Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

domingo, 13 de enero de 2008

Mariposas Negras


Mariposas Negras

El aleteo del dolor y la impotencia






Caminé por la ciudad durante varias horas bajo una lluvia que podría tacharse como bíblica. Tenía demasiadas cosas en mi mente que me devoraban y aislaban con un soberbio golpe en mi pecho. Eran como mariposas, mariposas negras y funestas en un terrible duelo por un amor roto. Percibía la indiferencia del reloj que marchitaba cada segundo, como si no tuvieran valor o importancia. Cuando llegué a casa mi tía dormía y yo tan sólo subí las escaleras hasta mi habitación. Me desprendí de las ropas mojadas y miré mis viejos escritos, poemas de amor cargados de lujuria. Suspiré un segundo mi me contemplé desnudo en el espejo del armario, mientras tomaba algo seco para recostarme en mi colchón. Agarré una camiseta vieja y me tiré bajo las sábanas. Mis cabellos aún estaban húmedos y empapaban la almohada sin remedio alguno. Decidí escuchar un poco de música clásica para relajarme y conseguir conciliar el sueño, aunque me fue imposible.

Días atrás lo tenía en mi cama rogándole que no se enamorara de mí, que yo no estuviera hecho para lo que se llama amor y por lo tanto que tan sólo se dejara guiar por el placer. Sin embargo mentía, cada palabra que le susurraba era puro teatro y en realidad mi alma se había acostumbrado a su tacto. Estaba iluminado por su luz y al irse me había quedado en completa penumbra. Él era mi mejor amigo, desde niño lo había sido, y yo le había adentrado en este mundo de locura y deseo. Obtuve su primera vez, sus primeros besos y sobretodo su amor incondicional, a pesar de que yo pretendía ser frío como el hielo. Ahora él no se acordaba de mí, ni de él mismo. Estaba hospitalizado por la última paliza de su padrastro y yo había sido alejado de él con brutalidad. Su padre sabía que su hijo era homosexual, pensaba que la causa era yo por mis influencias sin embargo dudo mucho que tuviera seguro que yo era su amante. Me contaron que su rostro había sido curtido a golpes, al igual que su vientre y que terminó cayendo al suelo con un golpe casi mortal en el cráneo. Aún no entiendo cómo su madre soportaba todo aquello y cómo no hacía nada para evitarlo.

Encendí un cigarrillo y comencé a dejar que la nicotina embriagara mi cuerpo por completo. El sabor del tabaco en mis labios me despejaba la necesidad de besarle. El cenicero sobre mi pecho y el humo recorriendo la habitación hasta el techo. El maldito sueño no venía y eso me ponía más nervioso, miré el reloj de mi pulsera y ya eran las tres de la mañana. Decidí dejar a un lado el intento en vano de descansar y tomé la libreta. Comencé a escribir un texto, una carta más bien, para desahogar dejando que todo lo que una vez quise decirle quedara enmarcado en unas líneas simples y llenas de significado, al menos para mí. Por culpa de aquello emprendí un llanto que no logré sofocar. Apagué el cigarrillo y me abracé a mi mismo dejando caer a mis pies el cuaderno.

No sé hacia que hora me quedé dormido, tan sólo sé que desperté con el aroma a café de mi tía. Bajé tras ponerme unos vaqueros y me senté a la mesa sin decir siquiera los buenos días. Ella me miró preocupada y me besó en la frente mientras me acariciaba los cabellos.

-Michel, tranquilo todo irá bien.-susurró dejándome una taza junto a mis manos.-Tómatelo, te hará bien- dijo alejándose de mí. Yo comencé a mover la cuchara y ella regresó con un par de tostadas, después cogió su abrigo y se marchó al trabajo.

Era sábado y las clases en la facultad ya habían comenzado tras las vacaciones de navidad, tenía varios exámenes por hacer y mucho que estudiar ese fin de semana…sin embargo no podía hacerlo, tan sólo pensaba en él y lo único que me importaba era poder abrazarlo.

~Michel~

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt