Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

jueves, 23 de enero de 2014

Mi pequeña muñeca

Hubo un tiempo en el cual ella lo era todo para mí. Me convertí en un hombre distinto al que siempre había sido. Buscaba la felicidad de mi familia y en especial su sonrisa cómplice. Su pequeña mano junto a la mía, cubriéndola por completo, mientras caminábamos por las calles frías, solitarias y oscuras de New Orleans era sin duda el mejor momento de mis noches pues olvidaba la tristeza, el pasado y cualquier momento cruento que ocurrió en mi vida. Ella se transformó en la luz cálida que brillaba con vida propia.

Me he llegado a preguntar que ocurrió aquella noche. Un momento de locura, un chispazo que recorrió todo mi cuerpo, un sentimiento extraño y sobre todo un deseo incomensurable de no seguir las reglas que me habían ofrecido. Ella, una niña de a penas cinco años, con sus rizos dorados y sus ojos perdidos en la muerte. Una muñeca perfecta a la cual cuidar, vestir, halagar y convencer que la senda que yo recorría en el Jardín Salvaje era la correcta. Una hija, al fin una hija. Quise hacerlo por ella, por mí y por Louis. Tal vez ella evitaría que mi alma se condenara.


La condené. Provoqué que su alma quedara torturada por completo y encerrada en una hermosa imagen infantil. Amaba besar sus manos, sus sonrosadas mejillas y rogar en silencio una disculpa que jamás aceptó. Su odio se volvió algo común. La amargura brotó de sus labios y me dio el último beso antes de intentar matarme. Pero no fui yo quien murió aquella noche, sino todos mis sueños y esperanzas puestos en ella.  

Lestat de Lioncourt 

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Lestat de Lioncourt