Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 15 de abril de 2016

Placeres

Digamos que esto fue lo que pasó la primera vez que usé ciertas ayudas (por no decir testosterona) que me prestó Fareed. Louis puede decir misa... pero luego escribe ciertas cosas en su diario personal que...

Lestat de Lioncourt


Mi cuerpo temblaba bajo sus caricias como si fuera la primera vez que él me las ofrecía. Sus besos rozaban mi cuello y bajaban hasta mis clavículas paseándose impunemente por mi nuez. Me sentía un chiquillo torpe y estúpido entregándose virgen a un diablo que disfrutaba de mis sollozos y necesidades. Mis piernas se abrieron sutilmente esperando indecoroso que se percatara de mis profundas y bajas necesidades. Coloqué mis manos sobre sus hombros aún arropados por esa camisa blanca de seda y deslicé mis dedos por los botones de nácar sacándolos sutilmente de sus ojales.

—Oh, mon amour... mon ange...—murmuró abriendo mi camisa de un sólo tirón. Los botones cayeron sobre el colchón y otros fueron disparados a varios rincones de la habitación. Me sentía débil bajo aquel monstruo de ojos azul con tonalidades violetas, de perfecta y carnosa boca que me destruía cada trozo de mi alma con sus malditas sonrisas, y de provocadores caricias.

—Lestat... —dije metiendo mis dedos entre sus cabellos rubios y revueltos.

Si lo miraba bien parecía un Mesías bajado de los cielos para promulgar la divina palabra, pero no era un santo sino como he dicho un maldito demonio. Había logrado que accediera a ese trato. Inyectó en mí esas malditas hormonas masculinas para que me excitara más allá de la sangre arrebatándome cualquier pensamiento lúcido.

En ese momento recordé la vieja conversación que tuve con aquel joven periodista. Daniel Molloy era un auténtico desconocido en el cual volqué toda mi rabia y mi dolor, pero estaba equivocado. Mostré a un Lestat criminal, sin escrúpulos ni sentimientos, por el único motivo de vengarme de algún modo por los años de silencio, por las verdades no dichas y porque soy un maldito cínico. Sería hipócrita decir que él no me importa y que ese libro no sirvió para mis fines. Quería que él apareciera de nuevo triunfante y me arrebatara el aliento ¿y no era eso lo que logré? Provoqué que ese maldito diablo que es se alzara de su tumba, correteara con una Harley y se hiciese estrella del rock.

Mis besos se volvieron fieros mientras él seguía desnudándome y quitándose la ropa. Yo casi no sabía como hacerlo porque tampoco era un gran experto en las artes amatorias. Me avergüenza decir que jamás había estado con un hombre o con alguna mujer que no fuese una prostituta, aunque siendo sincero jamás llegué a finalizar esos encuentros. Pero él parecía dispuesto a demostrarme su magnífica experiencia de siglos atrás y dejarme convertido en ruinas.

El roce de su piel me hacía caer en una vorágine de imágenes terribles y desesperantes. Podía verlo caer de mis brazos y hundirse en aquel pantano como si fuese real, algo que sucedía en esos momentos, y no logré controlarme. Acabé llorando aferrándome a él mientras notaba como me quitaba la ropa interior.

—¿Deseas que pare?—preguntó con la voz ronca dominada por la necesidad.

—No—respondí tomando su sexo entre los dedos de mi mano derecha—. No, no... —decía hasta que me silenció con un beso profundo.

Su lengua contuvo la mía y calló mis agónicos jadeos mientras sus dedos acariciaban mis costados y se colocaban sobre mis caderas. Mi espalda estaba completamente hundida en el colchón. Sentía como el fuego de la pasión ardía dentro de mí y me hacía sudar como jamás lo había hecho. De improvisto dejó de besarme y deslizó su lengua por mi torso, lamió mis pezones y abrió bien mis piernas. Nunca pensé que sería tan excitante sentir su aliento entre mis muslos y sobre mi sexo palpitante. Abrió su boca y comenzó a succionar mi glande, a deslizar suavemente su lengua sobre mi sensible piel y a permitir que entrara por completo mi miembro. Gemí aferrándome a varios mechones de su pelo mientras movía inquieto mis caderas. No logré controlarme en esos momentos ni en los posteriores. Me sentía ir en mitad de un caos que me engullía como la brea. Cerré los ojos para sentir mejor con los restantes nueve sentidos. Perdí el contacto con la realidad y dejé que mis emociones me terminaran de alterar. Grité su nombre temblando mientras notaba como él succionaba con fuerza y hundía dos de sus dedos en mi entrada.

—Mon coeur... Oui!— gemí nuevamente notando como mi cuerpo se dejaba ir. Eyaculé en su boca sintiéndome sucio, pero él sólo escupió mi sexo aún tembloroso y necesitado de caricias.

—Y pensar que sólo es el inicio... —dijo apartando mis manos de su cabeza para arrojarme al suelo con cierta violencia.

Se sentó en la orilla de la cama y me acercó dominándome por completo. Jamás había tenido el miembro de otro hombre frente a mi rostro y mis ojos se deslizaron suavemente por su erección. Me sentí atormentado por mis viejas ideas religiosas, pero finalmente las eché a un lado porque si existía un Dios era él y si había un Demonio él también lo era. Comencé a lamer su sexo acariciando sus testículos con mis dedos. Era torpe pero él parecía gozarlo por sus miradas y gruñidos de animal salvaje.

¿Cuántas veces le dije a Daniel Molloy que ya no le amaba ni respetaba? ¿Cuántas veces me dije a mí mismo que lo que sentía por Lestat era odio? ¿Por qué era tan estúpido de creerme mis propias mentiras? Había prostituido mis sentimientos a cambio de una sensación extraña de “paz” pensando que era lo mejor para ambos estar cada cual en un lugar distinto, disfrutando de la eternidad sin ser compañeros, pero me mentía. Siempre me he mentido.

En mitad de esos pensamientos noté como me levantaba sin esfuerzo alguno y me colocaba sobre sus piernas. Sentado de esa forma en sus muslos a horcajadas me di cuenta de lo hermoso que podía ser incluso perlado en sudor sanguinolento. Entonces cuando estaba a punto de decirle que le amaba enterró su sexo dentro de mí con una sonrisa canalla.

—Muévete, Louis—dijo con voz ronca—. Louis, muévete.

Aquella orden vino precedida de unos cuantos azotes sobre mis glúteos y una mordida salvaje en mi pezón derecho. Casi no tenía conciencia de mí mismo y había perdido el aliento, pero obedecí. Obedecí porque le amaba y porque la necesidad era terrible. Comencé a moverme lentamente pero acabé casi brincando sobre sus piernas. Un nuevo latigazo recorrió mi columna vertebral y provocó que eyaculara cuando él se derramó dentro de mí. Eso provocó que perdiera el equilibro y cayera de bruces sobre sus hombros, buscando su cuello para beber unos cuantos sorbos de su poderosa sangre mientras él me rodeaba.


No tardé en caer nuevamente al colchón con él encima y aún entre mis piernas. Me negaba a perder contacto con su miembro, pero comenzó a debilitarse su erección del mismo modo que la mía. Poco a poco perdí nuevamente la conciencia debido al esfuerzo y a que el amanecer ya estaba iniciándose. Él se dedicó a recostarse sobre mi figura, mucho más fina que la suya, y a cubrirnos con las mantas revueltas y húmedas por nuestros juegos.   

5 comentarios:

Minomi Loks dijo...

Querido Monsieur Lestat:

Me es grato el decirle que me a resultado bastante satisfactoria la lectura en su blog, al cual, quiero agregar, me eh unido hoy, pues desgraciadamente hace muy poco tiempo me encontré con su pagina en facebook (que ya también sigo, junto con la de sus compañeros).

Eh de decir que hace tiempo no me sentía tan bien de leer a Lestat y a Louis, y me atrevo a decir que, por lo que eh podido ver hasta ahora, son los mejores siendo ustedes, al igual que sus colegas con sus respectivos papeles.

Continuando con lo dicho en un principio (pues me desvié del tema original), su fanfic me pareció muy bueno. Me encanta encontrar este tipo de lecturas donde el acto que se comete es mas significativo por lo que trae consigo al tener tantos sentimientos de por medio.
En cuanto a la redacción, simplemente hermosa.
Gracias por todo su esfuerzo.

Espero leer mas de usted en el futuro, Monsieur.

HiKaRi dijo...

Amores mios, magnifico el escrito, de esos que dejan sin aliento a uno
Gracias y felicidades.

MN de Rose dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
MN de Rose dijo...

Todos usteden saben como envolvernos con sus deliciosas palabras y acaparar nuestra atención. Hermosa redacción, al igual tantos sentimientos volcados. Gracias por brindarnos una lectura tan exquisita.

MN de Rose dijo...

Hermosa redacción, siempre logran cautivarme con sus palabras, al igual que por todos los sentimientos volcados en sus escritos. Gracias por una lectura tan exquisita.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt