Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 27 de abril de 2014

Ese maldito sonido

Bonjour una nueva memoria, aunque breve, de Nicolas y Armand. Aquí vemos uno de los tantos motivos que tenía el pelirrojo para encerrar al pobre violinista. La verdad... es que los dos están igual de locos y me alegra tenerlos más o menos lejos. 

Lestat de Lioncourt 

Una lluvia primaveral sacudía París aquella noche. Los edificios quedaban deslucidos por la oscuridad terrible y el sonido de los carros salpicando en los baches. Pocos se atreverían a ir al teatro, salvo aquellos privilegiados que tenían coche propio y podían ser acompañados por sus lacayos hasta el interior del mismo. Dentro se vivía las mismas emociones, las cuales eran pura codicia que surgía desde el más profundo odio hacia la mortalidad y deseo desenfrenado de sangre, y se representaban por última vez los diálogos a un ritmo vertiginoso.

En la parte superior del teatro había un lugar especial donde Nicolas solía descansar. Era una pequeña boardilla donde se guardaban algunos enseres de la tramoya. Allí, frente a una gran ventana, observaba a los mortales aproximarse hasta el teatro. Podía oler su sangre, sentir como pulsaban sus venas aquellos deliciosos latidos y el calor que rezumaban de los escotes prominentes de las damas. Quería estrecharlos a todos, beber de ellos en un ritual sangriento y susurrarles al oído que era un demonio.

Estaba allí encerrado tocando el violín de forma endemoniada por sexta noche consecutiva. Armand estaba a punto de volverse loco. Podía escuchar su ritmo desde cualquier lugar donde se encontrara. Parecía que se divertía torturándolo, instándolo a cometer un terrible error y doblegándolo ante su mirada enloquecida y su sonrisa de infeliz.

—¡Ya basta!—dijo entrando en la habitación mientras Nicolas miraba por la ventana y tocaba una vez más su última composición— ¡Basta he dicho! ¡Basta!

—¡No!—respondió girándose hacia él para enfrentarlo— ¡Toco mi mejor obra!

—¡Eso decías de la que compusiste ayer!—tenía el ceño fruncido y la boca apretada. Parecía un pequeño muñequito salido de alguna de las jugueterías aledañas. Su cabello estaba rizado, lustroso y su color sangre cautivaba a cualquiera que lo contemplaba. Era una maravilla, pero para Nicolas era su verdugo.

—¡Puta del demonio!—dijo escupiéndole—. ¡Golfa de Dios!

—¡Cómo te atreves a decir eso de mí! ¡Maldito canalla! ¡Ruin y despreciable! ¡Te he dado cobijo!—gritó abalanzándose hacia él para arrancarle el violín, pero no pudo.

—¡Es la verdad! ¡Eres un pecador! ¡Tú eres tan monstruo como yo! ¡Dios traerá su furia sobre todos! ¡Y me divertiré mientras ardemos en el infierno!—estalló en carcajadas mientras sentía las tibias manos de Armand.

—¡Vengan todos! ¡Los necesito!—terminó exclamando.


El resto es historia. Armand encerró a Nicolas intentando domar su furia, locura y peculiares visiones. Sin embargo no se pudo hacer nada. En un momento de desesperación Armand le amputó las manos y poco después, tras devolvérselas, éste decidió acabar con su vida.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt