Este texto se lo dedico a mi amigo Avicus y a mi Hermano Romanus (Ville valo...)
Esto que dicto fue una confesión de altas horas en la madrugada de labios de mi maestro. Ambos estábamos algo borrachos y rememorábamos tiempos perdidos en nuestro olvido. Estas fueron sus palabras…
"Hubo un tiempo en el cual me sentí ebrio de poder, que nada podía vencerme y a la vez tan alocado como tú. El miedo y la inmortalidad estaban presentes a cada paso, sin embargo deseaba conocer tantas cosas que no me importaba nada. Buscaba la respuesta a mi l preguntas y a la vez experimentaba con sensaciones nuevas. Cuando me encontré con Mael junto con Avicus deseé destruirlo, sin embargo la criatura que le acompañaba me extasió. Era alguien agradable, seductor con la mirada y sabía escuchar cualquier locura. Nos vimos en numerosas ocasiones y lentamente sentí algo en mí que me llenaba él. Sus labios se volvieron una prolongación de mi cuerpo y el suyo en un manjar prohibido.
Su amante me odiaba y yo a él, era un sentimiento mutuo, sin embargo él nos unía. Cuando venía a buscarme en las fiestas que realizaba se sentaba a mi lado jugueteando con mis cabellos. Su lengua se enredaba en la mí mientras su aliento se convertía en el mío. Sus dedos ágiles caminaban por mis ropas presos de un deseo impetuoso, merodeaba siempre mis piernas junto a mis muslos, para luego agarrar firmemente mi miembro. Solía susurrar la lujuria que sentía pidiéndome que nos fuéramos a mi alcoba. Allí, en aquel enorme lecho, se posaba vestido con sus ropas de mendigo que yo destrozaba y tras esto se convertía en carne trémula. Un hombre tan fuerte y varonil como yo en mis manos se volvía delicado, ansioso y tremendamente insatisfecho siempre. Mi boca no sabía donde posarse porque era demasiado sensible, la suya demostraba que su respiración se aceleraba y al entrar en él tiritaba incitándome a sumergirme sin piedad. Sin duda, era hermoso y el amor mutuo. No entiendo que le llevaba a elegir siempre a Mael. Era tan sólo su segundo plato o un amante necesario para su voracidad. Cuando les abandoné con aquella muchacha él quiso venir junto a mí, pero se quedó con aquel estúpido porque se lo pedí. No supe más de él, no he sabido más de él, y mi corazón aún late acelerado recordando sus gemidos en mi lecho."
Entonces lo supe, uno de los primeros amores masculinos de mi maestro fue el de Avicus, aquel dios del árbol que deseó ser su discípulo.
"Hubo un tiempo en el cual me sentí ebrio de poder, que nada podía vencerme y a la vez tan alocado como tú. El miedo y la inmortalidad estaban presentes a cada paso, sin embargo deseaba conocer tantas cosas que no me importaba nada. Buscaba la respuesta a mi l preguntas y a la vez experimentaba con sensaciones nuevas. Cuando me encontré con Mael junto con Avicus deseé destruirlo, sin embargo la criatura que le acompañaba me extasió. Era alguien agradable, seductor con la mirada y sabía escuchar cualquier locura. Nos vimos en numerosas ocasiones y lentamente sentí algo en mí que me llenaba él. Sus labios se volvieron una prolongación de mi cuerpo y el suyo en un manjar prohibido.
Su amante me odiaba y yo a él, era un sentimiento mutuo, sin embargo él nos unía. Cuando venía a buscarme en las fiestas que realizaba se sentaba a mi lado jugueteando con mis cabellos. Su lengua se enredaba en la mí mientras su aliento se convertía en el mío. Sus dedos ágiles caminaban por mis ropas presos de un deseo impetuoso, merodeaba siempre mis piernas junto a mis muslos, para luego agarrar firmemente mi miembro. Solía susurrar la lujuria que sentía pidiéndome que nos fuéramos a mi alcoba. Allí, en aquel enorme lecho, se posaba vestido con sus ropas de mendigo que yo destrozaba y tras esto se convertía en carne trémula. Un hombre tan fuerte y varonil como yo en mis manos se volvía delicado, ansioso y tremendamente insatisfecho siempre. Mi boca no sabía donde posarse porque era demasiado sensible, la suya demostraba que su respiración se aceleraba y al entrar en él tiritaba incitándome a sumergirme sin piedad. Sin duda, era hermoso y el amor mutuo. No entiendo que le llevaba a elegir siempre a Mael. Era tan sólo su segundo plato o un amante necesario para su voracidad. Cuando les abandoné con aquella muchacha él quiso venir junto a mí, pero se quedó con aquel estúpido porque se lo pedí. No supe más de él, no he sabido más de él, y mi corazón aún late acelerado recordando sus gemidos en mi lecho."
Entonces lo supe, uno de los primeros amores masculinos de mi maestro fue el de Avicus, aquel dios del árbol que deseó ser su discípulo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario