Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

martes, 14 de enero de 2014

Pequeño ladronzuelo

Bonsoir mes amis

Armand y Benji tuvieron una pequeña aventura, aunque más bien es una pequeña charla. Aquí la tienen en forma de memoria.

Lestat de Lioncourt

Pequeño Ladronzuelo 

Había estado parte de la noche fuera y me hallaba algo cansado. Arrastraba ligeramente mis pies por el mármol resplandeciente del hall de mi apartamento en New York. Había decidido instalarme allí, junto a Benji y Sybelle, algunos días para poder encontrar el rumbo a mis indagaciones. Noches atrás el aroma de Marius me había vuelto a conquistar, pero pronto había decidido desintoxicarme de sus caricias llenas de fatal veneno. Seguía siendo el ángel de alas oscuras que se alzaban en la noche con una mirada indolente, frívola y curiosa. Nadie podría negarme jamás que yo era el único que podía ser dueño de los deseos de ciertos artistas, sobre todo si era ciertas obras de arte pertenecientes a Marius. A pesar de ello me sentía agotado física y mentalmente. Las horas con él me habían destrozado hasta consumirme.

Mis cabellos rojizos caían estrepitosamente sobre mi frente y rozaba mi mentón. Tenía atados algunos mechones con un trozo de tela que había encontrado en el bolsillo de mi chaqueta, pero a penas lograba mantenerlos en su lugar. Mi camiseta estaba sucia, manchada por la sangre de una víctima a la cual segué la vida con mis propias manos, y mis dedos estaban cubiertos del hedor de la muerte. Los pantalones los tenía empapados por caminar entre la nieve que había caído hacía unas horas, pero no me importaba. Sólo deseaba un baño caliente y olvidarme del trato amargo que había recibido.

Sin embargo, escuché el murmullo de la televisión encendida. Giré mi rostro hacia la puerta del salón y entré comprobando que Benji estaba allí. La televisión sólo mostraba un videojuego donde se podía leer “Game Over” en letras parpadeantes mientras una melodía algo infantil y arcade sonaba. Era uno de esos juegos que conmemoraban a los antiguos con mejores gráficos e historias trepidantes.

No recodaba y tampoco reconocía la máquina que se hallaba conectada a la luz, ni mucho menos la cantidad ingente de juegos que se hallaban a su alrededor y ni mucho el libro de hermosa encuadernación que se encontraba en un lado del sofá. Él estaba tumbado sobre varios cojines, sus cabellos negros caían sobre su frente dándole un aspecto travieso y su pequeño cuerpo vestía las mismas prendas que la noche anterior. Había obsequiado al pequeño con nuevas camisetas, pantalones, jersey y zapatos deportivos que él mismo había elegido. Sin embargo, los juegos no los habíamos comprado nosotros y temí lo peor.

-Benji-dije moviéndolo suavemente- Benji.

Sabía que si Sybelle se percataba que había robado todo aquello se disgustaría, pues él parecía haberse reformado. Pero ahí estaba con un botín de objetos robados, o al menos eso parecía. Cuando logré despertarlo me miró con sus enormes ojos soñadores algo agotados.

Era un vampiro joven que a penas alcanzaba algo más de la década de vida y era relativamente normal que estuviese somnoliento. La noche estaba acabando y el amanecer llegaría en menos de una hora. Para los vampiros los años nos restan sed y horas de sueño. Benji, a pesar de poseer la sangre milenaria de Marius, no era una excepción. Su cuerpo mostraba cierto entumecimiento y sus pequeños dedos a penas mantenían el mando de la consola.

-Benji-repetí- Cariño mío, amor mío... pequeño mío... ¿qué es todo esto?-pregunté arrodillándome frente a él.

-Juegos de consola-respondió con una sencilla sonrisa infantil, aunque escondía cierto descaro.

-No pregunto por lo obvio-fruncí el ceño y luego relajé el rostro esperando que me diera las explicaciones oportunas.

-Se más concreto, Armand- murmuró estirazándose como si fuera un pequeño felino amodorrado en su cesta. Tenía un aspecto tierno y delicado, pero la verdad era distinta.

Con algo de dificultad se incorporó quedando sentado frente a mí con el mando sobre sus muslos. Tenía los cordones desatados, la ropa mal colocada y el pelo completamente revuelto. Era un niño que no quería crecer y que ya no podría hacerlo. Pequeño y hermoso para siempre. Benji tenía grandes sentimientos contenidos en su alma, pero también una picardía que a veces jugaba con mi paciencia.

-¿De dónde los has sacado?-necesitaba averiguarlo por Sybelle. Ella siempre se preocupaba por las pequeñas travesuras de nuestro compañero.

-De la tienda- dijo encogiéndose de hombros para luego echarse a reír.

Aquello tenía mala pinta y lo sabía. Él lo había hecho de nuevo. No era la primera vez que robaba en una tienda, vivienda o museo. Una vez me trajo un huevo Fabergé de color negro con hermosos grabados dorados, los cuales terminaban con una corona con diamantes, rubíes y esmeraldas. Huevo que había robado de un museo.

-¿Con qué dinero?-indagué cruzándome de brazos a la altura del pecho.

-Con el que he ganado- respondió con frescura.

-¿Y cómo lo has ganado?-alcé mi ceja derecha otorgándole vida a mi rostro. Pues cuando quedaba en silencio sin mover un músculo parecía un muñeco cincelado en mármol o delicada porcelana.

-He vendido la cubertería de plata y los candelabros que tenía Lestat en su mansión de New Orlenas ¿hice mal?-aquello era lo que me temía.

-Benji, sabes que hiciste mal- dije de inmediato.

-Es Lestat- apostilló.


-Tienes razón mi vida- susurré derrotado con una ligera sonrisa burlona. Abracé su cuerpo contra el mío y acaricié sus cabellos suavemente. Aquellos cabellos que eran hebras nocturnas- Aunque reza porque no se de cuenta- dije en su oído antes de observar como volvía a quedarse dormido entre mis brazos.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt