Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 18 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 4 - Un día cualquiera (Parte II)




Llegué al teatro y su imponente fachada me quitó el aliento, siempre provoca en mí esa reacción. Aquel imponente rincón de fantasías y pesadillas dulces, de máscaras y alas de ángeles hechas con plumas de oca, de locura y versos, de literatura y música... era impresionante. Altos muros de piedra como los de una catedral, vidrieras con imágenes diversas como antifaces, marionetas y notas musicales, junto a dos enormes gárgolas de rostro angelical y cuerpo de esfinje, componían un universo sobrecogedor.

Bajé aparcando frente a la entrada principal y como si estuviera hechizado entré. Mi sonrisa era una hermosa máscara de fascinación y paz, pero dentro de mí todo era un caos. Tenía miedo, nervios y sobretodo ese lugar me producía una mezcla de sentimientos demasiado intensos. El Gran Teatro Darkness abría sus puertas para que yo me deslizara hasta la zona de despachos.

-Mr. Hayashi.-dijo el portero haciéndome una leve reverencia.-El señor Yuuji no está en su despacho hoy.

-No vine por él.-dije mirándole fijamente a sus enormes ojos verde lima.-Necesito que me deje algún camerino o alguna zona calmada donde poder hablar, un amigo me necesita y quiero intimidad.-puse mis manos sobre su robusto cuerpo y sonreí de forma seductora.-Le agradecería que me hiciera ese favor.-susurré inclinándome hacia su boca, casi rozándola.-Estaría muy, pero que muy, agradecido.

-Por supuesto.-respondió casi atropelladamente.-Vaya si quiere al camerino principal, allí nadie le molestará.-trago duro intentando sosegarse, incluso llevó una de sus manos a la sien.

-Es usted muy generoso.-dije antes de rozar mis labios con los suyos.-¿Me da las llaves?

-Sí, sí...-nervioso hizo sonar las llaves que llevaba en su cinturón, incluso las cayó al suelo y yo tuve que recogerlas.-Son estás.-dijo tomándolas de mis manos extremadamente suaves comparadas con las suyas rasposas.-Las violetas, estás.

-Arigató.-dije con una caída sensual de párpados.-Dígale a Mr. Wilde que estaré allí esperándole.-asintió a mis palabras y yo sonreí aún más complacido.-Recuerdos a su esposa y a sus dos hermosos polluelos.

Aquel portero siempre se había fijado en mí, en mi aspecto andrógino y perverso. Sin embargo, distaba de ser una gata acaramelada como él pensaba, o más bien su entrepierna creía, yo era más bien un tigre esperando engullir a su presa. Aunque eso podía llegar a ofenderme, en esa situación, me sentía como un dios bajado de los cielos para susurrar un Aleluya.

Mi contoneo lo acentué, quería que ese idiota tuviera un maldito cortocircuito y terminara explotando su cabeza, y no sólo la que sustentaba sus hombros. Me dejé llevar por mi intuición y busqué los camerinos en la parte lateral izquierda del teatro, era la parte con mejores vistas y con las vidrieras más imponentes. Allí estaban los mejores camerinos, los más sofisticados y lujosos.

Al llegar frente a la puerta de “Especial Violet Rose” sonreí como un gato después de atrapar un ratón. La llave encajó y la puerta cedió mostrándome un hermoso camerino, algo sobrecargado por el lujo y la opulencia de cientos de flores. Poseía una enorme cama que seguro que pocas veces había sido usada, después estaba presidido por un tocador cargado de decenas de productos y la puerta a un baño seguramente igual de lujoso.

-Parece que lo he invitado a follar.-suspiré.-Pero es un ala reservada, pocas veces se abre a la chusma que trabaja aquí y prefiero que nadie se entere de nuestro encuentro.-me sobé la frente mirándolo todo con atención.-Esto sería un buen nido de infidelidades, me pregunto si mi querido hermano tuvo sexo ya aquí con alguien mientras...

-Pensar eso de su hermano no debería estarle permitido.-di un brinco que casi hizo que tocara el techo. Mi corazón parecía estar en mi boca y me quedé sin aliento. Al girarme lo vi allí de pie colocándose las gafas.-Su hermano es alguien decente y completamente entregado a su mujer.

-No vuelva a darme esos sustos.-susurré.-¿Desde cuando está aquí?-intentaba recuperar la calma, pero aún estaba tiritando.

-Prácticamente desde el principio, llegue pocos minutos después de usted y lo seguí por la galería ya que apuré mis pasos. Sin embargo, estaba tan absorto en poner nervioso al seguridad que no escuchó que le seguía.-cerró la puerta y sonrió aproximándose a mí.-¿Siempre juega estas cartas?

-¿Y a ti qué te importa?-pregunté sentándome en los pies de la cama.

-Hoy quiero saber cómo conoció a su esposo, me intriga.

-¿Te intriga el hecho que esté casado o el hecho que alguien me quiera?-pregunté clavando mis ojos en los suyos sin ninguna impunidad.

-Me intriga ambas cosas.-dijo sacando un cigarrillo de su pitillera.-También el hecho que me tutees como si nada, quizás las lágrimas del otro día ha hecho que me sientas más cercano y olvides que todo esto es un negocio.-dio una calada al cigarrillo tras prenderlo con cierta elegancia, de esa que sólo un noble inglés posee.-Y ya puestos yo también lo haré.

-¿Qué quieres que cuente hoy?-dije en un murmullo.

-¿Hay algo que te de rabia de tu esposo? ¿Algo que te haya causado daño? Vengo de ver a mi hermosa Claudia sumergida en narcóticos y su mirada perdida me dañó. Me daña tantísimo verla así, ahogada en la nada, y meciéndose levemente en una estrecha cama de psiquiátrico, como si fuera una niña asustada.-su mirada se ensombreció y noté que la amargura le hizo dar una calada rápida, además de profunda, al cigarrillo.

-Primero deja que te cuente cómo lo conocí, aunque es como si lo expusiera ante ti como un objeto y él es mucho más que eso.-dije sacando un cigarrillo de mi chaqueta, para encenderlo a duras penas. Me había puesto nervioso su comentario, ya no el pequeño susto que había tenido al encontrarnos.

-Yo puedo contarte cómo era Claudia, lo que detesto de ella y ahora echo en falta.-respondió con una sonrisa amable en sus labios, con cierto aire de demonio y mucha melancolía cubierta con nicotina.

Inicié mi relato recordando mis sentimientos en ese instante. Estaba frustrado. Tenía 17 años y el hombre que amaba estaba anclado a una moribunda, no tenía lugar donde regresar y mis manos estaban cubiertas de sangre. La rabia me podía y a veces me maldecía al despertarme tras una pesadilla que no tenía fin, porque por mucho que abriera los ojos seguía en ella. Mi madre había muerto, todo aquel que dijo amarme alguna vez lo estaba o no me amaba como yo deseaba. Me sentía una marioneta, un ser usado y olvidado en algún rincón acumulando polvo.

Viajé a Londres para despejarme. Kamijo me puso varios escoltas, pero yo terminé escapándome como símbolo estúpido de rebeldía. Era la edad del deseo, de la tontería extrema y de la fragilidad. Era frágil, estúpido y ardía en deseos de encontrar algo que me devolviera la paz unos segundos. Londres parecía buen lugar para experimentar con todo, no sólo de forma artística sino con drogas y con personas.

Siempre amé Inglaterra. Era un lugar lleno de un aire muy distinto al japonés, aunque a la vez lleno de tradiciones y de cierto amor a los estratos sociales inamovibles, pero a la vez había revolución y cambios en cualquier garito lleno de ratas y calamidad. El clima era lluvioso, yo amo la lluvia, y ese era otro encanto para sumar. La comida no, la comida me daba náuseas y me producía cierto rechazo.

Un día estaba sentado en un bar con música en directo. No recuerdo bien la banda, pero sé que sonaba rock muy desgarrado y con una voz embotada en las drogas. Mi aspecto era el de un ángel, al menos eso me dijeron varios idiotas, pero mi mente era la de un demonio. Sigo dando ese aire de dulzura a pesar de mis retorcidos planes de poder y de revolución a cambio de dolor, aunque sea mío.

Pronto se volvió un revuelo y antes que pudiera darme cuenta muchos salían fuera del local. Allí un estúpido de unos cuarenta, o cincuenta años, estaba siendo azotado por un joven gigantesto y enclenque. Tenía los cabellos negros empapados por la lluvia y el sudor, sus puños estaban llenos de sangre suya y de aquel inútil. No dejaba de golpearlo, nadie podía pararlo. Y yo me atreví a sonreír complacido por el espectáculo.

Di un par de pasos al frente y toqué el rostro de aquel enorme engendro. Su rostro era hermoso, era como el de un ángel, y eso me cautivó lo suficiente como para besar su mejilla. Aquel gesto hizo que parara, sobretodo porque lo abracé y susurré en su oído algo que le tentó bastante.

“Puedo darte armas y a cientos de inútiles para que puedas desahogarte sin tener tantos espectadores.”

Susurré aquellas palabras acariciando sus mejillas con mi las puntas de mis dedos, como si tuviera miedo de acariciarlo. Yo no tenía miedo de él, él debía tener miedo de mí. Sin embargo, sus ojos se volvieron los de un niño caprichoso y sonrió de forma tan dulce que me enterneció.

“Puedo darte tantas cosas...”

Esa noche durmió a mi lado en el hotel, no tenía donde ir porque se había marchado de casa y el poco dinero se lo había gastado en alcohol. Tenía 22 hermosos años que me fueron muy útiles, mucho más que mis escoltas habituales. De la nada se hizo mi amigo, mi protector, y mi único compañero. Él y sólo él podía tocarme al hablar o celebrar conmigo mis victorias. Y aquel amor que tenía hacia ese imbécil, hacia Kamijo, se disipó en la nada.

Me enamoré perdidamente de él y lo hice porque lo sentí mío, sentí que era para mí y no para otro. Él era mío y nada más. Era mi trofeo a tanto dolor , a tanta desilusión. Viví enamorado de él varios años, casi ni investigué su pasado porque no me interesaba. Y todo eso lo hice en silencio. No quería romper el hechizo, temía que se burlara de mí y se fuera. Él era mi hermoso gigante, mi Kurou.

2 comentarios:

Kiseki dijo...

Tomar un té mientras leo tu novela es de lo más placentero~ <3
Al fin descubrí como se conocieron! yay! >///< Fue un encuentro algo.. violento, sí, me gusta! Pero Yosh siempre tiene las palabras adecuadas~
Están hechos el uno para el otro, el amor inevitablemente tenía que surgir.
Pero…! Aún hay muchas más cosas que quiero saber… Esperaré con ansías la continuación ^^
Muy bueno, como siempre!

Besos!

Athenea dijo...

Jolín, menuda manera de conocerse, mientras le está dando de ostias a un tío. Y luego lo hizo su guardaespaldas... And then, they fell in love... Buen capi. La parte en la que Mr. Wilde pilla a Yosh pensando en voz alta sobre si Kamijo lo habría hecho con alguien en esa habitación ha sido muy graciosa :)

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt