Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 9 de octubre de 2007

El niño de cabellos de sangre

Half by Myar de DeviantArt

{esta chica hace maravilla con los armand's que posee}












No podía creerme lo que sucedía, todo había sido demasiado fortuito y una cadena de movimientos me arrastró a estar junto a un vampiro. No hacía más de un par de años cuando un joven moreno de ojos verdes fue entrevistado por mí, Daniel, en una oportunidad única. Todo empezó con una simple broma, me quería divertir con aquel chico que decía ser un vampiro de aproximadamente doscientos años. Aún me maldigo por lo que escuché y no podía creer, lo vi con mis propios ojos y la mirada de aquel ser helaba la sangre. Hermoso y a la vez monstruoso, eso era Louis, además de desprender un aroma a humanidad presente en cada palabra. Me contó sus desventuras al lado de un alocado rubio de ojos azules, un francés que no le importó ver morir a su padre o hacer una niña eterna. Pero ese no es el tema, la cuestión fue que Armand me buscó removiendo cielo y tierra. Allí estaba flamante como un ángel de pecas y cabellos rojizos, delicados y a la vez capaces de matarme con un rápido movimiento. Me pidió explicaciones, quería saber porqué Louis me confesó todo a mí y cómo pude dejar la historia en manos del público. La historia de aquel condenado era cierta, un muchacho de diecisiete años y cuerpo débil con un carácter firme…sí, el rey del teatro de los vampiros.

-¿Qué demonios miras?-Masculló caminando suavemente hacia mí.-Eres un maldito humano, un bastardo que sabe demasiado. Debería matarte, aniquilarte, pero sé que Louis me odiaría más aún de lo que ya hace.-Entonces sentí que me empujaba, que me golpeaba en el estómago y yo caía.

-Él me pidió que lo hiciera.-Casi rompí a llorar.

-¡Calla!-Respondió y sus ojos eran centelleantes.- ¡No hables hasta que te lo diga!-Escupió con ira.

Después de nuestro primer encuentro hubo varios más, me perseguía por el mundo y se burlaba al fondo de los trenes. Lo podía encontrar al doblar cualquier esquina. Sentía un agobio constante, era incapaz de escribir y en mi bolsillo aún llevaba el pequeño papelito que me entregaron en la editorial con mis derechos de autor. Nadie en este maldito mundo me creería, nadie. Ese chiquillo centenario de cabellos de sangre me quería muerto, jodidamente muerto y a la vez se divertía. Me recordó a Lestat jugueteando con la rata frente a su amante, increíble pero cierto. Yo era la rata, el animalito al que maltratar, y él los dedos del rubio alocado.

La noche anterior fue desquiciante, una carrera con él pisándome los talones. Tomé dos taxis, bajé al metro y correteé por todo Madrid. Él estaba donde mirara, él su gabardina negra junto a sus gafas de monturas opacas. Fuera donde fuera estaba ahí. Acabé agotado en el hotel, cerré la puerta y me metí en la ducha. El agua cayó sobre mí como una bendición y el jabón hizo el resto. Había estado sudando por el ajetreo, mis cabellos se plegaban sobre mi frente y al final dejé de pensar en aquel condenado muchacho. Tomé la toalla y decidí acostarme en la cama, entonces lo vi allí sonriendo acariciando las sábanas de mi lecho. Estaba desnudo por completo y jamás pude observar un cuerpo tan perfecto. Hasta aquel momento ningún hombre me había llamado la atención, si bien esa piel clara y aquellos cabellos me enloquecían. Me había perseguido durante meses y en ese instante se entregaba como un amante sumiso.

-Tómame.-Susurró mirándome sensualmente.- ¿No te gustaría probar mi piel?-Murmuró sonriendo.-Puedes hacer conmigo lo que desees, estoy enamorado de ti y quiero ser tuyo.-Su espalda entonces tocó el colchón y abrió sus piernas.-Soy un gran amante, me educaron para ello y mi maestro jamás se quejó.-No sabía de quien hablaba pero poco importaba.

Me aproximé a él, pensé por un instante en que era una trampa si bien me aceré con mayor rapidez. Terminé por recostarme a su lado y palpar su cuerpo tibio, habría cazado antes de posarse sobre mi cama. Comenzó a besarme, sus labios eran suaves como el resto de su piel. Sus dedos comenzaron a jugar bajo mi toalla y una risa descarada brotó de su boca. En un movimiento imposible se colocó sobre mí y mordió mis labios.

-Vas a disfrutar, vas a gozar y vas a morir de placer. Tranquilo no te quitaré la vida con mis labios, me entretiene esta persecución.-Murmuró acariciando mi torso mientras sus nalgas acariciaban mi miembro. Me había excitado más que de costumbre, él era demasiado cautivador.

-¿Eres así con todas tus presas?-Pregunté excitado.

-Sólo con las que me gustan.-Rió y su interior me atrapó.

Comenzó a trotar sobre mí, a desvanecerse todo a mi alrededor y sus uñas se clavaron en mi pecho. Fue rápida la penetración, yo quería disfrutar y por ello paró. Se bajó de mí y comenzó a besar mi vientre, masturbó mi glande y mordió mis testículos. Su cabeza fue arriba y abajo, su lengua humedecía mi miembro y estaba a punto de verterme en sus labios cuando volvió a caminar sobre mí. Besó mi cuello, lamió mi torso y se sentó sobre mi miembro. El trote esta vez era infernal, demasiado rápido, y acabé eyaculando en sus entrañas. Sonrió satisfecho, besó mi boca y me regaló sangre con su lengua. Cerré los ojos un instante y al abrirlos ya no estaba.

-¡Maldito Armand!-Grité.- ¡No te marches!-Dije notando que estaba enamorado de él, enamorado de su indecencia y de su fantasía.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt