Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 17 de octubre de 2007

Sentimientos de Dos Vampiros

Capítulo Segundo.
{Y así es como me enamoré de ti, como perdí la razón y como te entregué mi don. Así fue como te desé, como te atrapé. Eres el dulce que todo niño quiere manipular en su boca. Oh Louis, Louis}
La Vida entorno a la Eternidad.

Volví junto al viejo como una noche más, vivíamos en un hostal y no soportaba su hedor a ancianidad. Solía llamarlo al entrar en la habitación y comentarle que salía a recorrer la ciudad, buscar negocios y moverme en el mundo que él no podía disfrutar. Sé que suena duro, terriblemente duro, lo que digo sin embargo no le tenía cariño y mucho menos respeto a un ser que destrozó mi infancia. Normalmente me marchaba al cementerio a descansar en criptas olvidadas, me encerraba en baúles bajo candado interior e inclusive casas abandonadas. Aquella noche en la que conocí a Louis sentía en mi alma algo inquietante y mi sonrisa se espació en mi rostro antes de descansar.

Al día siguiente aparecí renovado, tomé a un ladronzuelo que había matado a una dama hacía algunos días y fui en busca de mi don Juan de ojos verdes. Mientras de ambulaba por la ciudad sentía sus pensamientos, su fiebre y la falta de fuerzas. Yo le daría la inmortalidad si así la deseaba, sino tan sólo la muerte. Magnus no fue tan amable conmigo, tan sólo lo hizo, y para colmo de males me abandonó sin decirme gran cosa. Cuando me adentré por la ventana de su habitación lo escruté. Estaba recostado sobre un colchón de ropas blancas, como el dosel de la cama, y con paños fríos sobre su frente. Tiritaba y sudaba con una respiración entrecortada. Me posé frente a él y sonreí burlonamente.

-Buenas noches mi apreciada criatura.-Murmuré.-Vengo con una oferta que ni el mismísimo demonio sabría hacer. Puedo entregarle la muerte que tanto desea o una vida en la muerte misma. Sobrevivir eternamente joven, ver más allá de lo que entiende y aprender la alquimia de no morir jamás.-Dije gesticulando como un bufón. Se me hacía divertido todo aquello, su mirada era un cúmulo de incredulidad y esperanzas de creer en algo.-¿Quieres ser mi compañero en la noche?-Interrogué clavando mis ojos azules de hilos violetas sobre los suyos. Era como un gato asustado, tan hermoso y lleno de temores. Lo levanté dulcemente de su almohada, lo besé y pasé delicadamente una de mis manos sobre sus labios. Sí, él podría llenar el vacío que sentía con su propio vacío. Besé su frente y él tragó saliva.-Soy la muerte y la vida, tú escoges a quien deseas.-Murmuré volviéndolo a dejar sobre los almohadones. Entonces sus manos se agarraron a mis brazos y supe por su expresión lo que deseaba. Lo tomé entre mis brazos y lo llevé a un lugar apartado, al cementerio, donde la había devorado la última vez.

Entre las lápidas, la oscuridad, el hedor a cuerpos en descomposición y sus lágrimas me volví esquizofrénico. Pidió susurrantemente que deseaba vivir, que había visto la muerte y deseaba vivir. Quería sufrir por no haber protegido a su hermano, por haber dejado que se alejara por completo de la realidad. La imagen de la capilla, las ramas secas y la figura de su hermano rodando por las escaleras le derribó a un estado imposible de describir. Besé sus labios suavemente y posé los míos, más tarde, sobre su garganta. Mordí hasta dejarlo sin vida, él seguía deseando la vida y yo se la regalé con un corte limpio en mi muñeca. Era la tercera vez que creaba a un hijo mío, la tercera, y él sería mi acompañante durante casi setenta años. Sus ojos se volvieron aún más hermosos, sus cabellos se volvieron pura seda y su carne comenzó a morir para recibir la nueva vida.

Le dejé contemplar la paleta de colores de su último amanecer, por así decirlo, hasta que tuve que arrastrarlo hasta mi ataúd. Dormiríamos ambos en aquella estrechez. Lo posé sobre mi pecho y cayó en un sueño profundo. Las yemas de mis dedos se volvían locas por culpa de ese roce celestial, jugueteé con sus cabellos y besé dulcemente su boca. Aún olía a sudor, a fiebre y alcohol de la noche anterior. Había recogido de las calles a alguien que me haría feliz, o eso pensaba, haciendo que olvidara la perdida de Nicolás y la lejanía de Gabrielle. En esos momentos era un niño pequeño con zapatos nuevos o un juguete anhelado por años. Sonreía, reía más bien, y me enorgullecía de ese preciado ser. No podía dormir, estaba intranquilo, si bien mis brazos languidecieron con pesadez y mis ojos se cerraron lentamente.

Creo que esa velada fue la más hermosa de mi existencia inmortal, aquella en la cual creé a un vampiro sentimental de rostro bello y mirada felina. Todos se rendirían a sus pies, hombres o mujeres, sin tener que usar demasiado sus poderes. Si bien lo que no sabía era los quebraderos de cabeza que me daría todo aquello. Pero no me arrepiento, no puedo hacerlo, él sigue de algún modo marcado en mi corazón y apoderado de parte de él. Jamás le haré daño, jamás podré enfadarme por mucho tiempo con Louis, sin embargo ese es otro tema que en este instante no viene al tema. Simplemente he de decir que le di el don por amor.




































{Lestat de Lioncourt}

Profesaba una gran autoestima en si mismo y me engatusó con sus floridas palabras; al principio le mandé que se fuera de allá, pero haciendo caso omiso me condujo a escoger. Era una petición o más bien una decisión, casi obligada por la necesidad y las ganas de vivir, que me empujó a decirle que quería lo que me estaba ofreciendo sin pensarlo demasiado, lanzándome a esos fríos brazos a los que me aferraba con grandes temblores.

Un cementerio, criptas y mil y un muertos por doquier; le susurré dos palabras que afirmaban si propuesta. Pensé que no tenia nada que perder, excepto la vida; y como me he cansado de esta vida llena de sufrimiento, si tal como decía aquel ser iba a ser alguien nuevo y diferente, yo estaba dispuesto. En pocos segundos se mezclaron en mi mente millones de visiones de momentos pasados y la inmensa mayoría eran sobre mi hermano; esos últimos meses de visiones y anunciaciones que me habían hecho enloquecer hasta el punto de tirar mi vida por la borda, ofreciéndola al primero que pasó. Me fijé ahora, a la luz de la luna, en un bello rostro que me cautivó, marcado por esos ojos tan azules que cautivaban a cualquiera. Se acercaba lentamente a mi, observando con detenimiento mi rostro y finalmente me besó; tiernamente y sin prisas, como si el tiempo para él no fuera importante.

Así, después de ese beso tan encantador me volvió a quitar la poca vida que había podido recuperar y aferrándome a esta desesperadamente; me dio a probar el más delicioso de los manjares: su sangre. Después de aquello un terrible dolor me fue corrompiendo todo el cuerpo y así fenecía la parte mortal de Louie. Abrí los ojos lentamente y lo que vi, me dejo aturdido; todo un mundo de colores inhóspitos y riqueza nocturna puesta así para mi gozo personal.

Si hay una cosa que eché de menos, es ver un amanecer de verdad, detesto no poder montar a caballo ni salir a dar paseos, contemplando los múltiples colores que me brinda la naturaleza diurna. Ese día me permitió ver el último, pero no tuve tiempo suficiente para ello y, cuando aún disfrutaba de la luz naciente, me condujo donde se guarecía del sol. Una breve explicación me dio a entender que el fuego, el sol y alimentarse de cadáveres te podía conducir a una muerte o por lo menos a una degradación de poder y supervivencia. Ya en su lecho, una gran cripta con un ataúd pequeño, se metió el primero y me indicó que me pusiera encima. A mí, al principio me daba cierto reparo, pero en cuanto estuve en sus brazos y noté que una suave mano paseaba por mi cabello empecé a dormitar. Su suave respiración y su continuo movimiento lento me dejaron profundamente dormido.

Tuve un sueño hermoso y en él aparecía mi creador, Lestat, alguien a quien ya amaba mucho y de lo cual no me había percatado. Paseos, noches de locuras y pasiones, disfrutando a cada segundo de todo lo que hicimos durante el tiempo que permanecía junto a él.






{Louie du Pont du Lac}

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt