ahi va otro pasaje de Romanus, lo he llamado Maestro Romanus II
Desperté arrullado por la apacible brisa de una ventana que se hallaba abierta. No recordaba aquella estancia y la cama era demasiado mullida, no era la mía y jamás había estado en ella. Me levanté aturdido y percibí que estaba desnudo por completo. El lugar era una habitación de paredes de blanco luna, tenía muebles de la época colonial y una hermosa cama con dosel de cortinas vaporosas tan negras como las sábanas. En el suelo había una cálida alfombra sobre la madera y al fondo un espejo de cuerpo entero. Mi mirada desconcertada, suspendida en la intriga, se clavaba en mi reflejo. Mi piel nívea, mis cabellos rubios cayendo sobre mis hombros y mi figura parecía más débil que la noche anterior. Entonces lo supe, estaba en el hogar de Romanus. Aquel poblado a lo lejos, un puerto pesquero de poca importancia y el aroma a leña recién cortada eran familiares. Bajé los párpados un instante y los abrí al notar su fragancia junto a sus manos rodeándome.
-¿Ya has despertado mi pequeño demonio?-Murmuró con un toque de paz y diversión en su tono.
-Oui.-Susurré acariciando sus manos, esas manos que se vuelven garras cuando me aprisiona en ellas.
-Gracias por la hermosa noche que me regalaste.-Dijo besándome el cuello con delicadeza, yo tan sólo me dejé como una débil presa-
-¿Pasó realmente?-Pregunté siendo sincero, puesto que no creía lo que me ocurría. El gran Romanus era mi amante, mío y de nadie más. Me sentía tocado por la mano de dios.
-Sí, mi querido pupilo, así fue.-Masculló acariciando mi pecho con sus dedos ágiles. Miraba nuestro reflejo y pude ver su sonrisa dibujada en su rostro, sin embargo yo estaba demasiado extasiado para sentirme feliz o vivo. Estaba perturbado por los recuerdos y la incredulidad como para festejar algo tan ansiado.-¿Te ocurre algo?-Susurró dejando posar sus labios sobre mis hombros.
-No puedo creer que este a tu lado. La vida es como una noria, gira y gira sin cesar. Pensé que no volvería a estar junto a ti, mucho menos que me aceptaras de esa forma.-Comenté girándome para apoyar mis brazos sobre sus hombros.-Te amo pero no sé que sentir en estos instantes. Estoy nervioso, en una nube, y mis sentimientos están encontrados en una cadena mal engrasada. Un sentimiento tropieza con otro distinto, radicalmente contrario, y el siguiente lo suaviza. No sé si reír o llorar, si sentir pánico o simplemente gritar que te amo.-Dije buscando sus labios, sus carnosos y especiales labios. Su boca se fundió con la mía y mi lengua profundizó el beso. Mis manos se aferraron a sus cabellos y mis dedos acariciaban su cráneo aplastándolo más hacia mí.
-¿Realmente me amas?-Preguntó inseguro.
-Sí, te amo como jamás lo he hecho. Siempre he actuado bajo mis instintos más primarios. No te diste cuenta porque intento disimularlos bajo capas de maquillaje irónico, festivo y de una buena máscara de dramaturgo.-Comenté sonriendo levemente.-Sin embargo siempre te he querido, jamás he dejado de amarte.-Susurré dejando que mis fauces se apoderaran de nuevo de las suyas.
-Eres un maldito diablillo.-Sonrió pasando sus manos desde mi espalda hasta mis nalgas mientras yo sólo le miraba embelesado.
-Soy tu diablillo.-Dije correspondiéndole la sonrisa.
Sentí que me agarraba con mayor firmeza y mis manos rodaron de sus cabellos hasta su pecho. Mordí suavemente sus labios para luego lamerlos. Lentamente deslicé mis dedos hasta posicionar mis manos en sus caderas. Él parecía secuestrado por la paz y yo era un huracán. Quería ser suyo de nuevo, ser secuestrado entre sus brazos y encontrar la cárcel de su aroma. Paré el beso y apoyé mi frente sobre su pecho mientras notaba como crecía en tamaño mi miembro, también el suyo bajo su túnica. Solía llevar siempre túnicas granates, a veces negras con algún bordado en rojo fuego o simplemente blusas amplias, eso sí de su color predilecto, y pantalones corrientes. Se apartó de mí un segundo y desnudó su cuerpo. Tragué saliva ante aquella perfección y le rodeé por completo.
-¿Qué sucede?-Interrumpió al verme temblar.
-Tengo miedo de causarte daño, problemas o que dejes de amarme de esta forma.-Susurré sin apenas voz.-Miedo a despertar y que no estés.-Dije dejando caer una lágrima que él paró mientras acariciaba mi rostro.
-A pesar de haber tenido que pelear por culpa de tu impulsividad e irrespetuosidad, a pesar de que tengo que morderme la lengua cuando veo que haces mal y que tengo que reír por culpa de tus burlas canallas…sé que eres alguien especial, no me apartaré de ti.-No podía creer esas palabras, eran imposible que me las dijeras a mí. Te había visto con otras parejas y había sentido celos aún estando comprometido. Aún seguía en ese dulce trance que se llama amor, sí, ese en el que aún me encuentro y no quiero regresar a la pesadumbre de estar sin ti.
-No soy nadie especial, lo soy cuando estoy a tu lado.-Respondí. No suelo ser sincero del todo, siempre oculto un poco mis sentimientos por culpa del daño que me han hecho, sin embargo con él no temía. Mi corazón, mi alma, mi aliento y todo lo que represento se lo debo a él. Lo que quiero decir es que vivo por ser feliz a su lado. Nací para compartir mi vida junto a la suya.-Sin ti mi vida no tendría sentido. Hemos sido aliados mucho tiempo, me has escuchado y me has regalado segundos que.-No pude concluir la frase porque su boca me liberó de mi verborrea. Giramos como en un frenético vals y percibí como caía sobre el colchón bajo su cuerpo. Sus labios me destrozaban con caricias indescriptibles, imposibles de comentar. Sentía su boca sobre la mía, sobre mi cuello, mis lóbulos, mi pecho, en mi vientre, sobre la palma de mis manos y cubriendo mis muslos. Mi miembro erecto denotaba que aquello me enloquecía, que era un juego peligroso y que era una fiera sedienta.
-¿Te excitas tanto con sólo caricias?-Murmuró agarrando mi miembro.-Adoro ver así tu rostro.-Dijo antes de llevárselo a los labios e introducirlo entre ellos. Mis manos se volvieron garras y se aferraron fuertemente a su cabeza. Sus movimientos eran rápidos, compasados, haciendo que me robaran el aliento. Paró apartándome de él, deshaciéndose de mí.-Veamos con esto.-Susurró introduciendo en mi boca dos de sus dedos, como si se tratara de una pila de agua bendita, para sumergirlos entre mis nalgas. Se me escapó un gemido, uno que provenía de mi interior haciéndome vibrar.
-Deja de torturarme.-Balbuceé y sonrió pícaro ante mi súplica.
-¿No puedes aguantar unos simples juegos?-Dijo apartándose de mí sacando sus dedos de mi entrada. Su torso era perfecto, el del David de Miguel Ángel era desastroso a su lado. Sin duda la gracia de Roma seguía viva en cada centímetro de su piel. En un impulso me arrodille ante sus pies y tomé su entrepierna para rodearlo con mi lengua. Sus fuertes manos acariciaron mi rostro y le miré como se mira a un Dios. Me sentía eufórico pero pronto me arrancó mi juguete y me hizo apoyarme en la cama. Arrodillado en el suelo de la habitación y aferrado a las sábanas del lecho sentí su hombría rompiéndome en dos. Grité de dolor, un dolor placentero que me hizo abrir los ojos para clavarlo en un óleo que estaba colgado en la alcoba. Éramos él y yo, yo me encontraba desnudo entre sus brazos y me cubría tan sólo con una suave manta. Cuando su ritmo se acrecentó me aferré con fuerza a la cama e intenté abrir mejor mis piernas. Sentí una cachetada en mi nalga izquierda y como su mano derecha presionaba mi cabeza contra el colchón.-¿Esto es lo que anhelabas?-Jadeó.-¿O quizás más romántico?-Interrogó aminorando la velocidad de las embestidas. Para ayudarme a colocarme mejor sobre aquel camastro de época. Mi espalda se pegó al colchón y alcé mis piernas sobre sus hombros.-¿Así mejor?-Sonrió enigmáticamente y entró con decisión. No tardé demasiado en dejar que mi esencia se vertiera, pero mientras disfruté de su rostro y sus apasionados besos llenos de lascivia. Él dejó que la suya me inundara, sin embargo la mía manchó mi vientre de un color granate.-Ti amo.-Dijo entre jadeos cayendo sobre mí mientras salía.
-Yo también y no puedes imaginar cuanto.-Mascullé.

1 comentario:
hola le petit prince:
tu p�gina est� muy bonita
y tus escritos descriptivos a�n mejor
la seguir� visitando.
cuidate mucho y suerte en todo lo que hagas.
nike
p.d. no creo ni el hombre ni en la mujer ni en la homosexualidad, creo firmemente en las personas.
me disgusta eso si, la gente que se cree mejor que los dem�s y eso no obedece a la opci�n sexual.
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