Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 25 de enero de 2008

Mariposas Negras


Mariposas Negras

V

El caballero sin rey

A

l regresar a casa me encerré en la que era mi habitación. Miré mis libros, mis anotaciones del instituto y varios peluches que parecían ser importantes para mí. Tenía fotografías con ellos y algunas eran bastante viejas. En un cajón con candado, que logré abrir, se encontraban cartas de amor. Eran poemas más bien y pensé que no podía ser, mis sospechas ya no lo eran y tenía claro que él era mi amante. Busqué sin éxito algún diario o cuaderno vital. Los mangas atestaban un lado de la estantería, al otro lado libros de fantasía y bajo ellos volúmenes de enciclopedia y filosofía. La música era metal y rock. Mi ropa era algo oscura, sin ser excesivamente gótica o heavy. Terminé por encender el ordenador y mirar los archivos. No quedaba mucho de ellos, alguien los había borrado y las claves de mis cuentas de correo, si las tenía, no las recordaba.

Durante los días próximos regresé a los estudios, no recordaba a nadie y todos parecían mirarme con cara de pena. Estar junto a ellos me hacía sentir extraño y extraviado. Nadie sabía nada de mí, no solía relacionarme con nadie y eso me demolía. Era el chico aquel que solía pasar inadvertido y ahora era el centro de atención de la pista de aquel circo. Aunque algún rumor llegó a mis oídos, algo que me dejó paralizado y que el nuevo yo no consentiría. Según muchos era el saco de boxeo de uno de los grupos superiores.

Cuando volvía a casa cada día me sentía un fraude. Aparentaba que mis amigos me habían acogido entre ellos, que disfrutaba de su compañía e incluso solía decir que quizás gracias a ellos recordaría. Claro que recordaría, esa frialdad haría despertar a cualquier conciencia para buscar sus fallos y demostrarles que no somos tan diferentes. Sin embargo al entrar en mi habitación comenzaba a llorar sintiéndome solo en aquel vacío. Sabía que había algo que no estaba en su lugar, pero no sabía el qué.

Abel

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Lestat de Lioncourt