femmel
Lamento decir esto pero Louie y yo tenemos problemas con los exámenes y seguiré dejando textos eróticos; cuando podamos seguir con nuestro trabajo subiré de nuevo los capítulos para su deleite. Mientras pienso continuar con este pasaje:
Lestat y Louis
-¿Qué has hecho?-Dijo colérico, el verdor de sus ojos tenían un resplandor de locura.
-Nada, cher nada.-Susurré aferrando el tomo con mis dedos. Era un libro algo ajado, polvoriento, pero de una encuadernación majestuosa.
-¿Por qué lees mis poemas?-Preguntó arrebatándome aquella obra de mis manos.
-¿Tus poemas?-Murmuré extrañado, no podía salir de mi asombro.
-Mis poemas, son como mi diario.-Dijo cerrándolo y abrazándolo para sí.
“Ven y recuéstate a mi lado
Ven y dame un beso en un susurro callado
Ven y dame la vida entre tus brazos
Sintiéndome niño en tu regazo
Quiero gemir entre tus dedos
Sabiéndome de ti preso
Y por fin tocar el cielo
Gritándote cuanto te quiero”
Esos versos vinieron a mi mente, la fecha era de poco antes después de conocernos y al final ponía algo así como príncipe del corazón doliente. Sonreí y me sonrojé.
-¿Para quién compones versos tan eróticos?-Pregunté.
-Para nadie.-Refunfuñó.
-Claro, para nadie.-Dije siguiéndole el juego.
-Simplemente surgen.-Comentó volviendo a poner el libro en su lugar.
-¿No decías que era como un diario?-Pregunté arqueando una ceja.
-¿Desde cuando escuchas cuando hablo?-Respondió indignado y acorralado.
-Siempre, pero hago como que no oigo nada para molestarte.-Sonreí burlonamente y me senté cruzando mis piernas sobre el butacón.
-Diablo.-Murmuró.
-Sí, un diablo al que deseas con todas tus fuerzas.-Dije en una carcajada y él me fulminó con una mirada, una sola.
-¡Maldito diablo, maldito seas Lestat!-Gruñó con fuerza arrojándose sobre mí.
-¿Sabes que me excitas de este modo?-Comenté agarrándolo por las nalgas.
-¡Insolente!-Si pudiéramos sonrojarnos, él hubiera mostrado su rostro completamente rojo.
-¡Pornero!-Respondí en una carcajada.
-¡Tu padre!-Masculló intentando liberarse de mi abrazo.
-El mío solo era ciego, a saber como era el tuyo para tener un meapilas y un llorica.-Susurré.
-¡Te vas a enterar maldito!-Murmuró enfurecido.
-¡No, te vas a enterar tú!-Grité para robarle un beso.
-¡Te odio!-Dijo cayendo de mis rodillas.
-¡Me deseas!-Reí viendo como se iba de la sala resoplando, gritando que me odiaba y que ojala me quemara por completo quedando tan sólo cenizas.
Podía o no ser el poema para mí, daba igual, tan sólo me causó gracia que esa inocencia que desprendía era tan sólo fachada y que bajo ella estaba un hombre ardiente. Me cuestioné durante horas porqué era de ese modo, porqué no mostraba la realidad y caí en la cuenta de que era por mi reacción.
-¡Que haga lo que quiera, pero que me lo muestre!-Dije indignado levantándome del asiento, para buscarlo por toda la casa.
Cuando lo encontré dibujaba un felino frente a un tejado, era hermoso, sin embargo era una tapadera para sus dibujos más comprometedores. Imposible pero cierto, muy cierto, él era aún peor que yo y sin embargo quedaba con un santo.
-¿Cómo haces esos textos y no los muestras?-Murmuré.
-Por la misma razón que tú los haces y no me dejas leerlos.-Dijo recostándose sobre el asiento.
-Hagamos un trato.-Comenté arqueando las cejas.
-¿Cuál trato?-No se fiaba de mí, lo sabía.
-Me dejas leer los tuyos, sean como sean, y yo te dejo leerlos míos.-Dije alargando la mano y él la apretó.
-De acuerdo, sin embargo sólo soy un principiante.-Balbuceó, si bien sabía que mentía.
Y así comenzó todo…
Escribimos para desahogarnos, sea para penas o alegrías, pero siempre compartiéndolo…
Y si no lo hace puede pagarlo muy caro…
Lestat y Louis
-¿Qué has hecho?-Dijo colérico, el verdor de sus ojos tenían un resplandor de locura.
-Nada, cher nada.-Susurré aferrando el tomo con mis dedos. Era un libro algo ajado, polvoriento, pero de una encuadernación majestuosa.
-¿Por qué lees mis poemas?-Preguntó arrebatándome aquella obra de mis manos.
-¿Tus poemas?-Murmuré extrañado, no podía salir de mi asombro.
-Mis poemas, son como mi diario.-Dijo cerrándolo y abrazándolo para sí.
“Ven y recuéstate a mi lado
Ven y dame un beso en un susurro callado
Ven y dame la vida entre tus brazos
Sintiéndome niño en tu regazo
Quiero gemir entre tus dedos
Sabiéndome de ti preso
Y por fin tocar el cielo
Gritándote cuanto te quiero”
Esos versos vinieron a mi mente, la fecha era de poco antes después de conocernos y al final ponía algo así como príncipe del corazón doliente. Sonreí y me sonrojé.
-¿Para quién compones versos tan eróticos?-Pregunté.
-Para nadie.-Refunfuñó.
-Claro, para nadie.-Dije siguiéndole el juego.
-Simplemente surgen.-Comentó volviendo a poner el libro en su lugar.
-¿No decías que era como un diario?-Pregunté arqueando una ceja.
-¿Desde cuando escuchas cuando hablo?-Respondió indignado y acorralado.
-Siempre, pero hago como que no oigo nada para molestarte.-Sonreí burlonamente y me senté cruzando mis piernas sobre el butacón.
-Diablo.-Murmuró.
-Sí, un diablo al que deseas con todas tus fuerzas.-Dije en una carcajada y él me fulminó con una mirada, una sola.
-¡Maldito diablo, maldito seas Lestat!-Gruñó con fuerza arrojándose sobre mí.
-¿Sabes que me excitas de este modo?-Comenté agarrándolo por las nalgas.
-¡Insolente!-Si pudiéramos sonrojarnos, él hubiera mostrado su rostro completamente rojo.
-¡Pornero!-Respondí en una carcajada.
-¡Tu padre!-Masculló intentando liberarse de mi abrazo.
-El mío solo era ciego, a saber como era el tuyo para tener un meapilas y un llorica.-Susurré.
-¡Te vas a enterar maldito!-Murmuró enfurecido.
-¡No, te vas a enterar tú!-Grité para robarle un beso.
-¡Te odio!-Dijo cayendo de mis rodillas.
-¡Me deseas!-Reí viendo como se iba de la sala resoplando, gritando que me odiaba y que ojala me quemara por completo quedando tan sólo cenizas.
Podía o no ser el poema para mí, daba igual, tan sólo me causó gracia que esa inocencia que desprendía era tan sólo fachada y que bajo ella estaba un hombre ardiente. Me cuestioné durante horas porqué era de ese modo, porqué no mostraba la realidad y caí en la cuenta de que era por mi reacción.
-¡Que haga lo que quiera, pero que me lo muestre!-Dije indignado levantándome del asiento, para buscarlo por toda la casa.
Cuando lo encontré dibujaba un felino frente a un tejado, era hermoso, sin embargo era una tapadera para sus dibujos más comprometedores. Imposible pero cierto, muy cierto, él era aún peor que yo y sin embargo quedaba con un santo.
-¿Cómo haces esos textos y no los muestras?-Murmuré.
-Por la misma razón que tú los haces y no me dejas leerlos.-Dijo recostándose sobre el asiento.
-Hagamos un trato.-Comenté arqueando las cejas.
-¿Cuál trato?-No se fiaba de mí, lo sabía.
-Me dejas leer los tuyos, sean como sean, y yo te dejo leerlos míos.-Dije alargando la mano y él la apretó.
-De acuerdo, sin embargo sólo soy un principiante.-Balbuceó, si bien sabía que mentía.
Y así comenzó todo…
Escribimos para desahogarnos, sea para penas o alegrías, pero siempre compartiéndolo…
Y si no lo hace puede pagarlo muy caro…

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