Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 23 de septiembre de 2011

Tears for you - Capítulo 4 - Un día cualquiera (Parte VIII)



Dedicado a esas hermosas amigas que tengo... las cuales me piden "más" como si fuera un jodido camello. Me siento narcotraficante por culpa suya. Pues aquí tienen... más.



-Los besos ni se piden ni se ruegan.-dije acariciando sus mejillas.-Los besos se roban, se dan sin pensar.

Se quitó el sombrero y comenzó a jugar con él. Sus enormes manos temblaban por haber dicho aquello. Siempre se tomaba las cosas muy apecho, sobretodo mis juegos de palabra. Le invitaba a tomar mis labios sin pedirlo, porque él no tenía porque rogar un beso mío, pero lo había visto como un regaño.

Agarré su sombrero y me lo coloqué sonriendo con cierto deseo, cosa que lo puso más nervioso. Tomé sus manos entre las mías y las llevé a mi rostro, sintiendo esa leve aspereza y a la vez delicadeza. No las tenía ásperas del todo, sino algo suaves y de dedos algo largos. Si él se lo hubiera propuesto alguna vez habría sido un gran músico, si bien no quería tocar instrumentos más allá que sus navajas o pistolas.

-Kurou.-susurré colocándome de puntillas.-¿Me dejas desnudarte lentamente?-asintió mordisqueándose los labios.-Eres tan dulce como un colegial, aunque tengas treinta años.

Primero hice que su corbata cediera mientras yo canturreaba la canción de nueve semanas y media. Desabroché los primeros botones de su camisa, para luego juguetear con la solapa de su chaqueta. Terminé por quitarle la chaqueta, el chaleco y por supuesto deslizar su camisa. Todo lo hice lentamente, sin prisa alguna.

Mis manos se deslizaban por su torso lentamente y su respiración cada vez se aceleraba más. Pensé por un momento que se moría de un infarto en ese mismo instante. Sin embargo, con esa misma dedicación de caricias deslicé sus pantalones y su ropa interior. Tardé como cinco minutos en dejarlo en pelota picada.

-¿Y ahora?-era como si fuera la primera vez.-¿Qué?

-Tu turno.-dije plantándome frente a él.-Vamos amor, que no muerdo.

Asintió no muy seguro, pero dio un paso hacia delante para reafirmarse. Con cierta torpeza me quitó la primera prenda, después intentó hacer lo mismo con la segunda y casi rompe todos los botones de mi amada camisa. No podía quitar los gemelos, pero al final los quitó tras resoplar más de diez veces.

Él tardó casi el doble en dejarme como mi pobre madre me trajo al mundo. Al girarme para ir a la cama palpó mi tatuaje del dragón, el cual me toma toda la espalda hasta mis nalgas. Era un tatuaje que me hice nada más liberarme del sufrimiento, me juré con él que sería fuerte como un dragón y también afortunado. Creo que Sho sacó la idea del tatuaje por mi culpa, por aquella historia que le conté sobre él. Kurou no sabía su significado, simplemente le fascina contemplarme desnudo, y de espaldas a él, ofreciéndole la visión de esa pintura eterna en mi piel.

Llevé a mi esposo de la mano hacia la cama, como si se fuera a perder por el camino. Sonreía complacido por su nerviosismo y pudor, a pesar de haber visto su cuerpo desnudo en tantísimas ocasiones. Hice que se tumbara en la cama y yo caí encima de él, sobre su vientre, mientras mis manos acariciaban su pecho. Mi pelvis se movía lentamente para causar fricción entre ambos, lo hacía de forma ondulante y con una sonrisa pérfida en mis labios.

Mi hermoso gigante abrió sus labios jadeando, mientras sus manos se colocaban sobre mi cintura. Sus mejillas estaban tan rojas que parecían tomates maduros. Mi lengua comenzó a pasearse por sus mejillas, su boca y su cuello. Mis uñas creaban surcos sobre su piel, sobretodo la de sus brazos.

-Yosh.-jadeó abriendo sus piernas y yo reí escandalosamente.

-¿Ya lo quieres?-pregunté mirándolo de reojo, deleitándome con su aspecto de mártir a punto de ser entregado a los leones.

-Sí.

-¿Por qué tantas prisas? ¿Tan urgido estás? Pues yo necesito jugar un poco más.-yo aún no estaba dispuesto a terminar todo aquello de una forma rápida y violenta.

Me tumbé junto a él abrazándolo mientras mis labios marcaban su cuello bajo su mentón, cerca de su nuez, sus manos acariciaban mi rostro y mis cabellos. Sin duda, sabía como hacerme sentir especial.

Se incorporó de la cama cayendo sobre mí, pocas veces tenía ese impulso de querer hacer algo por sí mismo. Con torpeza se hizo hueco entre mis piernas y las acomodó entorno a su cuello. Pronto pude sentir su tímida lengua sobre mi glande, el calor que desprendía su lengua y su boca era como una chispa eléctrica. Gemía permitiéndole verme a su merced, cosas que sólo lograba haciendo aquello.

Pronto su boca rodeaba mi sexo exprimiendo cada trozo. El sonido de su chupeteo era tan rítmico como su lengua y el movimiento de su cabeza. Mis manos fueron a sus cabellos tirando de ellos, mientras mis piernas lo aferraban concentradas en no dejarlo marchar.

-Así amor, muéstrate furioso porque no te doy lo que quiero. No eres sólo un dulce gigante, sino un hombre con necesidades. Aunque, creo que eres más bien un gato rogando a su dueño un poco de leche.-lascivo, me escuchaba más lascivo que otras veces. Mi voz se escuchaba ronca y entrecortada por las oleadas de placer. Pero Kurou paró rojo y nervioso.-Ya sé amor, te sale lo necesitado.-se apartó tomando hueco entre mis brazos.-No pasa nada amor, no me asustaste.

-Me da pudor.-murmuró.-Todo me da pudor.

Reí bajo antes de propinarle una buena nalgada, mientras una de mis manos acariciaban sus cabellos enredando sus dedos en cada mechón. De inmediato empecé a dilatarlo, primero uno de mis largos dedos y después un segundo. Sus jadeos eran como el ronroneo de nuestras mascotas. Su boca abierta buscando aire se asemejaba a una carpa recién pescada, pero ese contoneo de sus caderas era el de una grácil bailarina.

-¿Me bailas mi amor? Quiero verte como una bailarina de fuego decorando el cielo en un hermoso amanecer. Por favor, quiero verte danzando frente a mí y provocando a mis pobres neuronas cortocircuitos.-susurré en su oído.-Mi amor, quiero verte sobre mí contoneánote.

-No, esa postura me avergüenza.-respondió ocultando su cabeza entre mi cuello y mi rostro, hundiendo su cara en la almohada.

-Es una orden de un superior.-dije serio, sabía que eso le provocaba aún más que mi tono meloso.

Obedeció ocultando su hermoso rostro entre sus largos mechones negros, si no fuera porque amo su cabello lo tendría rapado para evitar que me hiciera eso. Era pecado no mostrar su cara, sobretodo cuando sus ojos rogaban que fuera un pervertido con él. Su timidez un día haría que me desangrara en plena calle o acto sexual.

Con calma y paciencia fue ayudándose él solo a entrar. Sus ojos se cerraron en el instante preciso que me sintió por completo dentro de él, dejó escapar un hondo gemido y yo jadeé entre gruñidos. Me intenté relajar para ver aquel hermoso espectáculo que me regalaba en ofrenda. Sus labios temblorosos, sus lágrimas brotando y esos giros de cadera me hacían sonreír.

-Give me your love.-susurró quejumbroso y temblando como un flan.-Give me your lips, please.

-No.-respondí evitando que me besara.-No me beses Kurou, quiero que no dejes de moverte y si me besas dejarás de hacerlo.-apartaba como podía sus cabellos para verle sufrir en medio de tanto placer.

Ver a un hombre de su estatura convertirse en una bailarina era demasiado, como si un poderoso narcótico se apoderara de mi mente y la atontara demasiado. Mis ojos lo contemplaban con dudas, porque no creía que fuera real, y sin embargo todo mi cuerpo reaccionaba de una forma tan real que quemaba. Ambos sudábamos y sentíamos nuestros corazones bombear demasiado rápido, nuestros jadeos se correspondían casi al unísono. Parecía que nos llamábamos uno al otro, como esos animales que se aparean y tienen sus rituales marcados. Era el canto del placer interpretado por nuestros cuerpos, corazones y voces.

Aquella habitación se llenó de gemidos, palabras sucias y desesperación. Sobretodo se llenó de lo último. Mi esposo no esa muy paciente en la cama y cuando le prohíbo algo se volve irracional. Sé que mis besos decadentes son su droga preferida, junto a la nicotina y el té de moras. Mi droga es él por completo, no hay nada que me encienda y me otorgue más felicidad que su compñaía. El placer del sexo, los juegos de cama y la poesía de dos cuerpos en movimiento contínuo hacia la muerte del orgasmo, es lo que más amo de mi matrimonio junto a los silencios en los cuales dialogamos con sonrisas tímidas. Sí, el sexo nos comunica con quienes somos realmente. Los dos desnudos, mostrando realmente el rol que tenemos en este mundo, estremeciéndonos... es puramente embriagador, deseable y candente hasta quemarse de pies a cabeza.

-Di que quieres.-susurré entre jadeos.

-Give me your sex.-balbuceó.

-No, quiero que lo digas bien caliente como perra desesperada. Necesito ver como te pones rojo al soltar lo que tanto quieres, y lo quiero en el idioma en el cual nos entendemos mejor.-me miró con los colores subidos al máximo.

-Fóllame.-rogó en un balbuceo.

-No escuché.-dije agarrándolo de la cintura para moverle con mayor sutileza.

-Quiero que me folles.-negué con la cabeza porque no era lo suficiente alto para que todos en el motel lo escucharan.-¡Fóllame! ¡Házmelo! ¡No quiero moverme más sobre ti! ¡Quiero que me lo hagas!-cuando gritó de esa forma se tapó los labios y gimió como pocas veces hacía.

Me hizo despertar del placentero momento de verlo moverse, y lo hizo con esas palabras perfectas. Lo empujé hacia el colchón y caí encima. Me moví dentro de él con una violencia poco vista en mí. Pronto ambos llegamos al final del camino y entonces, sólo entonces, le permití besarme como si no volviéramos a salir de aquel cuarto.

Su esperma manchaba abundantemente su vientre y el mío, yo me había acabado dentro de su estrecho y duro trasero. Su boca se abría aún más que antes, ya no era carpa sino ballena varada suplicando por sus últimos segundos de vida. Yo tenía los ojos entreabiertos y una sonrisa de niño pequeño inconfundible.

-Cielo, te amo.-dije antes de morder su mentón.-Te amo mi hermoso gigante.

-Yo también te amo a ti, Yosh.

A pesar que no me gustaba aquel antro, tampoco a Kurou, nos quedamos dormidos en la cama deseando no despertar en todo el día. Quería quedarme allí y lo hice. Fue una irresponsabilidad por mi parte, pero yo no era del todo responsable. Siempre intenta evitar el trabajo de oficina, llevarme lejos a mi adorable esposo y perdernos sin rumbo aparente. Él es el responsable de los dos, por eso pocas veces disfrutamos de momentos así.

2 comentarios:

Kiseki dijo...

Bueno, se puede decir que esto es una droga… porque engancha y quiero más y más! Es todo culpa tuya, por conseguir escribir cosas tan maravillosas y que llegan a gustar de esa manera
Kurou es… es… es puro amor! ♥ No me cansaré de decirlo! Me encanta! Tan grandote él, pero en realidad es como un niño, tan adorable~ como me gustaría abrazarlo y espachurrarlo!! Jeje Y el mero hecho de imaginármelo así, sonrojado, tan tímido... buuufff... Quiero violarlo!!!! (≧▽≦)
Genial, como siempre!
Besos!

Pd.: ♥ Yosh x Kurou Forever!!!♥ YAY! ♥♥♥

Athenea dijo...

Me ha encantado esta parte. Aunque lo hayan hecho en un antro de mala muerte, ha sido realmente precioso y erótico. Yosh tan provocativo, Kurou tan tímido, tan pudoroso... Aiis, hacen la pareja perfecta. Voy a por la última parte :)

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt