Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 9 de noviembre de 2007

Maestro Romanus III



Maestro Romanus III






Llevaba dos noches en su compañía alejado de todo en el infinito del mundo. No sabía bien donde se hallaba su nuevo hogar, pero no estaba distante al lugar que eligió cuando nos encontramos por primera vez. El mar acariciaba el aire perfumándolo suavemente con la salina, la noche bañaba todo y el sol hacía poco tiempo que se había marchado. Él no estaba en la casa, ni los sirvientes. Me encontraba solo por completo y decidí investigar su nueva guardia. Me había traído aquella noche, me pidió que le dejara unos minutos a solas para pintar algún cuadro con rapidez y luego conversaríamos. Aún no habíamos conversado sobre lo que él deseaba, tan sólo lo que yo deseaba. Busqué por toda aquella guarida un baño, lo encontré y como no una bañera enorme en el centro.

Me preparé un baño y me sumergí por completo en aquella deliciosa agua tibia. Cuando salí tomé una toalla y me puse una de sus túnicas. Sonreí cuando percibí su aroma en las prendas, una colonia delicada que tan sólo él producía, su olor corporal. Tras esto pensé en ir a buscarlo al pueblo, pero recordé su reprimenda por culpa de mi alocada juerga y al final me senté en el salón de fiestas. ¿Para qué un hombre como él lo quería? Ya no era el patricio que se dedicaba a pintar ninfas mientras una pandilla de holgazanes bebía a su salud, tampoco un extraño pintor veneciano. Era alguien distinto, huraño y sumergido en sus propios pensamientos; estaba harto del ser humano y a la vez los adoraba.

Reposé mi espalda sobre aquel butacón de aspecto antiguo sin dejar de ser magnífico, entonces me sentí incómodo y regresé a una de las habitaciones. En ella habían prendas mías, siempre tenía aquel pequeño lugar para mí y también tenía varios para sus discípulos o amantes. Una idea se cruzó en mi mente que nubló aquella fantasía y deseé llorar. Su ropa me empezó a quemar, me la arranqué y me coloqué unos jeans junto con una camisa negra. Salí corriendo por el pasillo hasta las escaleras y casi caigo. ¿De qué intentaba huir? Creo que de ese sentimiento de que no era nada, realmente no era nadie y que podía tener a quien deseara tan sólo con chascar los dedos. Me había ilusionado y en ese breve instante todo se derrumbó. Mis lágrimas rodaron por mis carillos y mancharon con sangre mi tez blanquecina.

-¿Dónde vas mi querido diablillo?-No había notado su presencia al final de la escalera e intenté caminar sin decirle nada. Descalzo, despeinado, con la camisa abierta y sin dinero… ¿donde iba? Lejos, muy lejos, lo más lejos de él y de lo que sentía. Quería huir, poner no sólo tierra por medio sino también océanos. Sin embargo él tomó mi mano y me llevó a un pequeño salón. Allí me arrojó al sofá y comenzó a besarme.-Te he preguntado algo.-Murmuró sentándose sobre mí para besar mis labios, morderlos y lamerlos hasta la saciedad.-¿Dónde vas?-Volvió a preguntar sabiendo claramente la respuesta.

-Me marchaba.-Dije derramando una nueva lágrima que el secó con la punta de su lengua.

-Yo deseo que te quedes.-Murmuró acariciando mi torso.

-No quiero ser uno más, quiero ser especial para ti. Sé que valgo poco o nada, que no puedo pedir que me quieras solamente a mí. Quiero todas tus atenciones, despertar a tu lado y por estúpido que parezca que me digas te amo a cada instante.-Su mirada profundizó en la mía y sonrió.

-Te amo desde hace demasiado tiempo, desde que te empeñaste en amarme y luego te refugiaste en otros brazos. Siempre me has parecido fuerte y sin embargo mírate ahora. Lestat, te amo y eso basta.-Masculló en un tono de voz cómplice mientras besaba mi cuello.

-Para mí no basta sólo amarte, quiero ser alguien por quién te sientas orgulloso, no ser un monstruo que no sigue tus normas, y ni las suyas propias.-Dije acariciando su rostro para notar que se deshacía de mis manos agarrándolas con las suyas, entonces besó mi torso y yo enmudecí.

Las yemas de sus dedos se apartaron a mis muñecas para posarse sobre mi entrepierna. Cuando comenzó a tocarme sobre el pantalón dejé que mi cabeza fuera hacia atrás, mis manos cayeron pesadamente sobre el bordado del asiento y abrí mejor mis piernas. Mi miembro se endureció levemente y sonreí expectante ante lo que haría conmigo esa vez; entonces quitó el botón del pantalón y la cremallera, lo hizo para llevárselo a su cálida boca. Comenzó a lamer, masturbar y acariciar con delicadeza mis testículos, después mientras se hallaba por completo entre sus labios bajó mis pantalones de un solo tirón. Mis piernas temblaron y sus ojos se clavaron en los míos emanando lascivia. Dejó mi miembro y acarició con sus garras mi torso hasta apoyarse en mis hombros, en ese instante pensé en una embestida pero algo distinto sucedió. Lo tenía encaramado sobre mis piernas y bajo su túnica no llevaba ropa interior, pude notar su hombría erecta acariciando mi vientre mientras mordía mis lóbulos.

-Fóllame.-Me quedé petrificado y tan sólo supe agarrarlo de las caderas.-Sé que no es mi lenguaje, pero es la única forma que puedo expresar lo que necesito.-Masculló tomando con una de sus manos mi sexo y se lo introdujo entre sus nalgas.-Llevo horas esperando esto.-Gimió al notarme dentro de él. En un impulso instintivo lo arrojé al suelo y me recosté sobre él. Saqué mi miembro y bajé mi boca hasta su entrada. Mi lengua comenzó a lamer sus muslos, vientre y entrepierna, después jugó en sus nalgas.

-¿Así?-Dije divertido ante su rostro excitado.-¿Maestro?-Susurré sumergiendo dos de mis dedos en su entrada.

-.-Gimió notando como sus piernas se debilitaban y yo me hacía rey de su cuerpo.

Saqué mis manos de su trasero y me sumergí con una necesidad brutal. Con el resto siempre había tenido las riendas, sólo con él me volvía un juguete usado, sin embargo esta vez no. Me apoyé sobre la moqueta y comencé a moverme con un ritmo acompasado a mis latidos, era rápido y aumentaba haciéndome sentir en una montaña rusa. Él abría sus piernas y las posicionaba bien sobre mis hombros. Los gemidos, jadeos y palabras corruptas que no atrevo a repetir hicieron acto de presencia. Tenerlo de aquella forma me enloquecía, el sexo jamás fue tan placentero. Su entrada era estrecha y se adaptaba a mi hombría, mi boca conectaba con la suya y nuestro aliento se mezclaba mientras. Su voz se volvía la de un demonio en celo, salvaje y desgarrada, haciéndome gozar como nunca. He tenido a muchos hombres en mi cama, demasiados, y ninguno me dio aquel orgasmo, mucho menos aquella esencia en tanta abundancia. Él lo hizo después de sentir el calor de mi simiente y la salida de mis partes. Bajé sus piernas de mis hombros y besé delicadamente sus tobillos. Tu túnica, su torso espectacular y todo su cuerpo olían a sexo.

-Hermoso.-Mascullé jadeando mientras me recostaba sobre él.

-¿Qué es hermoso?-Susurró enredando sus dedos en mis cabellos.

-Tu rostro, tú.-Respondí.

En ese instante consolidamos nuestra relación, nuestro lazo. Él se deshizo de la ropa de todos sus pupilos, amigos y allegados, salvo las de Armand que se las envió a casa de Daniel. Yo por mi parte dejé de hacer caso a Louis, tan sólo compartiríamos charlas y el resto quedaría aparcado a viejos recuerdos. Romanus hizo lo mismo con sus antiguas parejas, mantuvo contacto pero nada de sexo. Me sentía y me siento seguro a su lado, a salvo de todo, aunque sigo indomable y lleno de ansias por conquistar el mundo al completo con mi encanto personal.

Tan sólo queda gritarlo…

JE T’AIME MON AMOUR

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt