Dany&Dany
Caro mio
Le había llevado a casa hacía tan sólo unas semanas, poco a poco se recuperó y parecía un joven adinerado, no un muerto de hambre. Sus cabellos pelirrojos caían por su piel suave, rosada y llena de vida. Las pequeñas venitas que tenía en sus carrillos le daban un toque de color cuando se esforzaba demasiado. Ya había dibujado su cuerpo en más de una ocasión, pasado mis manos por su espalda y acariciado sus nalgas tras sus ropas. Sin embargo desde la primera noche no había gozado de su figura desnuda, tal y como vino a la naturaleza. En esa ocasión conseguí engatusarlo para profundizar en nuestra relación, una relación más allá de aprendiz y maestro, adentrándome junto a él en las aguas de mi bañera. El agua tibia cubrió nuestros cuerpos y Amadeo parecía estremecerme en cada una de mis caricias. Yo había sido un patronio, un noble, y él un aspirante a monje además de un esclavo sexual… nuestras diferencias quedaban junto a nuestras ropas, el amor que nos profesábamos nos destrozaba.
Acaricié su espalda para después dejar que la apoyara sobre mi torso des nudo. Mi entrepierna, siempre en erección, acarició sus nalgas y su vello se erizó. Tomé una pequeña cuba y rocié sus cabellos con agua un poco más cálida, sus cabellos parecían sangre y su piel era parecida a la de un vampiro. Jamás había contemplado tanta belleza en un cuerpo tan joven. Me quedé extasiado por sus jugueteos con el jabón hasta que me avivó con un dulce beso. Mis labios entonces aprisionaron los suyos y me hice amo de su cintura. Mis manos bajaron entre sus piernas y tomé entre mis manos su miembro. Un pequeño gemido se formó en su garganta torturando su boca. Movía mis dedos sobre la punta de su miembro hasta la base, incrusté una de mis uñas el vórtice y después la acaricié con ternura. Ladeó su cuello y dejó a relucir las pequeñas venas que poseía bajo su piel, clavé entonces mis colmillos y él a la vez se sentó sobre mí. Sus brazos salieron de la bañera y sus dedos agarraron ambos lados, sus movimientos eran lentos y constantes. Apenas le había preparado, sin embargo él parecía estar enseñado a crear locura.
-Mi amado niño.-Murmuré apartándome de su garganta.
-Maestro.-Susurró en un gemido ahogado mientras sentía mi mano a mayor velocidad.-Maestro.-Sus brazos entonces se aferraron a mi cabeza, buscaban mis cabellos para enredarse a ellos y su espalda se pegaba con fuerza a mi pecho.
-Tranquilo.-Dije apartándolo de mí, dejando que mi miembro saliera de sus nalgas.-Mi vida, quiero ver tu rostro.-Susurré alzándolo de las aguas e indicándole que quería hacerlo cara a cara.
Se abrazó a mí y yo le regalé un beso pasional de sangre. Sus nalgas botaban sobre mi entrepierna, mi sexo rompía su interior y él parecía lleno de placer. Sus brazos rodeaban mi cuello, sus gemidos se hicieron intensos en mis oídos y sus labios jugosos rozaban mis hombros en pícaros ósculos…el mayor de los orgasmos recorrió con una vibración su pequeño y frágil cuerpo para verterse entre nosotros. Aún estaba débil y algunas marcas señalaban su cuerpo con crueldad. Se quedó dormido sobre mí, aferrado a lo único que tenía en esos instantes…él era lo único que yo había tenido en mi triste vida desde hacía demasiados siglos.
Acaricié su espalda para después dejar que la apoyara sobre mi torso des nudo. Mi entrepierna, siempre en erección, acarició sus nalgas y su vello se erizó. Tomé una pequeña cuba y rocié sus cabellos con agua un poco más cálida, sus cabellos parecían sangre y su piel era parecida a la de un vampiro. Jamás había contemplado tanta belleza en un cuerpo tan joven. Me quedé extasiado por sus jugueteos con el jabón hasta que me avivó con un dulce beso. Mis labios entonces aprisionaron los suyos y me hice amo de su cintura. Mis manos bajaron entre sus piernas y tomé entre mis manos su miembro. Un pequeño gemido se formó en su garganta torturando su boca. Movía mis dedos sobre la punta de su miembro hasta la base, incrusté una de mis uñas el vórtice y después la acaricié con ternura. Ladeó su cuello y dejó a relucir las pequeñas venas que poseía bajo su piel, clavé entonces mis colmillos y él a la vez se sentó sobre mí. Sus brazos salieron de la bañera y sus dedos agarraron ambos lados, sus movimientos eran lentos y constantes. Apenas le había preparado, sin embargo él parecía estar enseñado a crear locura.
-Mi amado niño.-Murmuré apartándome de su garganta.
-Maestro.-Susurró en un gemido ahogado mientras sentía mi mano a mayor velocidad.-Maestro.-Sus brazos entonces se aferraron a mi cabeza, buscaban mis cabellos para enredarse a ellos y su espalda se pegaba con fuerza a mi pecho.
-Tranquilo.-Dije apartándolo de mí, dejando que mi miembro saliera de sus nalgas.-Mi vida, quiero ver tu rostro.-Susurré alzándolo de las aguas e indicándole que quería hacerlo cara a cara.
Se abrazó a mí y yo le regalé un beso pasional de sangre. Sus nalgas botaban sobre mi entrepierna, mi sexo rompía su interior y él parecía lleno de placer. Sus brazos rodeaban mi cuello, sus gemidos se hicieron intensos en mis oídos y sus labios jugosos rozaban mis hombros en pícaros ósculos…el mayor de los orgasmos recorrió con una vibración su pequeño y frágil cuerpo para verterse entre nosotros. Aún estaba débil y algunas marcas señalaban su cuerpo con crueldad. Se quedó dormido sobre mí, aferrado a lo único que tenía en esos instantes…él era lo único que yo había tenido en mi triste vida desde hacía demasiados siglos.

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