Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 17 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 4 - Un día cualquiera (Parte I)



Espero que les guste esta canción, es una de mis favoritas de Jerry Lee Lewis


Capítulo 4


Un día cualquiera.



Miércoles, recuerdo que era miércoles. Aquel día me había levantado sin esfuerzo. La noche anterior había dormido en los brazos de Kurou de forma instantánea. A veces, me costaba dormir. Mi esposo tenía la costumbre de leer de forma ávida todas las noches, salvo excepciones, y yo siempre intentaba hacerme hueco entre sus brazos. Sin embargo, no era lo mismo que él se girara y me rodeara a sentir que el libro era más importante que yo.

Dejé a Kurou en la cama soñando. Esbozaba una sonrisa tan dulce y parecía tan tierno rodeado de nuestros gatos, que no era capaz de despertarlo para desafiarlo con mis estúpidas ideas. Besé su frente antes de levantarme y acomodé las sábanas cubriendo bien su cuerpo. Sus cabellos estaban revueltos, pero no despejé su rostro porque así tenía el aspecto salvaje que tanto amaba.

Yo me encontraba de buen humor, había olvidado por completo a Isabela y todas sus manipulaciones. Y cuando me encontraba en ese estado era capaz de componer poemas y canciones. Me marché como hipnotizado hasta el lugar donde se encontraba el piano. No importaba que estuviera en pijama y mis cabellos revueltos me dieran un aspecto delicado. Quería tocar, tocar hasta que mis dedos se cansaran y mi espíritu se consumiera como una vela.

Cada nota del piano era como una palabra nueva ya conocida. Mis labios se movían lentamente susurrando secretos que mi alma acumulaba. Quería ver de nuevo a Paulo Wilde, deseaba contarle cómo había llegado hasta este punto y finalmente echarlo de mi vida con amabilidad. Era algo que me quemaba por dentro, como cientos de dudas más, pero en ese instante la única duda que poseía era si los ángeles a parte del arpa podían tocar el piano.

Quiero marcar tu alma como mía,
que mi amor te queme como fuego.
Los caminos que tomamos los hicimos jugando,
ahora esos caminos los recorremos ciegos.
La luna danza para mí y para ti.
Y dejo mientras que estos versos se hagan poesía,
como el sexo que tuvimos en aquel recorrido.
Quiero marcar tu cuerpo como mío
que mi amor te ahogue como un humo denso.
Los caminos que tomamos los hicimos jugando,
ahora esos caminos lo recorremos dándonos besos.”

Alguien tocó mi hombro como si se tratara de un ángel, o quizás de un demonio, jugando conmigo y con mis sentidos. Fue una leve palmada en mi hombro y al ver la mano sonreí. Sebastian sabía que odiaba que me tocaran, pero él y algunos amigos, los cuales veía como familiares cercanos, podían hacerlo sin que les llegara a golpear.

-Señor.-susurró con diplomacia apartando su mano.-Tiene una llamada.

-Dígale que estoy disperso en mis pensamientos.-respondí antes de continuar con mi melodía.

-Es el señor Wilde.-dijo calmado.-¿Quiere añadir algo más al mensaje?

-Pase la llamada a mi despacho, de forma urgente, y que Kurou no pueda escuchar absolutamente nada. No quiero que sepa que me veo con el señor Wilde, él no comprendería la clase de negocios que tenemos entre nuestras manos.-él asentía a mis palabras, una a una, y supe que la discreción era su modo de vida.

Se marchó con sigilo felino y yo me levanté caminando apurado hasta mi despacho, tenía uno apartado del de Kurou, ambos necesitábamos espacio personal y por ello decidimos que así sería. Si bien, ambos despachos estaban en la parte baja de la casa, cada uno daba a una zona del jardín.

Cerré con pestillo y me senté en mi enorme sillón de cuero giratorio. Tomé la llamada con el manos libres sólo por comodidad. Agarré mi pelota anti-estrés y suspiré pesado antes de empezar conversación alguna. Miré atentamente el aparato y eché hacia atrás mi cabeza.

-Good morning Mr. Wilde.-susurré con los ojos cerrados.

-Ohayô gozaimasu Hayashi-sama.-respondió provocando que abriera leve los ojos.

-¿Qué desea?-interrogué con cierta actitud fría, él no me desagradaba pero debía ver todo como un negocio. No ganaría mucho con ello, sólo ayudar a un conocido de Kamijo, si bien eso no quitaba que hubiéramos pactado condiciones.-Le escucho.

-Deseo tomar un aperitivo con usted hoy, el viernes será imposible por mi parte asistir a su casa. Sin embargo, sé que hay restricciones y problemas con su esposo. ¿Por qué no desea que conozca la verdad?.-aquella pregunta me pareció algo impertinente.

-Kurou se volvería loco, no sólo de celos sino por mucha de las cosas que le oculto. No quiero hacerle daño alguno, comprenda que para mí él es lo primero.-dije sin decir nada, más bien sólo di un hermoso rodeo para evitar responder de forma concreta.

-Por supuesto, pero no me ha respondido.-rió de forma breve y continuó.-¿Podemos vernos hoy?

-Kamijo nos podría dejar algún despacho del teatro.-era el único lugar donde podía ir sin preocupar a Kurou.-En dos horas.

-Allí nos veremos.-respondió sosegado con ese aire de tener el control en sus manos.

Yo colgué en ese preciso instante meditando cómo decirle a Kurou que me marchaba. El día de hoy era meramente administrativo, nada del otro mundo. Pensé en explicarle que uno de los hombres cercanos a Kamijo me deseaba dar cierta información, tanto a mí como a nuestro líder, y que debía ser en privado por cierto temor a represalias. Sin embargo, se obsesionaría y desearía ir a toda costa.

-Maldito perro guardián estás hecho.-murmuré apretando la pelota anti-estrés hasta que la destrocé.-Perfecto.-murmuré arrojándola a la papelera con cierta rabia.-Mejor me voy sin despertarlo y dejo recado para él.-dije tomando una hoja de mi bloc de notas.

Me ha llamado urgentemente Kamijo. Necesita hablar en privado conmigo, supongo que por el altercado de hace unos días. Termina los informes, por favor. Y no, no te he despertado... pero es porque te ves tan bonito dormido que no me atreví a despertarte.

Te amo mi hermoso gigante.”

Escrito eso corrí al baño de Sebastian, le pedí que me dejara asearme allí para no despertar a mi esposo, me vestí de forma sobria y me llevé el Cadillac Sixteen de 1930 que había restaurado hacía unos meses. Amaba conducir en aquella preciosidad, en sí amaba conducir pero Kurou decía que era un imprudente y que siempre terminaba gritando barbaridades a los demás conductores. Sinceramente, creo que exagera demasiado aunque algo de verdad puede llegar a tener.

2 comentarios:

Kiseki dijo...

Que sepas... que me has dejado con la intriga!! Ahora quiero saber que pasará en el próximo! >////<
Además, también quiero saber que son esa clase de cosas que le oculta!
De nuevo me quedé con ganas de más... ¬¬ Tendré que esperar a mi siguiente dosis... XD

Un abrazo! <3

Athenea dijo...

Estoy con Kiseki, me has dejado como siempre con ganas de saber más. Ya tenía ganas de que Mr. Wilde volviera a salir en escena. Voy a leer el próximo :)

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt