Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 15 de noviembre de 2007

Dulce Falsedad. Inicio





Inicios









Lunes once de noviembre en una ciudad cualquiera, llena de sirenas y trafico. La frialdad desborda cada rincón. La polución pegándose en cada molécula de los habitantes ajetreados o adormilados aún en el andén del metro. Los periódicos del día son descargados de la furgoneta ante el kiosco de prensa. Las cafeterías huelen a café y pan con mantequilla, mientras en las calles el perfume de gasolina es perenne. Son las siete de la mañana y los negocios van despertando, las personas van entrando en ellos y la llama de la vida quema todo con su presencia.

Una música estridente sale de los cascos de Jimmy y su cabeza asiente cada palabra de aquella melodía. Las guitarras, la batería y la voz del cantante de Sôber rechinando en el tema de Oxígeno. El rock, el metal y todo lo que le anclara un nuevo pensamiento era para él importante. Debía ir a clases y sin embargo estaba sentado en la parada del autobús sin prestar atención. Su mirada se difuminaba en cada vehículo, transeúnte y una chispa en su cerebro se encendió. No iba a ir a clases, quería pasear todo el día y llegar agotado a aquel antro donde supuestamente debía estar hasta sus dieciocho.

Cerca de allí los pasos de un fracasado caminan sin hacer ruido. Hoy todo le ha salido mal, empezando porque el coche no arrancaba y porque ya llega tarde. El cigarrillo deambula por sus labios, el sabor de la nicotina se pega a su lengua y sonríe descaradamente a todo aquel que se le cruza. Es el típico fotograma antiguo hecho carne y hueso, tan sólo le falta su copa y un piano junto a él para pedir que toquen de nuevo aquella pieza. Su móvil suena pero hace como si no lo escuchara, seguro que es su antigua chica que intenta ponerse en contacto. Hace nada que tuvo un desliz con una muchacha y sintió de nuevo vacío. Solía suceder, ninguna mujer le satisfacía y la única que le comprendía no la deseaba. Al llegar a la parada miró al engendro aquel de sonrisa diabólica y sus miradas se cruzaron. Apagó el cigarrillo y alborotó un poco sus cabellos.

-¿Ha pasado ya el número diez?-Pregunté al muchacho que estaba sentado en uno de los bancos de la marquesina.

-No.-Respondió apagando la música.-Bueno no lo sé.-Comentó.

Sí, yo soy Edward. Ese fracasado era yo, lo sigo siendo que conste en acta. También sigo con los cigarrillos y con mis extrañas costumbres.

-¿Vas al instituto?-Deduje por su mochila.

-¿Y a ti que te importa? ¿A caso te pregunto por qué fumas? ¿Por qué vienes a la parada y haces pregunta de payaso? Puedes ver el horario colocado sobre mi cabeza ¿o es que la pereza te mata?-Estaba a punto de cruzarle la cara por insolente. Jamás nadie me había hablado en ese tono y me molestó. Tan sólo le eché una mirada de odio y sonreí.

-No, pensé que quizás eras un chulo. Ya sabes, con esas pintas de yonki y esa cara de no haberte metido un chute. Sólo preguntaba para no confundirme.-Dije devolviéndole sus palabras. Se levantó y se puso ante mí con cara de animal herido, lo cual me causó gracia.

-No soy chulo de nadie, tampoco me meto nada y mucho menos soy un intento humano, porque ahí es donde te quedaste.-Masculló sin alzar el tono de voz, pero sin duda sus palabras tenían fuerza.

-¿Buscas bulla siempre? Un nuevo rostro que marcar y que te marquen.-Parece que di en el clavo porque me empujó mientras su rostro era un cuadro desdibujado.

-¿Quieres que te la rompa? Pues déjame en paz.-Entonces llegó el número diez y me pude zafar de un buen golpe. Me soltó y corrió hasta el autobús sentándose al final del auto. Yo pagué mi viaje y me senté mirándolo frente a frente. No sé que me sucedió pero me encantaba ver su cara de cabreo, su impotencia porque no me podía pegar esa paliza que tanto deseaba. Los chicos como él siempre acaban mal, es lo que dice el promedio.

Se puede decir que jamás se había podido empezar así con nadie, es decir, conocer a alguien de ese modo. Cuando le vi bajar en su parada deseé ir tras él, pero ya iba demasiado tarde al trabajo. Al llegar a la oficina puse la excusa del coche y que mañana mismo lo tendría arreglado, el jefe lo entendió y me admitió que llegara tarde por esa vez. Llevaba seis meses y ya me estaba asqueando del ambiente. Conocía tan sólo a una chica allí, alguien que desde que nos conocimos hará dos años sentí la necesidad de tenerla por confidente. Ella me consiguió el puesto de trabajo, ella era mi única amiga. Durante toda la jornada no dejé de pensar en aquel macarra y pensé que podría ir a la misma hora, al día siguiente y a la misma parada para comprobar que él estaba allí. También por la zona en la que se bajó sólo había, y hay, un instituto. Buscarlo allí era otra de las posibilidades. Al salir a las tres me di un paseo andando, la verdad es que no quedaba demasiado lejos de mi oficina. Efectivamente se encontraba en aquel lugar, en la parada contigua a la de bajada.

-¿Aún me quieres dar una paliza?-Dije apoyándome en la publicidad de la parada.

-¿Eres un maniaco?-Respondió con una pregunta y con nerviosismo en su voz.

-¿Has comido?-Pregunté.

-¿Y a ti que coño te importa?-Masculló.

-Te iba a invitar para suavizar asperezas, pero si no lo deseas me voy.-Respondí enderezándome.

-¿Qué quiere de mí?-Murmuró clavando sus ojos grises, tan espectaculares, en mí.

-No lo sé, me recuerdas a mí.-Dije encogiéndome de hombros.

-No pienso quedar a comer con un extraño, mucho menos con alguien tan jodidamente raro como usted.-Dijo levantándose para tomar el autobús, yo le seguí y me senté a su lado.

-¿No quieres ser amigo mío?-Comenté burlonamente.

-Mire déjeme, no sabe con quién está hablando.-La ira volvía a sus ojos, parecía arder en el infierno por el odio. Se bajó en la siguiente parada y echó a correr. Le iba a seguir, pero estaba agotado por el día de trabajo. Tan sólo sonreí y esperé a que llegara al lugar donde debía apearme del bus.

Cuando llegué comí algo de pizza fría, escribí hasta bien entrada la noche y me quedé dormido teniendo un sueño extraño para mí. En el sueño estaba él, desnudo y complaciente. Sus piernas se abrían y sus nalgas me daban la bienvenida. Gemidos, caricias, besos, jadeos, arañazos, embestidas y nuestras esencias cubriendo nuestros cuerpos. Su piel era tan suave, tan delicada, que daba pavor palparla no fuese a desquebrajarse. Sus nalgas eran firmes, su interior cálido y mi miembro lo perforaba sin control. Mi lengua recorría cada rincón de mi boca y mi aliento se pegaba a su cuello. Sus manos se aferraban a mis brazos, sus piernas a mis hombros y su miembro palpitaba sin tener que acariciarlo. Al despertar mi miembro estaba endurecido y mi mente confusa.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt