Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 25 de enero de 2008

Mariposas Negras


Mariposas Negras

IV

No me rendiré

A

l despertar me encontraba bañado en sudor, una pesadilla me había arrebatado la poca paz que pude lograr recopilar de momentos del pasado. Me sentía hundido, completamente, y nada ni nadie podrían levantarme. Era como un guerrero de esos épicos que se quedaban sujetos a su espada mientras morían regalando el último aliento en una sonrisa descarada, sin embargo ahora era todo lo contrario. Mi alma emanaba hiel y mi mente se desquiciaba. Quería abrazarlo, besar sus labios y hacerlo mío gritándole cuanto le amaba. Encendí un cigarro y me senté en la ventana intentando concentrarme en algo distinto, pero me era imposible.

Sara entró entonces en el cuarto y apoyó una de sus manos en mi hombro. Me miró con rostro serio y algo compungido. Yo simplemente la observé y después dirigí mis ojos a la arboleda de un parque cercano.

-Sé que fuiste a verlo, sé que le quieres y sé que jamás podrás olvidarte de todo esto pero te pido, por tu bien y por el mío, que dejes todo como está.-Su voz siempre jovial se había difuminado a una suave y carente de emoción.

-No pienso darme por vencido aunque sé que es imposible, en algún momento lo dejarán solo.-Dije convencido.

-No lo creo, sinceramente, no lo creo.-Comentó quitándome el cigarrillo de los labios para apagarlo.-En casa no fumes.-Después se dirigió hasta la puerta y desde esa posición me miró con pena. Jamás nadie me había tenido pena, nunca, yo odiaba darla.

El resto del día fue estudiar, intentar concentrarme y malgastar mi tiempo en un poema absurdo y sin sentido. Después decidí ir a tomar unas copas, me daba igual si solo o en compañía. Allí estaba Marcus con su mirada desesperada y sus cabellos revueltos, allí en el tugurio de mala muerte en el que nos solíamos quedar hasta altas horas cuando Abel no existía en mi vida.

-Hacía tiempo que no nos veíamos.-Dijo abrazándome con total naturalidad.

-He cambiado mucho de ambiente.-Mascullé.

-Pero la oveja siempre vuelve al redil.-Contestó rodeándome el cuello con uno de sus brazos para llevarme al final del local, donde no había apenas visión.

-Sí, se puede decir que sí.-Dije segundos más tarde sentándome en aquella mesa.-¿Puedo?-Pregunté señalando una cerveza bien fría.

-Sí.-Susurró besando mi cuello.-Sabía que vendrías a mí tarde o temprano, soy mejor que él.-Su mano derecha se posó en mi entrepierna y sonrió descarado.

-No te confundas.-Mascullé quitándomelo de encima.

-Tan sólo quería animarte un poco, hacía mucho que no te veía. ¿Dos meses?-Dijo susurrándome al oído.-Antes nos veíamos cada noche en mi cama, no te importaba nadar en mi interior, incluso cuando él era el idiota que te intentabas ligar por una apuesta.-Susurró mordiéndome la oreja para luego lamer mi cuello.

-Vine a tomarme una cerveza, no a que me acoses.-Mi voz estaba tomada por los recuerdos, no por los de Marcus sino por los de Abel. Había tratado demasiado a aquel chico.

-Al menos déjame que te regale algo.-Besó mi cuello mientras bajaba mi cremallera. Dejé que lo hiciera, tenía que olvidar a Abel como fuera pues no lo vería en mucho tiempo, o eso pensaba.

-Adelante.-Dije aproximándome a sus labios para rodear los suyos. Mi lengua invadió mi boca y acaricié su paladar. Mi aliento se fue fundiendo al suyo y sus manos se sumergieron en mi ropa interior. Allí nadie nos iba a molestar ni a ver, era lo normal.

-No te vas a arrepentir.-Masculló tomando aire, le había arrebatado el aliento con mi beso.

-No estés tan seguro de tus habilidades.-Sonreí descarado y acaricié sus cabellos.-Hazlo ya.-Indiqué haciendo que se arrodillara bajo el mantel de la mesa.-Siempre te ha gustado mi miembro.-Susurré.-Ahora que es tuyo hazlo feliz.-Entonces vi que se arrodillara frente a mí y comenzó a besarlo mientras lo masturbaba. Su lengua era experta y sabía como tomarlo, sus labios lo rodeaban y su mirada se clavaba en mí.-Vamos al servicio.-Dije guardándola como pude para tirar de él hasta el aseo.

-Hazme tuyo.-Susurró para besarme mientras yo anclaba mis manos en sus nalgas.-Dios.-Masculló cuando con brutalidad lo dejé mirando a los espejos, mis manos bajaron con rapidez sus pantalones y comencé a rozarme entre sus nalgas.

Humedecí mis dedos en el agua y los introduje en su entrada, dos desde el inicio para dar holgura a su interior. Cuando no pude jugar más por culpa de sus gemidos me sumergí. Un golpe a su trasero con mi mano dio el inicio de un sexo desenfrenado. Mis embestidas eran crueles y él no se quejaba sino que aullaba de placer. Cuando concluí me subí la cremallera y me marché del baño.

-Gracias por ser mi puta.-Comenté para caminar por el pasillo. Segundos después su mano me agarraba con firmeza.

-No soy tu puta.-Dijo en tono bajo.

-Bueno te comportas como tal.-Respondí alejándome por él para regresar a casa.

Michel

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt