Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

lunes, 27 de octubre de 2014

La mano que acaricia

Un breve archivo de Talamasca por parte de David Talbot. ¿Queréis saber de qué trata?

Un poco de terror previo a Halloween...

Lestat de Lioncourt


Cada noche sentía aquellas manos acariciando su rostro, apartando suavemente sus cabellos, como si quisiera liberar su mente del pánico que se apoderaba de él. Las manos huesudas y frías marcaban un recorrido acordado. Siempre hacían el mismo trazado. Él, como todo niño, se aferraba a las mantas y cerraba fuertemente los ojos. La noche, que era agradable y hermosa, se convertía en un nido de miedo y sufrimiento. 

Durante años sintió sus dedos. Todas las noches notaba esos largos y finos dedos. Las puntas de las yemas eran sedosas, pero dejaban un rastro áspero en ellas. Había percibido que no importaba donde durmiera, pues esa cosa le perseguía. 

Con treinta años se armó de valor. Él decidió abrir los ojos cuando empezara aquel ritual. Llegado el momento, nada más percibir la punta de sus dedos, abrió los ojos y vio a una mujer vestida de blanco. Sus cabellos eran dorados y caían sobre sus hombros, tenía un aspecto dulce y sonreía tiernamente. Cuando acabó su ritual lanzó un beso al aire y desapareció. 

Cuando era pequeño comentó a su padre lo sucedido, pero le restó importancia. Los adultos jamás creen a los niños. Si bien, cuando le explicó detalladamente los rasgos de la mujer se quedó frío, su viejo semblante quedó arrugado y después abrazó a su hijo. Él no lo sabía, pero su padre sí. Aquella mujer era su madre. El padre se había vuelto a casar cuando él tenía dos años, su madre murió en el parto. Decidieron que no le contarían nada para que no se sintiese culpable, pero aquel día tuvo dos noticias. La primera que su madre real había muerto y la segunda que durante años le había tenido miedo. 

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt