Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 4 - Un día cualquiera (Parte VI)


La imagen pertenece al concierto celebrado en México. ¿Alguien quiere una enfermera? Toshi parece que sí... Estas fotografías las subió el propio Yoshiki en su cuenta de Twitter. ¿No es adorable?



Me dejé guiar de nuevo por aquel enorme salón de té. Él decidió una mesa alejada de la puerta y de cualquier ventana, uno de esos rincones calmados que pocas veces están libres. Nada más tomar mesa me sentí como la oruga a la espera de ser una hermosa mariposa, y ahí caí en algo que me ensombreció el rostro. Conocía a una hermosa mariposa sin sonrisa, alguien que sufrió vejaciones parecidas a las mías por amor. Tenía alguien cercano a mí, como si fuera de mi familia, que había parecido la estupidez que provoca amar. Para mí esa persona siempre fue mi sobrino, mi dulce sobrino Sho, y aún hoy lo sigue siendo aunque cada vez la diferencia de edad es menos notable.

-¿Sucede algo?-la varonil voz de Hizaki me hizo concentrarme en él y en su rostro, desvaneciendo las lágrimas de Sho.

Por momento lo vi frente a mí, mucho más delgado y con el pelo empapado por la lluvia. Llegó tiritando aquella mañana de principios de agosto. Llovía terriblemente, una de esas tormentas de verano pasajeras, y él decidió venir a buscarme, sin importarle el pescar un resfriado. Hacía días que vagaba por las calles huido de brazos de su amante. Tenía cicatrices por la cara, los brazos y al entrar en casa vi que todo su cuerpo eran señales.

“Ha sido la última, ha sido la última... quiero volver a casa... dame un abrazo, por favor.”

En aquel momento extendí los brazos y acaricié sus rojos cabellos. Su piel blanca y delicada estaba marcada, y no sólo por las cicatrices. Sho había decidido hacerse un tatuaje enorme en la espalda, como hice yo en su momento, para no olvidar que él era libre y que no debía tener un dueño. Eran unas enormes alas de mariposas, que parecían salir de su espalda para darle fortaleza.

La imagen que tenía frente a mí no era la de un derrotado, sino la de un elegante hombre de negocios hecho a sí mismo porque impidió que le ayudaran. Siendo hijo de quién era, de la antigua pareja más poderosa de la ciudad y prácticamente del país, decidió que él solo saldría adelante y lo consiguió demostrando que la genética va mucho más de un rostro bonito, sino también el olfato para los negocios se lleva en la sangre.

-¿Qué deseabas tomar? Ya lo he olvidado.-intentaba que yo regresara por completo a su lado, que me olvidara de esos malos recuerdos como si supiera lo que sucedía.

-Un té de rosas.-respondí con una sonrisa dulce.

-Algo te preocupa.-dijo en un murmullo antes de tomar la carta para echarle un vistazo.

-Alguien muy cercano a mí está sufriendo.-susurré antes de morderme el labio inferior. Estaba nervioso, su presencia estaba poniéndome nervioso.

-Hace unos días que un amigo salió del hospital.-movía la carta entre sus dedos algo nervioso también.-A veces me es inevitable pensar en él, es como si fuera una obsesión.

-Te sientes impotente porque no puedes hacer nada más que apoyarle, pero el apoyo y el consuelo no lo son todo.-asintió quedándose serio.-Sho me preocupa muchísimo. Sho es el nombre de mi amigo, lo trato como si fuera mi sobrino.

-Yo a Bou como si fuera un hermano más.-respondió antes de sonreír.-Sho y Bou van a vivir juntos.

-¿Qué?-interrogué confuso.

-Tu hermano Yuki se ofreció a cuidar a Bou, vigilar sus movimientos y le ofreció su casa.-eso me hizo esbozar una sonrisa.-¿Qué sucede?

-Dice siempre que tiene mal corazón, que está podrido, pero después hace estas cosas sin que te lo esperes. Se llevó a Sho y al hermano de este, Spider, porque dijo que necesitaban una familia. Ahora han vuelto a vivir todos juntos y al parecer tienen un nuevo miembro.-ambos sonreímos satisfechos, con cierta esperanza.

En ese mismo instante vino la camarera y nosotros ordenamos. Por extraños motivos terminamos hablando de música y de cine. Creo que él sentía desesperación cuando recordaba la historia oscura que envolvía a su amigo, si bien no era el único. Nos evadimos conversando sobre algo agradable, como yo hacía habitualmente con el piano y él decía hacer cantando.

El sabor de aquel té era agradable, pero nada como el que yo me hacía en casa. Nos ofrecieron unas pastas amargas y otras dulces. Él bebía un café colombiano casi negro, parecía sentirse reconfortado en cada trago y era como si el café fuera una droga para él.

-Me gustaría ser un héroe y solucionar todos los problemas de este mundo, al menos del que suele rodearnos. Sería fácil y seguro que la impotencia, que en ocasiones me consume, se iría.-dijo aquello de la nada antes de sacar unos cuantos billetes de su bolsillo.-Debo irme ya, Oly me necesita.

-Yo también me marcho ya.-me levanté sacudiéndome el pantalón, para después acomodar mi chaqueta.

Hizaki simplemente estiró su mano hacia mí, unas manos grandes y algo ásperas. Tenía muescas en su mano, se notaba su pasado de guerrero. Sabía que aquel muchacho podía destrozar a cualquiera que se pusiera en su camino, y que lo haría con sus propias manos. Sin embargo, se veía tan dulce en ocasiones y con unos valores muy nobles. Tomé su mano estrechándola con una enorme sonrisa.

-Cuídate.-usó aquello como despedida.

Vi como se marchaba con paso sereno, colocándose un cigarrillo en los labios y prendiéndolo nada más cruzar la puerta. Se guardó el mechero con unos movimientos que me recordaron a los de un gato, tal vez por su elegancia. Era un hombre culto, entregado a sus causas nobles, pero a la vez un maldito demonio como Kamijo, Yuki o yo mismo.

-Supongo que estamos condenados.-murmuré antes de salir del local y notar el sol calentar mi rostro.-Hace demasiado calor para las fechas en las que estamos.

-Y tú me dijiste que estarías con Kamijo.-la voz de Kurou no me la esperaba, para nada, por eso di un leve brinco y me giré asombrado hacia él.

Vestía de negro, su sombrero de ala ancha cubría su mirada de rabia y preocupación, y sus manos estaban apretadas en forma de puño. Podía sentir que temblaba de coraje y yo simplemente suspiré pesado.

-¿Cómo me has encontrado?-pregunté bastante asombrado, no pude quitar el tono de sorpresa en mi voz.

-No importa, tienes un amante.-balbuceó antes de romper a llorar al igual que un niño perdido en unos grandes almacenes, sólo que este niño era una enorme torre de ropa oscura.

-No amor, para nada.-dije secando sus lágrimas antes de besar de forma tierna sus labios.-Kurou, jamás podrá nadie tomar tu lugar. Es un amigo de mi hermano, me invitó a un té al salir del teatro.

-¡Debiste volver conmigo! ¡Debiste!-su voz sonó como la de un niño demandando cariño.-Yo te necesito, si no te tengo a mi lado me siento muy solo y perdido.-dijo dejando ver como su mentón temblaba.

-Mi amor, lo siento mucho.-susurré acariciando sus mejillas.-Dime ¿cómo has llegado a mí?

-Pedí a Sho que pusiera un localizador en tu móvil.-puse los ojos en blanco al escucharlo. No sabía cual de los dos era más idiota.-Se lo pedí porque me preocupo por ti.-dijo algo más calmado.-Él también se preocupa.

-Ya, no me enfado.-sonreí abrazándolo, sintiendo que mi gigante era demasiado dulce como para molestarme con él.

-Pensé que te fuiste solo a una misión, tuve mucho miedo.-admitió aquello con una ternura que me erizó. Un cosquilleo recorrió toda mi columna vertebral y se alojó en los pelos de nuca.

2 comentarios:

Kiseki dijo...

El final ha sido demasiado~! >////< Cómo puede Kurou ser tan taan mono?!! Se preocupa tanto por él... que dulce y adorable es~ <3
Y por cierto... aún sigo picada con demasiadas cosas! Quiero saber más!! Jajaja! :3
Besos!

Athenea dijo...

Sorry por haber tardado tanto en pasarme por el blog, pero es que esta semana he estado bastante liada. Hoy me pondré al día con la historia.

¡Qué monísimo es Kurou! Aunque lo de ponerle un localizador en el móvil me parece un poco excesivo. Voy a por la siguiente parte :)

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt