-¿Qué haces Lestat?-Preguntó una voz demasiado familiar. Era mi maestro, Marius, entrando en la sala donde me encontraba realizando una de mis locuras.-¿Saben todos que te encuentras aquí recluido?-Dijo apoyando sus manos en mis hombros.-¿Haces algo productivo o como siempre malabarismos en el aire?-Cuestionó con voz risueña acariciando entonces mis cabellos.
-Hago algo productivo, como siempre. Lo que sucede es que no podéis apreciar mi arte.-Dije girando mi rostro hacia él mientras apoyaba el codo izquierdo al respaldo.
-No lo dudo, no tenemos gusto para ello.-Respondió a mis palabras con tono divertido.
-¡Maestro!-Gritó aquella voz infantil rechinando en mi cerebro. Era Armand con una sonrisa de oreja a oreja tan felina que sentí un escalofrío.-¿Me acompañas al Museo de Arte?-Dijo con sus manos en la espalda y mirada inocente.
-¿Después te lo llevaras a la cama?-Dije con los ojos clavados en él lleno de furia.-Te recuerdo que tienes novio.-Murmuré volviendo a mi escrito. Sentí su furia y sus maldiciones en voz baja. Caminó hacia mí para hacer presente su indignación.
-No todos somos tan ninfómanos como tú.-Dijo algo atacado por lo que había dicho. Marius simplemente contemplaba la pelea como otra más entre tantas, en todas ellas había permanecido al margen hasta que llegábamos a las manos.
-Ese término lo inventaste tú.-Respondí con una sonrisa amplia.-Además del de prostitución, promiscuidad y felación.-Susurré tocando su mentón con uno de mis dedos, el cual apartó mientras su mirada ardía en los infiernos del odio.
-¡Maestro!¡Dígale algo!-Gritó a decibelios que me hicieron taponarme los oídos.
-Sí, eso ahora llama a papá que no te va a salvar el trasero.-Me reí en su propia cara, era divertido hacerle rabiar.
-Armand, ¿qué quieres que diga? Todo lo que dice es cierto, él necesita menos el placer carnal que tú.-Indicó Marius dándome la razón, aunque me asombré bastante.
-¿Habéis visto mi espada?-Interfirió Avicus entrando en la sala.
-No lo sé, si lo supiera trinchaba a Lestat.-Comentó Armand apretando los puños.
-Amadeo, mi querido niño, prefiero quedarme esta noche a trazar unas ideas en papel.-Respondió cuando aún discutíamos ambos.
-Yo me marcho, estoy harto que os burléis los dos.-Comentó indignado caminando hacia la salida.
-¡Lestat de Lioncourt! ¡Maldito seas!-Farfulló alguien desde el primer piso.-¡Te odio!-Esta vez era Louis y subía presto por las escaleras portando la caja de mi regalo navideño.-¿Cuándo vas a dejar de reírte de mí y de recordar mis torpezas.-Comentó sacando por el rabo a la rata muerta que le había regalado.
-Cuando tú, bomboncito mío, dejes de ser tan inútil insultándome cada cinco minutos con el otro mocoso.-Mascullé tecleando furioso.
-Calma mi chiquillo, calma.-Susurró Marius besando mi rostro
-Yo mejor me marcho.-Interfirió de nuevo Avicus corriendo a las escaleras, a nadie le gusta estar dentro de una pelea como aquella.
-¡Encima cálmalo!-Espetó tirándome la rata.-No vuelvas a hablarme Lestat.-Dijo en tono de amenaza.
-Estaré encantado de no hacerlo cher.-Dije riéndome sin poder calmarme.
-No tienes corazón.-Comenzó a echarse a llorar cuando mi madre hacía acto de presencia.
-¡Oh!-Exclamó pasando sus brazos consoladoras por sus hombros.-Mi dulce Louis, ¿te hizo algo este maldito hijo de perra que tengo por hijo?-Preguntó besando su rostro. Recordé entonces que siempre se ponía de la otra parte, jamás en mi situación.
-¡Mamá!-Dije clamando por culpa de su nula ayuda.
-Es la verdad hijo mío, con él no tienes tacto como jamás tuviste con Nicolás. Recuerdo una vez que…-Comentó haciendo memoria, yo la verdad es que no quería oír sus historias de cuando era pequeño y aprendí a hacer mis necesidades en la palangana, mi primer baño, mi forma de jugar extraña con Nicolás o la de veces que había roto mis zapatos nada más estrenarlos. ¿Por qué me sometía a aquella tortura mi madre? No lo sé, creo que todos nos vemos en este punto más de una vez sintiendo como se enrojece nuestro rostro.
-¡Déjalo ya!-Dije intentando parar su cantinela.
-Ves, como digo la verdad no quieres oírlo.-Masculló ofendida cruzándose de brazos.
-No quiero oír batallitas.-Respondí a punto de llorar por la desesperación.
-Pues a mí me encantan, sobretodo esa que no dejaste de mamar hasta los tres años.-Tuvo que recordar mi maestro precisamente esa.-O aquella que dice que hasta los siete mojabas la cama.-Dijo haciendo acto de memoria.-También me encanta esa que te pilló haciendo de doctor amor con tu amigo de la infancia.-Indicó en una risa burlona.
-¡Iros todos a la mierda!-Se mascaba la tragedia, más bien mi ira.
-¡No hables así a tu madre!-Gritó Marius golpeándome en la cabeza
-Sí maestro.-Susurré intentando no llorar por el dolor del golpe.
-Estamos en navidad y no debemos de discutir, así que vayamos con todos a cantar algunos villancicos.-Dijo apoyando su mano en mi hombro para besar mi frente, era un gesto de disculpa por aquel gesto.
-¡A eso iba! Estoy creando un villancico navideño.-Dije con voz melodiosa.
“Y llora y llora y vuelve a llorar Louis en el salón por ser objeto de mis burlas una vez más. Y se queja y se queja y se vuelve a quejar Amadeito por decir la verdad. Todos estais locos y luego dicen de mí, todos los del salón y los que faltan aquí. Y gritáis y gritáis y no hay quien se ponga en Internet.”
-¡Lestat cállate!-Dijeron los tres al unísono.
-De acuerdo, sólo añadiré una frase más. ¡Feliz Navidad!-Mi alegría se desbordaba un año más, como un chiquillo, y abracé a Marius besando sus labios una vez más.
-Vayamos todo a bajo nos esperan el resto.-Indicó Louis recordándome a las Gemelas junto a Santino y todos los demás.
p.d: Nada de lo que he dicho sobre mi infancia es real, aunque tengo algún que otro secreto bochornoso y no lo voy a contar.
(n_n)b FELIZ NAVIDAD

No hay comentarios:
Publicar un comentario