Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Tú, Yo y Él




Era algo tarde y había quedado con mis dos mejores amigos. La verdad es que siempre pensé cuando confesara mi secreto me abandonarían, me humillarían como todos los que una vez fueron compañeros de bromas y terminaría solo nuevamente. Ensayé un pequeño discurso frente al espejo de cuerpo entero de la habitación de mis padres mientras me peinaba. Até mis cabellos en una coleta, me miré fijamente y sonreí nervioso preguntándome porqué todos reaccionaban con crueldad. Sin embargo algo me decía que iba a ser distinto, que esta vez iba a notar comprensión y no rechazo. Me puse los vaqueros y cogí la chupa de cuero del armario. Irónico igual que ella hoy iba a salir de él ante dos de las personas más importantes de mi vida, después de mis padres y mis abuelos. A veces pensaban que éramos hermanos porque nos compenetrábamos y ayudábamos como tales. Terminé de divagar y me puse la música a todo volumen en mi reproductor de música, salí de casa y bajé las escaleras a brincos. Terminé por corretear las dos calles escasas que me distanciaban de la casa de Marco. Al llegar toqué al timbre y me abrió medio dormido, como siempre había olvidado que teníamos reunión. Íbamos a ver una película mítica para nosotros, El Cuervo, mientras comíamos algo que hubiera preparado la madre de Jorge. Pero ese día yo tenía algo distinto que quería realizar, mi confesión.

No habían pasado ni cinco minutos que el timbre resonó en toda la casa, era Jorge, con unas cuantas cervezas y unos buenos bocadillos. Se sentó a mi lado en el sillón quedando yo en el centro sin saber bien como interferir en los acontecimientos. Me quité la chupa y la dejé a un lado, ellos iban preparando todo para la sesión de cine y no sospechaban lo que iba a suceder. Carraspeé y tomé aire para llegar al impulso final con una frase simple que les hizo salir de su rutina de fin de semana.

-Soy homosexual.-Dije sin mucho aplomo, algo bajo pero audible. Me miraron fijamente y luego lo hicieron entre ellos. Un sudor frío apareció por mi frente y mi boca se resecó. Tuve que coger una lata de cerveza y llevarme un trago a los labios. Ellos seguían sin decir nada y un silencio incómodo surgió en el aire.

-Nosotros somos pareja.-Esa frase me heló a mí, me congeló, era Jorge quien decía aquello y Marco asentía.-Además ya lo sabíamos, tan sólo esperábamos a que lo soltaras.-Añadió sentándose a mi lado.

-¿Eres virgen?-Preguntó mi otro amigo algo curioso ante la situación formada.-Ya que estamos contando secretos, sería lo ideal decir todo.-Dijo tomando nuevamente asiento a mi lado izquierdo apoyando su brazo en el respaldar.

-Sí.-Respondí balbuceando. Tenía dieciocho años y jamás había estado con ningún chico, me era imposible acercarme a uno por el miedo al rechazo.

-Nuestra relación es abierta.-Comentó Marco.-Solemos hacer juegos sexuales de vez en cuando, hace poco hablábamos de hacer un trío.-Dijo aproximándose a mí peligrosamente.-Y tú eres el más idóneo.-Susurró besando mi cuello mientras apartaba uno de mis mechones negros que habían salido de mi coleta.-¿Te apetece?-Murmuró bajando esa misma mano con la que acariciaba mi rostro a mi pierna, después la deslizó peligrosamente hasta mi entrepierna.

-Lo que dice él es cierto, no es una broma y la verdad es que siempre te he tenido ganas.-Respondió a aquella invitación de su pareja mi otro amigo sin apenas decir nada. Sus labios se posaron en mi cuello y sus dedos jugueteaban bajo mi camiseta. Me dejaba hacer todo, no me importaba, porque no podía salir del impacto brutal de sus palabras.

-Acepto.-Respondí sin medir las consecuencias.

Sus labios comenzaron a recorrer mi cuello, mi boca y mi rostro por completo mientras sus garras jugueteaban por encima de mi pantalón. Yo simplemente enloquecía y sobretodo al notar el sonido de la cremallera bajándose. Sus manos sacaron mi miembro y mientras uno me masturbaba con sus dedos el otro me lamía y besaba. Aquello era el paraíso del pecado, pero un paraíso al fin y al cabo. Marco me abrió la camisa dejando jugar a su amante a su antojo con mi entrepierna. Me acariciaba y miraba con deseo mientras me mordía los labios.

-Quiero sentirte en lo más profundo de mí.-Susurró Marco en mis oídos, cogiéndome de una de mis manos para que agarrara fuertemente los cabellos de Jorge. Instintivamente me apoderé de su nuca con la garra que tenía libre y absorbí su aliento. Mi lengua recorrió toda su boca y rocé sus dientes, para luego susurrarle cuanto le deseaba. La lengua de mi otro amigo me desquiciaba, era diestro en aquello y sentí como bajaba mi pantalón. Pararon un segundo y se desnudaron ante mí para masturbarse mutuamente. Se besaban y se acariciaban mientras yo me excitaba pensando en como embestirlos una y otra vez. Me arrodille ante ellos y comencé a lamer toda la extensión de sus hombrías. Ellos empezaron a gemir y a temblar. Era mi primera vez pero el deseo te demuestra que se lleva inconscientemente en la sangre. Me alcé del suelo y tomé del brazo a Marco, lo conduje al sofá y lo arrodillé allí. Entré en él lentamente mientras Jorge lo agarraba del pelo e introducía su miembro entre sus labios.

-Vas a ser nuestra putita mi amor, ya verás que rico.-Comentó rozando el miembro por su rostro.-Héctor no te detengas ni un instante, le gusta que le den duro.-Dijo clavando sus ojos en mí mientras daba una estocada de su daga en la garganta de su amante. Escuché las arcadas de Marco pero no me importó, hice lo que Jorge me incitaba a hacer. Mis movimientos lentos fueron creciendo a un ritmo torturador. Mis manos azotaban las nalgas de mi compañero mientras el otro le ahogaba en cada entrada. Dejé que mi esencia se vertiera en su interior y Jorge hizo lo mismo casi al unísono, mientras Marco tan sólo temblaba deseando respirar. Se desplomó con la respiración agitada y los ojos cubiertos por una lámina de placer.

-¿Estará bien?-Pregunté al ver como eyaculaba sin apenas tras soltarlo.

-Es como una puta, lo que pasa es que es gratis.-Dijo bromeando alzando el rostro de Marco. Sus cabellos rubios estaban manchados con la esencia de Jorge, sus ojos azules vacíos casi sin vida y su mentón temblaba.-Ven, te va a sacar brillo.-Comentó jalándome del brazo, para que pusiera mi virilidad frente a los labios de aquel inconsciente pelele.-Mi amor lame como te enseñé.-Ordenó y acto seguido sentí aquella livinidosa lengua recorriendo mi entrepierna.

-¡Basta!-Grité apartándome desquiciado.-¡No es un juguete!¡No lo trates como un maldito esclavo!-Dije apartándome para abrazarlo pegando su cabeza en mi pecho.

-¿¡Cómo te atreves!?-Espetó.-¡Es mío!-Comentó jalando de él.-Además a él le apetece este tipo de sexo.-Murmuró introduciéndole dos de sus dedos entre sus dulces fauces.

-Me marcho, no quiero ver más.-Dije tomando mi ropa mientras me la ponía aceleradamente.

-Vamos si sólo ha sido el primer asalto.-Me soltó entre risas y Marco simplemente yacía inconsciente entre sus piernas.

-No me apetece quedarme.-Corrí a medio vestir hacia la salida.

No vi a ninguno de los dos en una semana, pero justamente cuando hacía siete días de aquello me encontré a Marco con la cara amoratada. Me abrazó y comenzó a llorar como jamás he visto a nadie más. Me comentó que había dejado a Jorge y este como represalia le había cruzado la cara. También me reveló que me amaba, que siempre me había amado y que necesitaba sentir mis caricias a cada instante. Yo realmente no sentía nada por él, tan sólo cariño. No dije nada ante su revelación, sin embargo él susurró que sabía que yo lo amaba. Me encontré en una difícil situación que arreglé pidiéndole salir. Durante semanas lo hicimos a escondidas y él tuvo que volver a los brazos de su antiguo amante, temía que le golpeara más o descubriera nuestro “amor”. Solía venir a verme después de que lo vejara para clamar caricias, comprensión y sosiego. Hasta que un día lo mató, le asfixió mientras practicaban sexo y en ese instante me di cuenta de cuanto le amaba.

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt