Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 9 de noviembre de 2007

Prision


aquí tenemos al monstruo de... ángel, más bien cris angel




25 de Octubre del 2001

Estimado Fernando:

Lamento oír esta historia tan trágica, es aún peor de lo que me imaginaba. A todos nos ha sucedido que han jugado con nuestros sentimientos, que se han burlado de lo que una vez hemos sentido o anhelado. Tenga fuerza y coraje, estoy aquí para apoyarle. Si le sirve de consuelo yo también he sentido este juego sucio y cobarde de manos de mi última pareja. Sin embargo me retuve, me hice daño a mi mismo y no a ella. Intento sobrevivir el día a día con la esperanza de rellenar ese vacío, esa maldita soledad, y el amor que aún le siento reemplazándolo por otro.

La soledad es nuestra amiga, amante eterna, no lo olvide. En realidad me frustra ver a alguien estando entre rejas por una locura momentánea fruto de la desesperación. Le entiendo, aunque alguno diría que se hubiera destrozado usted antes que a otro…pero no era el culpable, él era quien lo merecía. No le estoy alentando a creerse un héroe, si bien son sentimientos que todos hemos tenido ante desvelar una mentira, una de tan gran magnitud.

Espero ansioso la continuación de su historia y poder comunicarme cara a cara con usted, parece alguien interesante y no un vulgar asesino.

Le saluda atentamente,

Leonardo

Noviembre del 2001

Lamento mi tardanza, no sé ni qué día es y poco me importa. Lo que sucedió es que ambos tuvimos un encuentro fugaz al día siguiente. Recuerdo que era un día de lluvia y mi cuerpo ardía ante sus miradas. Mi boca deseaba la suya y mis manos se enlazaban a las suyas bajo nuestros abrigos. Me sonrojé, creo que lo hice, desviando la mira porque no podía mantenerla. Todo hacía presagiar que sería para mí, que había logrado alcanzar un sueño imposible y que al fin sería complementado con su compañía.

-Eres alguien importante para mí.-Susurró, aún recuerdo sus palabras gravadas a fuego.

-No digas nada aquí, hay mucha gente.-Murmuré apoyando mi cabeza sobre su hombro y cerrando pesadamente los párpados. Quería mantener ese instante en mis recuerdos y tomé aire para expulsarlo lentamente.

-Sólo quiero decirte que acepto tu oferta, esa oferta tan maravillosa de tenerte a mi lado.-Dijo mirando por la ventana cuando alcé mis ojos hacia él. Sonreí y me quedé trastornado en mis fantasías. Íbamos hacia su casa, estaríamos a solas y yo deseaba entregarme a él. Era pronto, lo sabía, pero quería tenerle para mí al completo.

Cuando llegamos a su habitación él se despojó de su camisa y sudadera, yo hice lo mismo. Nuestros torsos estaban desnudos y comenzó el ritual de caricias, besos y deseo. Caí sobre él en su cama y noté su miembro erecto, al igual que el mío. Sus dedos jugaban con mi espalda y los míos sobre su torso.

-Eres hermoso, un bello ángel.-Murmuró haciéndome creer todo lo que decía.

-Te amo.-Mascullé dejando caer mi boca sobre su cuello.

-¿Eres virgen?-Preguntó acariciando mi rostro.

-Sí.-Respondí avergonzado.

-Yo no, puedo enseñarte.-Comentó girándome y apoderándose de mí. Me quitó lo que daba de ropa y me hizo suyo.

En ese instante pensé que era mi pareja, que me amaba, que me deseaba y que no se separaría de mí. Nos quedamos dormidos atados uno al otro, su respiración era mi aliento vital y al despertar me estaba preparando algo de comer. Al día siguiente esperaba encontrarlo en clases, besarlo y agradecerle que me hiciera el amor con tanta pasión. Pero todo se derrumbó al llegar a la facultad y verlo coquetear con aquella chica, la cual siempre me hablaba como una gran amiga. Me volví colérico cuando le acarició la mejilla, aquella que había besado infinitas veces el día anterior mientras me seducía. Caminé dispuesto a humillarla a decirle que era mío, que no se acercara a él y podía notar que estaba en pleno cortejo cuando todo se detuvo. Pude observar como se besaban, cómo él la tomaba por la cintura y sonreía a su lado siendo la pareja perfecta. El mundo se cayó a mis pies y rememoré sus palabras de amor. Mis lágrimas se escaparon y esperé a estar a solas para estallar. Él me confesó que tenía novia desde hacía un año y que lo que tuvimos fue hermoso, único, que deseaba repetirlo mil veces y que ella no le importaba lo más mínimo. Aguanté esa situación tres meses hasta que me cansé de que se burlara de mí, me despreciara y nos usara. Tomé la iniciativa de acabar con su vida.

No sé lo que sintió, sin embargo yo sé que ya no hará más daño a nadie…

Gracias por su atención Leonardo, siempre le estaré agradecido por escucharme.

Fernando.

5 de Noviembre del 2001

Estimado Fernando:

Me alegra decirle que tendrá una visita y así nos acompañaremos en soledad. Estoy feliz porque creo que he encontrado a alguien con quien conversar, con quien mantener una amistad y poder a la vez desarrollar bien mi trabajo. Creo que en cierto sentido somos idénticos, o al menos semejantes. Por ello quiero visitarle.

Estimadamente Leonardo

Días más tarde fui a visitarlo tal como dije. Era un muchacho de aspecto desaliñado y a la vez tenebroso. Su mirada oscura, inquietante como la de un animal herido a expensas de la muerte, y aquellas ojeras me desconcertaron. Pensé en un hombre de aspecto más débil, pero su torso estaba bien marcado y se notaba tras su fina camisa. Sus labios demostraban amargura.

-Me llamo Leonardo, creo que me conoce.-Dije sentándome frente a él. Nos dejaron poder charlar en una sala a solas, aunque tras un espejo había varios policías velando por mi seguridad.

-Sí, básicamente sí. ¿Puedo?-Comentó sacando un pitillo.

-Por supuesto.-Respondí para ver como lo encendía con rapidez para exhalar profundamente una calada.

-Gracias, he empezado a fumar aquí. Este lugar me carcome el alma y no puedo soportarlo si no es con algo de tabaco.-Dijo jugueteando con el pitillo entre sus labios.

-Entiendo por lo que puede estar pasando, sin embargo sigue vivo y poco a poco podrá salir de estas paredes.-Una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro mientras yo decía estas palabras.

-¿De estos muros? ¿Para qué? No hay nada ahí a fuera que me haga desear o al menos soñar por un instante que es mejor que estar aquí adentro.-Respondió acercándose el cenicero.

-¿No se arrepiente?-Pregunté curioso y entrometido, sin embargo era mi trabajo.

-No, como ya le dije se lo merecía. Aunque a veces me derrumbo y pienso en lo hermoso que era verlo caminar a mi lado.-Susurró con melancolía en cada una de las sílabas.

-¿Sigues amándole?-Interrogué.

-¿Sigue amando usted a esa furcia?-Respondió con una pregunta que me heló y me derrumbó. Era directo, sin rodeos.

-Sí, lamentablemente sí.-Dije para notar una nueva calada, una profunda y anhelante de quedar sin respiración.

-Pues yo lo sigo amando, jamás dejaré de hacerlo.-Apagó impulsivamente el pitillo y me miró con franqueza.-Lo maté ¿y qué? Jugó conmigo, jugó con ella y no se merecía el amor que le profesábamos.-Susurró intentando apartar sus profundas ganas de llorar, pero su voz estaba rota de dolor.-Fue un acto de liberación, de locura, que quizás no me arrepiento porque creo que fue justo. Él rompió mi corazón, hizo jirones mi alma y se iba a ir de rositas para seguir manipulando al resto del mundo. Sin embargo, le amo y sé que este amor no es uno cualquiera. Verá, como le he dicho fue mi primer y único amor. Dudo mucho volver a amar con esa intensidad, con ese ansia y ese ahogo.-Comentó apoyando las palmas de sus manos sobre la mesa.-No soy un asesino, tan sólo busqué consuelo. Pensé que quitándolo del mundo podría dejar de amarle, que salvaría a muchos de sus garras y en definitiva sería un pequeño héroe.-En sus ojos se formularon lágrimas.-No hay noche que no lo sienta a mi lado, que note sus caricias y sus abrazos.-Su labio tembló en ese instante y se derrumbó.-Sé que estoy loco, que es imposible, pero a veces noto que susurra que me ama y que me espera. Soy un maldito idiota que mató al gran amor de su vida tan sólo por quererlo olvidar.-Estaba desconsolado y yo no sabía qué demonios hacer.

-Sé que siente, lo sé. Sin embargo puede encontrar a alguien.-Murmuré o balbuceé, no sé bien cómo lo dije.

-¿A quién?-Interrogó con ira golpeando la mesa con sus puños.

-Un chico que le corresponda, que le limpie el corazón de esa herida.-Dije intentando mantener calma.

-No existe ese chico. Verá, aquí muchos están deseosos de tener un poco de sexo, están ávidos de ello, y por lo tanto soy el querido de todos. He tenido sexo todos los días, he follado con más de tres tíos un mismo día y sin embargo no veo amor. No he encontrado ningún hombre que vaya más de su propia satisfacción, de su maldita oda al pene.-Susurró meditabundo, parecía haber vuelto a la calma.

-Lo lamento.-Respondí casi sin poder decir otra cosa.

-Mire, deseo volver a mi celda, hoy estoy demasiado desconcertado y asqueado de todo. Fue un placer conocernos.-Comentó mirando un segundo al espejo, que en realidad era un cristal, para luego sonreírme levemente.

Esa fue la primera y última vez que nos encontramos, se suicidó horas más tarde después de escribir la última nota que evocaría su amor por él.

“Mi amor ya no puedo más, no puedo más. Estoy cansado de llevar esta culpa, de decir que te maté por ira o celos. Tú y yo sabemos porqué. La verdad es que odiabas la vida que llevabas, la doble vida. Me amabas, me deseabas, estuvimos casi seis meses juntos y sin embargo seguías con ella para las apariencias. Mi vida, me pediste que te matara y luego yo hiciera lo mismo. Sin embargo no pude, te maté y luego no pude hacerlo yo porque vinieron a buscarme. ¿Sabes cuántas veces te he buscado? Hoy podré reunirme contigo, como te prometí. He conseguido una dosis alta de droga, me matará con convulsiones pero no hay otra cosa. Escribo esto a modo de despedida para que todos sepan la verdad, esa verdad que te mataba lentamente y a mí me hacía sentirme anclado a un imposible. Siempre te amaré, siempre tuyo.”







FIN

No hay comentarios:

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt