Un breve archivo de Talamasca por parte de David Talbot. ¿Queréis saber de qué trata?
Un poco de terror previo a Halloween...
Lestat de Lioncourt
Cada noche sentía aquellas manos acariciando su rostro, apartando suavemente sus cabellos, como si quisiera liberar su mente del pánico que se apoderaba de él. Las manos huesudas y frías marcaban un recorrido acordado. Siempre hacían el mismo trazado. Él, como todo niño, se aferraba a las mantas y cerraba fuertemente los ojos. La noche, que era agradable y hermosa, se convertía en un nido de miedo y sufrimiento.
Durante años sintió sus dedos. Todas las noches notaba esos largos y finos dedos. Las puntas de las yemas eran sedosas, pero dejaban un rastro áspero en ellas. Había percibido que no importaba donde durmiera, pues esa cosa le perseguía.
Con treinta años se armó de valor. Él decidió abrir los ojos cuando empezara aquel ritual. Llegado el momento, nada más percibir la punta de sus dedos, abrió los ojos y vio a una mujer vestida de blanco. Sus cabellos eran dorados y caían sobre sus hombros, tenía un aspecto dulce y sonreía tiernamente. Cuando acabó su ritual lanzó un beso al aire y desapareció.
Cuando era pequeño comentó a su padre lo sucedido, pero le restó importancia. Los adultos jamás creen a los niños. Si bien, cuando le explicó detalladamente los rasgos de la mujer se quedó frío, su viejo semblante quedó arrugado y después abrazó a su hijo. Él no lo sabía, pero su padre sí. Aquella mujer era su madre. El padre se había vuelto a casar cuando él tenía dos años, su madre murió en el parto. Decidieron que no le contarían nada para que no se sintiese culpable, pero aquel día tuvo dos noticias. La primera que su madre real había muerto y la segunda que durante años le había tenido miedo.
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