Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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martes, 29 de enero de 2008

Mariposas Negras


D

Cain y Abel de Trinity Blood... que hermanos, que anime... dios!

edicatoria



Esta novela plasma el dolor y sufrimiento de dos amantes. La lejanía de ambos a pesar de poder palparse en medio de la noche. Muestra con total realismo los matices del amor más dolorosos y sin duda hace que nos derrumbemos ante algunas de las situaciones. Hemos vivido todos un amor tormentoso, apasionado y que nos ha capturado por siempre. Sin embargo, aunque a veces finalicen, o nos torture con historias como esta, los deseamos a pesar de todo.

Yo en estos momentos estoy viviendo la mejor de las historias, una que no he narrado en unas líneas estúpidas en una noche de insomnio. Es de las más reales que pueden aparecer y que te encogen el alma. No he evitado llorar durante estos meses que he obtenido gracias a su esfuerzo y al mío. Me siento afortunado y es de los pocos motivos que tengo para seguir viviendo. Sin embargo, como he dicho es un amor que puede volver loco hasta al más cuerdo. Conocer a alguien en un lugar de Internet, conversar durante horas sobre literatura o pintura, para luego intimar en asuntos más serios y que nos debilitan, es algo que hoy en día se tercia. Si bien todas estas amistades fugaces no duran casi dos años, no todas te hacen desear cruzar los mares y morir en un acto de amor alocado. ¿Alguna vez se han enamorado de una actitud? Yo sí, la actitud de un alma bohemia y sincera, de alguien perfeccionista hasta llegar a ser imposible de soportar y que a la vez te escucha intentando dar los mejores consejos. No me importaba si tras su nombre en la red se hallaba un hombre o una mujer, tan sólo quería que se fijara en mí. Intentaba colmar a esa persona de regalos, halagos y de pasar mi tiempo libre junto a ella.

Sé que muchos dirán que es un amor inmaduro y que se acaba este tipo de amoríos cuando existe uno en persona. Yo ya he tenido varias parejas de carne y hueso, como vosotros llamáis a las relaciones cercanas, y la verdad es que no me han satisfecho nada. Otros dicen que no se fían de estas relaciones porque se puede ser infiel, y yo digo que si uno piensa así es porque actúa de esa forma constantemente.

Por todo estoy y por la felicidad que me hace sentirme orgulloso cada día de estar a su lado, se lo dedico a mi pareja a la cual llamo cariñosamente Romanus. Ya lo sabes mi amor, por mucho que me encante verte rabiar con mis bromas o hacerte enloquecer con mis locuras…te adoro, te amo y jamás dejaré de tenerte como referencia en la que gira mi vida.

Te amo

Mariposas Negras


no money...¿he dicho que adoro el manga?


Mariposas Negras

VIII

Siempre Tú

L

os días siguieron y se alargaban horriblemente. Mis padres y todo lo que había sucedido me destrozaba. Sabía que iba a ir de mal en peor por mi culpa, mi maldita culpa. Era un enfermo, me merecía todo lo que sucedía e intentaba desahogarme en una libreta, la cual leyó la única persona que quería en este maldito mundo.

La noche antes de mi intento de liberación le dejé hacerme el amor. Sus manos, sus abrazos, sus caricias, sus te amo y sobretodo aquel deseo implícito en cada movimiento me hicieron sentirme como antes. Antes de que mi mente se quedara destrozada, fragmentada, y que mi cuerpo, débil e inútil, fuera apaleado por los puños de un imbécil. La soledad me envolvía a pesar de aquel acto, de su juramento que no sabía si creer realmente y de mi nueva vida. Estaba muy cansado de todo y quería evadirme de este mundo.

Tan sólo recuerdo que tomé varios frascos de pastilla con un zumo, me corté luego las venas con una tijera y caí desplomado en medio del aseo. Al despertar estaba Michel agarrándome de la mano, expectante ante mis movimientos o palabras. Sus caricias y cuidados me hicieron recordar el porqué en aquellos meses evité aquel acto.

Aún hoy en día rechazo toda muestra de afecto, sobretodo si viene de él. No pienso quedarme mucho tiempo en este lugar, en este cuerpo y con este padecimiento. Es demasiado duro y difícil para mí. Siento ser así, lo lamento de verdad, pero no me encuentro con fuerza alguna de seguir luchando. Estoy demasiado afectado por todo, por las cosas que no he logrado en esta vida ni lograré. Me han arrebatado parte de mis recuerdos, porque suela decir que recuerdo claramente todo…en el fondo de mi alma sé que no es así. Cuando Michel me toca es una sensación extraña, como si lo hiciera un desconocido, y si le escucho susurrar que me adora siento que me tortura. Aunque en el fondo de mi alma lo ame, aunque no pueda evitar desear tenerlo, no debo y me reprimo en cada paso que doy. Temo a dañarlo, temo a que me dañe como hacía en otros tiempos y temo también que vuelva a mi vida aquel desgraciado y me recuerde que soy un desecho.

Abel

Mariposas Negras



Heise Deviantart. Esta autora es la más realista en los rasgos de sus dibujos, son muy vitales y bien matizados. Tanto es así que parecen autenticas fotografías. Conocedla en Deviantart y seguro que os impresiona.


Mariposas Negras

VIII

Siempre Tú

D

esde aquel día intenté que todo fuera a mejor, borrar sus malos recuerdos y seducirlo hacia una nueva vida. Sin embargo, en ocasiones lo encontraba abrazado a él mismo en un rincón. Solía llorar lejos de mí, lejos de mis brazos y mis palabras de apoyo. Se hacía el fuerte o al menos eso creo, pero en realidad era el ser más débil que había visto posarse en esta tierra. Sus ojos me llamaban desesperados en busca de aliento, pero sus gestos levantaban un muro entre los dos.

Durante varios días le observé escribir sin cesar en una pequeña libreta de notas que yo ya no usaba, escribía línea tras línea dejando en ellas su alma. No dejaba que la leyera, decía que era personal y pensamientos que únicamente podía saber él. Se mordía sus labios humedeciéndolos luego, sus manos acariciaban sus letras marcadas con bolígrafo negro y sus cabellos rubios caían sobre su frente. La espalda la arqueaba en aquella mesa próxima a la ventana, me recordaba a un gato herido refugiándose en un tejado a expensas de que alguien le abrazara. Deseaba saber qué escribía y aproveché una mañana de domingo cuando se fue a la ducha. Sus párrafos me inundaron en un dolor imposible de explicar. Escribía sobre el suicidio, el deseo que tenía de hacerlo y el sufrimiento que portaba al sentirse un monstruo. Las palabras de su padrastro rebotaban en su mente, sus golpes y el dolor del silencio de una madre. Sentí necesidad de abrazarlo, rogarle que olvidara todo aquello pero eso no impediría nada.

Mantuve mis labios sellados durante una semana, no dije nada y aparenté seguir en la ignorancia hasta que un día estallé.

-Abel.-susurré recostado con él en la cama.-Quiero que me seas sincero.-murmuré besando su nuca.-¿Deseas suicidarte?-pregunté con voz velada por la amargura.

-Te dije que no leyeras.-se había girado y me miraba lleno de odio por ello, por lo que había hecho.-Te hice prometerlo, aunque sabía que tus promesas siempre son tan valiosas como un saco vacío.-dijo apartándose de mí para levantarse de la cama, cosa que yo le impedí agarrándole del brazo.

-Te amo, no me dejas demostrártelo ni hacer que seas para mí. Esta vez no miento, digo la verdad y siento en mi pecho que todo lo que siempre he querido se esfuma.-susurré intentando refrenar las lágrimas.-Estoy sufriendo por mí y por ti, por ambos, por lo que teníamos y ya no queda nada.-dije tragando saliva, haciendo que pasara lentamente por mi garganta.-Hace dos meses que estás aquí y aún ni siquiera he sentido un cálido beso de tus labios, muero por ello y sé que no lo tendré nunca más.-susurré recostándome sobre él.-Deja que te haga el amor y verás que no es tan dolorosa la vida.-dije para besar luego sus labios tenuemente, aquel roce leve lo convertí en un endemoniado auxilio hacia el deseo.

-Hazlo si te hace feliz.-susurró dejándose hacer mientras mis manos acariciaban su torso, intentando impregnar el amor que le profesaba.

Mis dedos recorrían y marcaban un camino por toda su piel, mis labios se fusionaban con los suyos y su lengua invadía mi boca con lujuria. Mi lengua acabó por lamer su cuello, sus pezones deleitándome para erectarlos y luego bajar hasta su vientre. Su ombligo me esperaba con su respiración entrecortada. Durante minutos estuve palpando su cuerpo, su torso y espalda sobretodo, y mi boca le quitaba el aliento con mis besos llenos de pasión desbordada. Mis dedos acabaron por acariciar sus muslos y mi boca su miembro. Me enroscaba en aquella piel sensible y deseable, mientras mis garras se anclaban en sus testículos, después se introdujeron en su entrada. Mis dedos allanando aquel lugar me enloquecía; hacía tanto que no hacíamos el amor que estaba desesperado por darle todo en ese encuentro. Acabé por entrar lentamente en su cuerpo, sumergiéndome en él durante un beso profundo y sincero. Comencé a moverme con mayor rapidez cuando lo sentí acostumbrado a mis embestidas. Su mirada estaba clavada en la mía y sus gemidos me envolvían. Lentamente sin prisas pero a un ritmo no demasiado bajo lo tuve durante varios minutos, después me moví con rapidez extrema. No tardé después de eso en verterme en su interior, él también hizo lo mismo y pensé que el tema había quedado zanjado.

Le había demostrado todo el amor con aquellos gestos, nada de sexo rápido o frío. Además luego hablamos durante más de dos horas mientras yo fumaba con una sonrisa en los labios. Aquello lo necesitaba, tanto él como yo.

Al despertar él no estaba, algo había ocurrido y fue una catástrofe nueva. Se había cortado las venas tras tragarse dos botes de tranquilizantes. Lo tomé en brazos y corrí por las escaleras, salí a la calle con su cuerpo aún caliente y clamé ayuda a quien fuera. Mi tía despertó ante mis alaridos y terminamos con el coche a más de cien por hora por la ciudad. Cuando nos dieron el acto un par de agentes se ofrecieron a escoltarnos para dispersar el tráfico. Finalizamos en el hospital y él en coma. Coma que duró casi cinco meses, meses en los que escribí mis mejores obras gracias a su recuerdo y las últimas líneas que me dedicó. Cuando emergió de este intenté cuidarlo, protegerlo y darle todo el cariño que jamás había otorgado a nadie.

Hace un año que me preocupo de todo lo que gira a su alrededor. Somos pareja pero aún no he conseguido poder besarlo, acariciarlo con deseo o simplemente abrazarlo. Piensa que es un enfermo, que tan sólo causa daño y destrucción. En las noches tengo que esposarlo para poder dormir tranquilo, pues sino pensaría que podría hacer alguna locura.

Michel

Mariposas Negras



Mariposas Negras

VII

La jaula de los recuerdos

E

ra insistente y yo quería que no volviera a mí. Me había asustado demasiado aquellas palabras, mi corazón había bombeado a mil por hora y todo lo que había conocido o me habían dicho que conocía había sido convertido en cenizas. Las mentiras me rodeaban ahora y no sabía que hacer. Miraba las manecillas del reloj cada día en la salida. Él vino un par de veces, pero el rechazo diario le pudo, al igual que ver el rostro de mi madre observándole con furia.

Pronto me acompañaban a la salida y a la entrada del instituto, no me dejaban acceder a Internet y me tenían secuestrado en mi propia casa. Mi madre decía que lo hacía por mi bien y yo tan sólo quería que me dejara. Había comenzado a recordar cosas, sin embargo no dije nada y me mantuve al margen para observar como se inventaban mi propia vida.

Una mañana vinieron a clases un par de agentes de paisano, me dijeron que tenían que llevarme con ellos a la comisaría. Mis padres estarían allí, detenidos. Alguien había informado del maltrato que había sufrido durante años. En ese instante supe que había sido cosa suya. En unos cuantos días, no sé exactamente cuantos, me vi en su casa conviviendo con él y Sara.

Lentamente recordé cada detalle, lo memoricé al milímetro y lo experimenté mentalmente. Los sonidos, los aromas, el tacto y sobretodo los sentimientos. Amaba a Michel, pero esta vez no se lo pondría tan fácil. Había recuperado todo, incluso el dolor de sus burlas y sus apetencias que nada tenían que ver con mis deseos.

Una noche exploté y acabé acostado junto a él en mi cama. Confesé que ya sabía todo lo sucedido y sin embargo seguía confuso, era normal o eso creo, así que dormí a su lado. Sus brazos me reconfortaron y la sensación de paz vino a mí, tras muchas semanas confundido y perdido.

Abel

Mariposas Negras


Maxim 2004 (adoro la imagen de ambos, una seductora hacia el frente y otra cortada ya que está atendiendo a su pareja...simplemente trazos geniales)


Mariposas Negras

VII

Caballo de Troya

A

quella noche no sabía como reaccionar, como fundir mi mente en un pensamiento ordenado. Todo estaba alborotado con sus palabras, sus gestos su huída y todo lo que concernía al pasado. Las mariposas negras de mis sueños más agoreros revoloteaban como los cuervos, intentaban sacarme de mi estúpida ilusión de tenerlo aunque fuera una vez más entre mis brazos.

Me había rechazado, es más había huido amedrentado por el temor de que fuéramos pareja. Intenté aceptarlo, pero di mil explicaciones absurdas a ese hecho. Pensé que al perder la memoria tendría lagunas, sensaciones nuevas que no sabría explicar y que todo aquello le sobrepasaba. También que el temor a que jugara de nuevo le hubiera hecho huir, ya que había tenido tiempo suficiente para recordar. Sin embargo reuní fuerzas y fui a buscarlo al día siguiente. Volví a invitarle a tomar algo, pero él pasó por mi lado indiferente y se montó en el autobús. Me maldije, maldije a su padrastro y también a su madre. Todo mi futuro se había ido con él, puesto que había planeado mi vida entorno a la suya.

Recordé lo inútil que me sentía cuando llegaba con un golpe nuevo. Siempre me suplicaba que no dijera nada a nadie. Su padrastro era cruel con él, cada fallo contaba como un desastre imposible de solucionar y cada victoria no era merecedora ni de una frase de aliento. Siempre odié a ese hombre, jamás me pareció alguien decente y esta vez sabía que la culpa de todo la tenía él. Deseaba destrozarlo a golpes, que sintiera lo que Abel bajo sus puños. Sin embargo no podía olvidar a su madre, la cual decía amarle pero era incapaz de proteger a su hijo. Era una maldita egoísta, a ella no la machacaba como a él, eso la libraba de aquellas crueldades. Algún día ellos iban a pagar caro todo, ese día había llegado.

Me personé en la comisaría con mi móvil como prueba con mensajes antiguos, correos electrónicos donde hablaba de su situación familiar y cartas escritas de su puño y letra. Los agentes me condujeron a tomarme declaración. Escucharon toda mi historia y decidieron poner denuncia, además de negligencia al Hospital por no haber dado alarma por las reiteradas lesiones del joven. En media hora fueron a por el padre a tomarle declaración, también sacaron al muchacho de la unidad familiar y a la madre la amedrentaron para que confesara la terrible verdad.

Pedí a los asuntos sociales que lo dejaran estar al cuidado de mi tía y míos. Ella no sabía nada sobre lo que había sucedido, pero estaba seguro de que no le importaría que él viviera con nosotros. Al final accedieron y sus padres fallaron en las distintas versiones de aquellas caídas, palizas de chicos del instituto y sobretodo su padrastro. Él llegó a decir que alguna vez abofeteó a su hijastro por ser un maricón, esas fueron sus palabras concretas y que me hirvieron la sangre. Los medios de comunicación se hicieron eco del caso y los debates sobre homofobia y el maltrato ocuparon la parrilla al instante. Programas rosas que hablaban del dolor de algunos famosos al ser tratados cruelmente por su supuesta condición sexual y sus frases patéticas sobre “debieron elegir otro camino, así serían más felices”. Me pregunté en qué demonios pensaban, la condición sexual no existe pues no es una condición ni una elección.

Tuve que esperar cuatro días a que él pudiera vivir a mi lado. Su mirada era un caos, sus gestos fríos y sus palabras nulas. Revolvía la comida que le hacía mi tía, que era como mi propia madre, y apenas probaba bocado.

-Te quiero.-le susurré una noche cuando fui a abrazarlo a mi cama. Desde aquel día yo dormía en el sofá.-Espero que algún día recuerdes todo.-musité besando su cuello para luego marcharme.

-Te odio.-respondió arrinconándose a la pared.

No dije nada, tan sólo una lágrima de impotencia dejé que hablara por mí. Cerré la puerta y bajé las escaleras para recostarme en el sofá. A los pocos minutos él se recostó sobre mí.

-Te odio por todo el tiempo que no me quisiste y porque ahora pretendes ser el novio que deseaba, pero sin embargo ya no sé si te quiero o es producto de que esté recordando todo.-dijo en mis oídos para luego marcharse de nuevo hacia las esclaras.

-Recuerdas todo.-dije rememorando sus ultimas palabras.-Lamento no haber sido un gran amante, no haberte dado más apoyo, sin embargo acéptame ahora como antes.-murmuré sin saber si me escuchaba o tan sólo se había quedado meditabundo el inicio de la escalera, con sus manos sobre la barandilla y la cabeza gacha.

-Recuerdo todo, sobretodo el daño que me hacías.-hizo un inciso y tomó aire.-El daño que me hacías cuando flirteabas con otros en mis narices.-dijo volviéndose hacia mí.

-Recuerdas también mis poemas, mis abrazos y caricias, la forma que te besaba o los últimos meses cuando te pedí ser una pareja formal. Esa vez te estaba entregando mi corazón con sinceridad, me di cuenta tarde de cómo te amaba y necesitaba.-susurré levantándome para abrazarlo.-Recuerdas cómo te hacía el amor, cómo te defendía y cómo te ayudaba a sacar tus materias.-dije apoyando mis manos en su espalda.-Yo lo recuerdo todo incluso el aroma que dejabas en mis sábanas tras una noche de sexo.-murmuré.

-Ven a dormir conmigo.-susurró apartándose de mí para tomar una de mis manos.

Lo seguí hasta el cuarto en silencio, me tumbé a su lado y lo abracé. Era la primera vez que podía hacerlo en mucho tiempo, mis besos cubrieron su rostro hasta quedarme dormido.

Michel

Mariposas Negras



Mariposas Negras

VI

El caballero sin rey II

J

amás imaginé que vendría a buscarme, que tuviera el valor de enfrentarse a mí. Sabía que él no tenía culpa de mis golpes, pero sí de que me los hubieran propinado. Estaba seguro que alguien leyó las poesías que me dedicaba, a mí su amor platónico, esa era mi teoría y estaba seguro que no sucedió nada más que palabras entre nosotros. Imaginé que accedí a ser su amante por lastima o quizás por insistencia, puesto que había una poesía dedicada a nuestro amor mutuo. Aquel chico me inspiraba melancolía, sentimientos protectores hacia mí y complicidad de una amistad fuerte.

Sé que muchos salen con otras personas porque intentan hacerle ver que es imposible, que es un mero capricho y que no va a ver más que eso, caprichos. Pensaba que esto era una mera relación con un amigo por lástima, quizás pena y que debía de ser consciente de cómo dejarlo lentamente. Cavilé que por ello él me golpeó o mandó golpearme. Sin embargo esta teoría se diluyó como un terrón de azúcar en medio de unas gotas de agua.

Él parecía seguro, aunque temblaba su alma ya que pude sentir su nerviosismo. Nos batíamos en duelo de miradas y frases corteses, sin ser cercanas ni demasiado dolorosas. No recordaba nada y yo me creé mi propia historia para poder soportar ese vacío en mi vida. Conocía lo que me contaban y de él poco o nada sabía, de ahí que mi imaginación fuera un constante aleteo de ideas locas hacia él. Cuando descubrí que solíamos quedar después de clases me pregunté a santo de qué lo hacíamos. Pidió mi sabor favorito de batido y con una frase desplomó mi relato de ciencia ficción. Pude notar que no mentía por como me miraba, nadie que mintiera podía sostener aquella rotundidad con sus ojos y sus gestos. Tuve miedo y salí corriendo como un chiquillo que ha visto una sombra en su habitación; con el corazón bombeando en mi cerebro y sin aliento llegué a casa.

Después volví a leer sus poesías y descubrí mensajes secretos de noches de pasión desenfrenada, un amor lujurioso y distinto que hizo que me excitara. Sentí un bulto creciendo en más allá de mi bajo vientre. Entonces decidí desnudarme y darme una ducha, tenía que olvidarme de aquellas imágenes mentales pero me resultaba imposible. Quería sentir sus manos en mí, su hombría entrando en mí y sus labios encendiendo el calor del mismísimo infierno en mi boca. Bajé mis manos hasta mi miembro y comencé a mover los dedos con sensualidad, lentamente, para acabar con brusquedad apretando el inicio y frotando con fuerza la base. Caí sobre los azulejos y el agua helada no refrescaba mi piel. Cuando terminé aquella locura y salí tomando la toalla me noté distinto, necesitado de él y débil.

Abel

Mariposas Negras



Mariposas Negras

VI

El Reino Perdido II

J

amás pensé que todo esto se prolongaría un mes, días de autentico suplicio. Iba a verlo a la salida del instituto sin poder aproximarme, ya que le recogían con celo. Lentamente fueron dándole libertad y un día aparecí ante él con una sonrisa de oreja a oreja. Era la primera vez que podía estar tan cerca de él e intenté no aparentar nerviosismo alguno.

-Abel.-dije tomándolo de la muñeca.-Debo hablar contigo, es importante.-comenté mirándole detenidamente a los ojos, aquella mirada perdida en sus pensamientos que tanto amaba.-No voy a hacerte daño, por favor ven conmigo a un lugar apartado donde podamos conversar.-rogué porque aceptara.

-Me dijeron que tú me enfermaste, que fuiste el causante de mis golpes y no sé que creer.-dijo con total sinceridad y con un aplomo increíble.-Vayamos a una cafetería.-indicó parando en seco sus pasos.-No quiero quedarme a solas con un desconocido, porque eso es lo que eres para mí.-aquellas palabras cercenaron a mi estúpida alma.

-Comprendo, vayamos a la de la próxima esquina.-caminé delante de él para indicarle el camino.

-De acuerdo.-respondió frío y pausado. Era como ver su reflejo sabiendo que el real está tras el cristal.

-¿Cómo te llamas? algún nombre tendrás-preguntó mirándome detenidamente.

-Sí.-dije con pesar.-Antes solías decírmelo con dulzura cuando.-me detuve, no quería incomodarlo.-Me llamo Michel.-dije mirándolo fijamente parando ante la puerta del local.

-Michel.-murmuró adentrándose en aquella heladería-cafetería, donde solíamos ir cuando salía de clase, era una extraña costumbre.

Nos sentamos en el final del local y pedí dos batidos de vainilla a la camarera que nos atendió como habitualmente, llamándonos por nuestros nombres.

-¿Cómo sabe mi nombre?-cuestionó levantando una ceja.

-Antes veníamos a este lugar muy seguido.-dije con tono pausado, intentando tomar fuerzas para lo que iba a decir a continuación.-Tú y yo éramos más que amigos.-comenté para hacer una pausa y agradecer a la chica que nos había traído nuestras consumiciones.

-Lo sé, ¿Cómo hermanos?-preguntó tomando un trago del batido mientras me miraba desafiante.

-No, amantes.-entonces lo vi toser y palidecer.

-Sospechaba que estabas enamorado de mí, pero no.-su voz sonó apagada, llena de temores y preguntándose que era realmente lo que había sucedido.-Me tengo que ir.-cogió la maleta y salió corriendo, dejé que se fuera y pensé que otro día tendría mi oportunidad.

Michel

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt