25 de Octubre del 2001
Estimado Fernando:
Lamento oír esta historia tan trágica, es aún peor de lo que me imaginaba. A todos nos ha sucedido que han jugado con nuestros sentimientos, que se han burlado de lo que una vez hemos sentido o anhelado. Tenga fuerza y coraje, estoy aquí para apoyarle. Si le sirve de consuelo yo también he sentido este juego sucio y cobarde de manos de mi última pareja. Sin embargo me retuve, me hice daño a mi mismo y no a ella. Intento sobrevivir el día a día con la esperanza de rellenar ese vacío, esa maldita soledad, y el amor que aún le siento reemplazándolo por otro.
La soledad es nuestra amiga, amante eterna, no lo olvide. En realidad me frustra ver a alguien estando entre rejas por una locura momentánea fruto de la desesperación. Le entiendo, aunque alguno diría que se hubiera destrozado usted antes que a otro…pero no era el culpable, él era quien lo merecía. No le estoy alentando a creerse un héroe, si bien son sentimientos que todos hemos tenido ante desvelar una mentira, una de tan gran magnitud.
Espero ansioso la continuación de su historia y poder comunicarme cara a cara con usted, parece alguien interesante y no un vulgar asesino.
Le saluda atentamente,
Leonardo
Noviembre del 2001
Lamento mi tardanza, no sé ni qué día es y poco me importa. Lo que sucedió es que ambos tuvimos un encuentro fugaz al día siguiente. Recuerdo que era un día de lluvia y mi cuerpo ardía ante sus miradas. Mi boca deseaba la suya y mis manos se enlazaban a las suyas bajo nuestros abrigos. Me sonrojé, creo que lo hice, desviando la mira porque no podía mantenerla. Todo hacía presagiar que sería para mí, que había logrado alcanzar un sueño imposible y que al fin sería complementado con su compañía.
-Eres alguien importante para mí.-Susurró, aún recuerdo sus palabras gravadas a fuego.
-No digas nada aquí, hay mucha gente.-Murmuré apoyando mi cabeza sobre su hombro y cerrando pesadamente los párpados. Quería mantener ese instante en mis recuerdos y tomé aire para expulsarlo lentamente.
-Sólo quiero decirte que acepto tu oferta, esa oferta tan maravillosa de tenerte a mi lado.-Dijo mirando por la ventana cuando alcé mis ojos hacia él. Sonreí y me quedé trastornado en mis fantasías. Íbamos hacia su casa, estaríamos a solas y yo deseaba entregarme a él. Era pronto, lo sabía, pero quería tenerle para mí al completo.
Cuando llegamos a su habitación él se despojó de su camisa y sudadera, yo hice lo mismo. Nuestros torsos estaban desnudos y comenzó el ritual de caricias, besos y deseo. Caí sobre él en su cama y noté su miembro erecto, al igual que el mío. Sus dedos jugaban con mi espalda y los míos sobre su torso.
-Eres hermoso, un bello ángel.-Murmuró haciéndome creer todo lo que decía.
-Te amo.-Mascullé dejando caer mi boca sobre su cuello.
-¿Eres virgen?-Preguntó acariciando mi rostro.
-Sí.-Respondí avergonzado.
-Yo no, puedo enseñarte.-Comentó girándome y apoderándose de mí. Me quitó lo que daba de ropa y me hizo suyo.
En ese instante pensé que era mi pareja, que me amaba, que me deseaba y que no se separaría de mí. Nos quedamos dormidos atados uno al otro, su respiración era mi aliento vital y al despertar me estaba preparando algo de comer. Al día siguiente esperaba encontrarlo en clases, besarlo y agradecerle que me hiciera el amor con tanta pasión. Pero todo se derrumbó al llegar a la facultad y verlo coquetear con aquella chica, la cual siempre me hablaba como una gran amiga. Me volví colérico cuando le acarició la mejilla, aquella que había besado infinitas veces el día anterior mientras me seducía. Caminé dispuesto a humillarla a decirle que era mío, que no se acercara a él y podía notar que estaba en pleno cortejo cuando todo se detuvo. Pude observar como se besaban, cómo él la tomaba por la cintura y sonreía a su lado siendo la pareja perfecta. El mundo se cayó a mis pies y rememoré sus palabras de amor. Mis lágrimas se escaparon y esperé a estar a solas para estallar. Él me confesó que tenía novia desde hacía un año y que lo que tuvimos fue hermoso, único, que deseaba repetirlo mil veces y que ella no le importaba lo más mínimo. Aguanté esa situación tres meses hasta que me cansé de que se burlara de mí, me despreciara y nos usara. Tomé la iniciativa de acabar con su vida.
No sé lo que sintió, sin embargo yo sé que ya no hará más daño a nadie…
Gracias por su atención Leonardo, siempre le estaré agradecido por escucharme.
Fernando.

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