Mariposas Negras
IV
Lucharé
| N |
o hice mucho durante aquel domingo, excepto ver la televisión y desear morir en cada instante. Mis padres me habían dejado solo y ya no tenía ningún aparato pegado a mi cuerpo. Decidí salir a dar una vuelta por el pasillo y luego me adentré por el hospital. Las enfermeras me miraban con pena y preocupación, ninguno de los dos sentimientos me agradaba y por supuesto no deseaban que enfatizaran conmigo. Me pegué a una de las grandes cristaleras que daban a la ciudad y miré la fotografía. Aquel chico se había presentado ante mí y su apariencia no era la de alguien que pretendía dañarme, sino todo lo contrario. Sin embargo los que sí me daban esa sensación eran mis padres, más mi padre que mi madre, y eso me torturaba.
Los médicos seguían preguntándome qué tal estaba a cada momento, y los de guardia no iban a ser distintos. La psicóloga intentaba que yo aprendiera lentamente a recordar, pero había algo que no deseaba encontrar en mi mente y se cerraba por completo, al menos así lo decía ella.
Sobre la pregunta ¿qué tal estas? Siempre decía bien, que ya no me dolía el cuerpo y concluía con un “gracias”. Pero la verdad quería decir lo siguiente:
¿Cómo te sentirías tú si todo lo que una vez amaste se hubiera borrado? ¿Qué harías o sentirías? Ponte en mi lugar porque yo he perdido pasado y presente en una décima descabellada de segundos. Además no sé quien miente y quien dice la verdad sobre mí, eso me llena de dudas y me destroza. No sé quienes son amigos y quienes enemigos. Tampoco reconozco mi rostro frente al espejo, es como si observara una máscara o a alguien que jamás conocí.
Nadie puede ponerse en mi piel, sólo los que alguna vez han estado y definitivamente somos minoría. Creo que este tipo de circunstancia es la más brutal de todas, no tienes recuerdos y no tienes nada. Somos un conjunto de fotografías bien alineadas sobre una mesa, numeradas y exquisitamente comentadas. Cuando las fotografías se extravían, se queman o simplemente otros nos lo arrebatan quedamos sin nada, tan vacíos como una caja llena de aire.
Sobre el resto del día, como he dicho, nada relevante y la noche vino junto a un sueño profundo donde soñaba que ya sabía quien era el muchacho…sin embargo todo era ficción o no.
Abel

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