La Tentación de Amadeo
Había vivido un calvario y ya no sabía ni mi nombre. Me encontraba en una sucia celda que decían que era mi habitación, era lo poco que lograba entender. Llegué débil y con los ojos cubiertos de lágrimas. Durante la travesía tan sólo pedí volver a ver a mi madre, recé como ella me enseñó y me dediqué a pensar que algún día volvería a ver las nieves de mi lejana Rusia. El hedor de mi cuerpo provenía de mis propios fluidos corporales y mis cabellos caobas con toques de llamaradas de fuego estaban apagados, grasientos y mal atados en una coleta. Era un muchacho de apenas quince años aterrado ante todo lo que sucedía. Yo iba a ser monje no para estar en un barco como mercancía. Cuando llegamos a Venecia vi los canales y sonreí esperando tener una oportunidad para librarme de todo, sin embargo no tuve ninguna y lo poco que pude ver de aquella ciudad fue la jaula donde me prostituían. Fui pasado de mano en mano, los hombres me golpeaban y me jalaban de mis cabellos. En ocasiones enfermaba y llegué a estar en el borde de la muerte si no llega a ser por él. Como en los cuentos clásicos la doncella es recatada por un príncipe en un corcel y llevada hasta una tierra hermosa con aires libertarios, así sucedió esta vez. El que sería mi maestro irrumpió en mi alcoba y me tomó en brazos, me desvanecí y recuperé el aliento en la bañera junto a su cuerpo desnudo. Me lavaba suavemente, acariciaba mi piel con la suya fría y eso me estremecía. Sonreí agradecido y besé su mejilla intentando olvidar todo lo que había padecido. Él no parecía como los otros hombres, en realidad parecía admirar mi belleza y sonreía ante mis gestos infantiles.
-Seré tu maestro, te enseñaré a pintar porque sé que tienes dotes. Algún día te mostraré todos mis secretos y los compartirás todo conmigo.-Murmuró besando mi cuello mientras bajaba su mano de mi cintura a mis muslos.-No temas, no soy como todos los hombres.-El trapo del baño bajaba por mi figura arrasando con toda la suciedad, dejándola con un aroma y un aspecto de seda.-Apenas sabes mi idioma, pero lo dominaras enseguida.-Susurró tomándome por el mentón para girar mi cabeza buscando mi boca. Aquel beso fue cálido para nada destructivo o con deseos de burla.
Con la calidez de su cuidado y su protección paternal curé mis heridas físicas, sin embargo las mentales eran imposibles de sanar. Intenté obviar mi conciencia y acabé olvidando todo, todo menos los golpes y los gritos. Quedé sin infancia y con una pubertad incipiente. Mi maestro me mostraba como mezclar los colores, los trucos de los grandes pintores y los trazos más hermosos que jamás había osado realizar surgieron de mis manos, al igual que lo hacían de las suyas. Sin embargo yo era más feliz contemplándolo, observando como jugaba con el lienzo y lo convertía en una obra maestra. Yo era su mayor fuente de inspiración y creó “
Una noche llegué tan ebrio que no coordinaba mi cuerpo, él me tomó en brazos y me llevó a mi habitación. Allí desesperado y envalentonado por el alcohol le pedí que me tomara. Quería sentirlo dentro de mi cuerpo y que dejara de una vez de vacilar viéndome como un estúpido jovencito. Mi cuerpo ardía y mi mirada llamaba a lo prohibido. Enrosqué mis piernas a su cintura y mis brazos en su cuello.
-No te escaparás esta vez Marius, esta vez no.-Dije divertido haciendo rodar mis labios por su pálido rostro. Era hermoso y yo quería que aquel hombre me hiciera al fin el amor, jamás lo había hecho y tan sólo conocía el sexo. Quería, más bien, necesitaba que él me demostrara su afecto tratándome como un adulto.
-No estas en condiciones Amadeo, hablaremos mañana.-Respondió liberándose de mí para luego caminar hacia la puerta.
-Pero maestro.-Logré balbucear haciendo temblar mi labio inferior.
-Lo siento.-Dijo regresando a mi lado para besar mis labios, morderlos y hacerme delirar nuevamente.-Haré lo que deseas.-Susurró dejando que su aliento calentara la piel de mi cuello.
Besó dulcemente mi boca, mi rostro y luego mi cuello. Sus manos desnudaban mi cuerpo liberándome y haciéndome temblar. Enloquecía al notar su lengua experta por mi pequeño y sus dientes mordiendo mis pezones. El vello se erizó cuando acarició mi entre pierna con sus habilidosos dedos, mientras las mías tan sólo desataban mis cabellos y los suyos. Me gustaba enredarme en aquellos cabellos dorados y en aquel instante abrigaba mis manos con ellos. Sonreí levemente cuando noté como bajaba los pantalones para luego observar como se quitaba sus ropas con rapidez. Su miembro siempre se encontraba en erección, por ello se me hacía tan exquisito poder sentirlo entre mis nalgas y no sólo en un roce ocasional. Me dio la vuelta en aquel colchón mullido recubierto con sábanas de seda, me sentía una mariposa atrapada en una tela de araña y eso me seducía. La punta de su lengua rodó desde mi nuca por mi columna vertebral hasta mis nalgas. Las besó y luego jugueteó con mi entrada masajeándola e introduciendo sus dedos. Gemí enloquecido aferrándome a los almohadones. Cuando creí que se sumergiría en mí volvió a girarme para contemplar mi rostro.
-Quería esperar a que tu cuerpo estuviera bien formado.-Murmuró sonriendo.-Pero has insistido demasiado mi joven pupilo.-Masculló para dejar caer sus labios sobre mi frente.
Entonces se recostó a mi lado y me tomó de lado. Alzó bien una de mis piernas y la mantuvo bien arriba para introducirse con pasión. Grité sin poder remediar aquel dolor, su miembro abarcaba mi entrada y la cercenaba. Aunque no era virginal ese porte no podía contenerlo con facilidad. Le costó moverse hasta que tomé holgura. Al sentir sus colmillos sobre mi garganta supuse lo que sucedería, ya sabía ese maldito secreto y eso me incitaba a desearlo con desesperación. Era alguien de la oscuridad y a la vez de la luz, un demonio que podía apreciar la belleza de los ángeles y un honrado hombre de negocios. Mis gemidos arañaban el techo y el telar del dosel, mis dedos acariciaban mi miembro en toda su magnitud y él tan sólo bebía de mí con delicadeza. Era un vampiro y yo un ingenuo. A pesar de todo lo que había vivido no sopesaba que algo malo pudiera ocurrir a su lado, tan sólo había placer y belleza, pero ese esa es otra cuestión. Este ingenuo fue domado y tomado hasta sentir que su esencia corría por mis piernas. Era pura sangre, sangre de un maldito hipócrita o un ladronzuelo. El mío era como la nieve de mi hermoso país manchando mis manos, mi pecho y las sábanas.
-Debo marcharme, ahora sí que debo irme mi pequeño ángel.-Susurró dejándome extasiado. El amanecer estaba a punto de despuntar y yo caía lentamente en un sueño placentero, en uno donde yo también le pertenecería como hijo de las sombras.
2 comentarios:
BUENAS TARDES, ME GUSTARON MUCHO SUS ESRITOS, DE VERDAD QUE SI...
DESDE NIÑA ME GUSTO LO OCULTO, NUNCA SUPE BIEN PORQUE...
AL CRECER ME DI CUENTA DE QUE FASCINABA EL MUNDO DE LOS VAMPIROS, ME ENCANTARIA SENTIR LO QUE SIENTEN Y VER LO QUE VEN... NUNCA NADIE TUVO LA GRANDEZA DE ENSEÑARME Y NUNCA SUPE PORQUE...
DARIA TODO POR APRENDER, Y CUANDO DIGO TODO ES PORQUE REALMENTE LO DARIA....
LE DEJO MI MAIL: INMORTALPORPRUX@HOTMAIL.COM
ESPERO CAN ANSIAS SU MENSAJE
SALUDA
PRUXAN
Marius para mí es el mejor personaje que creado Anne Rice.
Y madre mia lo que has escrito me ha dejado sin habla.
No creía que pudiera pasar una escena semejante...pero ¡oh! nada mal :)
Me ha gustado
Por cierto me encanta Aristocrat's Symphony
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