Lamento estar tan perdido en mis propios pensamientos y en los estudios. Mañana expondré los siguientes capítulos de este minirelato. Poximamente lo haré de uno navideño, sí, de uno cercano a la navidad y veran que yo también tengo mi pequeño corazón. Por ahora tan sólo puedo decir que estoy ocupado en algo que absorbe mi tiempo por completo y que me hace feliz al fin, un amor que siempre deseé tener y unos estudios que me esperanzan.
Para esta persona tan especial en mi vida le dedico este escrito. El dibujo que expongo es suyo, lo realizó para mí las pasadas navidades. Aún recuerdo como me emocioné ante ese pequeño regalo que para mí era mucho. Así que sólo puedo decir "Gracias por quererme"
Se hallaba entre óleos y caballetes, su mirada se fundía en los colores que el pincel arrastraba de su paleta. Allí estaba, como siempre, envuelto en una nebulosa de misterio e implacabilidad. Sonreía como un loco, sí aunque era distinto a mí era un bohemio más amante del arte. Fue mecenas de dioses de la pintura y sedujo siempre a las musas para que lo iluminaran. Me aproximé a él preguntándome si se había molestado por mi última diablura. Mis cabellos rubios estaban desatados y caían grácilmente sobre mi frente. Estaba hecho un pordiosero con aquella ropa mal colocada, ajada y mugrienta.
-Tan desaliñado como siempre.-Dijo dejando a un lado la paleta y el pincel.
-Estuve merodeando por uno de los bosques, adoro la nieve y fundirme con la naturaleza.-Dije aún con las imágenes de aquel campo tan sumamente blanco.
-Ya me han contado que fuiste a una de las tabernas del pueblo.-Comentó con tono de enfado.
-Yo simplemente fui a contemplar como pasaban la noche un grupo de jóvenes, no tengo culpa alguna de que tuvieran una guitarra y me animaran.-Dije divertido, en mi rostro se dibujaba una sonrisa de excitación al recordar las cuerdas y el aroma a sangre del tumulto.
-¿A qué? A hacer lo mismo que hiciste en aquel concierto ¿a eso?-Respondió girándose por completo hacia mí, arqueó las cejas y gruñó. Sí, estaba enfadado y yo sabía que tenía derecho a estarlo.
-Sí, a eso.-Mi tono era burlesco porque sabía que sus enfados eran nada comparados al amor que me tenía. Me di cuenta entonces que mis diabluras eran para llamar su atención y escuchar su voz sermoneándome.
-Lestat deja de echar las culpas a los demás, no puedes seguir toda la eternidad de esta forma.-Dijo apoyando sus manos sobre mis hombros, su voz en ese preciso instante era como la de un padre.
-Marius no es eso.- Comenté acariciando una de sus níveas manos.
-¿No es?-Dijo interrogativo y algo hastiado por mi comportamiento de rebelde sin causa, volvió entonces a su tono anterior.- ¿Qué es?-Preguntó retóricamente.-Te suplico que no hagas algo y lo haces, no puedes hacer nada por mí. Lo poco que pido desobedeces.- Comentó apartándose de mí para mirarme con deseos de destruirme por completo, pero como él había dicho jamás podría hacer semejante locura.
-No vine aquí para discutir, no quiero molestarte y mucho menos que escupas todo lo que piensas de mí en una parrafada.-Me sentía dañado, no entendía hasta que punto le necesitaba y amaba. Siempre había recurrido a él, a mi maestro, y era evidente la razón.
-¿A qué viniste?-Preguntó.-¿A pedir consejo? Consejos te he dado miles y no sigues ninguno, ya me cansé de ti y de tus lamentos.-Me recriminó volviendo a tomar la paleta y a seguir con aquel maldito cuadro.
-¡Idiota!-Espeté lleno de furia.-¡Vengo a abrir mi corazón y me recriminas mis juegos de crío insolente! ¡En verdad maldito viejo verde te encanta la idea de que haga lo que no te atreves! ¡No vine a discutir! ¡Tan sólo vine a decirte que te amo! ¡Pero quédate con tus pinturas y tus hermosas creaciones! ¡Ya me cansé de llamar tu atención para nada!-Dije tras tomar impulso, después sentí una presión en mi corazón que parecía querer estallar. Me tambaleé levemente y me aferré a uno de los caballetes.
-Al fin dices algo coherente, pero ya lo sabía.-Comentó sonriendo mientras apartaba sus enseres y me tomaba en sus brazos.-Aunque como ya te dije una vez te amo, te adoro y eres un maldito insolente con un encanto de mil demonios.-Susurró besando mi cuello. No podía creer lo que oía, era todo bastante surrealista y quedé en silencio.
-¿Lo sabías?-Tartamudeé y recordé su don de leer la mente del resto, sin embargo la mía debía estar sellada al beber sangre de él alguna que otra ocasión. Sentí sus manos apoderarse de mi espalda mientras sus labios rozaban mis mejillas.
-Querido eres para mí un libro abierto.-Respondió sonriendo y yo me anclé a sus lascivos labios. Mi lengua se volvió un huracán de pasión y mis brazos rodearon su cuello. Mis dedos jugueteaban con sus cabellos, se enredaban en ellos, mientras los suyos se hundían en mis ropas.
-Siempre he deseado estar de esta forma, en tus brazos, y nunca lo vi posible.-Susurré tras liberar su boca de la mía.-Me perdí en un bosque llamada decepción, me decepcionaba a mi mismo no poder mejorar para que tú me contemplaras con satisfacción. Tus otros pupilos han tenido suerte y no han sabido aprovechar los dones de un maestro, sin embargo yo soñaba con palpar una sensación como esta.-Dije incrustando mi mirada en la suya.
-Para mí siempre serás el consentido, el malcriado.-Comentó para luego deslizar su boca por mis mejillas y luego por mi cuello. Me arrastró en un vals de caricias hacia un pequeño sofá en su estudio. A pesar de que era poco espacioso era cómodo y me recostó allí con delicadeza, mientras me besaba con brusquedad. Sentí como sus manos se deslizaban por mi pecho y desabrochaban los botones de mi blusa. Mis piernas se enlazaban a su cuerpo mientras le contemplaba. Su rostro estaba habitualmente calmado hasta que su irascibilidad hacía mella, si bien en ese instante era una obra de arte dedicada a la lascivia. Cuando sus labios surcaron mi torso no pude resistirme y acabé jugueteando con su melena. Sus dedos se posaron sobre mi entrepierna haciéndome temblar y echar hacia atrás mi cabeza. Noté que bajaba la cremallera de mis pantalones para luego tirar de ellos con energía. En breves minutos estaba desnudo bajo su cuerpo y sus garras se deslizaban por el mío. Su boca se apoderaba de la mía, su lengua secuestraba mi aliento y mis dientes rozaban sus labios mordiéndolos. Cuando sus fauces dejaban que respirara agitadamente iban a mi cuello para seducir a mi piel. Mis manos se anclaron a sus hombros cuando vi lo que pretendía. Cuando sus dedos bajaron a mi entrada y se sumergieron con brío en ellas, aquel encuentro me arrancó varios gemidos y él río descarado.
-Con todos puedes menos conmigo.-Susurró besándome dulcemente los labios.
-Quítate la ropa.-Dije intentando levantarme un poco para deshacerle de su túnica de color sangre.
Sus labios volvieron a mí y sentí el calor de su boca mientras con esfuerzo le ayudaba a desnudar su figura. Su piel era suave y marmórea, su tacto era algo frío aunque había cazado. En su juventud había sido un estudioso, sin embargo su cuerpo deslumbraba el poderío de un guerrero. Continuamos besándonos y él regresó a mi entrada, para luego percibir que se encaminaba a tomar mi miembro entre sus fuertes mandíbulas. Cuando lo sentí mi sexo se endureció algo más mientras su lengua recorría toda su extensión.
-Te necesito.-Susurré ahogado por el placer.-Te necesito en mí.-Dije entre jadeos. Con él me volvía débil y quería derrumbarme en él. En ese mismo segundo apartó sus garras de mi trasero y entró cortándome el aliento. Sus besos cada vez eran más apasionados. Cuando se sumergía en mí por completo rozaba mis labios con los suyos o con mi lengua. Su miembro rozaba lo más profundo de mi ser y en un vértice de placer insaciable. Dejé que mi boca fuera fuente de goce y que mis gemidos fueran expulsados sin remilgos. Él jadeaba fundiendo sus ojos azules en los míos. Comenzó a moverse a una velocidad vertiginosa quedando a expensas de su furia animal. No tardé demasiado en dejar que mi simiente manchara mi vientre y el suyo. Era sanguinolenta, como mi sudor y el suyo, pero sin embargo rezumaba aroma a sexo. Él me siguió con un gruñido que retumbó por toda la casa. Mis piernas temblaban y apenas podía moverme bajo su estructura. Me bañó en caricias y me cubrió dándome calor quedándome dormido entre sus brazos.

2 comentarios:
como siempre tus escritos son inspiradores asi como muy cercanos a la realidad, espero ver ese escrito navideño y te feluicito por tener un amor no todos conocemos lo que eso significa.
Sorel de Sirosayt
Sálut!
He leido este capitulo. Una muestra de lo que el amor hace en todos nosotros! Una buena historia que refleja dolor, alegría, pasión... excelente
Au revoir
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