Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 20 de octubre de 2007

Comentario de autores

femmel






Lamento decir esto pero Louie y yo tenemos problemas con los exámenes y seguiré dejando textos eróticos; cuando podamos seguir con nuestro trabajo subiré de nuevo los capítulos para su deleite. Mientras pienso continuar con este pasaje:





Lestat y Louis

-¿Qué has hecho?-Dijo colérico, el verdor de sus ojos tenían un resplandor de locura.

-Nada, cher nada.-Susurré aferrando el tomo con mis dedos. Era un libro algo ajado, polvoriento, pero de una encuadernación majestuosa.

-¿Por qué lees mis poemas?-Preguntó arrebatándome aquella obra de mis manos.

-¿Tus poemas?-Murmuré extrañado, no podía salir de mi asombro.

-Mis poemas, son como mi diario.-Dijo cerrándolo y abrazándolo para sí.

“Ven y recuéstate a mi lado
Ven y dame un beso en un susurro callado
Ven y dame la vida entre tus brazos
Sintiéndome niño en tu regazo
Quiero gemir entre tus dedos
Sabiéndome de ti preso
Y por fin tocar el cielo
Gritándote cuanto te quiero”

Esos versos vinieron a mi mente, la fecha era de poco antes después de conocernos y al final ponía algo así como príncipe del corazón doliente. Sonreí y me sonrojé.

-¿Para quién compones versos tan eróticos?-Pregunté.

-Para nadie.-Refunfuñó.

-Claro, para nadie.-Dije siguiéndole el juego.

-Simplemente surgen.-Comentó volviendo a poner el libro en su lugar.

-¿No decías que era como un diario?-Pregunté arqueando una ceja.

-¿Desde cuando escuchas cuando hablo?-Respondió indignado y acorralado.

-Siempre, pero hago como que no oigo nada para molestarte.-Sonreí burlonamente y me senté cruzando mis piernas sobre el butacón.

-Diablo.-Murmuró.

-Sí, un diablo al que deseas con todas tus fuerzas.-Dije en una carcajada y él me fulminó con una mirada, una sola.

-¡Maldito diablo, maldito seas Lestat!-Gruñó con fuerza arrojándose sobre mí.

-¿Sabes que me excitas de este modo?-Comenté agarrándolo por las nalgas.

-¡Insolente!-Si pudiéramos sonrojarnos, él hubiera mostrado su rostro completamente rojo.

-¡Pornero!-Respondí en una carcajada.

-¡Tu padre!-Masculló intentando liberarse de mi abrazo.

-El mío solo era ciego, a saber como era el tuyo para tener un meapilas y un llorica.-Susurré.

-¡Te vas a enterar maldito!-Murmuró enfurecido.

-¡No, te vas a enterar tú!-Grité para robarle un beso.

-¡Te odio!-Dijo cayendo de mis rodillas.

-¡Me deseas!-Reí viendo como se iba de la sala resoplando, gritando que me odiaba y que ojala me quemara por completo quedando tan sólo cenizas.


Podía o no ser el poema para mí, daba igual, tan sólo me causó gracia que esa inocencia que desprendía era tan sólo fachada y que bajo ella estaba un hombre ardiente. Me cuestioné durante horas porqué era de ese modo, porqué no mostraba la realidad y caí en la cuenta de que era por mi reacción.

-¡Que haga lo que quiera, pero que me lo muestre!-Dije indignado levantándome del asiento, para buscarlo por toda la casa.

Cuando lo encontré dibujaba un felino frente a un tejado, era hermoso, sin embargo era una tapadera para sus dibujos más comprometedores. Imposible pero cierto, muy cierto, él era aún peor que yo y sin embargo quedaba con un santo.

-¿Cómo haces esos textos y no los muestras?-Murmuré.

-Por la misma razón que tú los haces y no me dejas leerlos.-Dijo recostándose sobre el asiento.

-Hagamos un trato.-Comenté arqueando las cejas.

-¿Cuál trato?-No se fiaba de mí, lo sabía.

-Me dejas leer los tuyos, sean como sean, y yo te dejo leerlos míos.-Dije alargando la mano y él la apretó.

-De acuerdo, sin embargo sólo soy un principiante.-Balbuceó, si bien sabía que mentía.


Y así comenzó todo…
Escribimos para desahogarnos, sea para penas o alegrías, pero siempre compartiéndolo…

Y si no lo hace puede pagarlo muy caro…

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt