Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 22 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 4 - Un día cualquiera (Parte VII)



Aquel enorme gigante era como un niño que jugaba al escondite, cuando sus demás amigos se perdían de vista se sentía triste y por eso debía perseguirlos abrazándolos, como si los abrazos no se regalaran y tuvieran que comprarse. Kurou era ese niño que pedía atenciones, que lo buscaba con juegos absurdos y dilemas que no debían aparecer jamás en su mente. Un pobre diablo que se sentó durante años a solas hablando únicamente con su sombra. Mi hermoso gigante era dulce e inocente, pero otras veces bárbaro y tan cruel que podía helarme.

-Te amo.-logré decir mientras sentía sus brazos rodeándome con una necesidad imposible de contener.-Te amo Kurou.-susurré antes de abandonar mis manos sobre su rostro, a expensas de sentir sus mejillas arder al sentir cierto pudor porque estábamos a la vista de cualquiera.

-Yo también, pero no me hagas decirlo aquí.-balbuceó agachando la cabeza.

Siempre bajaba la mirada avergonzado, tenía miedo que alguien descubriera su verdadera esencia. Sus largos cabellos rozaron mi frente mientras alzaba mi rostro para verle atentamente, porque era tan hermoso contemplarlo de esa forma que no podía contenerme. Palpé sus labios con la punta de mis dedos y luego los rocé con los míos. Estaban calientes y algo rojos, igual que sus mejillas.

-Estás todo rojito.-susurré antes de pegar mi rostro a su torso.-Hueles tan bien, hueles demasiado bien.-gemí por el aroma y juro que fue por impulso, nada planeado.

-Lo haces a posta.-balbuceó.

-No, sólo que amo el aroma que tiene mi esposo y mi único amante.-dije tirando de su corbata para que se inclinara y pudiera besarlo bien de una vez.

Mi boca se hizo con la suya y mi lengua acarició lentamente cada parte de esta. Noté como sus ojos se cerraban y sus brazos me rodeaban, en ese momento yo también cerré los míos y me dejé llevar por la necesidad de aferrarme a él.

Bajé con disimulo una de mis manos hacia su vientre, ocultándome con su chaqueta, mientras la otra seguía tirando de su corbata. Bajé un poco más hasta toparme con su cinturón, el cual desaté con cuidado. Él se movió inquieto, pero no dejé de besarlo y domar sus ganas de salir corriendo. Allí en plena calle, a ojos de cualquiera, metí mi mano en su pantalón para palpar su entrepierna sobre su boxer.

-Yosh, no me avergüences.-balbuceó.-No.

-Sí.-me pegué más a él riendo mientras le mordisqueaba los labios y le besaba.-Eres lo que quiero, no quiero nada más de otro. Además, jamás te voy a dejar solo y no me pasará nada.-dije mirándole a los ojos.-Así todo pudoroso y sonrojado es como más me gustas.

-Mi madre está loca cuando dices que eres lo que necesitaba.-jadeó esperando encontrar aire.

-No, tu madre es una mujer sumamente inteligente.-susurré antes de morder su nariz.-Anda, vamos buscar un hotel barato. No voy a poder esperar hasta llegar a casa.

Saqué mi mano riendo mientras colocaba de nuevo su cinturón. Anudé mejor su corbata y acomodé su chaqueta con cierta sensualidad, sabía lo que me hacía. Rodeé su cuello con mis brazos y me pegué a él.

-Quiero hacer cosas perversas.-susurré en su oído.-De esas que te vuelven loco.

-Me enfermas.-balbuceó.-Haces que sienta fiebre.-estaba tan rojo, más que nunca y eso me hizo continuar pegado a él.

-Mucho mejor así, de ese modo me vestiré de sexy enfermera y te haré mejorar a base de inyecciones.-dije como si nada.

No me respondió porque estaba sin aliento, así que no tuve que parar réplica alguna. Tiré de él apretando su mano y entrelazando sus dedos con los míos. Reía tirando de él. Juro que jamás lo había visto tan acobardado como aquel día. Nunca me había portado de esa forma con él en plena calle, creo que lo hice como si fuera una dulce venganza.

Buscaba un hotel cercano, aunque fueran con poca clase y de vistas a un muro de hormigón. Él temblaba por la anticipación, podía notarlo incluso en su respiración. Jugaba con sus dedos intentando calmarlo, aunque yo también estaba algo nervioso. Si bien, no tuve que impacientarme demasiado. Al final de aquella calle había un edificio pequeño con un letrero algo corroído, el aspecto no era muy encantador pero eso no importaba.

-Ya encontré el nidito de amor.-susurré colocándome de puntillas para besar su mejilla.

-No, mejor en casa.

Ignoré su súplica y sólo escuché mis deseos. Cuando ya cruzábamos la puerta era tarde para él, ya no podía hacer mucho. Él aceptó todo de forma mansa, el pago de aquella habitación y el trámite de la llave.

Subimos en silencio por la escalera. Él lo hacía serio, tal vez concentrándose en aparentar su habitual frialdad ante todo y todos. Yo no podía contener mi sonrisa, sobretodo porque aún se escuchaba su respiración agitada.

Entramos en la habitación y cerré con llave, cuando me giré vi lo simple que era. Una cama grande, una mesilla de noche y un armario. No había mucho más, salvo algunas grietas incluso visibles en el papel pintado de la pared. Kurou resopló he hizo sonar sus pasos apartándose de mí.

-No quiero estar aquí, me van a escuchar.-murmuró.

-Hace unos minutos llorabas porque tenía un amante.-se giró para mirarme muy serio.-Pero te molesta que te escuchen y me escuchen, como si no fuéramos nada. Somos un matrimonio Kurou, se supone que los matrimonios follan.-se lo dije bastante calmado y sincero.

-Pero me da vergüenza.-susurró aproximándose a mí.-Quiero un beso.

-Los besos ni se piden ni se ruegan.-dije acariciando sus mejillas.-Los besos se roban, se dan sin pensar.

1 comentario:

Kiseki dijo...

No puedes dejarlo así!!!! Quiero máaaaaaas! Lo cortaste en lo más interesante! >/////< ♥♥
Oyoyoysss dime que en alguna parte vestirás a Yosh de enfermera! Mi fetiche hecho realidad jajaja! (como las fotos... omg! *¬*)

Genial como siempre, aunque me has dejado con ganas de más, que lo sepas XD

Besos~! ♥

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt