Eran las últimas horas de la tarde, el
sol ya estaba a punto de morir sacrificado en nombre de la noche. El
cielo se volvía anaranjado, como las hojas de los árboles que ya
cubrían parte del suelo, y la brisa comenzaba a ser más fresca.
Estaba recostado en la cama. Mis manos parecían impacientes sobre mi
vientre cincelado en mármol. Tenía el cabello revuelto y cubría
parcialmente la cómoda almohada blanca. Mis ojos grises, de
destellos azulados y violetas, miraban indistintamente cualquier
lugar de la habitación. El frío cuerpo que me acompañaba era el de
Louis, la segunda figura que se hallaba en aquel lugar. Él no
parecía impaciente. Yo moría.
Me incorporé frotándome la cara,
sintiendo que la noche se precipitaba allí fuera. La cama estaba
revuelta, su cuerpo desnudo parecía tentador y su cabello revuelto
me llamaba con deseo. Quería besar sus labios y despertarlo como si
fuera la Bella Durmiente. Si bien, me detuve. Mis pasos no acabaron
por terminar el recorrido cuando miré hacia la puerta. Tras ella
había alguien que conocía bien, era David. Él me esperaba antes
que cometiera alguna locura.
—¡Lestat!—alzó la voz.
—¡Qué demonios quieres!—respondí
percibiendo una mueca de molestia en la cara de Louis.
—¡Tengo algo especial!—exclamó
abriendo la puerta.
En su regazo llevaba un par de libros.
Los había adquirido en una de las coquetas librerías donde solía
ir. Estaba algo despeinado, la ropa arrugada y una sonrisa
espléndida. Parecía haberse peleado con una jauría de lobos, pero
no era así.
—Muchos jóvenes se han dirigido a
las librerías y he tenido la suerte de conseguir un par de
ejemplares—sonreí satisfecho por la noticia. Pero, era imposible
que él comprendiera hasta que punto me encontraba feliz por ello.
Había cruzado el límite, asomado la
nariz al mundo y dado la cara con aventuras inverosímiles. Sin
embargo, mi literatura se seguía vendiendo y se podía adquirir en
cualquier lugar e idioma. Estaba deseando ver el mundo entero plagado
por ese nuevo libro, como si fuera un nuevo virus, y atacara febril a
toda la población. Desterraría los nuevos mitos de vampiros
patéticos y aceptarían a su nuevo héroe.
El príncipe estaba de regreso.
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