba a poner para el pequeño paseo.

Al salir de su cuarto fui al de Hizaki. Seguía tan desordenado como siempre, la cama sin hacer y revuelta. Los cds, ropa, las baquetas de la batería y las revistas se amontonaban en cualquier rincón. Los poster de chicas casi desnudas, los de grupos japoneses y algunas películas empapelaban la habitación. El olor a tabaco me hizo gruñir, ese maldito estaba empezando a fumar.

-Sin duda, tenía que ser hijo mío.-murmuré antes de sentir como la mano de Hero apretaba la mía.

-Papá.-su voz me trasladaba al pasado. Un momento más allá de las últimas noches que habíamos vividos todos juntos bajo aquella casa, a los inicios de aquella doble vida. Hacía casi tres años que Phoenix y yo nos veíamos, tres años que había decidido mentir.

-¿Ya estás?-pregunté observándolo aún en pijama.

-No, sólo quería preguntarte si algún día harás las paces con mamá.-aquello me dejó helado, no sabía bien qué decir. Me quedé callado, pensativo y algo aturdido.-Papá, dentro de poco es mi cumpleaños.-en dos meses, faltaban dos meses. Ya tenía todo pensado para regalarle, además estaba de acuerdo con Hizaki para hacerle una pequeña fiesta de cumpleaños que valiera para ambos.

-No lo sé cariño, no soy adivino.-comenté arrodillándome frente a él y le tomé del rostro.-Pero te aseguro que algún día todo esto será parte de nuestros recuerdos, no causará más daño a ninguno de nosotros y seremos felices. Nada será igual, sin embargo ya no habrá distancia en la familia. Incluso podrás jugar con Jun y cuidarlo siendo un buen hermano mayor, no como el desastre de Hizaki.-sonreí mientras se lo decía y él comenzó a llorar, se abalanzó sobre mí y yo lo tomé en brazos.-Vamos Hero.-susurré acariciando sus cabellos.

-Yo quiero que todo sea igual, quiero que sea igual.-parecía un ruego en vez de un imperativo, sin embargo era ambas cosas. Exigía que fuera de la forma que siempre fue, no como en esos momentos. No quería a sus padres desunidos e intentándole hacer olvidar con regalos, obsequios que quizás él jamás deseó.

-Nada es igual, nada. Todo cambia Hero y es parte de nuestro crecimiento como personas. Hay que aceptar que todo acaba y hay otras cosas que se inician. Pueden ser mejor o peor a las que teníamos, pero jamás de la misma forma. Ninguna persona es idéntica a otra, no hay situaciones iguales sino parecidas.-él me abrazaba con fuerza mientras lo mecía en mis brazos. Se estaba desahogando. Hasta ese instante se había comportado como todo un hombre, pero en realidad era aún un niño.

-No es justo.-susurró de forma trémula.

-La vida no es justa Hero, pero no por ello dejamos de vivirla.-lo bajé al suelo y sequé sus lágrimas.-Compórtate como un niño mayor, ya tienes casi trece años y deberías de saber que es una cifra importante.-

-Soy maduro, lo sabes. Pero no me gusta este tipo de cosas, sé que a veces parezco menor de lo que soy…-se quedó callado un momento para tomar aire.-Yo pensaba que tú y mamá os queríais.-aquello me rompió todos los esquemas, no sabía como explicarle algo tan complejo.

-Sigo queriendo a tu madre, sigo adorándola por todos los momentos buenos que he vivido con ella.-acaricié sus cabellos una vez más, los aparté de su frente y él sonrió.

-¿Entonces?-preguntó con los ojos algo iluminados con la mínima posibilidad de regresar al pasado.

-Pero no la amo. Ese es el pequeño problema.-dije tomándolo de los hombros.-¿No crees que hubiera sido cruel seguir con ella? Cruel para ambos. Ella engañada con la ilusión de que todo marchaba bien y yo lejos de la persona que realmente amo. También cruel para ti y para Hizaki.-asintió a lo que decía, se mordió el labio inferior y me abrazó.

-Lo entiendo, pero no me gusta.-susurró antes de besarme en la mejilla y marcharse a su dormitorio.

Cada uno tenía su propio cuarto de aseo, así siempre nos evitábamos colas en el baño principal. Verlo de nuevo, sentir su calor y también escucharle sin usar un teléfono... me tranquilizaba. Hero siempre fue la replica exacta de mi hermano en ciertos aspectos. Era un chico inteligente y dulce, sin embargo tenía arranques infantiles que no estaban acorde a su edad. Su coeficiente intelectual era alto, no de premio novel pero sí bastante elevado. Su aspecto delicado era un añadido, aparentaba fragilidad y eso le valía para conseguir cualquier cosa.

Estuve esperándolo una media hora en el hall. Clara y yo hablábamos sobre la vida que llevábamos cada uno. Ella sonreía cuando le contaba de Jun, decía que ese niño me robaría todo mi carácter agrio de las mañanas, para dulcificarlo, como cuando Hero era pequeño. Reíamos a carcajadas recordando las travesuras de mi hermano, siempre lo teníamos presente y también la voz de mi madre. Por supuesto confesé que tenía una hija mayor que Hizaki, una mujer ya, y ella se ilusionó al ver una fotografía que me regaló Megumi. Era tan parecida que terminó llorando aferrada a la imagen. Ella amaba a mi madre como a su propia hermana. En realidad se sentían hermanas y soñaban con viajar ambas a distintos países cuando mi hermano pequeño fuera mayor. Mi madre quería divorciarse de mi padre, alejarse de las costumbres, pero antes tenía que ver a su hijo pequeño ser todo un hombre. Nunca pudo disfrutar de la corta felicidad de mi hermano, jamás abrazar a mis hijos o escuchar la voz de Miho.

-Tienes que dejar verla, tienes que permitirme poder abrazar a esa niña.-los ojos de Clara brillaban llenos de necesidad. Podía palparse en ella el deseo de volver a ver a mi madre en la imagen de Miho.

-Sí, tan sólo espera que termine aceptando quién es y después te dejaré toda una tarde con ella. Cuando ambas podáis.-dije para luego besar su sien. Una sien que era rozada por unos cabellos níveos. Una mujer española que se marchó a Japón cuando era niña de la mano de su madre, buscando un futuro mejor ya que en España tan sólo había miseria. Una luchadora que parecía una niña entre mis manos entrelazadas con las suyas. Sin duda, el día que viera a Miho ella sería feliz y podría decirse que moriría con esa imagen grabada en su mente. Volver a ver a mi madre, esa era su idea y su deseo.

Desearía poder alzar el vuelo

Sonreír y ser optimista

Pero me han dado tantos golpes que…

a veces me pregunto como se sonríe realmente.

Puedo parecer un amargado

Tirado en el suelo bebiendo restos de vodka

También un bohemio

Que perdió la musa hace siglos

Y que alquila habitación al cáncer en sus jóvenes pulmones

Desearía poder ser una mariposa

Negra, vestido totalmente de luto

Sí, una mariposa negra

Y así ser pensamientos difuntos…

No, no quiero que las pesadillas vuelvan

Que los golpes resuenen

Que el daño florezca

Pero a veces, sólo a veces

Soy yo quien fomenta mis miedos

Es como una llama al lado de una caja de cerillas

Se encienden todas, se crea fuego y termina uno quemándose

Y yo ya tengo quemado cualquier recuerdo, cualquier imagen, cualquier sentimiento…

Me oculto tras una mirada opaca, llena de dolor y amargura, con una sonrisa de felino…quizás rezando por un poco de cordura o un nuevo trago de vino.

La verdad

La verdad

La verdad es algo intangible

No se palpa y no se puede saborear

Es la curación de la drogadicción

De la jodida e insana sensación

De la mentira que suele tararear

Versículos de una biblia temible

La verdad…

No es amiga de nadie

Aliada de si misma y es imposible de falsificar

Siempre sale a la luz. Siempre, aunque no queramos

Nos acusa con el dedo, un dedo huesudo, como el de la muerte

Nos dice cuantas veces hemos pecado…

A veces es agradable, es como un peso que nos quitamos de encima.

Otras ocasiones son clavos que arden en nuestras manos, estamos condenados a ella y no podemos despegarnos.

Evitar la realidad, mentirnos, y creernos que vivimos en un mundo paralelo a veces es el opio de cientos de personas.

La verdad…simple, clara y llana. No hay nada más.

A veces provoca silencios

Otras llanto

Y a veces carcajadas

Es increíble lo jodidamente locos que nos puede hacer…

Felices o infelices

No importa

Nunca es malo conocerla.

Venidos los Arcángeles

Venidos de la nada

arcángeles del Apocalipsis

sin caballos, sólo con espadas

que cortan el aire en forma de elipsis

vuelve el miedo

el pánico a tus piernas

el clamoroso ruego

la luz de una simple linterna

la ciudad a oscuras

el corazón palpitando en las sienes

te duele la cabeza y notas las ataduras

te han encadenado y no puedes moverte

una y otra vez lo intentas sin suerte

mueres como una puta

desnudo ante todos

clavado en una estaca de cualquier modo

los arcángeles del fuego han llegado

han venido y no son de tu agrado

al ser humano han aniquilado

no es falso, es una profecía

vendrán y no importa si es noche o día

ellos todo lo que tocan lo vuelven tinieblas

envejecen a la primavera

enclaustran al invierno

y socorren a tu aterrado fuero interno

incrementándolos hasta llegar al infierno


AWR

Silencio

silencio... ha muerto el día y la noche toma el poder. Aniquila cada luz, aterra a los niños confusos y alienta a los amantes. Palpa en las calles la huella que deja el sereno, el vacío de su eco y el deseo de las farolas en apropiarse de su terreno. Meros destellos lunares, reflejo quizás de un sol que aún no está yerto... o que Apolo no escondió bien en los confines donde aún late, palpita, su núcleo. Fnatasía sinsentido que da razón quizás a las horas vacías de un triste final.

~El sentimiento~

el amor....

palabra que simboliza mil sentimientos y momentos a la vez...

el amor nos atrapa y ata
mientras a todos nos maldice
se burla de nosotros
nos da momentos dulces
y el resto demasiados amargos
como niños derramamos lágrimas
y nos aferramos a sueños
terminamos cayendo por precipicios
hacemos cosas que son imposibles al creernos dueños
de corazones que no conocen el juicio
terminamos totalmente idiotizados
nos colgamos adjetivos y nombres ridiculos
terminamos olvidando quienes somos siendo azotados
por...
oh...si el amor
París
Roma
New York
el amor...
sí...la belleza sublime y toxica
Yo quiero ser inmortal
no tener recuerdos
olvidar lo que siente mi cuerpo
arrojarme al vacío del infierno
tocar sus flamantes llamas
ser el dios de sus confines
besar mujeres y serafines
tener sexo con diosas paganas
y terminar eyacuando mil veces en la cama
pero...
tu nombre estará marcado en mi piel
tu nombre que me hace vomitar hiel
tu nombre...marcado como un borrego
por culpa del amor y del apego
de un estúpido momento
en el que fui tuyo por completo

Amaury - El infierno


Soy un bello efebo, un puto
tu boca se llena con esa palabra
me escupes con rabia y yo caigo en luto
mientras disfrutas yo no siento nada

Estoy perdido, tan perdido y humillado
tus manos acariciando mi cuerpo
tus labios surcando mi boca a destiempo
mientras soy nuevamente aniquilado

Entras y sales gritando que lo merezco
¿merece un niño nacer si no se le ama?
no lo sé, no quiero saberlo...
tras el sexo, una bofetada y todo a la calma

Y ahí estoy tras gemidos falsos
tras tus golpes de dios estúpido
tras sentir tan hondo tu falo
hoy padre te has lucido...

Mi cruz será tu condena.
Mis manos las llamas del infierno.

STOP CENSURA! (Amaury W. Rose)

Surjo de los infiernos de tu piel

Mientras cabalgo hasta el vergel

Por el camino de tus gemidos

Que me ponen a más de cien

Termino eyaculando sensaciones

Que luego convierto en canciones

Jadeos que recreo en mi mente

Recordando el movimiento de tu vientre

Deseos, pasión, desesperación y la ocasión

Un hotel, unos euros, un condón

Y la mentira como motivación

No nos conocemos pero tenemos vocación

De entrar al jardín del sexo

Del pecado en exceso

Seré la perdición de tu conciencia

Te haré perder todo lo que tienes

Me quedaré con todos tus vienes

Por una brutal experiencia

Ríos de placer sin límites

Besos recorriendo tus cimientos

Y jadearte para que imites

Todos mis movimientos

Follaremos sin sentimiento alguno

Mostraremos que podemos ser uno

Sin tener lazos románticos e inútiles

Follaremos, si quieres, ante miles

Tierno recuerdo para Benedetti

Aún recuerdo tus susurros, tus lejanos recuerdos

¿dónde quedó la belleza de tus ojos tiernos?

Era hermoso pensar que estarías componiendo

Quizás los versículos de un corazón intrépido

La biblia de los sentimientos eran tus arrugas

Tu cabello cano y tu voz de nobleza madura

Me enternecías con tus pesias cotidianas

Me inspirabas para llegar a otras almas

Cantos de sirenas, sí eso deben de ser

Sirenas masculinas de senectud blanquecina

Así eran tus cabellos, de pomposo nevado vergel

Pero siempre la muerte por esas fechas se avecina

Viviste como quisiste, como pudiste y no te resististe

A gritar que Dios era mujer, mujer y hermosa

No dejaste que te oprimieran y sedujiste

A cientos para que vieran belleza en caracoles como en rosas

De una cuchara podías hacer un poema

Sacar lo cotidiano de su gris manto, era tu lema

Sí, lema de un escritor de sueños fugaces

Como las estrellas, como los genios audaces

Te admiro, esté donde estés, te admiro

Hiciste que sonriera cuando susurraba tus versos al oído

Te admiro, como a tantos otros poetas

Que descubrieron en la tinta la formula secreta

Porque la tinta y el papel son una puerta

A un mundo donde todo es posible

Donde nada puede dejar de ser irresistible

Por favor Mario, déjamela abierta…

Quiero conocer qué es saborear la gloria

De que otros sientan lo que yo siento

De forma tan simple por la cual tuviste la victoria

Por favor deja la fórmula escrita en el viento


Lestat de Lioncourt / Ángel González

Pruebas de que Meyer no es tan original...