Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 17 de agosto de 2014

Archivo Talamasca: Desaparecido

Un archivo de Talamasca que ha logrado recuperar David Talbot para todos nosotros, ¿quieren leerlo? Atrévanse. 

Lestat de Lioncourt 


Corría el año 1968, en pleno tórrido verano, cuando el joven Eduardo Gomez desesperaba en su pequeño apartamento. El abrumador calor de aquellas noches había impedido que descansara. Los grillos cantaban con fuerza y no había siquiera un poco de esperanza en una brisa pasajera. El sudor cubría su frente, entumecía sus músculos y el agotamiento era tal que ya prácticamente no podía moverse de su cama con las sábanas empapadas. Esa noche había ido tres veces al baño, para tan sólo introducirse bajo la ducha e intentar mitigar su desesperación.

Tenía los párpados pesados, el sueño estaba llegando al fin como si fuera una dulce nana, cuando escuchó voces que le susurraban desde el otro extremo de la habitación. Eduardo vivía solo desde hacía más de un año, cuando su compañero de piso desapareció sin siquiera saldar las deudas que tenía con él. Harto de tener malas experiencias compartiendo hogar decidió vivir solo, con algo de dinero en sus bolsillos y nada más. Así que aquello era imposible. También escuchó pasos mientras sentía que el sueño le podía. Su cuerpo estaba entumecido y ni siquiera podía defenderse con algo más que gemidos desesperados por despertarse. Había alguien, o algo, en la habitación y él no podía hacer nada. El sueño cayó como un telón de hierro.

La mañana llegó. El murmullo del tráfico le sobresaltó. Nada malo le había pasado, o eso creía. Se sentía mareado, pero creyó que era por el sudor. La cama estaba empapada. Sin embargo, cuando miró a su alrededor no era sudor lo que allí había sino sangre. Tenía el cuerpo cubierto de arañazos profundos, los cuales parecían haber sido hechos con las garras de un terrible animal. Rápidamente se dio una ducha para observar sus heridas con horror. Su rostro estaba avejentado, pálido y sus cabellos algo más largos. Caminó torpemente por el apartamento y comprobó que las escasas plantas que tenía, un par de macetas que le había regalado su madre, estaban mustias. El polvo cubría la mesa del salón, la comida de la nevera estaba podrida y comenzaba a estar nuevamente mareado. Quiso llamar a urgencias, pero no tenía línea. Tal como estaba, con tan sólo unos calzoncillos empapados en sangre, salió al pasillo y gritó ayuda. Después, se desplomó.


Al despertar al día siguiente en el hospital, tras varias transfusiones de sangre y puntos de sutura, supo que había pasado casi un año desaparecido. Incluso habían estado registrando su casa y allí no había nada ni nadie. Él no guardó silencio sobre la voz que oyó, indicó que alguien entró en su apartamento posiblemente forzando la puerta, pero la cerradura estaba intacta. Eduardo no regresó a su apartamento, regresó a su pueblo natal y se instaló en la vieja casa de su madre. Allí, meses después, volvió a desparecer y nadie más supo de él.  

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Lestat de Lioncourt