
Heise Deviantart. Esta autora es la más realista en los rasgos de sus dibujos, son muy vitales y bien matizados. Tanto es así que parecen autenticas fotografías. Conocedla en Deviantart y seguro que os impresiona.
Mariposas Negras
VIII
Siempre Tú
| D |
esde aquel día intenté que todo fuera a mejor, borrar sus malos recuerdos y seducirlo hacia una nueva vida. Sin embargo, en ocasiones lo encontraba abrazado a él mismo en un rincón. Solía llorar lejos de mí, lejos de mis brazos y mis palabras de apoyo. Se hacía el fuerte o al menos eso creo, pero en realidad era el ser más débil que había visto posarse en esta tierra. Sus ojos me llamaban desesperados en busca de aliento, pero sus gestos levantaban un muro entre los dos.
Durante varios días le observé escribir sin cesar en una pequeña libreta de notas que yo ya no usaba, escribía línea tras línea dejando en ellas su alma. No dejaba que la leyera, decía que era personal y pensamientos que únicamente podía saber él. Se mordía sus labios humedeciéndolos luego, sus manos acariciaban sus letras marcadas con bolígrafo negro y sus cabellos rubios caían sobre su frente. La espalda la arqueaba en aquella mesa próxima a la ventana, me recordaba a un gato herido refugiándose en un tejado a expensas de que alguien le abrazara. Deseaba saber qué escribía y aproveché una mañana de domingo cuando se fue a la ducha. Sus párrafos me inundaron en un dolor imposible de explicar. Escribía sobre el suicidio, el deseo que tenía de hacerlo y el sufrimiento que portaba al sentirse un monstruo. Las palabras de su padrastro rebotaban en su mente, sus golpes y el dolor del silencio de una madre. Sentí necesidad de abrazarlo, rogarle que olvidara todo aquello pero eso no impediría nada.
Mantuve mis labios sellados durante una semana, no dije nada y aparenté seguir en la ignorancia hasta que un día estallé.
-Abel.-susurré recostado con él en la cama.-Quiero que me seas sincero.-murmuré besando su nuca.-¿Deseas suicidarte?-pregunté con voz velada por la amargura.
-Te dije que no leyeras.-se había girado y me miraba lleno de odio por ello, por lo que había hecho.-Te hice prometerlo, aunque sabía que tus promesas siempre son tan valiosas como un saco vacío.-dijo apartándose de mí para levantarse de la cama, cosa que yo le impedí agarrándole del brazo.
-Te amo, no me dejas demostrártelo ni hacer que seas para mí. Esta vez no miento, digo la verdad y siento en mi pecho que todo lo que siempre he querido se esfuma.-susurré intentando refrenar las lágrimas.-Estoy sufriendo por mí y por ti, por ambos, por lo que teníamos y ya no queda nada.-dije tragando saliva, haciendo que pasara lentamente por mi garganta.-Hace dos meses que estás aquí y aún ni siquiera he sentido un cálido beso de tus labios, muero por ello y sé que no lo tendré nunca más.-susurré recostándome sobre él.-Deja que te haga el amor y verás que no es tan dolorosa la vida.-dije para besar luego sus labios tenuemente, aquel roce leve lo convertí en un endemoniado auxilio hacia el deseo.
-Hazlo si te hace feliz.-susurró dejándose hacer mientras mis manos acariciaban su torso, intentando impregnar el amor que le profesaba.
Mis dedos recorrían y marcaban un camino por toda su piel, mis labios se fusionaban con los suyos y su lengua invadía mi boca con lujuria. Mi lengua acabó por lamer su cuello, sus pezones deleitándome para erectarlos y luego bajar hasta su vientre. Su ombligo me esperaba con su respiración entrecortada. Durante minutos estuve palpando su cuerpo, su torso y espalda sobretodo, y mi boca le quitaba el aliento con mis besos llenos de pasión desbordada. Mis dedos acabaron por acariciar sus muslos y mi boca su miembro. Me enroscaba en aquella piel sensible y deseable, mientras mis garras se anclaban en sus testículos, después se introdujeron en su entrada. Mis dedos allanando aquel lugar me enloquecía; hacía tanto que no hacíamos el amor que estaba desesperado por darle todo en ese encuentro. Acabé por entrar lentamente en su cuerpo, sumergiéndome en él durante un beso profundo y sincero. Comencé a moverme con mayor rapidez cuando lo sentí acostumbrado a mis embestidas. Su mirada estaba clavada en la mía y sus gemidos me envolvían. Lentamente sin prisas pero a un ritmo no demasiado bajo lo tuve durante varios minutos, después me moví con rapidez extrema. No tardé después de eso en verterme en su interior, él también hizo lo mismo y pensé que el tema había quedado zanjado.
Le había demostrado todo el amor con aquellos gestos, nada de sexo rápido o frío. Además luego hablamos durante más de dos horas mientras yo fumaba con una sonrisa en los labios. Aquello lo necesitaba, tanto él como yo.
Al despertar él no estaba, algo había ocurrido y fue una catástrofe nueva. Se había cortado las venas tras tragarse dos botes de tranquilizantes. Lo tomé en brazos y corrí por las escaleras, salí a la calle con su cuerpo aún caliente y clamé ayuda a quien fuera. Mi tía despertó ante mis alaridos y terminamos con el coche a más de cien por hora por la ciudad. Cuando nos dieron el acto un par de agentes se ofrecieron a escoltarnos para dispersar el tráfico. Finalizamos en el hospital y él en coma. Coma que duró casi cinco meses, meses en los que escribí mis mejores obras gracias a su recuerdo y las últimas líneas que me dedicó. Cuando emergió de este intenté cuidarlo, protegerlo y darle todo el cariño que jamás había otorgado a nadie.
Hace un año que me preocupo de todo lo que gira a su alrededor. Somos pareja pero aún no he conseguido poder besarlo, acariciarlo con deseo o simplemente abrazarlo. Piensa que es un enfermo, que tan sólo causa daño y destrucción. En las noches tengo que esposarlo para poder dormir tranquilo, pues sino pensaría que podría hacer alguna locura.
Michel
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