Mariposas Negras
VI
El Reino Perdido II
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amás pensé que todo esto se prolongaría un mes, días de autentico suplicio. Iba a verlo a la salida del instituto sin poder aproximarme, ya que le recogían con celo. Lentamente fueron dándole libertad y un día aparecí ante él con una sonrisa de oreja a oreja. Era la primera vez que podía estar tan cerca de él e intenté no aparentar nerviosismo alguno.
-Abel.-dije tomándolo de la muñeca.-Debo hablar contigo, es importante.-comenté mirándole detenidamente a los ojos, aquella mirada perdida en sus pensamientos que tanto amaba.-No voy a hacerte daño, por favor ven conmigo a un lugar apartado donde podamos conversar.-rogué porque aceptara.
-Me dijeron que tú me enfermaste, que fuiste el causante de mis golpes y no sé que creer.-dijo con total sinceridad y con un aplomo increíble.-Vayamos a una cafetería.-indicó parando en seco sus pasos.-No quiero quedarme a solas con un desconocido, porque eso es lo que eres para mí.-aquellas palabras cercenaron a mi estúpida alma.
-Comprendo, vayamos a la de la próxima esquina.-caminé delante de él para indicarle el camino.
-De acuerdo.-respondió frío y pausado. Era como ver su reflejo sabiendo que el real está tras el cristal.
-¿Cómo te llamas? algún nombre tendrás-preguntó mirándome detenidamente.
-Sí.-dije con pesar.-Antes solías decírmelo con dulzura cuando.-me detuve, no quería incomodarlo.-Me llamo Michel.-dije mirándolo fijamente parando ante la puerta del local.
-Michel.-murmuró adentrándose en aquella heladería-cafetería, donde solíamos ir cuando salía de clase, era una extraña costumbre.
Nos sentamos en el final del local y pedí dos batidos de vainilla a la camarera que nos atendió como habitualmente, llamándonos por nuestros nombres.
-¿Cómo sabe mi nombre?-cuestionó levantando una ceja.
-Antes veníamos a este lugar muy seguido.-dije con tono pausado, intentando tomar fuerzas para lo que iba a decir a continuación.-Tú y yo éramos más que amigos.-comenté para hacer una pausa y agradecer a la chica que nos había traído nuestras consumiciones.
-Lo sé, ¿Cómo hermanos?-preguntó tomando un trago del batido mientras me miraba desafiante.
-No, amantes.-entonces lo vi toser y palidecer.
-Sospechaba que estabas enamorado de mí, pero no.-su voz sonó apagada, llena de temores y preguntándose que era realmente lo que había sucedido.-Me tengo que ir.-cogió la maleta y salió corriendo, dejé que se fuera y pensé que otro día tendría mi oportunidad.

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